| |
Aspectos teóricos y metodológicos de la
investigación en América Latina: primea etapa de una
experiencia sobre investigación educativa
Jacinto Ordóñez
Universidad Nacional
Heredia, Costa Rica
Todo marco teórico metodológico de la investigación
educativa, si quiere superar el dogmatismo que nos legaron
posiciones escolásticas ya lejanas, si quiere dejar de
repetir simplemente lo que se hace en otras latitudes y si
quiere optar por una actitud honestamente científica, debe
tener como punto de partida la práctica y no el discurso. No
que se ignore el valor del discurso, sino que, por razones
metodológicas, se decide partir de la práctica primigenia de
la educación. Partir de la práctica educativa para saber
cuál ha sido y cuál es la realidad de la educación es el
desafío que se le presenta a todo investigador que desee
fundamentar nuevos rumbos y proponer una filosofía de la
educación que sea nuestra.
Sin embargo, al hacer las anteriores afirmaciones, se
levantan varias preguntas que deberíamos responder: ¿En qué
sentido estarnos usando el término práctica? ¿Cómo la
práctica se convierte en objeto de estudio y fuente de
conocimiento? ¿Cómo se da la practica educativa,
específicamente en nuestros pueblos latinoamericanos?
Nuestra primera tarea quizá sea clarificar el término "práctica"
para saber a qué nos estamos refiriendo y, en segundo lugar,
cuáles podrían ser sus implicaciones metodológicas.
I. El sentido del término
De acuerdo con el origen griego, nuestra palabra práctica es
traducción de cuatro términos: pratto, poiésis, prágmata y
práxis. Clarifiquemos un poco estos términos:
En primer lugar, nuestra palabra práctica traducción del
término prátto (prásso, prétto) que significa el realizar
humano, acentuando el sentido en el sujeto que realiza la
acción, su sentido es subjetivo.
En segundo lugar, poiésis (de poiéin, infinitivo de poiéo)
que significa hacer en el sentido de creación (creación
artística por ejemplo), significa manufacturación,
fabricación. En este caso, el acento recae en el producto de
la acción humana que, mediatizada por la naturaleza, produce
o fábrica algo. Su acento es objetivo.
En tercer lugar, prágmata, que es "lo que se hace'?, "el
negocio", la acción útil más que el agente de la acción o el
resultado de la misma. Se acentúa el sentido de la acción
por ella misma, su utilidad.
En cuarto lugar, práxis (resultado de prátto) que significa
la acción humana que es motivada por el deseo de "poder ser"
lo que todavía no se es, por el deseo del ser humano de
constituirse como algo único en el mundo donde toda prátto,
toda poiésis y toda prágmata se ponen al servicio del "proyecto"
humano y donde toda técnica e instrumento está al servicio
de este proyecto.
Solamente este análisis nos muestra la diversidad de
sentidos que tiene la práctica como objeto de estudio de
nuestra investigación educativa. Razonemos un poco cada una
de ella:
El caso de la práctica C¿yO sentido pone el acento en el
sujeo de la práctica (prátto). Una investigación que tiene
por objeto al sujeto del proceso educativo y que considera
como sujeto tanto al educador como al educando, ya sería un
avance en el enfoque teórico de la investigación educativa.
Quizá la limitación de las investigaciones haya consistido
en tener como objeto de estudio la acción solamente del
docente porque se considere a éste como al sujeto de la
educación y olvidan que es el educando el sujeto por
excelencia del proceso educativo. Es más, a veces no se
tiene al educando como sujeto, sino como objeto de la
educación. A pesar de las virtudes de tener como sujetos a
educadores y a educandos, nuestra visión del objeto de
estudio educativo todavía queda limitado, pues acentúa al
sujeto en su práctica sin ver sus resultados ni sus métodos.
El caso de la práctica cuyo sentido es el producto (poiésis).
Una investigación que solamente ve los resultados de la
práctica educativa, por supuesto que hace su aporte. Muchos
de nuestros investigadores se ocupan de esos resultados.
Pero un marco teórico que vea la práctica solamente desde
sus resultados obviamente es limitada porque se le escapa el
sujeto de la práctica y los métodos que genera para lograr
los resultados.
El caso de la práctica cuyo sentido es la acción misma (prágmata).
Una investigación que ve la práctica misma hace su
contribución y ha sido este énfasis lo que ha generado una
concepción, no ya sólo investigativa, sino educativa que
conocemos con el nombre de pragmatismo. Sin embargo,
observar solamente la práctica aislada del sujeto y de su
producto también luce limitada, pues a la vez que se
especializa en un enfoque, también se limita a ella.
Nos parece obvio que la práctica de la educación no es
solamente la realizada por el docente, aunque la incluya;
tampoco es solamente la práctica del estudiante aunque ella
habría de ser observada con mayor interés en los trabajos
de- investigación; tampoco es la práctica que solamente
produce objetos o resultados materiales olvidándose de la
significación de ese producto para los sujetos que actúan;
mucho menos habrá de concebirse la práctica solamente como
la acción misma sin tomar en cuenta al sujeto que actúa o el
producto que resulta de la acción educativa. Considero que
el concepto de práctica que nos interesa en una forma
prioritaria es aquella que incluya los tres conceptos de
práctica discutidos, todo eso en su interrelación compleja.
Práctica educativa significa la práctica de los educadores y
de los educandos (pratto) en relación con la producción del
conocimiento (poiésis), mediatizado por un proceso
metodológico y técnico (prágmata) que, en su conjunto deberá
ser praxis que es, como decía Freire, reflexión y acción
mediatizado por el mundo, y agregan yo, nuestro mundo.
La práctica educativa es parte de la práctica social (pratto)
de todos los pueblos de la América Latina y el mundo.
Practica es actividad de sobre- vivencia, de progreso, de
hacer la propia historia. Práctica es el trabajo humano que
domestica la naturaleza, que crea y recrea cosas (poiesis) y
que las utiliza para el beneficio de la especie (prágmata)
Práctica es la transformación del medio natural y social,
transformación que, por sus características, también
transforma al mismo sujeto de la transformación (práxis).
La práctica educativa es parte de la producción social y
responde a ella. Tiene el propósito de reproducir las "fuerzas
de producción" que son las que mantienen no solamente la
sobrevivencia de la especie, sino también su progreso y sus
más altos avances culturales y científicos.
II. Las implicaciones metodológicas
Cuando afirmamos que nuestro objeto de estudio es la
práctica y no el discurso, queremos decir que nuestro punto
de partida, metodológicamente hablando, es la práctica. El
discurso también nos interesa, pero aquel discurso que dice
de la práctica. Trabajo de investigación relativamente fácil
sería si tomáramos siempre los planes a ser realizados,
aunque éstos solamente expresen el "deber ser" y los buenos
deseos. Por eso, una investigación de la practica educativa
usará el discurso ciertamente, pero el discurso teórico
práctico, generada en la actividad práctica teórica de una
conciencia práctica.
Lo que aquí se quiere evitar son varios equívocos de los
cuales quiero mencionar, al menos, cuatro que se ubican a un
nivel, a mi juicio, fundamental:
En primer lugar, evitar que se perpetúe el ocultamiento de
nuestra práctica, que se tenga el discurso como nuestra
realidad, las ideas como los objetos originarios del
conocimiento, cuando lo más urgente para nosotros, al menos
en Costa Rica, es ver nuestra realidad, nuestra realidad
concreta. Descubrimos entre nosotros un verdadero mosaico de
ideas educativas que son enriquecidas con nuevas ideas que
están de moda entre nosotros, ideas procedentes de muy
distintas latitudes o de imaginaciones muy creadoras, pero
que lamentablemente se sobreponen a nuestra realidad y lejos
de explicarla la ocultan, impidiendo así que esas ideas
enriquezcan la práctica o ayuden a hacer los correctivos que
ella necesita.
En segundo lugar, evitar una ubicación errónea del discurso
o de las ideas que dicen de la realidad. No estamos en
contra de las ideas ni de aquéllas que nos llegan de otras
latitudes o que son producto de imaginaciones creadoras, que
mucho necesitamos en nuestro suelo sino que estamos en
contra del papel que esas ideas teóricas o filosóficas
desempeñan en relación con nuestra práctica educativa. Lo
que propone nuestra posición es tener investigaciones sobre
nuestra práctica, pues es esa práctica la que sugiere la
teoría que va implícita en la práctica, una teoría práctica
que orienta y que todavía no ha sido conceptual izada porque
no ha sido investigada. Si esto es así, la ubicación del
discurso educativo y de las ideas que se tengan de la
educación son problemas secundarios, pues el punto de
partida metodológico es la práctica
En tercer lugar, evitar la generalización de una
investigación sólo de problemas secundarios que no aportan
conocimiento significativo de nuestra realidad educativa, o
cuando aportan es muy poco relevante; investigaciones que
nos hacen caer en una actitud escolástica (como bien lo dice
Mario Bunge en su Epistemología, ciencia de las cien- cias).
Para evitar esta escolástica y tener criterio para
seleccionar los objetos de estudio más significativos de
nuestra educación, estudios que den aporte importante para
el continuo ajuste o reorientación de la práctica educativa
concreta se necesita un enfoque epistemológico que supere al
Círculo de Viena, que sentó cátedra en el campo de la
investigación científica, sin que necesariamente se
menosprecie la importancia de su planteamiento
epistemológico. Necesitamos criterios mas dialécticos que,
partiendo de la práctica concreta de la educación, no
descuide los problemas sectoriales y concretos, pero que
tampoco se pierda en ellos olvidando la orientación de la
práctica educativa como una totalidad.
En cuarto y último lugar, evitar partir de la concepción de
una realidad estática, una práctica educativa que no es la
práctica real que tiene lugar en el quehacer educativo
cotidiano, una práctica fosilizada. La práctica es, por
propia definición, dinámica y habría que buscar métodos
mucho más históricos y dialécticos que nos permitan ver el
proceso de esa práctica más que la caricatura de la misma.
Hasta aquí, por el momento. Sostengo, en resumen, que todo
marco teórico metodológico de investigación que pretenda
superar los problemas actuales de una investigación
educativa poco significativa para nuestra labor como
educadores, que pretenda una investigación que enriquezca la
cultura general de nuestros pueblos y ayude en el proceso
que ellos están gestando para encontrar vías reales de
salida a sus problemas que los aquejan, ha de partir de la
práctica. Quiero decir, que el objeto de estudio debe ser la
práctica educativa concreta. Una investigación que tenga
como objeto la práctica deberá también optar por un método
que tenga como punto de partida esa practica. Para esto se
hace necesario clarificar lo que significa el término
práctica, el objeto de nuestra investigación, y las
implicaciones metodológicas que esta opción nos reclame. Lo
que se intenta es superar algunos equívocos entre los cuales
están los siguientes: evitar partir del discurso que muchas
veces es tenido como la realidad educativa, evitar la
ubicación errónea de este discurso que bien podría ponerse
como punto de partida de la investigación cuando el discurso
es un momento segundo, evitar también ocuparnos de caer en
una investigación escolástica que se entretenga en problemas
cuya clarificación difícilmente va a contribuir en la
superación de los problemas reales de la educación, y, por
último, concebir esa práctica como estática, pues esto nos
evitaría aplicar métodos más dialécticos de investigación.
|
indice
| |
|