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La investigación acerca de la identidad
cultural, nacional y supra-nacional y su importancia en el
proceso educativo
José Miguel Salazar
Departamento de Psicología
Universidad Central de Venezuela
Al hablar de la educación y de la investigación que la nutre
hay dos vertientes a considerar: a) La investigación que
directamente se refiere al proceso, ya sea en sus aspectos
generales o concretos, por ejemplo, la investigación
referida a los procesos de aprendizaje, la tecnología
educativa, la evaluación de programas, y b) La investigación
realizada en las ciencias sociales aplicable al proceso
educativo.
Nuestro trabajo cabría dentro de lo segundo, pues nos
referiremos al estudio de la identidad social,
particularmente a la identidad nacional y su posible
utilidad como elemento a tomar en cuenta dentro del proceso
educativo.
1. Formas de entender la identidad
Existen por lo menos tres formas de abordar el problema de
la identidad.
1.1. Identidad como rasgos comunes de personalidad
La identidad puede referirse a esas características de los
miembros de un grupo, usualmente descritos como rasgos de
personalidad que los diferencia de miembros de otros grupos.
La identidad, definida de esta manera, tendría cierta
objetividad externa que permitiría su descripción por
alguien desde afuera del grupo. Esta concepción ha sido el
centro de estudio de antropólogos y psicólogos de la llamada
Escuela de la Personalidad y Cultura; y el argumento parte
del reconocimiento de diferencias culturales, formas y
estilos de vida conformados a través de un proceso histórico.
La internalización de parte de los miembros de un grupo de
dicha cultura a través del proceso de socialización debe
conducir a formas características de ser y de comportarse.
Esto se ha descrito como un "carácter nacional" o, en otras
versiones, una "personalidad básica" o un "carácter social".
Este enfoque con frecuencia falla al tomar los estereotipos,
que son meramente cogniciones compartidas, como la realidad
descriptiva de esos rasgos de personalidad, esperables a
base de la argumentación anterior. Revisando estudios que
utilizan esta perspectiva, con frecuencia también se
reportan resultados aparentemente contradictorios, pues los
muestreos son usualmente pobres y las metodologías para la
recopilación de datos no siempre son comparables. Pero, más
importante aún, esta concepción de identidad como rasgos de
personalidad diferenciadores, falla al ocultar las grandes
diferencias existentes en cualquier sociedad: entre ellas
las de clase social. Y cuando hay conciencia de ello, queda
el interrogante no dilucidado de que parte de la varianza
puede ser explicada por las diferencias de clase y que parte
de la misma puede ser explicada por las diferencias
culturales. Que yo sepa, este interesante problema de
psicología transcultural no ha sido abordado en forma
sistemática.
Resultados de estudios realizados en Latinoamérica,
utilizando este enfoque, han sido sintetizados por ArdiIa
Espinel (1982), quien enumera: "dependencia del campo", "centración
en el grupo", "alto nivel de necesidad de afiliación" y "bajo
nivel de necesidad de logro" e "involucramiento emocional",
como características de los latinos.
Salom de Bustamante (1981) usando T.A.T.. encuentra con
estudiantes universitarios venezolanos, una baja necesidad
de logro y alta necesidad de poder. Por su parte Eysenck y
Porreta (1984) encuentran que al comparar puertorriqueños
con británicos, los primeros obtienen calificaciones más
altas en extroversión, emocionalidad y deseabilidad social.
El problema con estos estudios, de los cuales he enumerado
sólo unos pocos, es que su muestreo es verdaderamente
inadecuado para el tipo de inferencia que se desea
establecer y que, como se ha anotado, no se toman en cuenta
las diferencias en clase social; sin embargo, los autores,
que en otros casos son posiblemente más cuidadosos al
respecto, no dudan en publicar sus resultados, pues lo que
emerge es consistente con sus estereotipos: un individuo muy
sociable, pero no centrado en el trabajo o en el logro: el
flojo simpático. Esto, desde cierta perspectiva, no es
totalmente negativo, pero deja en el aire la interrogante de
sí es posible construir un país poblado de flojos simpáticos
y hacerlo funcionar, y una segunda interrogante se deriva de
la anterior y nos preguntamos si estas investigaciones no
servirán para reforzar una estereotipia de consecuencias
negativas, dándole un barniz "científico".
1.2. Identidad como acuerdos valóricos
Puede referirse también la identidad, no tanto a rasgos de
personalidad, sino más bien a los valores, formas de
concebir el mundo, que sirven para contrastar los grupos
entre sí. Aquí la argumentación sería que todo grupo
desarrolla una superestructura idea nacional compartida que
expresa su historia, sus intereses. Esta "ideología" del
grupo, de la clase, de la nación, es reflejada en diferente
grado en las ideologías individuales de las personas que las
componen. La existencia de cierto número de elementos en los
cuales existe coincidencia y que los diferencia de otros
grupos es lo que le da su identidad a los miembros del grupo.
Los estudios sobre las contrastaciones valóricas siguen
siendo hoy día relevantes y son los problemas metodológicos
acerca de cómo evaluarlos, los que han frenado un más amplio
desarrollo en esta dirección.
En Latinoamérica los trabajos tempranos de Díaz Guerrero con
las premisas socioculturales ilustran una forma de enfocar
el asunto desde la perspectiva de los valores. Estas
premisas se definen como expresiones culturalmente
significativas con las cuales están de acuerdo la mayoría de
los miembros de una cultura particular y en relación con las
cuales hay diferente grado de acuerdo en diferentes culturas.
Ya desde 1955 Díaz Guerrero identifica ciertas expresiones
en relación con las cuales hay un alto grado de acuerdo
entre adultos residentes en Ciudad México. Sin embargo, en
trabajos posteriores, este mismo autor se desplaza hacia la
descripción de características de personalidad, enfoque que,
como ya hemos indicado anteriormente, nos parece más
cuestionable. Es así como Díaz Guerrero identifica el
síndrome "activopasivo", que diferencia a México de los
Estados Unidos. El síndrome es definido en términos de cómo
se enfrenta el estrés: la confrontación pasiva señala el que
el individuo se modifica a sí mismo; la confrontación activa
indica que el sujeto modifica el medio. Los mexicanos, según
este autor, utilizan la modalidad pasiva.
Más recientemente, Díaz Guerrero (1984) ha tenido que
reconocer la existencia de diferencias dentro de la sociedad
y enumera diferentes tipos dentro de la cultura mexicana.
Además del tipo "pasivo, obediente, afiliativo'' que es el
que describió primero, también incluye como relativamente
frecuente: "el rebelde, activamente asertivo", "el mexicano
con un control interno activo" "el mexicano con un control
externo pasivo", y cuatro tipos más que a nuestra manera de
ver están presentes en cualquier sociedad. Lo interesante, a
nuestra manera de ver, aún manteniéndose dentro de ese
enfoque de la personalidad y cultura que juzgamos objetable,
sería determinar la frecuencia relativa de los mismos en
diferentes estratos o clases sociales.
Otro trabajo en el cual ha participado Díaz Guerrero (Szalay
y Díaz Guerrero, 1985) usa una poco usual manera de llegar a
la cultura subjetiva utilizando asociaciones libres. Su
estudio identifica una mayor similitud entre mexicanos y
colombianos, que entre ellos y diversos grupos de hispanos
que viven en los Estados Unidos, hecho explicado por el
grado de aculturación norteamericana de los últimos. Cuando
se compara la distancia entre mexicanos y colombianos, y
entre dos grupos de angloamericanos (en Los Ángeles y Nueva
York) se encuentra que hay más coincidencia en el
significado de "la amistad", "la familia", "la salud" en los
grupos latinos; mientras en los grupos estadounidenses hay
coincidencia en relación con "el amor". Pareciera poder
inferirse que los dominios de la amistad, la familia y la
salud constituyen dominios más centrales en la cultura
latinoamericana.
Rodríguez (1985) hace un resumen del resultado de varios
estudios que tenían como objetivo "aprender más acerca de
las características socioculturales de los brasileños".
Encontró lo que él describe como "optimismo ingenuo", es
decir, "la creencia que las cosas mejorarán", aunque no se
hace nada para justificar esta expectativa. Son muchas y
variadas las metodologías que han buscado evaluar los
valores en nuestro contexto latinoamericano. Tratándose de
conceptos grupales, los problemas del muestreo son menos
graves y existen evidencias recogidas acerca de diferencias
valóricas en función de la clase social; lo cual implica
superioridad para este enfoque, en comparación con el
anterior.
1.3. Identidad como identificación
En tercer lugar, la identidad puede referirse a la forma en
que el individuo se relaciona con el grupo: cómo el
individuo acepta o se atribuye la categorización implícita
de pertenecer al grupo y llega a valorar esa pertenencia.
Esta concepción, aún cuando es subjetiva e individual, es
extremadamente sociopsicológica, si entendemos que la
psicología social es el estudio de cómo el individuo se
relaciona con el grupo. Este concepto se emparenta con la
idea de Vico de enfatizar la identidad de sentimientos de "una
clase, de un pueblo, de una nación, de la raza humana entera"
que constituyen el origen del orden social; y a un nivel más
formal, esta concepción arranca de los planteamientos de G.H.
Mead y de H. Tajel y tienen que ver con la forma en que el
individuo se experimenta a sí mismo , es decir, se refiere
más al “self” que a la descripción externa de los individuos.
Nos referimos a dos estudios realizados en Latinoamérica en
los cuales esta concepción de identidad ha sido explorada.
Morse (1976) cuestionó a estudiantes de Sao Paulo y Belém
acerca del significado de ser brasileño y la identidad con
el mismo. La identidad aparece mayor en Belém, aun cuando
parece poseer diferente significado. En Sao Paulo el grado
de identidad se relaciona con el activismo político; en
Belém es un fenómeno más aislado que revela poco acerca de
las percepciones del individuo y de sus predisposiciones
conductuales.
Salazar y Branchs (1985) contrastaron la identidad de
sujetos venezolanos con los venezolanos y con los
latinoamericanos. Se encontró que cuando se pedía describir
a nosotros los latinoamericanos, a nosotros los venezolanos
y a la propia persona, un mayor porcentaje de sujetos
aceptaba como propios los rasgos atribuidos a los
latinoamericanos y no los venezolanos, lo cual resultaba
sorprendente. Un análisis más preciso de los resultados
permitió saber que la identificación con el latinoamericano
está dada en lo sociable, lo inteligente y lo afectivo; aun
cuando se rechaza la pasividad que se le atribuye. En el
caso del venezolano hay también identificación con la
sociabilidad y la inteligencia, la hay menos con la
afectividad - inestabilidad y hay un rechazo grande a su
desorganización. Como dijimos en otra oportunidad "pareciera
que la latinoamericanidad sintetizara lo bueno, lo positivo
de nosotros mismos; mientras la identidad nacional concreta,
aun cuando incluye algunos de los elementos más importantes,
también incluye aquellas cosas que menos nos gustan de
nosotros mismos".
En un estudio posterior (Salazar, Villegas y Salas,1987)
entre estudiantes universitarios de tres países: Venezuela,
Chile y Colombia, compararon sujetos que se diferenciaban en
el grado de identificación con el latinoamericano. Lo que
emerge a partir de cuestionarios cerrados es la percepción
de un latinoamericano más progresista, más alegre, más
hospitalario y menos flojo, entre los que se identifican con
él. Igualmente, emerge el que los identificadores se acercan
más a aceptar para sí el estereotipo latinoamericano en sus
aspectos positivos de lo simpático; mientras que los no
identificados tienden a darse a sí mismos una imagen que
sugiere una pertenencia o una identificación con una clase
social más elevada: más ricos, más cultos.
Cuando se trabajaba a partir de respuestas abiertas y se
cuestionaba acerca de los elementos que llevaban a los
sujetos a considerar a sus conciudadanos parecidos o
diferentes del resto de los latinoamericanos, se evidencia
que la identidad se relaciona con el percibir que el
latinoamericano es un elemento progresista, y que los
elementos que unen a los connacionales con el resto de los
latinoamericanos son en gran parte de carácter político: la
explotación y las condiciones de lucha por salir del
sometimiento, unido con los ya mencionados elementos
culturales y de personalidad positiva. Esto parece confirmar
otro nivel, lo que Morse encuentra entre los brasileros de
Sao Paulo en relación con la identidad brasileña.
Hay evidencia de que la identificación con el
latinoamericano no es algo que se da en el puro plano
afectivo, aún cuando ciertamente está presente, cuando se
enfatizan los elementos culturales e históricos. Pareciera
que la estrategia que estos resultados sugiere, es el
fortalecer la concientización acerca de las realidades
políticas de nuestros pueblos para el logro de un mayor
compromiso de identidad con el latinoamericano. Si se acepta
el "principio del carácter regulador de la conciencia sobre
la actividad", estas dos últimas formas de concebir la
identidad son importantes, pues tanto las orientaciones
valóricas como el autoconcepto deben ser considerados
aspectos de la conciencia
Si tomamos la definición de Montero de la identidad nacional
como "el conjunto de significaciones y representaciones
relativamente estables a través del tiempo que permiten a
los miembros de un grupo social que comparten una historia y
un territorio común, así como otros elementos
socioculturales, reconocerse como relacionados los unos con
los otros" (Montero, 1984, págs. 26-27), podemos añadirle
que, a partir de ese reconocimiento, la identidad adquiere
un carácter regulador de la actividad; proceso que debe ser
estimulado y reforzado en función de metas sociales
positivas a través del proceso educativo.
2. La identidad nacional y su importancia en países
sometidos al imperialismo
El estado-nación es una creación política que se asienta
casi siempre en las identidades culturales, aun cuando no
son anomalías los estados multiculturales; al otro extremo
podemos tener una nación, definida en términos culturales,
que está compuesta de estados independientes, como es, a
nuestro entender, Latinoamérica, identificada como "una
nación de repúblicas".
Es cierto que el nacionalismo fue creación de la revolución
burguesa, y que fue a través de su desenmascaramiento y
cuestionamiento que pudo darse la primera revolución
socialista. Pero la posterior evolución del capitalismo hace
que hoy día el nacionalismo y, sobre todo el supra-nacionalismo
o el nacionalismo cultural, posea un carácter diferente y, a
nuestra manera de ver, progresista.
La importancia de la identidad supra-nacional está enmarcada
en la realidad presente del imperialismo y la
trasnacionalización. Consideramos, y ya lo hemos expresado
en otro lugar (Salazar, 1983), que existen las "pre-condiciones"
sociopsicológicas de un supra-nacionalismo latinoamericano.
Creo que eso es aún más cierto en 1988. Sin emb argo, los
intentos de reforzar un nacionalismo cultural anti-imperialista
debe enfrentarse con un fenómeno, que con diferentes nombres
y por diferentes autores se identifica la "ideología
dependiente" de muchos países colonizados del tercer mundo.
3. La evidencia de la ideología dependiente
Ya en otras oportunidades hemos presentado la evidencia que
nos indica la prevalencia de una actitud de minusvalía
nacional, por lo menos en relación con países desarrollados,
en sujetos venezolanos y de otras nacionalidades
latinoamericanas.
En 1983 reportamos un estudio en el cual se indagó acerca de
las creencias que sobre Venezuela y los venezolanos, así
como acerca de cinco países y sus nacionales eran expresadas
por la población de Caracas. El resultado fue la
identificación de una imagen negativa de Venezuela, no
absoluta, pero sí comparativa en relación con países
desarrollados, particularmente los Estados Unidos. A pesar
de que los individuos de nivel socioeconómico más alto
expresan las actitudes más favorables hacia los Estados
Unidos y hacia los estadounidenses, la ideologización de
toda la población es evidente, pues aún en los niveles más
bajos la actitud hacia los Estados Unidos era más favorable
que la que se expresaba hacia Venezuela. Si miramos más de
cerca estos resultados, vemos que no es el rechazo total de
lo nacional, pues ante una pregunta de tipo afectivo directo
el país que más gusta es el propio, y hay asignación
mayoritaria al propio país de características como "con
muchas bellezas naturales", "rico", pero éstas no son las
características que se evalúan más altamente, que son
cultura y progreso, que no se asignan al país. Algo similar
ocurre en el plano de las características personales: alegre
y hospitalario son asignadas a los connacionales; pero las
características más valoradas fueron "ser trabajador" y "ser
responsable" las cuales fueron asignadas más frecuentemente
a los otros grupos. Pareciera existir el sentimiento de la
existencia de cosas muy positivas que no se poseen y que
giran alrededor de la ideología del progreso.
Ginsberg (1983) replicó parte de este estudio en Brasil, y
cuestionó el planteamiento de una minusvalía nacional de
carácter general. Encontró a través del análisis factorial
dos factores: uno de carácter socioafectivo, en el cual se
mantiene una imagen positiva, y otra de carácter
instrumental, en el cual la autoimagen es negativa. Un
reanálisis posterior de nuestros datos indica coincidencia
con su interpretación; siendo que la diferencia estriba en
el mayor peso dado a lo instrumental por nuestros sujetos.
Alba Nydia Rivera (1987) encuentra evidencias en relación
con el problema en Puerto Rico. Utilizando variadas e
ingeniosas metodologías se obtienen resultados que
concuerdan con los enumerados anteriormente. En uno de sus
estudios se encuentra que "los extranjeros, en general, son
considerados mejores que los puertorriqueños: más cultos y
más educados".
Como en el caso de Venezuela se encuentran diferencias
atribuibles al nivel socioeconómico, de modo que grupos de
estudiantes en comparación con grupos de trabajadores
perciben al puertorriqueño más dócil y más flojo. También es
interesante que, por encima de la devaluación generalizada,
se mantenga que Puerto Rico es un país más bello que los
Estados Unidos, lo cual nuevamente coincide con lo
encontrado en Venezuela.
En resumen, hay elementos identificables aún dentro del
diagnóstico general de una ideología dependiente que apuntan
en una dirección optimista. El asunto está en reforzar los
aspectos positivos de la imagen y atacar sus aspectos
negativos.
4. Superando la minusvalía y reforzando la identidad
nacional positiva
Las tareas que uno enfrenta, habiendo definido las metas a
lograr son: desarrollar una mayor conciencia en relación con
una identidad que conduzca a la acción positiva, una
identidad que se traduzca en la aceptación de ciertos
valores y el reforzarniento de una identidad más amplia, una
identidad global latinoamericana que haga más fácil
transitar el camino común a seguir.
Existen algunas experiencias ilustrativas que vienen al caso.
Por ejemplo, Sorin llevó a cabo una investigación
longitudinal con niños cubanos en la cual quedó claro como
era posible desarrollar un patriotismo positivo y el
internacionalismo, utilizando la discusión, el arte y
diversas técnicas expresivas.
Marrero, en Venezuela, trabajó evaluando la efectividad de
un curso sobre problemas sociales venezolanos, en un grupo
de estudiantes de la educación superior. Aún cuando la
metodología utilizada en la enseñanza fue más tradicional,
algunos cambios ocurrieron en el ámbito de las creencias
políticas, lo cual plantea la posibilidad de cambios a
partir de la información, aun en contextos formales.
Evidentemente, la discusión y la concientización en relación
con nuestras realidades, el desenmascararniento de los
elementos negativos de la estereotipia que al aceptarse
llevan a acciones que le dan carácter de profecía
autoconfirmada, el reforzamiento de los elementos positivos
y, sobre todo, la creación de conciencia acerca de la
identidad supra-nacional latinoamericana, son necesarios. He
ahí el reto que tenemos planteado los que de alguna forma
estamos in mersos en la problemática de la educación de
nuestras nuevas generaciones.
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