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Introducción
La presentación de este
Cuaderno tiene un significado muy especial, ya que en el
mismo se exponen dos trabajos producidos por el fenecido,
Dr. Juan Manuel Morales en colaboración con un grupo de sus
estudiantes. “Juan Ma”, como era cariñosamente conocido en
la Facultad de Educación, fue profesor en el Programa de
Orientación y Consejería de la Escuela Graduada. El me
entregó estos manuscritos hace dos años, motivado por su
genuino deseo de aportar una obra suya al Cuaderno.
Conociendo a “Juan Ma”, sé que su cariño y deseo de darme
fuerzas para continuar dirigiendo el CIE, le motivaron a
darme la ardua tarea de publicar estos artículos que según
él, le habían costado mucho trabajo terminar a causa de su
enfermedad. Me comprometí a revisar y editar los manuscritos,
sin saber que eventualmente, esta publicación sería un
compromiso con el hacer perdurable y el recuerdo de un gran
compañero de trabajo. Compañero que conocí muy poco, pero
que en el momento de darle rumbo a mi vida intelectual y
académica, me dio la fuerza y el valor para tomar la
decisión de irme a estudiar el doctorado en la Universidad
de Harvard.
Hoy, el Cuaderno cumple su compromiso y se engalana al
presentar dos estudios relacionados a la temática de los
estudiantes de nuevo ingreso y su adaptación al mundo
universitario. El lector encontrará en estos artículos las
ideas que preocupaban la mente creadora del doctor Morales.
Sus estudiantes, la Dra. Carmen Rosado Pacheco, la Prof.
Nivia Fernández, la Prof. Ana E. Quijano de Rodríguez y la
Srta. Blamaris Falcón, colaboraron y aportaron a la idea de
que los servicios de orientación y consejería son vitales
para la adaptación de los estudiantes universitarios de
nuevo ingreso y necesarios para promover en éstos una
calidad de vida óptima. En el primer artículo, se presenta
un estudio relacionado con el efecto que produce un
adiestramiento, donde se combina el enfoque cognoscitivo con
el conductual, en la depresión leve y las destrezas de
ajuste al mundo universitario de un grupo de estudiantes de
primer año, matriculados en una universidad privada. El
estudio refleja la preocupación del doctor Morales y sus
colegas por buscar formas alternas de ayuda a jóvenes, que
frente al difícil proceso de adaptación al mundo
universitario, desarrollan el problema de salud mental
denominado depresión. La lectura de este estudio hace
evidente la importancia que tiene el desarrollo de las
destrezas de ajuste social en los comienzos de la vida
universitaria.
El segundo estudio tiene como propósito definir el perfil
del estudiante de nuevo ingreso a la Facultad de Educación
del Recinto de Río Piedras, éste fue desarrollado durante el
año académico 1995-96. En el mismo se trata de auscultar la
forma en que las metas y los objetivos de la Facultad son
congruentes con las necesidades socio vocacionales de los
estudiantes admitidos. El perfil, producto de esta
investigación, le ofrece al lector una idea más concreta y
definida de quiénes son los estudiantes que ingresan a la
Facultad y las razones que a éstos los motivan. La lectura
de este estudio puede servir como un medio de reflexión para
los profesores, ayudando así a que se tengan un mejor
entendimiento de las metas personales que persiguen los
estudiantes de nuevo ingreso.
Invitamos a todos a leer en forma reflexiva este Cuaderno,
recordando al Dr. Juan Manuel Morales a la vez que
vislumbramos formas de cómo darle continuidad a sus ideas.
Los colegas que hemos trabajado en editar y publicar este
Cuaderno sabemos que todo lector sacará buen provecho de las
ideas plasmadas por el que fue un gran ser humano y colega.
EN MEMORIA
Por: Prof. Silgia M. Navarro, Catedrática Asociada, Facultad
de Educación
Nos señala el mensaje de los proverbios que el hombre es en
su corazón tal como es en su pensamiento. Entonces Juan
Manuel Morales fue modelo de coherencia espiritual.
Justamente de la abundancia de su ser produjo su obra. Sus
labios hablaron de lo que sus manos obraron, y sus manos
crearon a partir de los cimientos de sus más genuinas
creencias.
Dijo Hostos que, “consagrado por la educación de la verdad a
la alteza natural, de su destino, el hombre no es hombre si
no es bueno”. No es nada la armonía entre las ideas y las
prácticas si no se fundamenta en la virtud. Juan Manuel fue
sobre todas las cosas un hombre de bien, que se educó en la
consigna cristiana de “la verdad os hará libre”.
Guiado por la fuerza del amor dedicó múltiples horas a la
labor de consejería familiar. El contenido de sus
orientaciones se nutría tanto de sus excelentes
conocimientos profesionales como de la profundidad de sus
convicciones pastorales. Hombre de razón, alimentado por la
fortaleza de la fe, utilizaba la palabra sagrada en apoyo de
la solidez científica. Sus aconsejados, pacientes o amigos,
hallaron asidero en la corriente bíblica que subyacía a
través de sus enseñanzas. El testimonio de sus amigos da
cuentas de los textos que servían de norte a su quehacer
terapéutico: Busqué a Jehová y él me escuchó y me libró de
todos mis temores.
Su amigo, el Dr. Carlos López Almodóvar resume los gestos de
su vida de la siguiente manera: “El doctor Morales ayudó a
tantos a salir de la depresión y ansiedad con sus consejos
asertivos. Intervino en crisis matrimoniales que
restablecieron la confianza y ayuda recíproca entre las
parejas. Ayudó a mejorar el aprovechamiento académico a
estudiantes de todos los niveles. Fue accesible y
facilitador terapéutico de cientos de personas que buscaron
sus valiosos servicios. Realizó talleres para mejorar la
comunicación de grupos a través de toda la Isla de Puerto
Rico. Ayudó a restablecer la armonía de muchas familias.
Apoyó de diversas formas a entidades que promueven la
superación moral y espiritual de la sociedad puertorriqueña.
Entre estas agrupaciones están: Asociación Bíblica
Universitaria, Campamento Camino, Verdad y Vida; Sociedad
Bíblica de Puerto Rico y Comunidad Evangélica de Cupey.
Sus estudiantes lo recuerdan como un profesor exigente,
incapaz de colaborar con la mediocridad o de coexistir con
el conformismo. Su actitud docente establecía un balance
entre el reto audaz y el apoyo incondicional. Todo lo
corregía: su propia laboriosidad constituía un ejemplo
inspirador. Obcecado y obstinado porque no toleraba el
descuido; sin embargo era el consejero portador de la
sugerencia orientadora. A su lado, el alumno tuvo una sola
opción: llegar al máximo de sus potencialidades, realizar el
límite de sus capacidades.
Hay seres con largas biografías que diluyen su existencia en
un caminar intrascendente. Otros consumen su vida, como una
explosión cuyas partículas continúan siendo productivas por
mucho tiempo y diferentes maneras. Como Martí, a la manera
de los grandes maestros, condensó todo su resplandor en el
lapso de una vida muy breve.
Fue un fulgor. Resplandeció con fuerza, vivió con ahínco,
dio a manos llenas; se fue pronto, pero quedó su legado, un
huellario largo de experiencias compartidas. Amigos de su
solaridad humana, estudiantes de su profesorado, ovejas de
su pastoreado o compañeros de su capacidad de compañía, su
paso por estos senderos fue una cosecha de frutos abundantes.
Con su vida, el mensaje proverbial se hizo realidad: “Con la
sabiduría que sale de su boca el hombre conseguirá todo lo
bueno: cada uno recibe la recompensa de sus obras”. Además
de la recompensa que su inquebrantable fe le depara en otros
niveles de la existencia, Juan Manuel recibe hoy en la
memoria y en el afecto de quienes le conocieron el
reconocimiento que su hechura de bien se supo ganar con la
voz, con la palabra, con la sabiduría que salió de su boca o
con los quehaceres que su generosidad produjo.
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