Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 1 Diciembre 1989


   

Para obtener en formato Pdf
presione sobre el logo

 
 

La investigación y el cambio social

Ignacio Martín-Baró
Departamento de Psicología y Educación
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas
San Salvador, El Salvador


Nota al lector

Una breve exégesis de las ponencias del Dr. Ignacio Martín-Baró que se incluyen, basta para identificar de manera inequívoca varios de sus atributos: el filósofo, profundo pensador, que puede conjugar su idea y su praxis en un solo verbo; El sociólogo, cuyo pensamiento y obra tiene su génesis, significado y fin en la realidad existencial de la sociedad (sus luchas y sus logros); el psicólogo, conocedor de las motivaciones intrínsecas de los seres humanos que los mueve a convertirse en agentes de cambio de su propia realidad personal y social; el investigador, para quien la búsqueda de conocimiento juega un papel insustituible en la creación de instrumentos de cambio. Y en el más profundo análisis de las ponencias, podemos palpar al clérigo y humanista, cuya vida y acción están comprometidas con el ser humano mismo.

Resulta fácil extraer de sus presentaciones la figura del maestro: su interés en el carácter cualitativo del proceso de educar, su visión de la educación como proceso instrumental en las transformaciones sociales y su fe en la búsqueda del conocimiento para enfrentar el deterioro del sistema. Acaso de esta porción de su obra, preñadas de profundo significado pedagógico, podríamos formular una extensa agenda educativa enmarcada en nuestra idiosincrasia social puertorriqueña.

El Dr. Martín-Baró, junto a otros cinco sacerdotes jesuitas y dos mujeres, fue brutalmente torturado y asesinado por las fuerzas militares salvadoreñas en la madrugada del pasado viernes, 17 de noviembre de 1989.

Nos consterna y nos indigna este acto de barbarie, por lo cual, nos unimos a la comunidad internacional en solidario repudio.

Honramos la memoria de este insigne educador que la comunidad educativa mundial tiene en alta estima y respeto, y a quien nuestra Universidad tuvo el honor y el privilegio de recibir en sus aulas.

José M. Rodríguez Matos


1. La situación del sistema educativo

En El Salvador ha predominado, y aún predomina en amplios sectores de la población, una excesiva confianza en las posibilidades de lograr un cambio social a través de los cambios en la educación y, concretamente, de reformas al sistema escolar. A esta confianza social corresponde la confianza personal que ponen muchos salvadoreños en que, ascendiendo por la escala del sistema escolar, lograrán alterar su futuro individual y familiar.

Frente a esta confianza, de hecho, los teóricos sociales, sobre todo aquellos de orientación marxista, tienden a minusvalorar lo que puede lograrse a través de esos cambios al sistema escolar, ya que consideran que se trata de una superestructura ideológica, con un mínimo de autonomía funcional frente al determinismo del sistema socioeconómico establecido y, por consiguiente, supeditada a los intereses de las clases dominantes.

La historia reciente de El Salvador parece conceder parte de razón a ambas visiones y, por tanto, negar también a una y otra su parte de validez. Es un hecho que el sector escolar ha sido una de los que ha mostrado más dinamismo, particularmente entre 1960 y 1980. Cambios sociales de no poca importancia han estado vinculados a la expansión del sistema escolar (ver Rama, 1987) y a la reforma educativa impulsada desde finales de la década de los sesenta (ver El Salvador, 1970; Escamilla, 1975). Así, por ejemplo, se ha incrementado la movilidad social ascendente entre sectores obreros y aún marginales; ha aumentado la magnitud del sector integrado a la cultura dominante, capaz de acceder a ciertos beneficios sociales; se ha elevado el nivel de expectativas de amplios núcleos de la población, sobre todo, de los sectores trabajadores; y todo ello como producto de la expansión del sistema escolar. Sin duda, estos logros del sistema escolar han contribuido a generar aquellas condiciones subjetivas que, unidas a las condiciones objetivas de injusticia y represión, han desencadenado una situación revolucionaria en el país. Pero también es cierto que ninguno de esos cambios sociales ha representado de por sí un cambio estructural de El Salvador. En lo fundamental, las mismas estructuras sociales injustas y discriminatorias que existían hace treinta años siguen en pie hoy, alimentando, eso sí, una prolongada y cruenta guerra civil. Ni siquiera parecería acertado afirmar que esos cambios propiciados desde el sistema escolar hayan jugado un papel determinante en el desencadenamiento del proceso revolucionario en el país.

Ahora bien, cualesquiera hayan sido los cambios sociales estimulados desde el sistema escolar, ninguna de las reformas escolares ha sido promovida por la investigación. Sin con ello pretender establecer un juicio absoluto, bien cabe decir que la investigación realizada en El Salvador sobre los procesos educativos es mínima y, por lo general, simplemente diagnóstica. En los últimos años y, en particular, a partir del desencadenamiento de la guerra civil (enero de 1981), el sistema escolar salvadoreño ha experimentado un proceso de profundo deterioro y de pérdida de significación social.


(a) Prescindiendo de la erosión causada por la guerra, sobre todo a la cobertura del sistema de educación básica (destrucción, cierre o abandono forzado de varios cientos de escuelas en las zonas más conflictivas del país; asesinato o "desaparición" de otros tantos cientos de maestros), se ha producido un acelerado y gravísimo deterioro en la calidad de la formación ofrecida en los tres niveles del sistema: primario, secundario y superior. Un dato simbólico lo constituye el cierre en 1980 de la Escuela Normal, donde se formaba el magisterio nacional, que desde entonces se ha convertido en un cuartel. Otro dato, no menos significativo, lo constituye el hecho de que, en el lapso de dos años (1981- 82), mientras el campus de la Universidad de El Salvador estaba militarmente ocupado y saqueado, cuando un buen número de intelectuales y científicos cayó asesinado por una ola de terrorismo de estado, o tuvo que abandonar el país para salvar su vida, se fundaron en el país más de veinte nuevas "universidades", centros, en el mejor de los casos equiparables a academias de barrio o tienditas que venden títulos más que a centros universitarios.


Este deterioro del sistema escolar bien puede ser interpretado como la respuesta estructural de los sectores dominantes que así han logrado neutralizar la dinámica de cambio social generada por la difusión de la instrucción, mientras ellos creaban un sistema escolar elitista, casi paralelo, para su servicio, y enviaban a sus hijos a centros universitarios extranjeros.


(b) Así mismo, y en un movimiento inverso al que ocurrió durante la década de los sesenta, el sistema escolar se ha ido desconectando de la realidad nacional, de las necesidades específicas del pueblo salvadoreño, de las exigencias planteadas por su particular historia y evolución. De este modo, el sistema escolar ha ido perdiendo su significación social y quedando reducido a un mundo de ritos con una incidencia, en el mejor de los casos, muy limitada sobre los conflictos y problemas del país.


2. Relación entre investigación y cambio educativo

Plantearemos en forma esquemática tres puntos: (1) cómo puede relacionarse la investigación con los cambios educativos; (2) respecto a qué aspectos pueden relacionarse; y (3) con qué objetivo deben relacionarse. Trataré de remitir las reflexiones al caso concreto de El Salvador.

2.1. Cómo pueden relacionarse investigación y educación.

Una primera forma de relación hace de la investigación una inspiradora de cambios educativos. No existen muchos ejemplos de este tipo de relación en El Salvador. Un caso concreto pudo representarlo la introducción masiva de la televisión educativa; el análisis del éxito obtenido en un primer momento, sobre todo en ciertas áreas, contribuyó a que el sistema escolar adoptara el uso intensivo de la televisión.

Una segunda forma de relación hace de la investigación misma un elemento del cambio educativo. Quizá el mejor ejemplo lo constituya la exigencia establecida por la última reforma educativa de que los estudiantes realizarán pequeñas investigaciones o trabajos de campo que los pusiera en contacto directo y personal con los problemas más acuciantes de la realidad social salvadoreña. Por ejemplo, la visita y análisis de las colonias marginales, la realización de entrevistas con desempleados o niños abandonados, la verificación de las
condiciones reales de vida del campesinado. Este contacto reflexivo directo constituyó uno de los aspectos que más contribuyó a dinamizar el sistema escolar, sobre todo propiciando el desarrollo de la capacidad crítica de las personas y la vinculación entre estudio y praxis.

Una tercera y última forma asigna a la investigación la función de evaluar los cambios educativos, es decir, de examinar en qué medida se realizan esos cambios y cumplen los objetivos perseguidos. Un caso interesante lo constituye la evaluación sobre los cambios realizados por uno de los colegios privados católicos más prestigiosos de El Salvador, que trató de llevar a la práctica la orientación del Concilio Vaticano II de hacer de la educación un agente de cambio hacia la justicia (Beirne, 1985)

Por lo general, la investigación ha tendido a jugar el papel de inspiración o instrumento de evaluación de los cambios educativos, y mucho menos el papel de elemento de cambio en sí mismo. Esto ha supuesto un problema para nuestros países, ya que los presupuestos desde los que se ha investigado y, por tanto, desde los que se ha influido o tratado de evaluar el influjo logrado, han sido ajenos a los problemas de nuestra realidad. Así, muchos de los cambios introducidos en los currículos, y aun en las prácticas didácticas, en nada han considerado la especificidad de la situación salvadoreña. El caso mencionado de la introducción de la televisión educativa me parece un buen ejemplo al respecto.

En nuestra opinión, el tipo de investigación que se involucra en los procesos mismos de cambio educativo es la más necesaria en los momentos actuales para nuestros países, precisamente porque permite atacar los dos aspectos señalados de deterioro del sistema escolar: su deterioro cualitativo y su pérdida de contacto con la realidad social. Sólo un contacto crítico con los problemas de la religad hará posible que la educación se oriente hacia su enfrentamiento y le obligará a buscar los recursos necesarios para ello. El modelo de "investigación -acción" propugnado por Fals Borda ( 1986) supone un excelente ejemplo de este tipo de investigación que considero pertinente para la realidad actual de El Salvador. Se trata, en pocas palabras, de un tipo de investigación comprometida con aquello que investiga y, sobre todo, con aquellos a quienes la investigación pretende servir. De ahí que sea una investigación que no sólo no pretende ser aséptica, sino que hace profesión de su opción axiológica y trata intencionadamente de convertir el conocimiento en instrumento de poder al servicio de las causas populares.

2.2 En qué pueden relacionarse investigación y educación

La investigación puede afectar al todo de un sistema educativo o bien a alguno de sus elementos o aspectos. En un reciente trabajo, Cecilia Braslavsky (1986) mantiene que la educación latinoamericana actual ha perdido su brújula, es decir, su sentido global. En períodos anteriores se orientó hacia la conquista de la libertad colectiva o la construcción de un estado nacional, hacia el progreso o el crecimiento económico. Pero desde la década de los setenta se había perdido la confianza en que la educación podría contribuir a lograr esos ideales, nacionales y personales, al mismo tiempo que se perdió la confianza en que los mecanismos políticos y sociales disponibles permitirían resolver las necesidades y problemas de los pueblos latinoamericanos. De este modo, según Braslavsky, se habría producido un verdadero suicidio de la educación latinoamericana que dejaría a la escuela actual sin un eje directivo alrededor del cual articularse. Para ella, la investigación debería contribuir a recuperar ese sentido global.

¿Cómo podría la investigación ayudar a recuperar ese sentido global? Quizá mediante un planteamiento diagnóstico sobre la realidad nacional que pusiese de manifiesto las grandes interrogantes que se plantean a nuestros pueblos y que no necesariamente coinciden con las prioridades planteadas por los regímenes que hoy los gobiernan. El caso de la reforma educativa peruana en 1970 (Perú, 1970) me parece un excelente ejemplo sobre un trabajo diagnóstico que propició un cambio de reorientación global del sistema escolar. Sin duda alguna, los revolucionarios que hoy luchan en E1 Salvador por una sociedad nueva y distinta tienen entre sus proyectos, explícitos o implícitos, un replanteamiento radical del sistema escolar salvadoreño. Habría que examinar cuál.

Ahora bien, no siempre ni a todos es posible buscar un objetivo tan ambicioso como el de dar un sentido nuevo al sistema educativo; y uno de los engaños más paralizantes es el que lleva a creer que si no se cambia todo no se cambia nada. Entre la nada y el todo hay muchos pasos que pueden y deben darse, e incluso aquellos que mantienen una visión radical sobre el sistema social suelen aceptar que una acumulación cuantitativa de cambios parciales puede precipitar en un momento dado un cambio cualitativo del todo, lo cual nos lleva al siguiente punto.

La investigación puede buscar cambios parciales en los contenidos educacionales o en las formas o métodos didácticos empleados en cualquiera de los niveles escolares. Por lo general, la investigación se ha centrado más en los cambios didácticos que en los de contenido. Ha habido, por ejemplo, abundante investigación sobre las ventajas y desventaja de la educación programada o de la educación personalizada frente a la educación considerada tradicional o de los llamados métodos activos frente a los pasivos. Sin embargo, resulta cuestionable pensar que se pueda realizar un cambio de orden didáctico que no comporte, de una u otra manera, un cambio en algún aspecto contextual. Así, por ejemplo, tanto la educación programada como la llamada educación personalizada arrastran una pesada carga de individualismo, como lo arrastra de autoritarismo la educación pasiva. Difícilmente pueden compatibilizarse estos métodos didácticos con una visión más colectiva de la existencia social o con una postura crítica frente al sistema establecido. En mi opinión, la pedagogía propugnada por Paulo Freire ( 190, 1971) ha puesto claramente de manifiesto esta necesaria imbricación entre didáctica y contenido, así como entre orden social y formación personal, entre pedagogía y política.


2.3 Hacia un principio de realidad popular en la relación entre investigación y educación

En el ámbito académico norteamericano existe el imperativo de que el profesor universitario debe hacer investigación como una parte esencial de su responsabilidad. Por desgracia, éste no es el caso en nuestros países: la mayoría de los profesores universitarios se conforman con ser eso, profesores, docentes y, en el mejor de los casos, no aspiran más allá de contar con sus propios apuntes de clase y estar relativamente actualizados en sus áreas de especialidad. Pero también es verdad que el imperativo reinante en el medio académico norteamericano lleva con excesiva frecuencia a realizar un tipo de investigación sin significado social alguno, es decir, sin mayor conexión con los problemas reales de la población; se trata de realizar un ritual exigido, en última instancia, por la espada de Democles del "publish or perish". Nosotros necesitamos urgentemente hacer investigación, pero no tanto para ser publicada cuanto para ser utilizada como instrumento de cambio social.

El Salvador se ha convertido en los últimos años en una especie de laboratorio viviente de una sociedad que se desintegra, y de formas diferentes de vida que pugnan por imponerse. Una sociedad así plantea problemas gravísimos en todos los órdenes de la existencia, que van desde la simple supervivencia física hasta el desarrollo de las formas superiores de vida espiritual, pasando por el establecimiento de un orden para la convivencia que sea aceptable por pocos o por muchos (difícilmente por todos). La educación no puede permanecer al margen de este conflicto si no quiere quedar marginada, que es lo que de hecho ha ocurrido en El Salvador. Pero difícilmente puede vincularse de manera productiva a los procesos sociales si no incorpora como parte esencial de su acercamiento el instrumento de la investigación. Por eso, para terminar, plantearé dos objetivos que, en mi opinión, son cruciales en los momentos actuales de la realidad social y educativa salvadoreña.

Uno de los objetivos fundamentales de la investigación educacional debe orientarse hacia el análisis de todas aquellas formas de educación que están siendo practicadas en las zonas bajo control de las fuerzas insurgentes del FMLN, donde la carencia de recursos didácticos es casi total y las condiciones de vida extremadamente difíciles. El que se puedan estar dando procesos educacionales y el que, al parecer, en determinados casos se esté logrando éxito, supone una oportunidad excepcional para examinar formas creativas de resolver los problemas escolares, algo a lo que siempre se aspira lograr con las llamadas "tecnologías adecuadas". Por supuesto, no se puede pretender con ello trasladar la educación que se da en una situación de guerra y carencia extrema a otras circunstancias menos desfavorables, pero sí ver aquellos recursos de los que incluso en circunstancias así puede echarse mano y hacerlo con éxito.

Hay, con todo, un objetivo todavía más fundamental y que reclama una estrecha cooperación entre investigación y educación: se trata del rescate educacional de todos aquellos elementos constitutivos de la identidad nacional del pueblo salvadoreño que permitan la construcción de una sociedad nueva, más humana y justa. Sé que éste es un tema polémico y complejo pero, como psicólogo social, pienso que se trata de un problema crucial para el presente y el futuro de la educación en El Salvador y, posiblemente, en toda Latinoamérica, incluyendo, por supuesto, a Puerto Rico.

La identidad nacional de un pueblo, como la identidad personal de los individuos, no es un simple dato abstracto, sino que es en cada caso el producto histórico de unas realidades materiales y sociales, de unas formas de vida, de unas formas específicas de relacionarse entre las personas y grupos que habitan un determinado país, que los ubica frente a otros pueblos y los diferencia de ellos en la medida en que la identidad nacional es una construcción de los procesos educativos. Rescatar lo más valioso de la historia de nuestros pueblos, proyectarlo educativamente a fin de construir una nueva historia, me parece la forma de ofrecer al sistema escolar ese sentido que hoy habría perdido en nuestros países. Pero, sobre todo, me parece la forma de contribuir a que nuestros pueblos emerjan a la historia con voz propia y de que su palabra no sea silenciada o ignorada, sino escuchada y respetada por el resto de los pueblos.

REFERENCIAS

Beirne, Charles J. (1985). Jesuit education for justice: the Colegio in El Salvador,1968- 1984. Harvard Educational Review, 55, 1 19.

Braslavsky, Cecilia. (1987). Un desafío fundamental de la educación latinoamericana durante los próximos 25 años: construir su sentido. La Educación, 101, 67-82.

El Salvador, Ministerio de Educación. (1970). Plan quincenal de educación (julio 1967 - junio 1972). Documentos de la Reforrna Educativa, No. 2. San Salvador.

Escarnilla, Manuel L. (1975). La reforma educativa salvadoreña. San Salvador: Dirección de Publicaciones.

Fals Borda, Orlando. (1986). Conocimiento y poder popular. Lecciones con campesinos de Nicaragua, México, Colombia. Bogotá: Siglo XXI.

Freire, Paulo. (1970). Pedagogía del oprimido. (Traducción de Jorge Mellado.) Montevideo: Tierra Nueva.

Freire, Paulo. (1971). La educación como práctica de la libertad. Montevideo: Tierra Nueva. Perú, Ministerio de Educación. (1970). Reforma de la educación peruana. Informe general. Lima: Ministerio de Educación.

Rama, Germán W. (1987). Educación y sociedad en América Latina. La Educación, 101, 45 66


 

indice  |