Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 1 Diciembre 1989


   

Para obtener en formato Pdf
presione sobre el logo

 
 

La investigación acerca de la identidad cultural, nacional y supra-nacional y su importancia en el proceso educativo

José Miguel Salazar
Departamento de Psicología
Universidad Central de Venezuela


Al hablar de la educación y de la investigación que la nutre hay dos vertientes a considerar: a) La investigación que directamente se refiere al proceso, ya sea en sus aspectos generales o concretos, por ejemplo, la investigación referida a los procesos de aprendizaje, la tecnología educativa, la evaluación de programas, y b) La investigación realizada en las ciencias sociales aplicable al proceso educativo.

Nuestro trabajo cabría dentro de lo segundo, pues nos referiremos al estudio de la identidad social, particularmente a la identidad nacional y su posible utilidad como elemento a tomar en cuenta dentro del proceso educativo.

1. Formas de entender la identidad

Existen por lo menos tres formas de abordar el problema de la identidad.

1.1. Identidad como rasgos comunes de personalidad

La identidad puede referirse a esas características de los miembros de un grupo, usualmente descritos como rasgos de personalidad que los diferencia de miembros de otros grupos. La identidad, definida de esta manera, tendría cierta objetividad externa que permitiría su descripción por alguien desde afuera del grupo. Esta concepción ha sido el centro de estudio de antropólogos y psicólogos de la llamada Escuela de la Personalidad y Cultura; y el argumento parte del reconocimiento de diferencias culturales, formas y estilos de vida conformados a través de un proceso histórico. La internalización de parte de los miembros de un grupo de dicha cultura a través del proceso de socialización debe conducir a formas características de ser y de comportarse. Esto se ha descrito como un "carácter nacional" o, en otras versiones, una "personalidad básica" o un "carácter social".

Este enfoque con frecuencia falla al tomar los estereotipos, que son meramente cogniciones compartidas, como la realidad descriptiva de esos rasgos de personalidad, esperables a base de la argumentación anterior. Revisando estudios que utilizan esta perspectiva, con frecuencia también se reportan resultados aparentemente contradictorios, pues los muestreos son usualmente pobres y las metodologías para la recopilación de datos no siempre son comparables. Pero, más importante aún, esta concepción de identidad como rasgos de personalidad diferenciadores, falla al ocultar las grandes diferencias existentes en cualquier sociedad: entre ellas las de clase social. Y cuando hay conciencia de ello, queda el interrogante no dilucidado de que parte de la varianza puede ser explicada por las diferencias de clase y que parte de la misma puede ser explicada por las diferencias culturales. Que yo sepa, este interesante problema de psicología transcultural no ha sido abordado en forma sistemática.

Resultados de estudios realizados en Latinoamérica, utilizando este enfoque, han sido sintetizados por ArdiIa Espinel (1982), quien enumera: "dependencia del campo", "centración en el grupo", "alto nivel de necesidad de afiliación" y "bajo nivel de necesidad de logro" e "involucramiento emocional", como características de los latinos.

Salom de Bustamante (1981) usando T.A.T.. encuentra con estudiantes universitarios venezolanos, una baja necesidad de logro y alta necesidad de poder. Por su parte Eysenck y Porreta (1984) encuentran que al comparar puertorriqueños con británicos, los primeros obtienen calificaciones más altas en extroversión, emocionalidad y deseabilidad social.

El problema con estos estudios, de los cuales he enumerado sólo unos pocos, es que su muestreo es verdaderamente inadecuado para el tipo de inferencia que se desea establecer y que, como se ha anotado, no se toman en cuenta las diferencias en clase social; sin embargo, los autores, que en otros casos son posiblemente más cuidadosos al respecto, no dudan en publicar sus resultados, pues lo que emerge es consistente con sus estereotipos: un individuo muy sociable, pero no centrado en el trabajo o en el logro: el flojo simpático. Esto, desde cierta perspectiva, no es totalmente negativo, pero deja en el aire la interrogante de sí es posible construir un país poblado de flojos simpáticos y hacerlo funcionar, y una segunda interrogante se deriva de la anterior y nos preguntamos si estas investigaciones no servirán para reforzar una estereotipia de consecuencias negativas, dándole un barniz "científico".

1.2. Identidad como acuerdos valóricos

Puede referirse también la identidad, no tanto a rasgos de personalidad, sino más bien a los valores, formas de concebir el mundo, que sirven para contrastar los grupos entre sí. Aquí la argumentación sería que todo grupo desarrolla una superestructura idea nacional compartida que expresa su historia, sus intereses. Esta "ideología" del grupo, de la clase, de la nación, es reflejada en diferente grado en las ideologías individuales de las personas que las componen. La existencia de cierto número de elementos en los cuales existe coincidencia y que los diferencia de otros grupos es lo que le da su identidad a los miembros del grupo. Los estudios sobre las contrastaciones valóricas siguen siendo hoy día relevantes y son los problemas metodológicos acerca de cómo evaluarlos, los que han frenado un más amplio desarrollo en esta dirección.

En Latinoamérica los trabajos tempranos de Díaz Guerrero con las premisas socioculturales ilustran una forma de enfocar el asunto desde la perspectiva de los valores. Estas premisas se definen como expresiones culturalmente significativas con las cuales están de acuerdo la mayoría de los miembros de una cultura particular y en relación con las cuales hay diferente grado de acuerdo en diferentes culturas. Ya desde 1955 Díaz Guerrero identifica ciertas expresiones en relación con las cuales hay un alto grado de acuerdo entre adultos residentes en Ciudad México. Sin embargo, en trabajos posteriores, este mismo autor se desplaza hacia la descripción de características de personalidad, enfoque que, como ya hemos indicado anteriormente, nos parece más cuestionable. Es así como Díaz Guerrero identifica el síndrome "activopasivo", que diferencia a México de los Estados Unidos. El síndrome es definido en términos de cómo se enfrenta el estrés: la confrontación pasiva señala el que el individuo se modifica a sí mismo; la confrontación activa indica que el sujeto modifica el medio. Los mexicanos, según este autor, utilizan la modalidad pasiva.

Más recientemente, Díaz Guerrero (1984) ha tenido que reconocer la existencia de diferencias dentro de la sociedad y enumera diferentes tipos dentro de la cultura mexicana. Además del tipo "pasivo, obediente, afiliativo'' que es el que describió primero, también incluye como relativamente frecuente: "el rebelde, activamente asertivo", "el mexicano con un control interno activo" "el mexicano con un control externo pasivo", y cuatro tipos más que a nuestra manera de ver están presentes en cualquier sociedad. Lo interesante, a nuestra manera de ver, aún manteniéndose dentro de ese enfoque de la personalidad y cultura que juzgamos objetable, sería determinar la frecuencia relativa de los mismos en diferentes estratos o clases sociales.

Otro trabajo en el cual ha participado Díaz Guerrero (Szalay y Díaz Guerrero, 1985) usa una poco usual manera de llegar a la cultura subjetiva utilizando asociaciones libres. Su estudio identifica una mayor similitud entre mexicanos y colombianos, que entre ellos y diversos grupos de hispanos que viven en los Estados Unidos, hecho explicado por el grado de aculturación norteamericana de los últimos. Cuando se compara la distancia entre mexicanos y colombianos, y entre dos grupos de angloamericanos (en Los Ángeles y Nueva York) se encuentra que hay más coincidencia en el significado de "la amistad", "la familia", "la salud" en los grupos latinos; mientras en los grupos estadounidenses hay coincidencia en relación con "el amor". Pareciera poder inferirse que los dominios de la amistad, la familia y la salud constituyen dominios más centrales en la cultura latinoamericana.

Rodríguez (1985) hace un resumen del resultado de varios estudios que tenían como objetivo "aprender más acerca de las características socioculturales de los brasileños". Encontró lo que él describe como "optimismo ingenuo", es decir, "la creencia que las cosas mejorarán", aunque no se hace nada para justificar esta expectativa. Son muchas y variadas las metodologías que han buscado evaluar los valores en nuestro contexto latinoamericano. Tratándose de conceptos grupales, los problemas del muestreo son menos graves y existen evidencias recogidas acerca de diferencias valóricas en función de la clase social; lo cual implica superioridad para este enfoque, en comparación con el anterior.

1.3. Identidad como identificación

En tercer lugar, la identidad puede referirse a la forma en que el individuo se relaciona con el grupo: cómo el individuo acepta o se atribuye la categorización implícita de pertenecer al grupo y llega a valorar esa pertenencia. Esta concepción, aún cuando es subjetiva e individual, es extremadamente sociopsicológica, si entendemos que la psicología social es el estudio de cómo el individuo se relaciona con el grupo. Este concepto se emparenta con la idea de Vico de enfatizar la identidad de sentimientos de "una clase, de un pueblo, de una nación, de la raza humana entera" que constituyen el origen del orden social; y a un nivel más formal, esta concepción arranca de los planteamientos de G.H. Mead y de H. Tajel y tienen que ver con la forma en que el individuo se experimenta a sí mismo , es decir, se refiere más al “self” que a la descripción externa de los individuos.

Nos referimos a dos estudios realizados en Latinoamérica en los cuales esta concepción de identidad ha sido explorada.

Morse (1976) cuestionó a estudiantes de Sao Paulo y Belém acerca del significado de ser brasileño y la identidad con el mismo. La identidad aparece mayor en Belém, aun cuando parece poseer diferente significado. En Sao Paulo el grado de identidad se relaciona con el activismo político; en Belém es un fenómeno más aislado que revela poco acerca de las percepciones del individuo y de sus predisposiciones conductuales.

Salazar y Branchs (1985) contrastaron la identidad de sujetos venezolanos con los venezolanos y con los latinoamericanos. Se encontró que cuando se pedía describir a nosotros los latinoamericanos, a nosotros los venezolanos y a la propia persona, un mayor porcentaje de sujetos aceptaba como propios los rasgos atribuidos a los latinoamericanos y no los venezolanos, lo cual resultaba sorprendente. Un análisis más preciso de los resultados permitió saber que la identificación con el latinoamericano está dada en lo sociable, lo inteligente y lo afectivo; aun cuando se rechaza la pasividad que se le atribuye. En el caso del venezolano hay también identificación con la sociabilidad y la inteligencia, la hay menos con la afectividad - inestabilidad y hay un rechazo grande a su desorganización. Como dijimos en otra oportunidad "pareciera que la latinoamericanidad sintetizara lo bueno, lo positivo de nosotros mismos; mientras la identidad nacional concreta, aun cuando incluye algunos de los elementos más importantes, también incluye aquellas cosas que menos nos gustan de nosotros mismos".

En un estudio posterior (Salazar, Villegas y Salas,1987) entre estudiantes universitarios de tres países: Venezuela, Chile y Colombia, compararon sujetos que se diferenciaban en el grado de identificación con el latinoamericano. Lo que emerge a partir de cuestionarios cerrados es la percepción de un latinoamericano más progresista, más alegre, más hospitalario y menos flojo, entre los que se identifican con él. Igualmente, emerge el que los identificadores se acercan más a aceptar para sí el estereotipo latinoamericano en sus aspectos positivos de lo simpático; mientras que los no identificados tienden a darse a sí mismos una imagen que sugiere una pertenencia o una identificación con una clase social más elevada: más ricos, más cultos.

Cuando se trabajaba a partir de respuestas abiertas y se cuestionaba acerca de los elementos que llevaban a los sujetos a considerar a sus conciudadanos parecidos o diferentes del resto de los latinoamericanos, se evidencia que la identidad se relaciona con el percibir que el latinoamericano es un elemento progresista, y que los elementos que unen a los connacionales con el resto de los latinoamericanos son en gran parte de carácter político: la explotación y las condiciones de lucha por salir del sometimiento, unido con los ya mencionados elementos culturales y de personalidad positiva. Esto parece confirmar otro nivel, lo que Morse encuentra entre los brasileros de Sao Paulo en relación con la identidad brasileña.

Hay evidencia de que la identificación con el latinoamericano no es algo que se da en el puro plano afectivo, aún cuando ciertamente está presente, cuando se enfatizan los elementos culturales e históricos. Pareciera que la estrategia que estos resultados sugiere, es el fortalecer la concientización acerca de las realidades políticas de nuestros pueblos para el logro de un mayor compromiso de identidad con el latinoamericano. Si se acepta el "principio del carácter regulador de la conciencia sobre la actividad", estas dos últimas formas de concebir la identidad son importantes, pues tanto las orientaciones valóricas como el autoconcepto deben ser considerados aspectos de la conciencia

Si tomamos la definición de Montero de la identidad nacional como "el conjunto de significaciones y representaciones relativamente estables a través del tiempo que permiten a los miembros de un grupo social que comparten una historia y un territorio común, así como otros elementos socioculturales, reconocerse como relacionados los unos con los otros" (Montero, 1984, págs. 26-27), podemos añadirle que, a partir de ese reconocimiento, la identidad adquiere un carácter regulador de la actividad; proceso que debe ser estimulado y reforzado en función de metas sociales positivas a través del proceso educativo.

2. La identidad nacional y su importancia en países sometidos al imperialismo

El estado-nación es una creación política que se asienta casi siempre en las identidades culturales, aun cuando no son anomalías los estados multiculturales; al otro extremo podemos tener una nación, definida en términos culturales, que está compuesta de estados independientes, como es, a nuestro entender, Latinoamérica, identificada como "una nación de repúblicas".

Es cierto que el nacionalismo fue creación de la revolución burguesa, y que fue a través de su desenmascaramiento y cuestionamiento que pudo darse la primera revolución socialista. Pero la posterior evolución del capitalismo hace que hoy día el nacionalismo y, sobre todo el supra-nacionalismo o el nacionalismo cultural, posea un carácter diferente y, a nuestra manera de ver, progresista.

La importancia de la identidad supra-nacional está enmarcada en la realidad presente del imperialismo y la trasnacionalización. Consideramos, y ya lo hemos expresado en otro lugar (Salazar, 1983), que existen las "pre-condiciones" sociopsicológicas de un supra-nacionalismo latinoamericano. Creo que eso es aún más cierto en 1988. Sin emb argo, los intentos de reforzar un nacionalismo cultural anti-imperialista debe enfrentarse con un fenómeno, que con diferentes nombres y por diferentes autores se identifica la "ideología dependiente" de muchos países colonizados del tercer mundo.

3. La evidencia de la ideología dependiente

Ya en otras oportunidades hemos presentado la evidencia que nos indica la prevalencia de una actitud de minusvalía nacional, por lo menos en relación con países desarrollados, en sujetos venezolanos y de otras nacionalidades latinoamericanas.

En 1983 reportamos un estudio en el cual se indagó acerca de las creencias que sobre Venezuela y los venezolanos, así como acerca de cinco países y sus nacionales eran expresadas por la población de Caracas. El resultado fue la identificación de una imagen negativa de Venezuela, no absoluta, pero sí comparativa en relación con países desarrollados, particularmente los Estados Unidos. A pesar de que los individuos de nivel socioeconómico más alto expresan las actitudes más favorables hacia los Estados Unidos y hacia los estadounidenses, la ideologización de toda la población es evidente, pues aún en los niveles más bajos la actitud hacia los Estados Unidos era más favorable que la que se expresaba hacia Venezuela. Si miramos más de cerca estos resultados, vemos que no es el rechazo total de lo nacional, pues ante una pregunta de tipo afectivo directo el país que más gusta es el propio, y hay asignación mayoritaria al propio país de características como "con muchas bellezas naturales", "rico", pero éstas no son las características que se evalúan más altamente, que son cultura y progreso, que no se asignan al país. Algo similar ocurre en el plano de las características personales: alegre y hospitalario son asignadas a los connacionales; pero las características más valoradas fueron "ser trabajador" y "ser responsable" las cuales fueron asignadas más frecuentemente a los otros grupos. Pareciera existir el sentimiento de la existencia de cosas muy positivas que no se poseen y que giran alrededor de la ideología del progreso.

Ginsberg (1983) replicó parte de este estudio en Brasil, y cuestionó el planteamiento de una minusvalía nacional de carácter general. Encontró a través del análisis factorial dos factores: uno de carácter socioafectivo, en el cual se mantiene una imagen positiva, y otra de carácter instrumental, en el cual la autoimagen es negativa. Un reanálisis posterior de nuestros datos indica coincidencia con su interpretación; siendo que la diferencia estriba en el mayor peso dado a lo instrumental por nuestros sujetos.

Alba Nydia Rivera (1987) encuentra evidencias en relación con el problema en Puerto Rico. Utilizando variadas e ingeniosas metodologías se obtienen resultados que concuerdan con los enumerados anteriormente. En uno de sus estudios se encuentra que "los extranjeros, en general, son considerados mejores que los puertorriqueños: más cultos y más educados".

Como en el caso de Venezuela se encuentran diferencias atribuibles al nivel socioeconómico, de modo que grupos de estudiantes en comparación con grupos de trabajadores perciben al puertorriqueño más dócil y más flojo. También es interesante que, por encima de la devaluación generalizada, se mantenga que Puerto Rico es un país más bello que los Estados Unidos, lo cual nuevamente coincide con lo encontrado en Venezuela.

En resumen, hay elementos identificables aún dentro del diagnóstico general de una ideología dependiente que apuntan en una dirección optimista. El asunto está en reforzar los aspectos positivos de la imagen y atacar sus aspectos negativos.

4. Superando la minusvalía y reforzando la identidad nacional positiva

Las tareas que uno enfrenta, habiendo definido las metas a lograr son: desarrollar una mayor conciencia en relación con una identidad que conduzca a la acción positiva, una identidad que se traduzca en la aceptación de ciertos valores y el reforzarniento de una identidad más amplia, una identidad global latinoamericana que haga más fácil transitar el camino común a seguir.

Existen algunas experiencias ilustrativas que vienen al caso. Por ejemplo, Sorin llevó a cabo una investigación longitudinal con niños cubanos en la cual quedó claro como era posible desarrollar un patriotismo positivo y el internacionalismo, utilizando la discusión, el arte y diversas técnicas expresivas.

Marrero, en Venezuela, trabajó evaluando la efectividad de un curso sobre problemas sociales venezolanos, en un grupo de estudiantes de la educación superior. Aún cuando la metodología utilizada en la enseñanza fue más tradicional, algunos cambios ocurrieron en el ámbito de las creencias políticas, lo cual plantea la posibilidad de cambios a partir de la información, aun en contextos formales.

Evidentemente, la discusión y la concientización en relación con nuestras realidades, el desenmascararniento de los elementos negativos de la estereotipia que al aceptarse llevan a acciones que le dan carácter de profecía autoconfirmada, el reforzamiento de los elementos positivos y, sobre todo, la creación de conciencia acerca de la identidad supra-nacional latinoamericana, son necesarios. He ahí el reto que tenemos planteado los que de alguna forma estamos in mersos en la problemática de la educación de nuestras nuevas generaciones.

REFERENCIAS

Ardila Espinel, Noé. (1982) Criterios y valores de la cultura anglo-saxo americana y de la cultura latina: Sus implicaciones para la psicología transcultural. Revista latinoarnericana de psicología. 14. 63-79.

Díaz-Guerrero, Rogelio. (1984). Tipos mexicanos. Capítulo 1 en Psicología del mexicano. México: Trillas

Eysenck, Sybil B.G. y Porrata, Jósé Luis. (I981). Un estudio transcultural de personalidad: Puerto Rico e Inglaterra. Revista Latinoarnericana de Psicología. 16. 355-372.necesidad de logro: Una
comparación._lérida: Laboratorio de Psicología (ULA). Publicación 25.f

Szalay, Lorand and Díaz Guerrero,Rogelio, (1985) Similarities and Differences Between Subjective Cultures. A Comparison of Latin, Hispanic and Anglo Americans, in Díaz Guerrero, Rogelio (Ed), Cross Cultural and National Studies in Social Psychology_Amsterdam: North-Holland.

Ginsberg, Aniela (1983). Un estudio de actitudes nacionalistas de jóvenes brasileros. Cadernos Pontificia Universidad de Católica-SP. 'o. 15. 186-213.

Montero, Maritza (1984). Ideología, alienación e identidad nacional. Caracas: EBUC.

Morse, Stanley J. 1976). National identity from a Social Psychological Perspective: Two Brazilian case studies. Canadian Review of Studies in Nationalism. 4 52-76.

Rivera, Alba Nydia (1987). Psicología y colonización. ~Mimeo. Toa Baja, P. R.: CEDEPP.

Rodríguez, Aroldo (1985). Some socio-cultural characteristics of Brazilians, en Díaz Guerrero, Rogelio (Ed). Cross-Cultural and National Studies in Social Psychology. Amsterdam: North Holland.

Salazar, José Miguel (1983). Bases psicológicas del nacionalismo. México: Trillas.

Salazar, José Miguel (1983) Sobre la viabilidad psicológica del latinoamericanismo. Revista Internacional de Ciencias Sociales 35. 31-335.

Salazar, José Miguel y Branchs, llana Auxiliadora (1985). Valoración de la categoría latinoamericana entre estudiantes de seis países, en Supranacionalismo y Regionalismo. Caracas: UCV.

Salom de Bustamante, C. (1981) Dos medidas de Díaz-Guerrero, Rogello. (1976). Hacia una psicología social del tercer mundo. México: UNAM.

 

indice  |