Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 4 Mayo 1992


   

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Educación de adultos:Vista panorámica

Dra. Isabel Ramos Rodríguez

La sociedad industrial moderna está caracterizada por cambios rápidos. Según Boone (1980), posiblemente nunca antes en la historia la humanidad había sentido con tanta severidad el impacto de los cambios. No tan solo han surgido cambios en la tecnología, sino en todos los renglones de la vida, incluyendo los valores personales, la moral, la religión y la naturaleza humana en general. Por consiguiente, mientras la sociedad cambia de igual forma cambian las necesidades de los ciudadanos. Por tal razón, los pueblos en respuesta a la responsabilidad que les corresponde en relación con el logro de la seguridad, productividad y adaptación de la sociedad reconocen que la educación de adultos es esencial para ayudar a este sector a adquirir los conocimientos y a desarrollar las destrezas necesarias para ajustarse a las condiciones de cambio (Smith, Aker & Kidd, 1979).

Naturaleza de la educación de adultos

El concepto educación de adultos ha sido utilizado con tres definiciones diferentes:

  1. Un campo de operación en el cual se incluyen todas las actividades que son organizadas y auspiciadas por instituciones y en las cuales el hombre y la mujer madura participan.

  2. Un proceso mediante el cual se promueve la autoinvestigación y el
    individuo aprende sistemáticamente de sus experiencias diarias y de otros recursos de su ambiente.

  3. Un movimiento social en el cual se abarca un amplio espectro de individuos maduros aprendiendo en formas distintas y a través de innumerables auspiciadores (Knowles, 1980)

Mediante la educación de adultos se aspira a desarrollar: competencia en el campo ocupacional, vocacional y profesional; competencia en el orden personal y familiar; responsabilidad social y cívica y fomentar la autodirección (Smith et al, 1970).

Estas cuatro metas se reflejan en los cuatro objetivos o propósitos de la educación de adultos: ayudar al individuo a adquirir las herramientas para sobrevivir físicamente, sicológicamente y socialmente; ayudar al individuo a descubrir la razón de su existencia; ayudar al individuo a aprender como aprender y ayudar a que las comunidades cuenten con un ambiente social, sicológico y físico más humano (APPS, 1979). A tales efectos, es función de la educación de adultos:

  1. Ofrecer al adulto una segunda oportunidad para obtener aquellas cualificaciones o requisitos que no obtuvo en su niñez o en su adolescencia.

  2. Brindar al adulto la oportunidad de poder tomar cursos sin créditos con el fin de ayudarlo a ampliar sus conocimientos.

  3. Ayudar al adulto a autodesarrollarse aumentando su autoconocimiento.

  4. Ofrecer al adulto la oportunidad de actualizar sus conocimientos.

  5. Orientar al adulto sobre cómo resolver sus problemas y los problemas de su comunidad.

  6. Promover la acción comunal.

Estas funciones se llevan a cabo mediante la colaboración de varias agencias. Shroeder (1980) clasificó estas agencias de la siguiente forma:

  1. Tipo 1: La educación de adultos es su principal función (Ejemplos: escuelas de adultos y centros residenciales y no residenciales)

  2. Tipo 2: La educación de adultos es una función secundaria (Ejemplos: escuelas públicas, colegios y universidades)

  3. Tipo 3: La educación de adultos es una función aliada (Ejemplos: bibliotecas, museos) y

  4. Tipo 4: La educación de adultos es una función subordinada establecida para servir los intereses particulares de grupos especiales (Ejemplos: negocios, industrias, uniones obreras, iglesias y asociaciones voluntarias).

Clientela

La educación de adultos es un campo amplio. La clientela atendida a través de la educación de adultos hace de esta educación una muy particular. A diferencia de los niños y adolescentes, los adultos, quienes han descontinuado o completado su educación formal y están tratando de retornar al proceso educativo, poseen unas características y motivaciones muy particulares. Entre estas características se encuentra el hecho de que el aprendiz adulto confronta una serie de cambios físicos; atraviesa por una serie de tareas de desarrollo; cuenta con un repertorio vasto de experiencias; ha adquirido un gran número de hábitos y patrones; es un ser independiente, autónomo y autodirigido y está interesado en el uso inmediato del conocimiento. Ya que su tarea principal no es necesariamente el aprendizaje, las razones que lo motivan a continuar estudiando pueden variar considerablemente. Estas pueden traducirse como una forma de escape; un deseo de progresar; un interés por su bienestar; una oportunidad para propiciar un contacto social; una necesidad de responder a las expectativas que otros tienen de él o un interés cognoscitivo de aprender por aprender.

Modelo andragógico

El modelo de enseñanza aprendizaje en la educación de adultos debe responder a las características y motivaciones de su clientela. De aquí, el surgimiento de la andragogía, arte y ciencia para ayudar al adulto a aprender, versus la pedagogía, arte y ciencia de enseñar al niño (Knowles, 1980). Según Knowles (1980), en el modelo andragógico la función de la experiencia del aprendiz constituye un recurso importante para el aprendizaje, mientras que en el modelo pedagógico es un punto de referencia para continuar edificando en ella y no para ser utilizado como recurso. La disposición para aprender, en el modelo andragógico se desarrolla a conciencia de las tareas y problemas que van surgiendo; mientras que en el modelo pedagógico esta disposición es uniforme, fundamentada en la edad, el nivel y el currículo. La orientación del aprendizaje en el modelo andragógico está enfocada hacia las tareas y problemas y no enfocada a las asignaturas como en el modelo pedagógico. La motivación en el modelo andragógico es producto de incentivos internos y de la curiosidad y no de premios y castigos como lo es en el modelo pedagógico.

Básicamente, el modelo andragógico está fundamentado en una orientación humanista, en la cual se hace énfasis en la naturaleza, el potencial, las emociones y el afecto humano (Merriam & Caffarella, 1991). Según Miller (1989), la diferencia esencial entre estos dos modelos es que el pedagógico está orientado al contenido mientras q ue el andragógico está orientado al proceso.

Educador de adultos

Indiscutiblemente la naturaleza de la educación de adultos, la clientela a la cual ésta se dirige y el modelo que se propone para atender a esta clientela exigen un educador especial. Este debe desarrollar unas competencias que lo capaciten para responder a las características, necesidades e intereses de la población tan especial que tiene a su cargo. Apps (1981), Heath (1980), Sellen (1980), Daniel & Rose (1982), Rossman & Bunning (1978) y Ulmer (1980) han destacado que el educador de adultos debe tener un conocimiento claro sobre sí mismo, los aprendices, su materia, el proceso de aprendizaje y el proceso de enseñanza. Además, debe contar con las destrezas necesarias para planificar el proceso de enseñanza aprendizaje, evaluar, comunicarse, utilizar las experiencias del adulto como recursos de aprendizaje, y proveer y mantener un ambiente que propicie el aprendizaje. Finalmente, debe tener confianza en sí mismo, ser informal, entusiasta y creativo (Knox, 1980).

En otras palabras, el maestro se concibe como un facilitador, capaz de: ropiciar un clima relajado, informal, cálido, colaborativo, fortalecedor y respetuoso; diagnosticar necesidades y establecer objetivos por mutuo acuerdo; desarrollar planes de aprendizaje a través de contratos y proyectos; seleccionar técnicas para experimentar, proyectos para inquirir y estudios independientes y recopilar evidencia válida para evaluar la ejecución del aprendiz (Knowles, 1980), mientras que al estudiante se le concibe como un aprendiz.

Con el propósito de responder a las necesidades de la sociedad, las universidades deben fortalecer la educación de adultos a través de sus programas conducentes a grados y a través de sus programas de educación continua. De esta forma, se aseguraría que propicia el aprendizaje para toda la vida y, por consiguiente, se contribuye a la autodirección del individuo.


Referencias

Apps, J. W. (1981). Problems in continuing education. New York: McGraw Hill.

Apps, J. W. (1981). The adult learner on campus. Chicago: Follet.

Apps, J. W. (1973). Toward a working philosophy of adult education. Syracuse: University Publications in Continuing Education.

Bonne, E. J., Shearon, R. W., White, E. E. & Associates. (1980). Serving personal and community needs through adult education. San Francisco: Jossey-Bass.

Daniel, R., & Rose, H. (1982). Comparative study of adult education practitioners and professors on future knowledge and skills needed by adult educators. Adult Education, 32, 75-87.

Knowles, M. S. (1980). The growth and development of adult education. In J. M. Peters and associates (Eds.) Building an effective adult education enterprise. San Francisco: Jossey-Bass.

Heath, L. L. (1980). Role models of successful teachers of adults. In A. B. Knox (Ed.) Teaching adults effectively (pp. 1-7). San Francisco: Jossey-Bass. Knowles, M. S. (1980). The modern practice of adult education: From pedagogy to andragogy. New York: Cambridge.

Knox, A. B. (1980). Helping teachers help adult learns. In A. B. Knox (Ed.), Teaching adults effectively (pp. 73-100). San Francisco: Jossey-Bass.

Merriam, S. B. & Caffarella, R. S. (1991). Learning in adulthood. San Francisco: Jossey-Bass.

Miller, K. A. (1989). Helping faculty adapt to adult learners. ACA Bulletin, 68, 70-79.

Rossman, M. H., & Bunning, R. L. (1978). Knowledge and skills for the adult educator: A delphi study. Adult Education, 28, 139-155.

Schroeder, W. L. (1970). Adult education defined and described. In R. Smith (Ed.) Handbook of adult education. (pp. 25-40). New York: MacMillan.

Sellen, J. B. (1980). Successful continuing education teachers: How did they get that way? In A. B. Knox (Ed.), Teaching adults effectively. (pp. 25-32). San Francisco: Jossey-Bass.

Smith, R. M., Aker, G. F. & Kidd, J. R. (1970). Handbook of adult education. New York: Mc Millan.

Ulmer, C. (1980). Responsive teaching in adult basic education. In A. B. Knox (Ed.), Teaching adults effectively (pp 9-15). San Francisco: Jossey-Bass.

 

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