Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 14, Mayo 199
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La imagen del maestro en la cuentística puertorriqueña del siglo XX

Dra. Nívea de L. Torres

 

Afirman César Rosa Nieves y Félix Franco Oppenheimer (1970) que de todos los géneros literarios de Puerto Rico, es en el espejo de lo narrativo (novela, leyenda, cuento), donde esplende con mayor fulgor la personalidad auténtica de la vida puertorriqueña en su más alta significación histórico- literaria. De todos los géneros narrativos, el más cultivado en Puerto Rico lo es el cuento.

Podemos, por tanto, afirmar que el intenso cultivo de este género ha permitido a !os autores de diferentes períodos y generaciones abordar en forma reiterada, temas vinculados con los diferentes elementos que definen la vida puertorriqueña. Así se tiene en el amplio espectro del cultivo de este género literario, la más rica profusión de personajes extraídos de las realidades cotidianas de la vida del pueblo en sus múltiples facetas.

Desde esta perspectiva cobra sentido el que, al formular el tema objeto de esta investigación, la autora identificase dentro de la cuentística isleña, al personaje del maestro por ser éste uno de las figuras a quien más responsabilidad la sociedad le asigna. Mediante el estudio de la imagen del maestro en el cuento se podrá comparar no sólo la apreciación que tiene el cuentista de esa figura a través de la historia; sino también la apreciación que de su imagen han tenido sus contemporáneos.

Por razones de tiempo y espacio limitaremos la ponencia al estudio de seis cuentos de distintas épocas. A través de los mismos se estudiarán los rasgos que definen la conducta del maestro como personaje literario, partiendo de la visión que del mismo se tiene en las diferentes épocas o momentos históricosliterarios. Además se podrá comparar la visión literaria del maestro, con la imagen del maestro desde una perspectiva pedagógica.

Conviene destacar también, que este estudio pretende resaltar el valor que puede tener en un pueblo el acercamiento a la literatura auténtica, la que ocupa un lugar histórico en la afirmación de la cultura y la creación estética.

A comienzos del siglo XX y a raíz del cambio de dominación, el pueblo de Puerto Rico sufre el impacto de la imposición de un nuevo sistema políticoeconómico, cuya repercusión se dejará sentir en el orden social y en la actividad cultural del país. Los Comisionados de Instrucción que nombra la metrópoli estadounidense, estimularán el desarrollo de un plan para la americanización de los puertorriqueños. (Negrón de Montilla. 1977).

Los objetivos del sistema educativo en ese momento histórico fueron primordialmente la americanización, la extensión del sistema educativo y la enseñanza del inglés. Dura fue la batalla de los puertorriqueños contra la política que se impuso, desde el marco legal de las leyes Foraker y Jones y desde las directrices que impartieron los Comisionados de Instrucción.

Por otro lado, en el aspecto socioeconómico Puerto Rico sufrirá unos cambios dramáticos durante el siglo XX. El más significativo ocurrirá a partir de la década de 1940, cuando Puerto Rico se ira transformando de un país agrícola a uno con gran desarrollo industrial. Todos estos cambios políticos, sociales, culturales y económicos se proyectarán en la literatura

Así se observa el problema del idioma en una buena muestra de la cuentística puertorriqueña de este siglo; problema que a su vez creó y todavía crea fuertes debates en diversos foros.

Manifiesta la literatura puertorriqueña del siglo XX, una constante preocupación por el problema político, social y cultural que crea la relación con una nación de diferente historia, cultura y tradición.

Uno de los primeros cuentistas en recoger en su obra el impacto del '98 en el pueblo puertorriqueño y en su educación fue don Miguel Meléndez Muñoz. Como cuentista es muy conocido en las escuelas puertorriqueñas, por sus libros: Cuentos del Cedro (1936), Cuentos de la Carrera Central (1941) y Cuentos y estampas (1958). Sus relatos tratan principalmente sobre el campesino, sus costumbres y su problemática. De entre su producción, seleccionamos el cuento Tirijala, ya que éste trata el tema del maestro.

Tirijala es uno de los mejores cuentos del libro Cuentos del Cedro. En él, como diría Lubez Droz (1963), Meléndez Muñoz dramatiza:

La flexibilidad de la manera de ser puertorriqueño, la habilidad que tiene el puertorriqueño para asimilar las influencias extrañas sin que en esta asimilación quede subordinado el acento propio. (p. 43).

El protagonista, es un maestro español: don Hipólito, a quien cariñosamente llaman don Polito. Para el siglo XIX el Gobierno prefería maestros españoles en las escuelas, con el propósito de que estos le inculcaran a los niños puertorriqueños el sentimiento de obediencia incondicional al gobierno de la Metrópoli (Gómez Tejera y Cruz López, (1970)). Sin embargo, como afirma Ramón Luis Acevedo (1973, p.22): "Ya para finales del siglo XIX Puerto Rico tiene una personalidad colectiva. Una esencia de pueblo que nos define con relieves propios dentro de la comunidad de los pueblos hispánicos”. Este sentimiento se refleja en este cuento.

Don Hipólito es el maestro español que se desespera, al ver lo imposible que se le hace enseñar el castellano castizo a sus estudiantes. En su desesperación por ende verbalmente a sus alumnos. Veamos el siguiente diálogo:


José Manuel, pequeño, rechoncho, mofletudo, como si fuese a apagar un fósforo, contestaba con voz robusta:
  - Vino el Arcángel San Gabriel a anunciar a la Virgen Maria que el Verbo De.
    ..vino...
  - ¡Otra que te pego...! Pero, ¡habráse visto animal! De vino, de vino..., diga
    usted aguardiente o coñac y lo hará mejor! ¿Dónde ha oído usted decir
    Justicia devina, Ruta devina, Verbo devino? (p.146)


A pesar de estos insultos y atropellos, el niño puertorriqueño resiste y don Polito se da cuenta del verdadero sentir de este pueblo. El maestro comprende cuando prueba la sabrosa golosina que se conoce como tirijala. Meléndez Muñoz (1979) expresa su interpretación por medio de los pensamientos del propio maestro:

Decía que los chicos pueden aprender... Sí, sí la Tirijala es un símbolo. El pueblo que inventó ese dulce y lo consume con tan ávida fruición, tiene un espíritu flexible, sutil y fino. Esta característica acusa la tónica de su personalidad: si se atropella, se escurre y estira. Existe, pero intangible. Después, su alma, al parecer dispersa y fragmentada, se aglutinará, el núcleo volverá a agruparse en tomo de la célula siempre eterna y fecunda... Un pueblo así tiene asegurada su existencia. Será mal gobernado, torpemente dirigido; sus mentores podrán equivocarse, torcer la ruta de su destino, desviarle de su verdadera orientación, pero siempre le salvará la flexibilidad de su carácter, que como aquellos famosos aceros toledanos, se doblará, pero no se romperá. No es esta gente la que tiene que adaptarse a nuestros ideales, somos nosotros los que tenemos que respetar su personalidad y contribuir a vigorizarla. . . Mañana será otro día y usaré otros métodos. . .(p.152).

El maestro reflexiona en tomo al carácter del puertorriqueño, a la personalidad colectiva que debe ser respetada por el español; y que el maestro debe contribuir a vigorizar. Don Polito representa al maestro español consciente que acepta la diversidad idiosincrásica de sus discípulos puertorriqueños y que concluye que es él el que tiene que adaptar su visión del idioma y sus métodos pedagógicos a sus estudiantes. Resulta sumamente significativo que en un momento en que el sistema escolar tiene como uno de sus propósitos la norte americanización del pueblo puertorriqueño, Meléndez Muñoz escriba este cuento y proponga como modelo aleccionador a Don Polito. Los maestros que quieran cambiar la idiosincrasia del pueblo puertorriqueño, tienen mucho que aprender de sus estudiantes.

Por otro lado, esta incongruencia entre la teoría y la práctica, entre los contenidos y métodos pedagógicos y la realidad que vive el niño puertorriqueño, será una constante en la cuentística que aborda los temas de la escuela y el maestro. Así ocurre en los cuentos de Emilio S. Belaval. Destacadísimo escritor de la llamada Generación del 30.

Los libros en que Belaval presenta la figura del maestro son Los cuentos de la Universidad (1935) y Cuentos para fomentar el turismo (1946).

Del libro Cuentos para fomentar el turismo, hemos seleccionado La conversión de la maestrita rural Isabelita Pirinpín, ya que resulta sumamente rico para efectos del tema que estamos desarrollando. El mismo fue escrito a mediados de la década del '30 y recoge muy bien algunas de las principales situaciones que confrontó el magisterio puertorriqueño de la época. La maestra conocida como Isabelita Pirinpín, tratará de imponer sus nuevos métodos pedagógicos con los niños del campo, pero como su pedagogía está desvinculada de la realidad campesina, sus métodos fracasan, pero ella terminará tomando conciencia del verdadero sentir del niño campesino. Según Concha Meléndez (1971, p. l l 6) lo que el cuento ilustra es: "La desilusión de una joven maestra rural al ver cómo fracasaron sus métodos, inadecuados para la realidad que viven los niños campesinos".

La imagen del maestro que se presenta aquí, se va a ajustar, a la realidad de la época. El sistema educativo es producto directo del intento asimilista de los norteamericanos.

La maestra, refleja claramente estas circunstancias. Belaval (1977) lo subraya en el siguiente pasaje:


-Niños yo he venido aquí a enseñarles a ustedes cómo se puede llegar a
ser un buen ciudadano norteamericano.

Por tres semanas consecutivas, Isabelita Pirinpín se pasa hablando de un
primoroso país, donde los ciudadanos reciben diariamente un celestial
pienso de avena cuáquera; donde los niñitos no tienen la cara terrosa como
los jiguillos sino mejillas de rubio melocotón. Si los jibaritiños vivieran allí
podrían jugar entre olorosas ovejas en vez de jugar entre cabritos
malolientes. (p. 92)

Isabelita Pirinpin en sus clases propicia el desarrollo de un sentido de
inferioridad en sus estudiantes, por la pequeñez de la Isla:

-¿No te gustaría vivir en un país así, Panchito?
-No, doña Isabelita.
¿Por qué, tonto?
-A mi me gusta más vivil aquí, doña Isabelita.
¡Pero es que este país es tan pequeñito! (p. 92)
 

En este cuento al igual que en el cuento Tirijala de Meléndez Muñoz, se observa la resistencia del niño puertorriqueño a la asimilación y el deseo de conservar lo suyo. También se observa la transformación de ambos maestros; Isabelita y don Hipólito. Pero el caso de Isabelita es más dramático. La maestra toma aguda conciencia de la desproporción que existe, entre lo que aprendió, lo que enseña y la realidad que rodea a los campesinos, sobre todo a su situación de extrema pobreza. Nos dice el narrador:


Lo que tiene realmente preocupada a nuestra maestrita rural, es la desproporción que empieza a notar entre su cartilla, prometedora de todas las bienandanzas terrenales, y un jibaritiño depauperado. Aunque su cartilla no le exigía muchas imágenes literarias, Isabelita Pirinpín llega a concluir que el jibaritiño es un niño hambriento sostenido por la exuberancia de un paisaje. Isabelita Pirinpín empieza a descubrir, en el paisaje que rodea a su escuelita rural, un valor moral superior a su ovejita de trapo y a su manzana de cera. ¿Porqué había que robarle a su arisco educando los símbolos poéticos que fascinaban su alma de niño, haciéndole olvidar la miseria que le rodeaba? (p. 97)
 

Existe otra figura en el cuento, que también es parte del sistema educativo:


el inspector escolar. Éste ejercerá presión para que se implemente todo un sistema elaborado con elementos extranjeros.


Según afirman Gómez Tejera y Cruz López (1970):


Los primeros supervisores se seleccionaron entre los norteamericanos e ingleses que Vivian en Puerto Rico y estuvieron dispuestos a trabajar con poco sueldo.... Se prefería a los extranjeros porque según aducían, los puertorriqueños no estaban acostumbrados a las normas estadounidenses y tenían ciertas relaciones políticas locales que obstaculizaban su trabajo.


Ya para la segunda década del siglo XX, informan Gómez y Cruz (1970), que existían suficientes supervisores nativos. Este es el caso del cuento, aunque eso no evita que continúen imponiendo directrices y elementos norteamericanos. Una de las exigencias de estos inspectores era que había que enseñar inglés, aspecto que se observa en este cuento y en otros que veremos más adelante. Belaval destaca la tensión moral que esta política de producir ' ciudadanos bilingües" produce en la maestra.

Todo el interés era producir en masa un jibaritiño bilingüe que pudiera entender la voz de un capataz en dos idiomas, aunque viviera en el fanguito de San Juan o en el pulguero de Harlem. Para Isabelita Pirinpin era clara la obligación moral de su escuelita de sostener la vieja conciencia agrícola del jibarito. Había que volver a asociar el jibaritiño con la tierra para hacer posible el rescate. (p. 106)

Estos pensamientos y reflexiones de Isabelita, van marcando el renacer de una nueva conciencia en la maestra. Isabelita tiene grandes aspiraciones y cree que el inspector la apoyará. Sin embargo, sufre una gran desilusión, al ver que éste lo que realmente desea es poseerla. El inspector falla a la ética y desprestigia el sistema:

Aunque la chica huye indignada del cuco automovilito, algo profundo se ha desmoronado dentro de ella algo muere para siempre de su confianza juvenil, de su linda lealtad de reformista, de las nobles inquietudes de su modesto intelecto de maestrita rural. (p.107)

Al final del cuento se observa cómo la maestra recibe una evaluación deficiente, no por su ineficacia como maestra, sino por sus ideales de justicia y su defensa de principios y valores sociales y morales. Acevedo (1973) dice al respecto:

Isabelita termina convirtiéndose en una verdadera maestra puertorriqueña, sellando una extraña alianza entre ella y la miseria que rodea su escuelita rural; aunque su supervisor califique su labor de deficiente. (p. 24)

Belaval presenta al tipo de maestro que se hace solidario con un pueblo que siente y padece, un pueblo que ha sufrido las calamidades de diferentes opresores. Este maestro sigue su empresa, porque se siente comprometido y está consciente de su labor edificante, aunque esta labor le cueste los mejores años de su vida y tenga pocos beneficios económicos. Al final encontramos a:

. . .una Isabelita Pirinpín que tiene hondas manchas de sol en su cutis de alfilerillo, cuatro callos en cada nalga, y una fatiga tan grande en el alma, que los que conocimos a la maestrita como una de las criaturas más monas que tenia nuestra universidad, cuando la vemos hoy, nos parece un espectro, una empobrecida más en este trágico platanal de empobrecidos que se llama Puerto Rico. (p. 107)


Es importante señalar que durante la década del 30 la mayoría de la fuerza laboral dentro del magisterio (75%) lo constituyen las mujeres. Sin embargo, Belaval es de los muy pocos escritores que caracteriza a la mujer maestra.

La Generación del Cuarenta continuará trabajando los temas y problemas iniciados en la generación anterior, pero su narrativa introducirá nuevos aspectos. Se siguen analizando diversos elementos de la realidad puertorriqueña y persiste el deseo de ahondar en el ser colectivo. Son muchos los temas que preocupan a esta generación, entre ellos; la industrialización desmedida, el nacionalismo puertorriqueño, la soledad existencial, la sexualidad, los problemas sociales, políticos y económicos. Debido a todos estos problemas que rodean al ser puertorriqueño, se va evidenciando en la prosa de esta generación una actitud pesimista. Además, el paisaje que era primordial para los cuentistas anteriores, ocupará un lugar secundario en esta nueva generación. (Marqués, 1979).

Abelardo Díaz Alfaro es la figura de enlace entre la Generación del Treinta y la del Cuarenta. Díaz Alfaro deja para las letras puertorriqueñas dos libros de cuentos Terrazo (1947) y Mi isla soñada (1967). E1 primero, publicado en 1947 es el más conocido y utilizado en las escuelas de Puerto Rico. En el mismo se muestran las miserias, los pesares y las angustias del jíbaro puertorriqueño.

Del libro Terrazo (1947) hemos seleccionado tres cuentos en los cuales la figura del maestro ocupa un lugar protagónico. En estos relatos el personaje principal es un maestro de escuela rural, conocido como Peyo Mercé.

El primer cuento, titulado Trasplante y desplane, el narrador describe su labor pedagógica de la siguiente manera:


Sólo le afincaba al magisterio la satisfacción intima de estar realizando una labor meritoria y el cariño y admiración que le profesaban los compadres. Había sembrado mucha idea, mucha moral y mucha decencia. Y por eso le importaba un comino la opinión que de él tenia formada cierto supervisor. (p. 83)


Peyo Mercé no estaba de acuerdo con los llamados sistemas de enseñanza. Según él, estos se le parecían a las hojas de yagrumo por lo cambiantes. (Díaz Alfaro, (1948), p. 83). Su conocimiento pedagógico es más pragmático que teórico Se ajusta a la realidad.
El sabía muchas cosas que no se enseñan en la Universidad. El jíbaro "está cansado de apuntes". La miseria hace prácticos a los hombres. Y su verbo docente se traducía en metáforas, en parábolas, arrancadas a la naturaleza, a la vida misma, que es el más profundo de los libros. (p. 83)

Pevó Mercé es un maestro respetuoso y responsable. pero cuando tiene que decir las cosas. Las lanza sin ningún reparo:


A fuerza de obedecer se había hecho manso como el buey viejo. Pero a veces, cansado de soportar el yugo, se sacudía. Y jíbaro al fin. en una frase gráfica sintetizaba un discurso y lo lanzaba como estocada de rebeldía. Y estos desplantes lo habían hecho célebre. (p. 83)
 

Este maestro tiene la particularidad de ser también jíbaro como sus estudiantes y por eso entiende su problemática:


Don Peyo Mercé le daba mucho coraje de que los nuevos maestros, no enseñaban lo que realmente le era útil a los jibaritos. ¿Y por qué no enseñaban a los jibaritos lo que debían saber? La vida en el campo es dura. Como la quebrada inunda el valle con la crecida. así se estaba inundando el sistema educativo de papelería... ¿Por qué no irse al grano y que la paja se le llevara el viento? (p. 84)


Por sus ideas, dice el narrador (1948, p. 84): "...tuvo que sufrir el que le llamaran "viejo maestro chapao a la antigua". A Peyo le gustaba hacerse el "tonina", el pelea monga", y exageraba adrede su condición de campesino.


Se pasó el pañuelo purizó por la cara y prorrumpió durante una conferencia de educación física:

-Mistel Juan Gymns, usté perdone, pero es que soy algo tímido de inteligencia. Usté ha hablado ahí de Grecia, de Roma y hasta de un tal Espartaco, de gimnasia sueca, de calistenia, de yuyiso, de fol dances, de pisical exercises. Usté ha hablado muy bonito, muy bonito, pero ¡ay bendito!, usté no se ha hecho ahí ni siquiera un CULIVICENTE. . .
Una sonora y unánime carcajada hizo retumbar el salón. El supervisor de escuelas saltó de su asiento rojo de ira. Y mistel Juan Gymns empezó a tragar saliva ante el desplante de aquel viejo y mañoso pedagogo rural.


En el cuento Santa Cló va a la Cuchilla, además de presentarse la figura de Peyo Mercé, aparecen otros personajes importantes, como lo son Johnny Rosas y el inspector de escuelas "Mr. Escalera". Los elementos que más resaltan aquí, son los relacionados con la intención extranjerizante de la educación en la Isla,hecho que tiene sus bases históricas. En el cuento se observa este aspecto, cuando el inspector de escuelas junto al nuevo maestro, decide introducir por primera vez, al personaje de Santa Claus. El narrador indica lo sucedido cuando hace su entrada este personaje:


Un grito de terror hizo estremecer el salón. Unos campesinos se tiraban por las ventanas. Los niños más pequeños empezaron a llorar y se pegaban a las faldas de las comadres, que corrían en desbandaba. Todos buscaban un medio de escape. . . Una vieja se persignó y dijo: "¡Conjurao sea. Si es el mesmo demonio jablando en americano!" (pp. 9-93)


Por otro lado, la reacción y el comentario del maestro Peyo Mercé, es la siguiente:


Y Peyo, sin inmutarse le contestó: "Mister Escalera, yo no tengo la culpa de que ese santito no esté en el santoral puertorriqueño". (p. 93)


El tercer cuento, Peyo Mercé enseña inglés, cuenta lo que ocurre cuando el supervisor obliga al viejo maestro a enseñar inglés. Esta situación, que ya hemos visto en el cuento de Belavel, también es otro signo de la época. Riestra (1974) dice sobre este aspecto, lo siguiente. Desgraciadamente sus palabras parecen volver a cobrar vigencia:

El índice más claro del intento de "americanizar" al pueblo puertorriqueño lo constituye la política lingüístico-escolar del sistema educativo anglosajón, en Puerto Rico... La aspiración última de la política lingüística escolar era sustituir nuestro vernáculo por el idioma inglés. (p. 133)

Muchos maestros no estaban familiarizados con el inglés y apenas sabían pronunciarlo.

Este es el caso de Peyo Mercé.

Peyo agarró uno de los libros. En letras negras leiase: Primer. Meditó un rato y rascándose la oreja masculló: Primer, eso debe derivarse de primero y por ende con ese libro debe iniciar mi nuevo vía crucis. Otra jeringa más. ¡Y que Peyo Mercé enseñando inglés en inglés! Quiera que no voy a tener que adaptarme; en ello me van las habichuelas. Ser estilo Cuchilla. ¿Si yo no lo masco bien, cómo lo voy a hacer digerir a mis discípulos? Mister Escalera quiere inglés, y lo tendrá del que guste. Y hojeo rápidamente las olorosas páginas del recién editado libro. (p. 95)

En el cuento se percibe de nuevo un choque entre lo que se enseña y la realidad del estudiante campesino puertorriqueño:

"This is the cock, the cock says coocadoodledoo". Y Peyo se dijo para su
capote. "O ese gallo tiene pepita, o es que los americanos no oyen bien".
Aquello era lo último. Pero pensó en el pan nuestro de cada día.
"Lean conmigo: The cock says coocadoodledoo." Y las voces temblaban en el viento mañanero.
Está bien...
-Tellito, ¿cómo es que canta el gallo en inglés?
-No sé, don Peyo.
-Pero, mira, muchacho, si lo acabas de leer...
-No, gimió Tellito, mirando la lámina.
-Mira, canuto, el gallo dice coocadoodledoo. Y Tellito, como excusándose.
dijo: Don Peyo, ese será el cantio del manilo americano, pero el girito de casa jace
cocoroco clarito.
Peyo olvidó todo su dolor y soltó una estrepitosa carcajada, que fue
acompañada de las risas frescas de los niños. (pp. 99-100)

Para Ramón Luis Acevedo, Peyo Mercé es la figura que mejor representa lo mejor del maestro puertorriqueño:

En las tres historias de Peyo Mercé la imagen del maestro, como tipo, llega a su máxima realización. El autor de Terrazo ha logrado sintetizar en este viejo maestro jíbaro los rasgos principales que nos caracterizan: nuestros defectos y virtudes, nuestros sentimientos y actitudes más genuinas. (p.25)

Esa imagen del maestro aparece, sin embargo, degradada, en el último cuento que presentaremos en esta ponencia. También esto, desgraciadamente, es señal de nuestros tiempos. Nos referimos al relato Pactos de silencio de Juan Antonio Ramos, relato que se incluye en el libro del mismo titulo publicado en 1980.

En este cuento se presenta la figura de un maestro de Historia de Estados Unidos, cuyas cualidades lo hacen ser un maestro ejemplar e intachable, según sus compañeros y superiores; pero para sus estudiantes resulta ser una amenaza. En una ocasión, la directora expresa:


. . .el Profesor Santiago tiene dominio pleno de su materia, y de las destrezas pedagógicas que acompañan a la misma. Pero lo más que nos ha asombrado a todos es el control absoluto que ejerce sobre todos y cada uno de los estudiantes. En su salón se escucha (si es que se puede decir así), un silencio sepulcral. Esto es significativo pues antes de llegar el Profesor Santiago, estos grupos "comían gente"; no sabíamos qué medidas tomar para disciplinarlos y "meterlos en cintura". No sospechamos qué armas y recursos habrá utilizado el Profesor Santiago, pero a la verdad que son sumamente efectivas. (p.42)


Sin embargo, este profesor utiliza métodos poco pedagógicos para poder conseguir control de grupo. Acostumbra a chantajear y delatar a sus estudiantes a la policía, ya que él sabe que utilizan drogas y se involucran en negocios ilícitos. El autor, a través del cuento, hace una crítica severa al sistema educativo y al tipo de evaluación que se utiliza con los maestros, poco reveladora de la realidad que se vive diariamente dentro del salón de clases.

Resulta irónica la evaluación que se le hace al maestro al finalizar el cuento. La directora y otros visitantes, lo evalúan como un profesor sobresaliente. Sin embargo entre maestro y estudiantes existe una relación de hostilidad y de hipocresía. Los estudiantes se las ingenian para chantajear su maestro. Concertan con él un pacto de silencio, después de confrontarlo:


...el Profesor Máximo Santiago Medina atiende y calla, hacia tiempo que estábamos buscando la forma de pillarlo en algo y no nos salía nada, podíamos liquidarlo, pero eso se deja para los gangsters, nosotros somos unos pobres adolescentes con ganas de gufiar un poco y usté nos estaba dañando el fun, usté me entiende no sólo nos jodia en el salón sino que además nos rateaba a los camarones y daba nombres, y eso esta mal con cojones, en verdá usté es tremendo maestro, debió quedarse en lo suyo y no embarrarse con esta mierda, la cuestión es que se nos ocurrió esta cosa con Virginia, que se la comió y con la ayudita de Panasonic, anticipando el futuro... bueno, como esas carterotas de mujeres tienen muchos usos, el Profesor Máximo Santiago Medina desfallece sin abrir la boca, pues para avanzar, antes de que llegue la visita, hagamos un trato, y es que quedemos en paz, usté nos deja traquetear tranquilos y nos aleja a los camarones de aquí, y nosotros nos mordemos la lengua y guardamos bajo llave la "novela" que tenemos con todo y copyright, qué le parece, el Profesor Máximo Santiago Medina se impulsa hacia la puerta, la abre, Buenos días, Buenos días, Señora Mojica, adelante, ustedes también, adelante, usted puede sentarse aquí, déjenme ver, ustedes allá, o si quieren estar juntos, muévanse a aquella esquina, muy bien, el Profesor Máximo Santiago Medina encara las caras duras, cejiguntas, irónicas, expectantes de los alumnos... (pp. 46-47)


Observamos en este relato que los estudiantes logran que el maestro tenga relaciones sexuales con una alumna y a través de una grabadora que está oculta en la cartera de la joven graban lo que ocurrió entre maestro y discípula. Este recurso lo utilizarán los estudiantes para chantajear al profesor. Al finalizar el cuento se observan los siguientes comentarios que aparecen en la parte final de la hoja evaluativa del profesor:
Comentarios:

  1. Profesor sobresaliente. Da gusto asistir a sus lecciones.

  2. Impone adecuadamente la disciplina. Los estudiantes responden a sus preguntas con corrección y cortesía.

  3. Causa admiración que los alumnos no lo llamen, "Míster", sino, Profesor (p. 48)

Juan A. Ramos presenta un maestro con doble imagen. En apariencia posee las siguientes cualidades: domina la materia que enseña, tiene control de grupo, se da a respetar, impone disciplina, conoce la pedagogía y es apreciado por sus superiores v compañeros. Por otro lado. es conocedor de la vida de sus alumnosa quienes manipula con el propósito de cumplir su objetivo de ser evaluado positivamente. Además, se deja chantajear por los estudiantes que conocen de sus fallas como ser humano. Es oportunista y poco ético. Sin embargo, para el sistema, es el maestro ideal. En realidad representa la otra cara de la moneda que confirma el desajuste entre la teoría y la práctica, Ia apariencia y la realidad.

A la luz de lo que hemos dicho se puede llegar a las siguientes conclusiones. basadas en la percepción del maestro que se detecta en la cuentística puertorriqueña y que coincide con la literatura pedagógica: 1) el maestro(a) no está lo suficientemente remunerado en términos económicos, ) el maestro(a) es un ser bondadoso, laborioso, amable y sufrido, 3) el maestro(a)puede ser una persona fría, calculadora y enajenada, 4) el maestro(a) también puede ser un agresor en términos físicos y culturales,5) el maestro(a) puede ser vehículo de imposición de unas ideas, principios e idioma extraño al país, 6) se presenta un perfil contradictorio del maestro maleado por la circunstancia social imperante, 7) se observa un maestro que tiene nociones pedagógicas, pero falta a la ética.

La imagen del maestro en la cuentística puertorriqueña es signo y reflejo de unos cambios y unas realidades que vive DIA a DIA el pueblo puertorriqueño. El maestro y la maestra a través de la historia han soportado heroicamente todas aquellas arbitrariedades e injusticias que cometen los líderes de turno. A pesar de las malas condiciones de trabajo y de los sueldos de miseria, los maestros continúan en pie de lucha porque aman su profesión.

Vivimos con la esperanza de que el sistema mejore, pero tenemos que crear conciencia y repetirles a los administradores las mismas palabras que le dijo Peyo Mercé al nuevo maestro Johnny Rosas: "Ya la vida le irá trazando surcos como el arado a la tierra".


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