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Liderazgo
Transformador
Nydia Cohen
Estudiante Programa Doctoral
Universidad de Puerto Rico Recinto de Río PiedrasDefinir
liderazgo no es tarea fácil. Desde la más remota antigüedad,
datan, escritos sobre el tema de liderato. En todas las
épocas han existido mujeres y hombres que han abierto
caminos, han vencido obstáculos, y han pisado terreno donde
nadie lo había hecho antes (Benítez, 1992). Son varias las
definiciones que existen del concepto liderazgo, aunque
muchas de éstas son ambiguas (Pfeffer, citado por Bass,
1990). Aún así podemos identificar suficiente similitud
entre éstas (Bass, 1990). El liderazgo se concibe como el
foco de los procesos del grupo, como asunto de personalidad,
como asunto de inducir sumisión, como ejercicio de
influenciar, como conducta particular, como forma persuasiva,
como relación de poder, como instrumento para alcanzar metas,
como efecto de interacción, como rol diferenciado, como
imitación de estructura y como las combinaciones que pueden
surgir de esta definición (Bass, 1990).
Esta dificultad en definir el concepto, proviene, quizás en
parte, al hecho de que no hay un solo estilo de liderazgo,
sino muchas maneras en que unos seres humanos actúan sobre
otros para inspirarlos, motivarlos y conducirlos hacia una
determinada dirección. Un estilo de liderazgo no es
intrínsecamente mejor que otro, una misma persona puede
utilizar estilos distintos para lograr sus propósitos.
Dentro de los diversos estilos se encuentra uno que va muy a
tono con la época de transición hacia un nuevo siglo, el
LIDERAZGO TRANSFORMADOR.
Naturaleza del liderazgo transformador
Hallinger (1992) hace un recuento de la evolución del
liderazgo de principales de los Estados Unidos durante los
pasados 30 años. Destaca tres roles evolutivos del
principal: principal como programador, como líder
instruccional y como líder transformador.
El principal como programador fue predominante durante los
años 60 al 70. Factores como manejo de fondos federales,
diseño de programas para ayudar a la población de
estudiantes especiales, educación compensatoria, educación
bilingüe, fueron responsables del énfasis en el rol de
programador del principal. La década del 60 al 70 fue una
activa para la innovación curricular. Hubo un ímpetu por
innovar los programas de ciencia y matemática. A tales
efectos, el líder durante este periodo estaba orientado
hacia el mejoramiento escolar y el cambio.
En la década del 80, cobraron gran énfasis las escuelas
efectivas y por consiguiente, los líderes instruccionales.
Durante esta década se renueva el interés por el
mejoramiento educativo. Contrario al programador o gerente
curricular, el líder instruccional era percibido
principalmente como fuente primaria de conocimiento para
desarrollar los programas educativos de la escuela. El
principal era descrito como el agente catalítico para el
cambio. En otras palabras, eran percibidos como figuras
claves en la implantación exitosa de modelos de escuelas
efectivas.
En el 1990, se comienza a hablar de liderazgo transformador.
Según se define en el Diccionario de la Real Academia
(1984), transformador es aquel que hace cambiar de forma a
una persona o cosa. El reconocer que el sistema educativo
prevaleciente no estaba preparando adecuadamente a los
estudiantes es lo que lleva a re-examinar los supuestos que
fundamentan la escolaridad en América. La escuela comienza a
identificarse como la unidad responsable de iniciar los
cambios.
Precursores del concepto liderazgo transformador
El liderazgo transformador se menciona por primera vez en
una disertación sociológica "Downtown's Rebel Leadership" (
1973 ), aunque el concepto es adjudicado a James Mac Gregor
Burns, quien lo divulga en el 1978 en su obra "Leadership".
Años más tarde, en el 1985, Bennis y Nanus recogen y amplían
el concepto y en el 1990-1991, Sergiovanni lo aplica al
campo educativo.
Burns (1978) establece que el liderazgo transformador ocurre
cuando una o más personas se comprometen con otras de tal
forma que el líder y los seguidores se eleven mutuamente a
altos niveles de motivación y moralidad. Sus propósitos se
fusionan, se hacen mutuos. Las bases de poder se unen en un
apoyo y respaldo mutuo para lograr un propósito común
(Acosta, 1992).
En el 1989, Hampton, citando a Burns, amplía un poco más el
concepto de liderazgo transformador al incorporar la misión
como elemento importante. Esta misión, según él, consiste en
transformar una organización impersonalizada de individuos
diferentes en una institución de personas que se sientan
comprometidos con el logro de las metas. Individuos que se
identifiquen con la organización y perciban su trabajo
dentro de ésta como algo significativo y constructivo en sus
vidas. En este sentido se explica el que algunas veces se le
llame también liderazgo transformacional (Morales, 1992).
El liderazgo transformador se fundamenta en los siguientes
supuestos: -El
líder toma la iniciativa en lograr la conexión o relación
con el seguidor. Es el líder el
que crea las conexiones que facilitan la ocurrencia de la
comunicación y el intercambio
con los seguidores.
-
El líder es más diestro
que los seguidores en evaluar los motivos de éstos,
anticipar su respuesta a una iniciativa y estimar las
bases de poder de éstos.
-
El líder tiene la mayor
responsabilidad de mantener y poner en función la
relación con los seguidores y en asumir el papel que a
la larga logrará el propósito del líder y los seguidores.
-
El líder responde a las
expectativas, necesidades y otras motivaciones de los
seguidores, al igual que a las suyas.
-
El líder sirve como una
fuerza independiente que cambia la formación de la base
de motivos de los seguidores mediante la gratificación
de éstos.
-
El liderazgo se torna
sensible a los motivos de los seguidores potenciales, lo
que hace que los papeles del líder y los seguidores se
tornen virtualmente interdependientes, se cree una
reciprocidad entre el líder y sus seguidores (Acosta,
1992).
Perfil del líder
transformador
Los líderes transformadores motivan a otros a hacer más de
lo que originalmente intentaban y con frecuencia, aún más de
lo que ellos creyeron posible. Establecen expectativas más
restantes y típicamente logran ejecuciones mejores. El
liderazgo transformador es una evolución del liderazgo
transaccional. En el liderazgo transaccional se enfatiza la
transacción o intercambio que toma lugar entre líderes,
colegas y seguidores. Este intercambio está fundamentado en
el líder discutiendo con otros qué se requiere y
especificando las condiciones y recompensas que estos otros
recibirán si ellos responden a esos requisitos. En el
liderazgo transformador la conducta del líder va más allá de
una mera transacción. Este líder se comporta de forma tal
que logra resultados superiores.
Bass y Avolio (1994) describen cuatro características
importantes de éste líder transformador. Se denominan como
las 4 I'es. INFLUYENTE, INSPIRADOR, INTELECTUAL e
INDIVIDUALISTA.
El líder transformador es influyente. Es modelo para
los seguidores. Es respetado, admirado y sobre todo es
confiable. El seguidor se identifica con el líder y quiere
emularlo. Entre las cosas que este líder hace es anteponer
las necesidades de otros sobre sus propias necesidades. El
líder toma riesgos con sus seguidores y es consistente más
que arbitrario. Se puede contar con él o ella para hacer lo
correcto, demostrando altos estándares de conducta moral y
ética. Este líder evita utilizar el poder para obtener
ganancia personal.
El líder transformador es inspirador, motiva e
inspira a todos los que le rodean. Le da significado y un
sentido de reto al trabajo de sus seguidores. Despierta un
espíritu de equipo. Despliega entusiasmo y optimismo. Lleva
a los seguidores a involucrarse en visiones futuras. El
líder crea expectativas claras, que los seguidores conocen y
quieren alcanzar. Este líder, además, demuestra compromiso
con las metas y la visión, la cual es compartida.
El líder transformador es intelectual. Fomenta y
anima los esfuerzos de los seguidores para que sean
innovadores y creativos. Este líder presenta supuestos,
refrasea problemas. Se enfrenta a situaciones y problemas
viejos con nuevas formas, nuevos paradigmas. Estimula la
creatividad. No utiliza la crítica pública para corregir los
errores individuales que surgen. Este líder estimula a sus
seguidores a crear ideas nuevas, a solucionar problemas en
forma creativa. El proceso no sólo consiste en identificar
los problemas sino presentar alternativas de solución. Este
líder no crítica a los seguidores si éstos difieren de sus
ideas, por el contrario, son estimulados a buscar nuevas
formas para viejos problemas.
El líder transformador es individualista. Reconoce y
atiende las necesidades y deseos de sus seguidores en forma
individual, buscando alcanzar logros y crecimiento en cada
uno de ellos, dentro de sus posibilidades. Actúa como
mentor. Ambos, líder y seguidor se visualizan como colegas,
desarrollando su potencial a niveles superiores. El líder
crea oportunidades de aprendizaje y establece un clima de
apoyo. Su conducta demuestra aceptación de las diferencias
individuales (para algunos de los seguidores será necesario
ofrecer más estímulo, a otros más autonomía, más estándares
a otros o quizás más estructura a otros). Propicia una
comunicación bi-direccional. Recuerda conversaciones previas
con sus seguidores. Está pendiente del interés individual.
Percibe al individuo como una persona completa, más que como
un mero empleado. En el ambiente de trabajo, promueve una
interacción personalizada. Es el líder que escucha. Es el
líder que delega tareas como un medio para desarrollar a sus
seguidores. Le da seguimiento a éstas tareas delegadas para
identificar si hay necesidad de dirección o apoyo adicional.
Crea un ambiente de confianza de modo que el seguidor no
siente que es supervisado.
Conclusiones e implicaciones relacionadas con el
liderazgo transformador
La contribución más sobresaliente del líder transformador es
la noción de que en cada empleado existe un líder en
potencia. Por consiguiente, este líder tiene expectativas
altas en relación a los empleados de la organización. El
apotestamiento del empleado, el ofrecerle participación
activa a los empleados dentro de la organización, como
respuesta a este estilo, tiene gran futuro, contrario a los
estilos fundamentados en teorías en las que se postula que
el empleado es vago y que no es capaz de producir. Este
líder transformador fomenta la creación del "compromiso",
tan necesario para el tipo de reestructuración que se desea
lograr mediante el programa conocido como "Año 2000" (Martínez,
1993).
La escuela se visualiza como el factor directamente
responsable de muchas de las calamidades que tenemos de
orden social. En los estudios llevados a cabo por Frease
(1973), Senna (1974), Porlk (1975) y Kelly (1977), citados
por Cartagena (1984), se ha tratado de vincular los
problemas de aprendizaje con la problemática de la
delincuencia juvenil. En muchos de estos estudios se destaca
la importancia que tiene el sistema educativo y se establece
la correlación entre la decadencia del sistema educativo y
el aumento de la delincuencia juvenil. Existe, por lo tanto,
un débil respaldo social y cultural para las escuelas.
Acompaña a esta percepción de fracaso la creencia de que una
alta ejecución dependerá del cambio de actitudes y creencias
tanto de maestros y estudiantes como de la ciudadanía en
general. La creencia en el estilo de liderazgo transformador
para mejorar la escuela, lleva fácilmente a conceptos como
re-estructurar o REINVENTAR las organizaciones escolares.
Los líderes transformadores se perciben a sí mismos como con
más responsabilidad para redefinir metas educativas que para
implantar los programas existentes. Reconocen a los maestros
de alta ejecución como artista creativos más que como
trabajadores con destrezas. Están muy conscientes que son
los maestros los que conocen al estudiante, sus necesidades
y saben qué es lo realmente importante para hacer de la
escuela una exitosa. Un maestro orientado hacia este estilo
de liderazgo asume que las destrezas de enseñanza se
convierten en efectivas cuando se integran en actividades
coordinadas. Acepta que la efectividad dependerá de la forma
que seleccione trabajar; si es en forma colaborativa, (trabajando
juntos, desarrollando y persiguiendo metas comunes) o en
forma aislada ( cada uno por su lado con visiones distintas).
Kohlberg (1980) en sus estudios en torno al desarrollo moral
identifica tres niveles y seis etapas por las cuales pasa el
ser humano. Los niveles son; preconvencional, convencional y
post-convencional.
De acuerdo a las características presentadas, la conducta
del líder transformador lo ubica en un nivel
postconvencional, donde el bienestar común trasciende el
egocentrismo y el individualismo característicos del primer
nivel. Esto implica que el líder necesita estar en una etapa
de desarrollo moral superior, que trascienda etapas
inferiores y pueda a su vez lograr un mejor desarrollo moral
en sus empleados.
El estilo de liderazgo transformador requiere de una
autoridad descentralizada que le permita al líder definir la
visión del grupo, no la de la organización como un todo.
Esta visión debe estar clara para todos. Sólo así se logrará
el compromiso necesario, producto de una participación
genuina de todos los componentes. Los líderes del 90 no tan
sólo deberán dedicar sus destrezas y aunar sus energías
hacia la supervisión de programas bien establecidos, a base
de unas necesidades específicas y particulares de cada
núcleo escolar con el propósito de ofrecer buen servicio,
sino también, deberán conocer nuevos paradigmas y enfoques.
De esta forma reconocerán que no hay un solo estilo de
liderazgo efectivo y serán capaces de adaptar un estilo
contingencial que responda a cada situación particular. Sólo
de esta forma podrán hacer más con menos al poner un gran
énfasis en el continuo desarrollo de los recursos humanos.
Referencias
Acosta, R.J. (1992). Liderazgo Transformador o
transformativo. Documento de trabajo del curso Teorías
Organizacionales, Río Piedras: Universidad de Puerto Rico.
Bass, B.M. (1990). Bass and Stogdill’s handbook of
leadership: Theory research and managerial applications .
New York: The Free Press.
Bass, B.M. y Avolio, B.J. (1994). Improving organizational
effectiveness throught transformational leadership.
California: Sage Publications.
Benítez, C. (1992). Seamos líderes en la educación. Hato Rey:
Departamento de Educación.
Burns, J.M. (1978). Leadership. New York: Harper and Row.
Cartagena, P.A. (1984). La escuela, el administrador escolar
y la delincuencia juvenil. Tesis de Maestría, Universidad de
Puerto Rico: Río Piedras.
Kohlberg, L. (1980). Stages of moral development as a basis
for moral education. En B. Munsey (ED) Moral Development,
Moral Education and Kohlberg. Alabama: Religious Education.
Martínez, R.G.R. (1993). El rol del líder transformativo en
la re-estructuración de la escuela hacia el año 2000. Tesis
de Maestría, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras.
Morales, R. (1992). Teorías organizacionales. Trabajo
presentado como requisito del curso Teorías Organizacionales,
Universidad de Puerto Rico, Río Piedras.
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