Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 1 Diciembre 1989


   

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El cambio en la investigación para el cambio en la educación

Alba Nydia Rivera
Facultad de Educación
Depto. Estudios Graduados
Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras


Iniciaré mi planteamiento introduciendo un pequeño cambio al tema que nos ocupa; en lugar de llamarle La investigación y el Cambio Educativo he decidido llamarle, el cambio en la investigación y su relación con el cambio educativo.

A mi se me ocurre vislumbrar un cambio paradigmático del marco conceptual y metodológico de la investigación en Latinoamérica que pueda afrontar la necesidad que se nos presenta de construir un conocimiento más adecuado y pertinente a nuestras realidades. Cuando se avecinan cambios paradigmáticos en el acercamiento a la construcción del conocimiento, así como en el acercamiento a la solución de problemas, los intuidores del cambio suelen hablar de "los signos de los tiempos" y a mí me ha dado por recoger como signo de este cambio paradigmático en la investigación, por un lado los cuestionamientos fundamentales que han venido haciendo un número ya crecido de investigadores en el campo, así como el fuerte clamor día a día de nuestros estudiantes por la necesidad de dicho cambio.

Es curioso que tanto en Europa, un autor como Víctor Sarri, Hapneren Estados Unidos y Betancourt en Latinoamérica, por nombrar algunos ejemplos han hecho señalamientos sobre la tendencia futura de la investigación en las ciencias de la conducta -indicando que ésta se mueve en dirección a la consideración de problemas de mayor pertinencia social, y sobre la necesidad urgente de buscar en nosotros mismos la solución a nuestros propios 5 problemas o como dijera Betancourt: - "Parece urgente tratar de superar la dependencia extrema de la investigación en modalidades extranjeras. No serán los investigadores del primer mundo los que estudien los problemas del tercer mundo para ofrecerle soluciones. Es necesario que el marco de referencia y de solución sea producido por latinoamericanos."

Con este preámbulo habré de iniciar mi cuestionamiento a los marcos positivistas de la investigación. Toda metodología responde a un marco conceptual y filosófico determinado, aunque ¿se reclame total independencia de la teoría, ya que el reclamo de "no tener posición" es en sí mismo una toma de posición. Dice Van Manen que la selección que hace un investigador de una metodología lo ubica en un contexto teórico y tal acción tiene aplicaciones éticas, filosóficas, morales y políticas. Para iniciar mi planteamiento, me ubicaré dentro del paradigma dialéctico-social. Dicho paradigma sostiene como premisas mayores:

  1. Que lo único permanente es el cambio.

  2. Que los fenómenos tanto físicos como sociales y psicológicos están en continuo cambio.

  3. Por tanto pone énfasis en los procesos, ya que los productos acabados son inexistentes.

  4. Que el crecimiento, v el desarrollo de los procesos y las personas no son de carácter lineal y sumativos, sino multiformas y multidireccionales, por tanto, su estudio tiene que hacerse desde una perspectiva integral.

  5. Que no existen equivalencias entre lo cuantitativo y lo cualitativo. Es decir, una sumatoria de características y/o descripciones no es igual a la esencia o naturaleza del fenómeno. En otras palabras la suma de las partes no es igual al todo. Existe, pues una diferencia esencial, fundamental entre La cantidad y cualidad. (Como ejemplo señalaremos que la unión de hidrógeno y oxígeno produce un elemento de naturaleza cualitativamente diferente a sus partes individuales.)

  6. Reconoce, además, una relación dialéctica entre sujeto y objeto; esto elimina el concepto de objetividad absoluta.

  7. En el paradigma dialéctico-social tiene singular importancia el papel de la teoría como guía fundamental de la selección del problema de investigación y de la metodología a utilizarse.

  8. Reconoce, pues, dos deformaciones de la ciencia: el positivismo o el empirismo puro, el dato y la generalización sin teoría y la especulación (la especulación pura sin evidencia científica que la avale).

  9. Y, finalmente, reconoce que todo proceso ocurre dentro de un contexto sociohistórico- cultural, por lo cual todo análisis abstraído de dicho contexto real será artificial y mecánico.

Estos postulados cuestionan algunas de el estudio; Premisas de la metodología positivista tales como:

  1. Confiabilidad- el mantener hallazgos al tema o problema de la investigación. través del tiempo y el espacio.

  2. Así como también la validez (operacionalización)

  3. Normalización- todo el mundo debe caer en la norma y nos preguntamos: ¿Qué vamos a hacer con el que se sale de la norma, con el que está por encima de la norma? Los fundamentos teórico-metodológicos que no podemos enumerar y ampliar del paradigma dialéctico-social están, a mi juicio, mucho más a tenor con la complejidad del estudio de áreas tales como el desarrollo de la persona lidad, los procesos cognoscitivos y los procesos de enseñanza aprendizaje, que los fundamentos positivistas que gobiernan nuestro sistema educativo del presente.

Como los que de ustedes estuvieron ayer aquí habrán podido apreciar estos cuestionamientos forman parte de las preocupaciones de nuestros investigadores visitantes las cuales surgen, a mi juicio, porque compartimos situaciones similares en términos de necesidades latinoamericanas vs. necesidades europeas y norteamericanas, aunque en realidades diferentes. Y tal vez, mis queridos estudiantes, porque la mayoría de nosotros atravesamos por problemas similares a los que ustedes atraviesan hoy cuando preguntan:

¿Para qué nos sirve toda esta metodología positivista en nuestra investigación educativa?¿Qué soluciones nos ofrece a una sociedad con una profunda crisis moral y educativa? ¿Cómo puedo yo investigar temas más pertinentes y más críticos en la búsqueda de soluciones a nuestros problemas?

Tal vez, algunos de nosotros nos hemos visto atravesando por el clásico ejercicio de indicar cuál es el diseño, la metodología, la muestra del estudio de contestar a las preguntas de si tiene o no validez interna o externa la investigación que se nos presenta, pasando desapercibido muchas veces, el tema o problema de investigación.

Y es muy curioso, y quiero en este momento llamar la atención al hecho de que algunos de los que hoy compartimos esta mesa, sin conocernos antes, que conste, desembocamos en el cercamiento a problemas muy similares en nuestros respectivos países, y me pregunto - tratando de ser científica - ¿es que esta coincidencia responde a una casualidad?

Me refiero específicamente a las investigaciones que tan excelentemente ha realizado en su país el colega venezolano el Dr. José Miguel Salazar y la colega Maritza Montero sobre la identidad nacional y a los iluminadores escritos del colega Dr. Ignacio Baró, sobre rasgos atribuidos Al salvadoreño, tales como el fatalismo. Cuando sé me ha ofrecido la oportunidad de leer sus escritos he tenido la sensación de mirarme en un espejo. Las categorías de autoimagen y heteroimagen (por mencionar algunas) elaboradas e investigadas por Salazar reflejan unas similitudes dramáticas con los estudios de autoimagen individual y colectiva- del puertorriqueño que he trabajado en nuestro país.

Tal parece que los pueblos latinoamericanos, tal vez en distintos tiempos y espacios, hemos sufrido históricamente del complejo de inferioridad que nos han engendrado para conveniencia de los pueblos dominadores porque así no creamos, sino que dependemos. Pero así como el niño llega a la adultez y se plantea su plano de igualdad ante los mayores, así nuestros pueblos parecen plantearse este mismo derecho.

¿Qué importancia-preguntarán ustedes- tienen estas investigaciones y estos planteamientos para nuestra educación?

En repetidas ocasiones he hecho las mismas preguntas que repito a continuación. ¿Qué objetivo tiene la educación de un país más grande que la de formar las personas que continuarán guiando la misma hacia el futuro, para crear una sociedad justa, sana, libre de los peligros, de la criminalidad, la droga adicción, la contaminación ambiental, el deterioro físico, mental y moral y la amenaza de una guerra nuclear que sufren nuestros jóvenes y sectores de nuestra población infantil y adulta en nuestra sociedad contemporánea?

¿Cómo habremos de lograr nuestros objetivos de crear unos seres humanos saludables y fuertes física y mentalmente para que éstos, a su vez, creen y guíen la sociedad que anhelamos? ¿o nos podrían ayudar teorías innovadoras del desarrollo de las personas para la formación de valores y personas?

¿Qué enfoque o filosofía educativa habremos de crear y seguir para lograr estos objetivos?

La obra de Aida Negrón de Montilla intentó hurgar en la filosofía educativa—unas veces más explícita que otras—de las primeras décadas de este siglo en Puerto Rico señalando los grandes esfuerzos hacia lo que ella llama la americanización- de nuestras escuelas, incrementando de forma muy consciente los complejos de inferioridad, impotencia y desvaloración de nuestras poblaciones que nos hacen pensar que no tenemos soluciones- y que otros latinoamericanos no tienen nada que enseñarnos. Los efectos de este sentimiento llegan hasta los niños de nuestros días, con el conocido efecto negativo en el desarrollo de los procesos cognoscitivos y rendimiento académico que hemos podido constatar en nuestras investigación.

Por lo cual pregunto: ¿Vamos a continuar en esa misma dirección? ¿o es tiempo ya de cuestionar los efectos de esas políticas norteamericanizantes y enajenantes de nuestra identidad nacional y latinoamericana?

Yo no puedo ofrecer contestaciones ni soluociones pero, por haber encontrado similitud en nuestros problemas con estos países latinoamericanos y también por las diferencias enriquecedoras existentes, hoy le repito a estos colegas lo que he dicho en otras ocasiones.

Le extendemos la mano para que nos unamos en este esfuerzo de búsqueda de soluciones urgentes desde nuestro marco latinoamericano, y a ustedes colegas y compañeros puertorriqueños les digo: Esperamos su respuesta.

 

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