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La educación de
adultos: métodos, estratégias y técnicas
Dra. Isabel Ramos Rodríguez
Dr. Elisamuel Martínez Antonetty
Con el propósito de responder
efectivamente a las características, necesidades e intereses
de los adultos es necesario seleccionar métodos, estrategias
y técnicas que propicien la participación activa, promuevan
el inquirir y permitan la aplicación directa del
conocimiento adquirido. A tales efectos, al organizar los
cursos se deben planificar con detenimiento las siguientes
cuatro fases: preparación del curso, encuentro, desarrollo y
cierre.
Fase I: Preparación del curso
El facilitador del nivel universitario, como en cualquier
otro nivel educativo, debe reflexionar sobre los elementos
que forman parte del proceso enseñanza aprendizaje.
Dickinson (1981) sugirió que éste organice el contenido,
establezca objetivos, seleccione las técnicas de enseñanza y
seleccione los métodos de evaluación. En el nivel
universitario estos elementos se incorporan en un prontuario
o sílabo de curso.
Generalmente, los facilitadores preparan el sílabo con
antelación al desarrollo del curso, mientras que otros
prefieren hacerlo con el grupo de aprendices. Según Knowles
(1980), la planificación de un curso debe llevarse a cabo
por mutuo acuerdo entre el aprendiz y el facilitador. Sin
embargo, él ha aceptado que este enfoque no es recomendado
en todos los casos, ya que si los conocimientos de los
aprendices son limitados en relación con la materia a ser
estudiada, serán limitadas de igual forma sus aportaciones
al discutir los siguientes elementos: contenido, objetivos,
técnicas y evaluación de la enseñanza.
Aquellos facilitadores que preparan el sílabo con
anticipación al curso, pueden propiciar la participación de
los aprendices ofreciéndoles a éstos la oportunidad de
analizar los elementos antes mencionados y modificar los
mismos, lográndose consenso. De esta forma, el facilitador
lograría satisfacer las necesidades de los aprendices y
promover entre ellos un sentido de pertinencia con el curso.
Generalmente, un sílabo de curso consta de unos elementos
básicos: la identificación del curso y el profesor, la
descripción del curso, los objetivos o competencias a
desarrollarse, el contenido o bosquejo del curso, los textos
que se utilizarán en el curso, la evaluación del aprendiz y
la bibliografía (NCATE/NASPE, 1989) (Véase Figura 1). A
continuación se reseñan dichos elementos.
Descripción del curso
Una de las fases más importantes en la preparación del
sílabo es la descripción del curso. El facilitador
identifica cuál es el contenido y objetivos generales que se
persiguen en el curso. También se actualiza en cuanto a los
fundamentos filosóficos, sociológicos, psicológicos y otros,
con la temática que va a enseñar. Esto le permite tener una
visión amplia al momento de tomar decisiones sobre la
organización del
Figura 1
Formato de un sílabo
Curso: _________________________ (Código y título oficial
del curso)
Profesor:
______________________________________________________
Semestre: ___________________ Año académico
____________________
Hora en que se ofrece: _______________
Salón:_____________________
Horas de oficina ___________________ Oficina:______________________
Requisitos del curso:
____________________________________________
Descripción del curso:
___________________________________________
______________________________________________________________
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Objetivos o competencias:
1.
___________________________________________________________
2.
___________________________________________________________
3.____________________________________________________________
4.____________________________________________________________
5.____________________________________________________________
Contenido de temas o bosquejo del curso:
I.
____________________________________________________________
A.
_______________________________________________________
1.
__________________________________________________
2.
__________________________________________________
II.
____________________________________________________________
A.
_______________________________________________________
1.
__________________________________________________
B.
_______________________________________________________
1.
__________________________________________________
a.
_____________________________________________
1)______________________________________________
2.
__________________________________________________
Texto(s) a seguirse en el curso:
____________________________________________________
____________________________________________________
Evaluación del aprendiz
____________________________________________________
____________________________________________________
Bibliografía
____________________________________________________
____________________________________________________
(NCATE/NASPE, 1989)
contenido, así también como a la satisfacción de las
necesidades
de sus aprendices.
Objetivos
Con el propósito de guiar tanto al facilitador como al
aprendiz, es necesario traducir los temas a objetivos.
Algunos de los elementos que el facilitador debe tomar en
consideración al redactar los objetivos son: identificar lo
que el aprendiz debe saber antes de iniciar el curso, de lo
que trata el curso y lo que el aprendiz debe saber, sentir o
hacer al finalizar el mismo.
Según Mager (1980), los objetivos deben redactarse en
términos observables; es decir, la ejecución del estudiante
debe ser medible. A este tipo de objetivo se le conoce como
objetivo de ejecución. El objetivo de ejecución se divide a
su vez en dos tipos de objetivos: los objetivos terminales y
los capacitantes. Los objetivos terminales son aquellos que
describen lo que el aprendiz debe saber, sentir o hacer al
finalizar el curso. Al establecer los mismos, el facilitador
debe determinar cuál es la ejecución terminal de la unidad
instruccional. Una manera de determinarlo es preguntándose
qué es lo que quiere que los aprendices sean capaces de
hacer al finalizar una unidad instruccional; otra manera es
preguntando a los propios aprendices o cotejando la
descripción del prontuario.
Por otro lado, los objetivos capacitantes son aquellos que
preparan al aprendiz para lograr el objetivo terminal. Al
trabajar en la redacción de estos objetivos, el facilitador
debe preguntarse qué necesita el aprendiz saber, sentir, o
hacer antes de que pueda ejecutar efectivamente el objetivo
terminal. Empezará así a preparar una lista de conceptos,
sentimientos o destrezas y formulará las preguntas sobre
cada uno de éstos. De esta manera se establece un orden
gradual de conductas capacitantes (Véase Figura 2).
Figura 2
Ejemplo de Objetivo Terminal y Objetivos Capacitantes

Al redactarse los objetivos de ejecución es recomendable
seguir un formato que permita la medición objetiva. Kepner y
Sparks (1972) presentan el modelo ACCP; esto es, audiencia
(A), conducta (C), condiciones (C) y proficiencia (P). 5
Audiencia se refiere a quien ha de ejecutar el objetivo: el
aprendiz; la conducta, por otro lado, se refiere a qué
acción observable llevará a cabo el aprendiz: qué ha de
saber, sentir o hacer. Condición se refiere a los recursos
que utilizará el aprendiz para ejecutar, así también como al
tiempo límite que se ha de establecer para determinar si
éste ha logrado la acción esperada. Asimismo, la
proficiencia se refiere a la medida utilizada para
determinar un nivel de ejecución aceptable: ¿ha dominado el
objetivo satisfactoriamente? ¿Cómo compara con el mínimo
esperado?
La utilidad de un objetivo depende del grado de precisión
con el que se especifica lo que el aprendiz debe realizar
para demostrar su dominio del mismo. La característica más
importante de un objetivo es que a través de éste se
identifica el tipo de conducta que será aceptada como
evidencia del conocimiento, actitud o destreza desarrollada
por el aprendiz.
La conducta del aprendiz debe describirse mediante un verbo
que implique HACER. Si el verbo describe algo que hay que
hacer, entonces describe una conducta observable. Si en
cambio describe algo que implique un ESTADO, entonces no
incluye el hacer. Por lo tanto, un objetivo no debe contener
verbos tales como comprender, apreciar, reconocer o saber
porque implican ESTADO. Por el contrario, verbos tales como
identificar, distinguir, construir, contrastar, enumerar y
resolver, implican HACER algo.
Como se ha señalado anteriormente, los objetivos también se
clasifican por dominio: los cognoscitivos persiguen que el
estudiante adquiera nuevos conocimientos; los afectivos, el
desarrollo de actitudes hacia la materia o tema en discusión
y los sicomotores, el desarrollo de una destreza que
requiera el manejo, manipulación o la utilización de alguna
parte del cuerpo.
Organización del contenido
La organización del contenido es otro elemento sumamente
importante en la preparación del sílabo. La organización en
forma lógica de los temas y la distribución del tiempo para
estudiar los mismos dirige y orienta tanto al facilitador
como al aprendiz.
Texto que se utilizará en el curso
Al conceptualizar el curso, el facilitador identifica uno o
varios libros que se ajustan a la temática que será
estudiada. Estos se incluyen como referencias básicas del
curso.
Evaluación del estudiante
Existe una estrecha relación entre los objetivos del curso y
la evaluación de los aprendices. La evaluación determina si
los objetivos que se perseguían se lograron. Por lo tanto,
la evaluación constituye el medio para determinar si lo que
se estableció en los objetivos fue logrado.
Los exámenes o pruebas tienden a ser el medio principal que
utilizan los facilitadores para determinar si los objetivos
se lograron. Sin embargo, los exámenes miden mayormente
objetivos cognoscitivos.
A tales efectos, es recomendable que el facilitador
diversifique sus medios para medir los objetivos. A
continuación se presenta una variedad de medios 6 para
fomentar el deseo de inquirir e investigar: presentaciones
orales, dramatizaciones, discusiones de panel, informes
escritos, debates, construcción de modelos pictóricos o
teóricos, análisis de lecturas complementarias, lectura o
reseña de libros, lectura o reseña de artículos de revistas
profesionales, módulos instruccionales, redacción de
artículos o ensayos para publicación, entrevistas,
preparación de videos para demostrar algo, investigaciones
de campo, monografías, estudio de casos y otros.
Un aspecto importante sobre este tipo de medios de
evaluación es la necesidad de establecer criterios de
evaluación. El facilitador puede presentar varios criterios
de evaluación y sus respectivos pesos, en términos de
porcentaje o puntuación y analizar los mismos con los
aprendices para llegar a acuerdos. Además, el fomentar los
contratos de aprendizaje es una medida saludable para
fomentar la participación de los aprendices. Con el
propósito de facilitar este proceso, el facilitador puede
presentar varios medios de evaluación y fomentar entre los
aprendices la selección individual. De esta forma, cada
aprendiz trabajará en las actividades que mejor respondan a
sus necesidades e intereses.
Bibliografía
Con el propósito de fomentar el aprender a aprender y el
aprendizaje continuo, la identificación de una serie de
libros, artículos de revistas y otros recursos para el
aprendizaje relacionados con la temática del curso es
sumamente importante. La variedad, actualización y
pertinencia son elementos importantes que deben considerarse
al preparar las bibliografías. Estas pueden responder a
estilos, tales como: Turabian, Modern Language Association,
Chicago, American Psychological Association y otros.
Fase II: Encuentro
El encuentro se lleva a cabo la primera vez que se reune el
grupo con el facilitador. De modo que un curso sea exitoso,
este primer contacto es sumamente importante. Draves (1984),
lo catalogó como crítico en el éxito de un curso.
Es en el encuentro que se establece el ambiente tanto físico
como social mediante el cual se propiciará el aprendizaje
(Dickinson, 1981 y Draves, 1984). A tales fines, es
recomendable que el facilitador llegue temprano al salón de
clases antes de la llegada de los aprendices. De esta forma
se asegura que el salón esté abierto y las sillas y los
materiales estén organizados. En otras palabras, el
escenario debe estar listo para iniciar el encuentro de modo
que se pueda dar la bienvenida a cada estudiante mientras
estos entran al salón.
Dickinson (1981) señaló que para lograr un buen encuentro es
necesario respirar profundamente, relajarse y asegurarse que
se disfruta lo que se está haciendo. Al iniciar el encuentro,
es conveniente saludar a los participantes en general y
ofrecer datos que le indiquen a los aprendices sus
cualificaciones para enseñar el curso y los familiarice con
la personalidad del facilitador, sin necesidad de ofrecer
datos sobre su vida privada.
Otro aspecto que contribuye en el establecimiento de un
ambiente saludable para propiciar el aprendizaje de los
adultos, ha sido el interés del facilitador por conocer a
los participantes. Este conocimiento abarca, entre otras
cosas, la 7 identificación de experiencias previas con el
tema, la razón de la participación de los aprendices en el
curso y la identificación de las necesidades de los
aprendices. A estos fines, el facilitador puede utilizar
varias estrategias que faciliten el que los aprendices
lleguen a conocerse.
Antes de describir el curso, es aconsejable presentar
cualquier anuncio o llenar cualquier formulario que se
requiera. La presentación y discusión del curso puede
lograrse mediante el sílabo. Es importante propiciar una
participación activa entre los aprendices en esta etapa por
lo cual es aconsejable conocer la reacción del grupo ante el
sílabo y permitir a los aprendices hacer cambios si ellos
entienden que son necesarios. En otras palabras, utilizar el
sílabo como un documento de trabajo.
Con el propósito de motivar al aprendiz y crear en él un
interés genuino en el curso desde el encuentro, es apropiado
iniciar el desarrollo de un concepto básico. De esta forma
el aprendiz experimentará el aprender algo nuevo. Otra
estrategia que puede ser utilizada para lograr este fin lo
constituye el recapitular, presentar la agenda y el
ejercicio que permitirá prepararse para la próxima clase. Al
planificar el encuentro se debe dar un receso si la clase es
de más de una hora y permanecer unos minutos después de la
clase para propiciar contactos personales. Finalmente es
saludable reflexionar y evaluar esta primera clase,
identificando los aspectos que se repetirían o eliminarían
en otra ocasión.
Fase III: Desarrollo de la clase
En el desarrollo de las clases, el sílabo juega un papel
sumamente importante. Una vez establecidos los acuerdos
entre el facilitador y los aprendices en relación con la
estructura del curso, éstos son traducidos en actividades
que facilitarán la discusión de los temas seleccionados y,
por consiguiente, la consecución de los objetivos
establecidos (Véase Figura 3)
Figura 3
Modelo para la preparación del plan de lección
Plan de Lección
Curso: _______________________ Facilitador:_______________
Fecha: _______________________
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Objetivos
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Actividades
y estrategias
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Tiempo
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Recurso
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Organización del salón
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Exploración
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Conceptualización
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Aplicación
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Existen distintos tipos de actividades a llevarse a cabo en
el desarrollo de una clase: actividades de exploración,
actividades de conceptualización y actividades de aplicación.
Las actividades de exploración permiten que el facilitador
pueda diagnosticar cuánto saben los aprendices sobre el tema
o concepto del día.Las actividades de conceptualización son
aquellas que el facilitador programa para presentar
conocimientos interpretativos (conceptos), reglas,
conocimiento valorativo y conocimiento explicativo (leyes o
aseveraciones de tipo legal). Las actividades de aplicación
permiten que el facilitador evalúe el objetivo del día. En
otras palabras, según Dickinson (1981), el facilitador guía
y estimula a los participantes a ser aprendices activos y
permite que el conocimiento adquirido y las destrezas
desarrolladas sean aplicadas. Asimismo, el proveer refuerzo
frecuente, relacionar el material nuevo con lo ya conocido y
permitir que los aprendices se autoevalúen es indispensable
para fomentar un clima saludable mediante el cual se
propicie el proceso de enseñanza aprendizaje.
Las actividades de conceptualización se llevan a cabo
mediante la utilización de las técnicas de enseñanza. Entre
éstas se encuentra la conferencia, la cual no es la más
efectiva cuando se utiliza continuamente. La misma tiende a
disminuir la participación del aprendiz, ya que el centro de
atención es el facilitador y no el tema o concepto a
discutirse.
Means (1979) presentó varias técnicas de enseñanza que
motivan al aprendiz adulto a participar en el proceso de
aprendizaje. El clasificó las mismas en técnicas y
procedimientos de distintos tipos: grupales, dramáticos,
centrados en el aprendiz, centrados en la iniciativa del
facilitador, centrados en el material y centrados en el
equipo.
Entre las técnicas grupales están el vendabal cerebral o
torbellino de ideas, trabajos en comités, solución de
problemas, estudio de casos, coloquios, debates, foros,
paneles y talleres, entre otros. Las dramáticas incluyen la
representación de roles, sociodramas, relatos, pantomimas,
la dramatización, "sketches", psicodramas y otros. Las
centradas en el aprendiz están relacionadas con el
aprendizaje mediante la experiencia, por ejemplo;
laboratorios, encuestas, inventarios, informes orales,
proyectos, trabajos de biblioteca, lecturas y otros.
Algunas de las técnicas y procedimientos centrados en el
facilitador son las siguientes: uso del periódico para
discutir acontecimientos de actualidad, demostraciones
prácticas, excursiones de campo, registro de anécdotas,
conferencias, entrevistas y preguntas y respuestas. Entre
las centradas en el material se encuentran las siguientes:
tablones de edictos, exhibiciones, esquemas gráficos, mapas,
modelos, láminas, folletos, carteles y maquetas.
Otras técnicas presentadas por Means (1979) son las
centradas en el equipo, por ejemplo, la pizarra, películas,
diapositivas, el proyector de pared, videos, grabaciones
magnetofónicas, la televisión y otras.
La selección de las técnicas que se utilizarán dependerá del
tema que se estudia y del objetivo que se persigue. De
acuerdo con las técnicas seleccionadas se distribuye el
tiempo y se seleccionan recursos que facilitarán la
consecusión de los mismos.
Fase IV: Cierre
Según Dickinson (1981), debe planificarse una actividad
especial para finalizar los cursos, aún cuando se reconozca
que al finalizar un curso es que realmente se inicia el
aprendizaje de la materia.
Finalizar un curso con gracia requiere planificar el
contenido de esta última clase. Con el propósito de que el
cierre sea efectivo, el facilitador debe propiciar la
evaluación del curso y la presentación de sugerencias sobre
cómo mejorarlo; la divulgación de los trabajos preparados
por los aprendices y la organización de una actividad
social.
Una vez finalizado el curso, es importante considerar las
opiniones de los aprendices, estar atento a la ejecución de
varios aprendices unos meses después de finalizado el curso
y repasar los resultados de las pruebas, las metas,
objetivos y otros elementos del curso. De esta forma se
identificará con precisión los aspectos que deberán
permanecer, modificarse o cambiarse.
De acuerdo con la evaluación de los aprendices y la
autoevaluación se podrá desarrollar un plan de mejoramiento
dirigido a reforzar potencialidades y a responder a las
áreas de mejoramiento.
_____________________
1 Según la Tabla 1, del Resumen y características de la
población y vivienda de Puerto Rico, Departamento de
Comercio de Estados Unidos, Negociado del Censo (1990) la
población de 15 años o más en Puerto Rico asciende
3,522,037.
Referencias
Dickinson, Gary (1981). Introduction to teaching adults.
Module 1: Guidelines for teachers of adults. (Report No. CE
030315). Vancouver: British Columbia University, Center for
Continuing Education. (ERIC Document Reproduction Service
No. Ed 208 201)
Draves, W. A. (1984), How to teach adults. Kansas: Lern.
Kepner, T. y Sparks, L. (1972). Objectives marketplace game.
National Special Media Institutes.
Knowles, M.S. (1980). The modern practice of adult
education: From pedagogy to andragogy. New York: Cambridge.
Mager, R.F. (1980). Objetivos para la enseñanza efectiva.
Caracas: Librería Editorial Salesiana.
Means, R. K. (1979). Metodología y educación. Buenos Aires:
Editorial Paidos.
NCATE/NASPE. (1989). An institutional manual. National
Teachers Association Teacher Standards.
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indice
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