Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 1 Diciembre 1989


   

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Aspectos teóricos y metodológicos de la investigación en América Latina: primea etapa de una experiencia sobre investigación educativa

Jacinto Ordóñez
Universidad Nacional
Heredia, Costa Rica

Todo marco teórico metodológico de la investigación educativa, si quiere superar el dogmatismo que nos legaron posiciones escolásticas ya lejanas, si quiere dejar de repetir simplemente lo que se hace en otras latitudes y si quiere optar por una actitud honestamente científica, debe tener como punto de partida la práctica y no el discurso. No que se ignore el valor del discurso, sino que, por razones metodológicas, se decide partir de la práctica primigenia de la educación. Partir de la práctica educativa para saber cuál ha sido y cuál es la realidad de la educación es el desafío que se le presenta a todo investigador que desee fundamentar nuevos rumbos y proponer una filosofía de la educación que sea nuestra.

Sin embargo, al hacer las anteriores afirmaciones, se levantan varias preguntas que deberíamos responder: ¿En qué sentido estarnos usando el término práctica? ¿Cómo la práctica se convierte en objeto de estudio y fuente de conocimiento? ¿Cómo se da la practica educativa, específicamente en nuestros pueblos latinoamericanos?

Nuestra primera tarea quizá sea clarificar el término "práctica" para saber a qué nos estamos refiriendo y, en segundo lugar, cuáles podrían ser sus implicaciones metodológicas.

I. El sentido del término

De acuerdo con el origen griego, nuestra palabra práctica es traducción de cuatro términos: pratto, poiésis, prágmata y práxis. Clarifiquemos un poco estos términos:

En primer lugar, nuestra palabra práctica traducción del término prátto (prásso, prétto) que significa el realizar humano, acentuando el sentido en el sujeto que realiza la acción, su sentido es subjetivo.

En segundo lugar, poiésis (de poiéin, infinitivo de poiéo) que significa hacer en el sentido de creación (creación artística por ejemplo), significa manufacturación, fabricación. En este caso, el acento recae en el producto de la acción humana que, mediatizada por la naturaleza, produce o fábrica algo. Su acento es objetivo.

En tercer lugar, prágmata, que es "lo que se hace'?, "el negocio", la acción útil más que el agente de la acción o el resultado de la misma. Se acentúa el sentido de la acción por ella misma, su utilidad.

En cuarto lugar, práxis (resultado de prátto) que significa la acción humana que es motivada por el deseo de "poder ser" lo que todavía no se es, por el deseo del ser humano de constituirse como algo único en el mundo donde toda prátto, toda poiésis y toda prágmata se ponen al servicio del "proyecto" humano y donde toda técnica e instrumento está al servicio de este proyecto.

Solamente este análisis nos muestra la diversidad de sentidos que tiene la práctica como objeto de estudio de nuestra investigación educativa. Razonemos un poco cada una de ella:

El caso de la práctica C¿yO sentido pone el acento en el sujeo de la práctica (prátto). Una investigación que tiene por objeto al sujeto del proceso educativo y que considera como sujeto tanto al educador como al educando, ya sería un avance en el enfoque teórico de la investigación educativa. Quizá la limitación de las investigaciones haya consistido en tener como objeto de estudio la acción solamente del docente porque se considere a éste como al sujeto de la educación y olvidan que es el educando el sujeto por excelencia del proceso educativo. Es más, a veces no se tiene al educando como sujeto, sino como objeto de la educación. A pesar de las virtudes de tener como sujetos a educadores y a educandos, nuestra visión del objeto de estudio educativo todavía queda limitado, pues acentúa al sujeto en su práctica sin ver sus resultados ni sus métodos.

El caso de la práctica cuyo sentido es el producto (poiésis). Una investigación que solamente ve los resultados de la práctica educativa, por supuesto que hace su aporte. Muchos de nuestros investigadores se ocupan de esos resultados.

Pero un marco teórico que vea la práctica solamente desde sus resultados obviamente es limitada porque se le escapa el sujeto de la práctica y los métodos que genera para lograr los resultados.

El caso de la práctica cuyo sentido es la acción misma (prágmata). Una investigación que ve la práctica misma hace su contribución y ha sido este énfasis lo que ha generado una concepción, no ya sólo investigativa, sino educativa que conocemos con el nombre de pragmatismo. Sin embargo, observar solamente la práctica aislada del sujeto y de su producto también luce limitada, pues a la vez que se especializa en un enfoque, también se limita a ella.

Nos parece obvio que la práctica de la educación no es solamente la realizada por el docente, aunque la incluya; tampoco es solamente la práctica del estudiante aunque ella habría de ser observada con mayor interés en los trabajos de- investigación; tampoco es la práctica que solamente produce objetos o resultados materiales olvidándose de la significación de ese producto para los sujetos que actúan; mucho menos habrá de concebirse la práctica solamente como la acción misma sin tomar en cuenta al sujeto que actúa o el producto que resulta de la acción educativa. Considero que el concepto de práctica que nos interesa en una forma prioritaria es aquella que incluya los tres conceptos de práctica discutidos, todo eso en su interrelación compleja. Práctica educativa significa la práctica de los educadores y de los educandos (pratto) en relación con la producción del conocimiento (poiésis), mediatizado por un proceso metodológico y técnico (prágmata) que, en su conjunto deberá ser praxis que es, como decía Freire, reflexión y acción mediatizado por el mundo, y agregan yo, nuestro mundo.

La práctica educativa es parte de la práctica social (pratto) de todos los pueblos de la América Latina y el mundo. Practica es actividad de sobre- vivencia, de progreso, de hacer la propia historia. Práctica es el trabajo humano que domestica la naturaleza, que crea y recrea cosas (poiesis) y que las utiliza para el beneficio de la especie (prágmata) Práctica es la transformación del medio natural y social, transformación que, por sus características, también transforma al mismo sujeto de la transformación (práxis).

La práctica educativa es parte de la producción social y responde a ella. Tiene el propósito de reproducir las "fuerzas de producción" que son las que mantienen no solamente la sobrevivencia de la especie, sino también su progreso y sus más altos avances culturales y científicos.


II. Las implicaciones metodológicas

Cuando afirmamos que nuestro objeto de estudio es la práctica y no el discurso, queremos decir que nuestro punto de partida, metodológicamente hablando, es la práctica. El discurso también nos interesa, pero aquel discurso que dice de la práctica. Trabajo de investigación relativamente fácil sería si tomáramos siempre los planes a ser realizados, aunque éstos solamente expresen el "deber ser" y los buenos deseos. Por eso, una investigación de la practica educativa usará el discurso ciertamente, pero el discurso teórico práctico, generada en la actividad práctica teórica de una conciencia práctica.

Lo que aquí se quiere evitar son varios equívocos de los cuales quiero mencionar, al menos, cuatro que se ubican a un nivel, a mi juicio, fundamental:

En primer lugar, evitar que se perpetúe el ocultamiento de nuestra práctica, que se tenga el discurso como nuestra realidad, las ideas como los objetos originarios del conocimiento, cuando lo más urgente para nosotros, al menos en Costa Rica, es ver nuestra realidad, nuestra realidad concreta. Descubrimos entre nosotros un verdadero mosaico de ideas educativas que son enriquecidas con nuevas ideas que están de moda entre nosotros, ideas procedentes de muy distintas latitudes o de imaginaciones muy creadoras, pero que lamentablemente se sobreponen a nuestra realidad y lejos de explicarla la ocultan, impidiendo así que esas ideas enriquezcan la práctica o ayuden a hacer los correctivos que ella necesita.

En segundo lugar, evitar una ubicación errónea del discurso o de las ideas que dicen de la realidad. No estamos en contra de las ideas ni de aquéllas que nos llegan de otras latitudes o que son producto de imaginaciones creadoras, que mucho necesitamos en nuestro suelo sino que estamos en contra del papel que esas ideas teóricas o filosóficas desempeñan en relación con nuestra práctica educativa. Lo que propone nuestra posición es tener investigaciones sobre nuestra práctica, pues es esa práctica la que sugiere la teoría que va implícita en la práctica, una teoría práctica que orienta y que todavía no ha sido conceptual izada porque no ha sido investigada. Si esto es así, la ubicación del discurso educativo y de las ideas que se tengan de la educación son problemas secundarios, pues el punto de partida metodológico es la práctica

En tercer lugar, evitar la generalización de una investigación sólo de problemas secundarios que no aportan conocimiento significativo de nuestra realidad educativa, o cuando aportan es muy poco relevante; investigaciones que nos hacen caer en una actitud escolástica (como bien lo dice Mario Bunge en su Epistemología, ciencia de las cien- cias). Para evitar esta escolástica y tener criterio para seleccionar los objetos de estudio más significativos de nuestra educación, estudios que den aporte importante para el continuo ajuste o reorientación de la práctica educativa concreta se necesita un enfoque epistemológico que supere al Círculo de Viena, que sentó cátedra en el campo de la investigación científica, sin que necesariamente se menosprecie la importancia de su planteamiento epistemológico. Necesitamos criterios mas dialécticos que, partiendo de la práctica concreta de la educación, no descuide los problemas sectoriales y concretos, pero que tampoco se pierda en ellos olvidando la orientación de la práctica educativa como una totalidad.

En cuarto y último lugar, evitar partir de la concepción de una realidad estática, una práctica educativa que no es la práctica real que tiene lugar en el quehacer educativo cotidiano, una práctica fosilizada. La práctica es, por propia definición, dinámica y habría que buscar métodos mucho más históricos y dialécticos que nos permitan ver el proceso de esa práctica más que la caricatura de la misma.

Hasta aquí, por el momento. Sostengo, en resumen, que todo marco teórico metodológico de investigación que pretenda superar los problemas actuales de una investigación educativa poco significativa para nuestra labor como educadores, que pretenda una investigación que enriquezca la cultura general de nuestros pueblos y ayude en el proceso que ellos están gestando para encontrar vías reales de salida a sus problemas que los aquejan, ha de partir de la práctica. Quiero decir, que el objeto de estudio debe ser la práctica educativa concreta. Una investigación que tenga como objeto la práctica deberá también optar por un método que tenga como punto de partida esa practica. Para esto se hace necesario clarificar lo que significa el término práctica, el objeto de nuestra investigación, y las implicaciones metodológicas que esta opción nos reclame. Lo que se intenta es superar algunos equívocos entre los cuales están los siguientes: evitar partir del discurso que muchas veces es tenido como la realidad educativa, evitar la ubicación errónea de este discurso que bien podría ponerse como punto de partida de la investigación cuando el discurso es un momento segundo, evitar también ocuparnos de caer en una investigación escolástica que se entretenga en problemas cuya clarificación difícilmente va a contribuir en la superación de los problemas reales de la educación, y, por último, concebir esa práctica como estática, pues esto nos evitaría aplicar métodos más dialécticos de investigación.

 

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