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La investigación y el cambio social
Ignacio Martín-Baró
Departamento de Psicología y Educación
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas
San Salvador, El Salvador
Nota al lector
Una breve exégesis de las ponencias del Dr. Ignacio
Martín-Baró que se incluyen, basta para identificar de
manera inequívoca varios de sus atributos: el filósofo,
profundo pensador, que puede conjugar su idea y su praxis en
un solo verbo; El sociólogo, cuyo pensamiento y obra tiene
su génesis, significado y fin en la realidad existencial de
la sociedad (sus luchas y sus logros); el psicólogo,
conocedor de las motivaciones intrínsecas de los seres
humanos que los mueve a convertirse en agentes de cambio de
su propia realidad personal y social; el investigador, para
quien la búsqueda de conocimiento juega un papel
insustituible en la creación de instrumentos de cambio. Y en
el más profundo análisis de las ponencias, podemos palpar al
clérigo y humanista, cuya vida y acción están comprometidas
con el ser humano mismo.
Resulta fácil extraer de sus presentaciones la figura del
maestro: su interés en el carácter cualitativo del proceso
de educar, su visión de la educación como proceso
instrumental en las transformaciones sociales y su fe en la
búsqueda del conocimiento para enfrentar el deterioro del
sistema. Acaso de esta porción de su obra, preñadas de
profundo significado pedagógico, podríamos formular una
extensa agenda educativa enmarcada en nuestra idiosincrasia
social puertorriqueña.
El Dr. Martín-Baró, junto a otros cinco sacerdotes jesuitas
y dos mujeres, fue brutalmente torturado y asesinado por las
fuerzas militares salvadoreñas en la madrugada del pasado
viernes, 17 de noviembre de 1989.
Nos consterna y nos indigna este acto de barbarie, por lo
cual, nos unimos a la comunidad internacional en solidario
repudio.
Honramos la memoria de este insigne educador que la
comunidad educativa mundial tiene en alta estima y respeto,
y a quien nuestra Universidad tuvo el honor y el privilegio
de recibir en sus aulas.
José M. Rodríguez Matos
1. La situación del sistema educativo
En El Salvador ha predominado, y aún predomina en amplios
sectores de la población, una excesiva confianza en las
posibilidades de lograr un cambio social a través de los
cambios en la educación y, concretamente, de reformas al
sistema escolar. A esta confianza social corresponde la
confianza personal que ponen muchos salvadoreños en que,
ascendiendo por la escala del sistema escolar, lograrán
alterar su futuro individual y familiar.
Frente a esta confianza, de hecho, los teóricos sociales,
sobre todo aquellos de orientación marxista, tienden a
minusvalorar lo que puede lograrse a través de esos cambios
al sistema escolar, ya que consideran que se trata de una
superestructura ideológica, con un mínimo de autonomía
funcional frente al determinismo del sistema socioeconómico
establecido y, por consiguiente, supeditada a los intereses
de las clases dominantes.
La historia reciente de El Salvador parece conceder parte de
razón a ambas visiones y, por tanto, negar también a una y
otra su parte de validez. Es un hecho que el sector escolar
ha sido una de los que ha mostrado más dinamismo,
particularmente entre 1960 y 1980. Cambios sociales de no
poca importancia han estado vinculados a la expansión del
sistema escolar (ver Rama, 1987) y a la reforma educativa
impulsada desde finales de la década de los sesenta (ver El
Salvador, 1970; Escamilla, 1975). Así, por ejemplo, se ha
incrementado la movilidad social ascendente entre sectores
obreros y aún marginales; ha aumentado la magnitud del
sector integrado a la cultura dominante, capaz de acceder a
ciertos beneficios sociales; se ha elevado el nivel de
expectativas de amplios núcleos de la población, sobre todo,
de los sectores trabajadores; y todo ello como producto de
la expansión del sistema escolar. Sin duda, estos logros del
sistema escolar han contribuido a generar aquellas
condiciones subjetivas que, unidas a las condiciones
objetivas de injusticia y represión, han desencadenado una
situación revolucionaria en el país. Pero también es cierto
que ninguno de esos cambios sociales ha representado de por
sí un cambio estructural de El Salvador. En lo fundamental,
las mismas estructuras sociales injustas y discriminatorias
que existían hace treinta años siguen en pie hoy,
alimentando, eso sí, una prolongada y cruenta guerra civil.
Ni siquiera parecería acertado afirmar que esos cambios
propiciados desde el sistema escolar hayan jugado un papel
determinante en el desencadenamiento del proceso
revolucionario en el país.
Ahora bien, cualesquiera hayan sido los cambios sociales
estimulados desde el sistema escolar, ninguna de las
reformas escolares ha sido promovida por la investigación.
Sin con ello pretender establecer un juicio absoluto, bien
cabe decir que la investigación realizada en El Salvador
sobre los procesos educativos es mínima y, por lo general,
simplemente diagnóstica. En los últimos años y, en
particular, a partir del desencadenamiento de la guerra
civil (enero de 1981), el sistema escolar salvadoreño ha
experimentado un proceso de profundo deterioro y de pérdida
de significación social.
(a) Prescindiendo de la erosión causada por la guerra, sobre
todo a la cobertura del sistema de educación básica (destrucción,
cierre o abandono forzado de varios cientos de escuelas en
las zonas más conflictivas del país; asesinato o "desaparición"
de otros tantos cientos de maestros), se ha producido un
acelerado y gravísimo deterioro en la calidad de la
formación ofrecida en los tres niveles del sistema: primario,
secundario y superior. Un dato simbólico lo constituye el
cierre en 1980 de la Escuela Normal, donde se formaba el
magisterio nacional, que desde entonces se ha convertido en
un cuartel. Otro dato, no menos significativo, lo constituye
el hecho de que, en el lapso de dos años (1981- 82),
mientras el campus de la Universidad de El Salvador estaba
militarmente ocupado y saqueado, cuando un buen número de
intelectuales y científicos cayó asesinado por una ola de
terrorismo de estado, o tuvo que abandonar el país para
salvar su vida, se fundaron en el país más de veinte nuevas
"universidades", centros, en el mejor de los casos
equiparables a academias de barrio o tienditas que venden
títulos más que a centros universitarios.
Este deterioro del sistema escolar bien puede ser
interpretado como la respuesta estructural de los sectores
dominantes que así han logrado neutralizar la dinámica de
cambio social generada por la difusión de la instrucción,
mientras ellos creaban un sistema escolar elitista, casi
paralelo, para su servicio, y enviaban a sus hijos a centros
universitarios extranjeros.
(b) Así mismo, y en un movimiento inverso al que ocurrió
durante la década de los sesenta, el sistema escolar se ha
ido desconectando de la realidad nacional, de las
necesidades específicas del pueblo salvadoreño, de las
exigencias planteadas por su particular historia y evolución.
De este modo, el sistema escolar ha ido perdiendo su
significación social y quedando reducido a un mundo de ritos
con una incidencia, en el mejor de los casos, muy limitada
sobre los conflictos y problemas del país.
2. Relación entre investigación y cambio educativo
Plantearemos en forma esquemática tres puntos: (1) cómo
puede relacionarse la investigación con los cambios
educativos; (2) respecto a qué aspectos pueden relacionarse;
y (3) con qué objetivo deben relacionarse. Trataré de
remitir las reflexiones al caso concreto de El Salvador.
2.1. Cómo pueden relacionarse investigación y educación.
Una primera forma de relación hace de la investigación una
inspiradora de cambios educativos. No existen muchos
ejemplos de este tipo de relación en El Salvador. Un caso
concreto pudo representarlo la introducción masiva de la
televisión educativa; el análisis del éxito obtenido en un
primer momento, sobre todo en ciertas áreas, contribuyó a
que el sistema escolar adoptara el uso intensivo de la
televisión.
Una segunda forma de relación hace de la investigación misma
un elemento del cambio educativo. Quizá el mejor ejemplo lo
constituya la exigencia establecida por la última reforma
educativa de que los estudiantes realizarán pequeñas
investigaciones o trabajos de campo que los pusiera en
contacto directo y personal con los problemas más acuciantes
de la realidad social salvadoreña. Por ejemplo, la visita y
análisis de las colonias marginales, la realización de
entrevistas con desempleados o niños abandonados, la
verificación de las
condiciones reales de vida del campesinado. Este contacto
reflexivo directo constituyó uno de los aspectos que más
contribuyó a dinamizar el sistema escolar, sobre todo
propiciando el desarrollo de la capacidad crítica de las
personas y la vinculación entre estudio y praxis.
Una tercera y última forma asigna a la investigación la
función de evaluar los cambios educativos, es decir, de
examinar en qué medida se realizan esos cambios y cumplen
los objetivos perseguidos. Un caso interesante lo constituye
la evaluación sobre los cambios realizados por uno de los
colegios privados católicos más prestigiosos de El Salvador,
que trató de llevar a la práctica la orientación del
Concilio Vaticano II de hacer de la educación un agente de
cambio hacia la justicia (Beirne, 1985)
Por lo general, la investigación ha tendido a jugar el papel
de inspiración o instrumento de evaluación de los cambios
educativos, y mucho menos el papel de elemento de cambio en
sí mismo. Esto ha supuesto un problema para nuestros países,
ya que los presupuestos desde los que se ha investigado y,
por tanto, desde los que se ha influido o tratado de evaluar
el influjo logrado, han sido ajenos a los problemas de
nuestra realidad. Así, muchos de los cambios introducidos en
los currículos, y aun en las prácticas didácticas, en nada
han considerado la especificidad de la situación salvadoreña.
El caso mencionado de la introducción de la televisión
educativa me parece un buen ejemplo al respecto.
En nuestra opinión, el tipo de investigación que se
involucra en los procesos mismos de cambio educativo es la
más necesaria en los momentos actuales para nuestros países,
precisamente porque permite atacar los dos aspectos
señalados de deterioro del sistema escolar: su deterioro
cualitativo y su pérdida de contacto con la realidad social.
Sólo un contacto crítico con los problemas de la religad
hará posible que la educación se oriente hacia su
enfrentamiento y le obligará a buscar los recursos
necesarios para ello. El modelo de "investigación -acción"
propugnado por Fals Borda ( 1986) supone un excelente
ejemplo de este tipo de investigación que considero
pertinente para la realidad actual de El Salvador. Se trata,
en pocas palabras, de un tipo de investigación comprometida
con aquello que investiga y, sobre todo, con aquellos a
quienes la investigación pretende servir. De ahí que sea una
investigación que no sólo no pretende ser aséptica, sino que
hace profesión de su opción axiológica y trata
intencionadamente de convertir el conocimiento en
instrumento de poder al servicio de las causas populares.
2.2 En qué pueden relacionarse investigación y educación
La investigación puede afectar al todo de un sistema
educativo o bien a alguno de sus elementos o aspectos. En un
reciente trabajo, Cecilia Braslavsky (1986) mantiene que la
educación latinoamericana actual ha perdido su brújula, es
decir, su sentido global. En períodos anteriores se orientó
hacia la conquista de la libertad colectiva o la
construcción de un estado nacional, hacia el progreso o el
crecimiento económico. Pero desde la década de los setenta
se había perdido la confianza en que la educación podría
contribuir a lograr esos ideales, nacionales y personales,
al mismo tiempo que se perdió la confianza en que los
mecanismos políticos y sociales disponibles permitirían
resolver las necesidades y problemas de los pueblos
latinoamericanos. De este modo, según Braslavsky, se habría
producido un verdadero suicidio de la educación
latinoamericana que dejaría a la escuela actual sin un eje
directivo alrededor del cual articularse. Para ella, la
investigación debería contribuir a recuperar ese sentido
global.
¿Cómo podría la investigación ayudar a recuperar ese sentido
global? Quizá mediante un planteamiento diagnóstico sobre la
realidad nacional que pusiese de manifiesto las grandes
interrogantes que se plantean a nuestros pueblos y que no
necesariamente coinciden con las prioridades planteadas por
los regímenes que hoy los gobiernan. El caso de la reforma
educativa peruana en 1970 (Perú, 1970) me parece un
excelente ejemplo sobre un trabajo diagnóstico que propició
un cambio de reorientación global del sistema escolar. Sin
duda alguna, los revolucionarios que hoy luchan en E1
Salvador por una sociedad nueva y distinta tienen entre sus
proyectos, explícitos o implícitos, un replanteamiento
radical del sistema escolar salvadoreño. Habría que examinar
cuál.
Ahora bien, no siempre ni a todos es posible buscar un
objetivo tan ambicioso como el de dar un sentido nuevo al
sistema educativo; y uno de los engaños más paralizantes es
el que lleva a creer que si no se cambia todo no se cambia
nada. Entre la nada y el todo hay muchos pasos que pueden y
deben darse, e incluso aquellos que mantienen una visión
radical sobre el sistema social suelen aceptar que una
acumulación cuantitativa de cambios parciales puede
precipitar en un momento dado un cambio cualitativo del todo,
lo cual nos lleva al siguiente punto.
La investigación puede buscar cambios parciales en los
contenidos educacionales o en las formas o métodos
didácticos empleados en cualquiera de los niveles escolares.
Por lo general, la investigación se ha centrado más en los
cambios didácticos que en los de contenido. Ha habido, por
ejemplo, abundante investigación sobre las ventajas y
desventaja de la educación programada o de la educación
personalizada frente a la educación considerada tradicional
o de los llamados métodos activos frente a los pasivos. Sin
embargo, resulta cuestionable pensar que se pueda realizar
un cambio de orden didáctico que no comporte, de una u otra
manera, un cambio en algún aspecto contextual. Así, por
ejemplo, tanto la educación programada como la llamada
educación personalizada arrastran una pesada carga de
individualismo, como lo arrastra de autoritarismo la
educación pasiva. Difícilmente pueden compatibilizarse estos
métodos didácticos con una visión más colectiva de la
existencia social o con una postura crítica frente al
sistema establecido. En mi opinión, la pedagogía propugnada
por Paulo Freire ( 190, 1971) ha puesto claramente de
manifiesto esta necesaria imbricación entre didáctica y
contenido, así como entre orden social y formación personal,
entre pedagogía y política.
2.3 Hacia un principio de realidad popular en la relación
entre investigación y educación
En el ámbito académico norteamericano existe el imperativo
de que el profesor universitario debe hacer investigación
como una parte esencial de su responsabilidad. Por desgracia,
éste no es el caso en nuestros países: la mayoría de los
profesores universitarios se conforman con ser eso,
profesores, docentes y, en el mejor de los casos, no aspiran
más allá de contar con sus propios apuntes de clase y estar
relativamente actualizados en sus áreas de especialidad.
Pero también es verdad que el imperativo reinante en el
medio académico norteamericano lleva con excesiva frecuencia
a realizar un tipo de investigación sin significado social
alguno, es decir, sin mayor conexión con los problemas
reales de la población; se trata de realizar un ritual
exigido, en última instancia, por la espada de Democles del
"publish or perish". Nosotros necesitamos urgentemente hacer
investigación, pero no tanto para ser publicada cuanto para
ser utilizada como instrumento de cambio social.
El Salvador se ha convertido en los últimos años en una
especie de laboratorio viviente de una sociedad que se
desintegra, y de formas diferentes de vida que pugnan por
imponerse. Una sociedad así plantea problemas gravísimos en
todos los órdenes de la existencia, que van desde la simple
supervivencia física hasta el desarrollo de las formas
superiores de vida espiritual, pasando por el
establecimiento de un orden para la convivencia que sea
aceptable por pocos o por muchos (difícilmente por todos).
La educación no puede permanecer al margen de este conflicto
si no quiere quedar marginada, que es lo que de hecho ha
ocurrido en El Salvador. Pero difícilmente puede vincularse
de manera productiva a los procesos sociales si no incorpora
como parte esencial de su acercamiento el instrumento de la
investigación. Por eso, para terminar, plantearé dos
objetivos que, en mi opinión, son cruciales en los momentos
actuales de la realidad social y educativa salvadoreña.
Uno de los objetivos fundamentales de la investigación
educacional debe orientarse hacia el análisis de todas
aquellas formas de educación que están siendo practicadas en
las zonas bajo control de las fuerzas insurgentes del FMLN,
donde la carencia de recursos didácticos es casi total y las
condiciones de vida extremadamente difíciles. El que se
puedan estar dando procesos educacionales y el que, al
parecer, en determinados casos se esté logrando éxito,
supone una oportunidad excepcional para examinar formas
creativas de resolver los problemas escolares, algo a lo que
siempre se aspira lograr con las llamadas "tecnologías
adecuadas". Por supuesto, no se puede pretender con ello
trasladar la educación que se da en una situación de guerra
y carencia extrema a otras circunstancias menos
desfavorables, pero sí ver aquellos recursos de los que
incluso en circunstancias así puede echarse mano y hacerlo
con éxito.
Hay, con todo, un objetivo todavía más fundamental y que
reclama una estrecha cooperación entre investigación y
educación: se trata del rescate educacional de todos
aquellos elementos constitutivos de la identidad nacional
del pueblo salvadoreño que permitan la construcción de una
sociedad nueva, más humana y justa. Sé que éste es un tema
polémico y complejo pero, como psicólogo social, pienso que
se trata de un problema crucial para el presente y el futuro
de la educación en El Salvador y, posiblemente, en toda
Latinoamérica, incluyendo, por supuesto, a Puerto Rico.
La identidad nacional de un pueblo, como la identidad
personal de los individuos, no es un simple dato abstracto,
sino que es en cada caso el producto histórico de unas
realidades materiales y sociales, de unas formas de vida, de
unas formas específicas de relacionarse entre las personas y
grupos que habitan un determinado país, que los ubica frente
a otros pueblos y los diferencia de ellos en la medida en
que la identidad nacional es una construcción de los
procesos educativos. Rescatar lo más valioso de la historia
de nuestros pueblos, proyectarlo educativamente a fin de
construir una nueva historia, me parece la forma de ofrecer
al sistema escolar ese sentido que hoy habría perdido en
nuestros países. Pero, sobre todo, me parece la forma de
contribuir a que nuestros pueblos emerjan a la historia con
voz propia y de que su palabra no sea silenciada o ignorada,
sino escuchada y respetada por el resto de los pueblos.
REFERENCIAS
Beirne, Charles J. (1985). Jesuit education for justice: the
Colegio in El Salvador,1968- 1984. Harvard Educational
Review, 55, 1 19.
Braslavsky, Cecilia. (1987). Un desafío fundamental de la
educación latinoamericana durante los próximos 25 años:
construir su sentido. La Educación, 101, 67-82.
El Salvador, Ministerio de Educación. (1970). Plan quincenal
de educación (julio 1967 - junio 1972). Documentos de la
Reforrna Educativa, No. 2. San Salvador.
Escarnilla, Manuel L. (1975). La reforma educativa
salvadoreña. San Salvador: Dirección de Publicaciones.
Fals Borda, Orlando. (1986). Conocimiento y poder popular.
Lecciones con campesinos de Nicaragua, México, Colombia.
Bogotá: Siglo XXI.
Freire, Paulo. (1970). Pedagogía del oprimido. (Traducción
de Jorge Mellado.) Montevideo: Tierra Nueva.
Freire, Paulo. (1971). La educación como práctica de la
libertad. Montevideo: Tierra Nueva. Perú, Ministerio de
Educación. (1970). Reforma de la educación peruana. Informe
general. Lima: Ministerio de Educación.
Rama, Germán W. (1987). Educación y sociedad en América
Latina. La Educación, 101, 45 66
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