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La imagen del
maestro en la cuentística puertorriqueña del siglo XX
Dra. Nívea de L. Torres
Afirman César Rosa Nieves y
Félix Franco Oppenheimer (1970) que de todos los géneros
literarios de Puerto Rico, es en el espejo de lo narrativo (novela,
leyenda, cuento), donde esplende con mayor fulgor la
personalidad auténtica de la vida puertorriqueña en su más
alta significación histórico- literaria. De todos los
géneros narrativos, el más cultivado en Puerto Rico lo es el
cuento.
Podemos, por tanto, afirmar que el intenso cultivo de este
género ha permitido a !os autores de diferentes períodos y
generaciones abordar en forma reiterada, temas vinculados
con los diferentes elementos que definen la vida
puertorriqueña. Así se tiene en el amplio espectro del
cultivo de este género literario, la más rica profusión de
personajes extraídos de las realidades cotidianas de la vida
del pueblo en sus múltiples facetas.
Desde esta perspectiva cobra sentido el que, al formular el
tema objeto de esta investigación, la autora identificase
dentro de la cuentística isleña, al personaje del maestro
por ser éste uno de las figuras a quien más responsabilidad
la sociedad le asigna. Mediante el estudio de la imagen del
maestro en el cuento se podrá comparar no sólo la
apreciación que tiene el cuentista de esa figura a través de
la historia; sino también la apreciación que de su imagen
han tenido sus contemporáneos.
Por razones de tiempo y espacio limitaremos la ponencia al
estudio de seis cuentos de distintas épocas. A través de los
mismos se estudiarán los rasgos que definen la conducta del
maestro como personaje literario, partiendo de la visión que
del mismo se tiene en las diferentes épocas o momentos
históricosliterarios. Además se podrá comparar la visión
literaria del maestro, con la imagen del maestro desde una
perspectiva pedagógica.
Conviene destacar también, que este estudio pretende
resaltar el valor que puede tener en un pueblo el
acercamiento a la literatura auténtica, la que ocupa un
lugar histórico en la afirmación de la cultura y la creación
estética.
A comienzos del siglo XX y a raíz del cambio de dominación,
el pueblo de Puerto Rico sufre el impacto de la imposición
de un nuevo sistema políticoeconómico, cuya repercusión se
dejará sentir en el orden social y en la actividad cultural
del país. Los Comisionados de Instrucción que nombra la
metrópoli estadounidense, estimularán el desarrollo de un
plan para la americanización de los puertorriqueños. (Negrón
de Montilla. 1977).
Los objetivos del sistema educativo en ese momento histórico
fueron primordialmente la americanización, la extensión del
sistema educativo y la enseñanza del inglés. Dura fue la
batalla de los puertorriqueños contra la política que se
impuso, desde el marco legal de las leyes Foraker y Jones y
desde las directrices que impartieron los Comisionados de
Instrucción.
Por otro lado, en el aspecto socioeconómico Puerto Rico
sufrirá unos cambios dramáticos durante el siglo XX. El más
significativo ocurrirá a partir de la década de 1940, cuando
Puerto Rico se ira transformando de un país agrícola a uno
con gran desarrollo industrial. Todos estos cambios
políticos, sociales, culturales y económicos se proyectarán
en la literatura
Así se observa el problema del idioma en una buena muestra
de la cuentística puertorriqueña de este siglo; problema que
a su vez creó y todavía crea fuertes debates en diversos
foros.
Manifiesta la literatura puertorriqueña del siglo XX, una
constante preocupación por el problema político, social y
cultural que crea la relación con una nación de diferente
historia, cultura y tradición.
Uno de los primeros cuentistas en recoger en su obra el
impacto del '98 en el pueblo puertorriqueño y en su
educación fue don Miguel Meléndez Muñoz. Como cuentista es
muy conocido en las escuelas puertorriqueñas, por sus libros:
Cuentos del Cedro (1936), Cuentos de la Carrera
Central (1941) y Cuentos y estampas (1958). Sus
relatos tratan principalmente sobre el campesino, sus
costumbres y su problemática. De entre su producción,
seleccionamos el cuento Tirijala, ya que éste trata el tema
del maestro.
Tirijala es uno de los mejores cuentos del libro Cuentos del
Cedro. En él, como diría Lubez Droz (1963), Meléndez Muñoz
dramatiza:
La flexibilidad de la manera de ser puertorriqueño, la
habilidad que tiene el puertorriqueño para asimilar las
influencias extrañas sin que en esta asimilación quede
subordinado el acento propio. (p. 43).
El protagonista, es un maestro español: don Hipólito, a
quien cariñosamente llaman don Polito. Para el siglo XIX el
Gobierno prefería maestros españoles en las escuelas, con el
propósito de que estos le inculcaran a los niños
puertorriqueños el sentimiento de obediencia incondicional
al gobierno de la Metrópoli (Gómez Tejera y Cruz López,
(1970)). Sin embargo, como afirma Ramón Luis Acevedo (1973,
p.22): "Ya para finales del siglo XIX Puerto Rico tiene una
personalidad colectiva. Una esencia de pueblo que nos define
con relieves propios dentro de la comunidad de los pueblos
hispánicos”. Este sentimiento se refleja en este cuento.
Don Hipólito es el maestro español que se desespera, al ver
lo imposible que se le hace enseñar el castellano castizo a
sus estudiantes. En su desesperación por ende verbalmente a
sus alumnos. Veamos el siguiente diálogo:
José Manuel, pequeño, rechoncho, mofletudo, como si fuese
a apagar un fósforo, contestaba con voz robusta:
- Vino el Arcángel San Gabriel a anunciar a la Virgen Maria que el Verbo
De.
..vino...
- ¡Otra que te pego...! Pero, ¡habráse visto animal! De vino, de vino...,
diga
usted aguardiente o coñac y lo hará mejor! ¿Dónde ha oído
usted decir
Justicia devina, Ruta devina, Verbo devino? (p.146)
A pesar de estos insultos y atropellos, el niño
puertorriqueño resiste y don Polito se da cuenta del
verdadero sentir de este pueblo. El maestro comprende cuando
prueba la sabrosa golosina que se conoce como tirijala.
Meléndez Muñoz (1979) expresa su interpretación por medio de
los pensamientos del propio maestro:
Decía que los chicos pueden aprender... Sí, sí la Tirijala
es un símbolo. El pueblo que inventó ese dulce y lo consume
con tan ávida fruición, tiene un espíritu flexible, sutil y
fino. Esta característica acusa la tónica de su personalidad:
si se atropella, se escurre y estira. Existe, pero
intangible. Después, su alma, al parecer dispersa y
fragmentada, se aglutinará, el núcleo volverá a agruparse en
tomo de la célula siempre eterna y fecunda... Un pueblo así
tiene asegurada su existencia. Será mal gobernado,
torpemente dirigido; sus mentores podrán equivocarse, torcer
la ruta de su destino, desviarle de su verdadera orientación,
pero siempre le salvará la flexibilidad de su carácter, que
como aquellos famosos aceros toledanos, se doblará, pero no
se romperá. No es esta gente la que tiene que adaptarse a
nuestros ideales, somos nosotros los que tenemos que
respetar su personalidad y contribuir a vigorizarla. . .
Mañana será otro día y usaré otros métodos. . .(p.152).
El maestro reflexiona en tomo al carácter del puertorriqueño,
a la personalidad colectiva que debe ser respetada por el
español; y que el maestro debe contribuir a vigorizar. Don
Polito representa al maestro español consciente que acepta
la diversidad idiosincrásica de sus discípulos
puertorriqueños y que concluye que es él el que tiene que
adaptar su visión del idioma y sus métodos pedagógicos a sus
estudiantes. Resulta sumamente significativo que en un
momento en que el sistema escolar tiene como uno de sus
propósitos la norte americanización del pueblo
puertorriqueño, Meléndez Muñoz escriba este cuento y
proponga como modelo aleccionador a Don Polito. Los maestros
que quieran cambiar la idiosincrasia del pueblo
puertorriqueño, tienen mucho que aprender de sus estudiantes.
Por otro lado, esta incongruencia entre la teoría y la
práctica, entre los contenidos y métodos pedagógicos y la
realidad que vive el niño puertorriqueño, será una constante
en la cuentística que aborda los temas de la escuela y el
maestro. Así ocurre en los cuentos de Emilio S. Belaval.
Destacadísimo escritor de la llamada Generación del 30.
Los libros en que Belaval presenta la figura del maestro son
Los cuentos de la Universidad (1935) y Cuentos
para fomentar el turismo (1946).
Del libro Cuentos para fomentar el turismo, hemos
seleccionado La conversión de la maestrita rural Isabelita
Pirinpín, ya que resulta sumamente rico para efectos del
tema que estamos desarrollando. El mismo fue escrito a
mediados de la década del '30 y recoge muy bien algunas de
las principales situaciones que confrontó el magisterio
puertorriqueño de la época. La maestra conocida como
Isabelita Pirinpín, tratará de imponer sus nuevos métodos
pedagógicos con los niños del campo, pero como su pedagogía
está desvinculada de la realidad campesina, sus métodos
fracasan, pero ella terminará tomando conciencia del
verdadero sentir del niño campesino. Según Concha Meléndez
(1971, p. l l 6) lo que el cuento ilustra es: "La desilusión
de una joven maestra rural al ver cómo fracasaron sus
métodos, inadecuados para la realidad que viven los niños
campesinos".
La imagen del maestro que se presenta aquí, se va a ajustar,
a la realidad de la época. El sistema educativo es producto
directo del intento asimilista de los norteamericanos.
La maestra, refleja claramente estas circunstancias. Belaval
(1977) lo subraya en el siguiente pasaje:
-Niños yo he venido aquí a enseñarles a ustedes cómo se
puede llegar a
ser un buen ciudadano norteamericano.
Por tres semanas consecutivas, Isabelita Pirinpín se pasa
hablando de un
primoroso país, donde los ciudadanos reciben diariamente un
celestial
pienso de avena cuáquera; donde los niñitos no tienen la
cara terrosa como
los jiguillos sino mejillas de rubio melocotón. Si los
jibaritiños vivieran allí
podrían jugar entre olorosas ovejas en vez de jugar entre
cabritos
malolientes. (p. 92)
Isabelita Pirinpin en sus clases propicia el desarrollo de
un sentido de
inferioridad en sus estudiantes, por la pequeñez de la Isla:
-¿No te gustaría vivir en un país así, Panchito?
-No, doña Isabelita.
¿Por qué, tonto?
-A mi me gusta más vivil aquí, doña Isabelita.
¡Pero es que este país es tan pequeñito! (p. 92)
En este cuento al igual que en
el cuento Tirijala de Meléndez Muñoz, se observa la
resistencia del niño puertorriqueño a la asimilación y el
deseo de conservar lo suyo. También se observa la
transformación de ambos maestros; Isabelita y don Hipólito.
Pero el caso de Isabelita es más dramático. La maestra toma
aguda conciencia de la desproporción que existe, entre lo
que aprendió, lo que enseña y la realidad que rodea a los
campesinos, sobre todo a su situación de extrema pobreza.
Nos dice el narrador:
Lo que tiene realmente preocupada a nuestra maestrita rural,
es la desproporción que empieza a notar entre su cartilla,
prometedora de todas las bienandanzas terrenales, y un
jibaritiño depauperado. Aunque su cartilla no le exigía
muchas imágenes literarias, Isabelita Pirinpín llega a
concluir que el jibaritiño es un niño hambriento sostenido
por la exuberancia de un paisaje. Isabelita Pirinpín empieza
a descubrir, en el paisaje que rodea a su escuelita rural,
un valor moral superior a su ovejita de trapo y a su manzana
de cera. ¿Porqué había que robarle a su arisco educando los
símbolos poéticos que fascinaban su alma de niño, haciéndole
olvidar la miseria que le rodeaba? (p. 97)
Existe otra figura en el
cuento, que también es parte del sistema educativo:
el inspector escolar. Éste ejercerá presión para que se
implemente todo un sistema elaborado con elementos
extranjeros.
Según afirman Gómez Tejera y Cruz López (1970):
Los primeros supervisores se seleccionaron entre los
norteamericanos e ingleses que Vivian en Puerto Rico y
estuvieron dispuestos a trabajar con poco sueldo.... Se
prefería a los extranjeros porque según aducían, los
puertorriqueños no estaban acostumbrados a las normas
estadounidenses y tenían ciertas relaciones políticas
locales que obstaculizaban su trabajo.
Ya para la segunda década del siglo XX, informan Gómez y
Cruz (1970), que existían suficientes supervisores nativos.
Este es el caso del cuento, aunque eso no evita que
continúen imponiendo directrices y elementos norteamericanos.
Una de las exigencias de estos inspectores era que había que
enseñar inglés, aspecto que se observa en este cuento y en
otros que veremos más adelante. Belaval destaca la tensión
moral que esta política de producir ' ciudadanos bilingües"
produce en la maestra.
Todo el interés era producir en masa un jibaritiño bilingüe
que pudiera entender la voz de un capataz en dos idiomas,
aunque viviera en el fanguito de San Juan o en el pulguero
de Harlem. Para Isabelita Pirinpin era clara la obligación
moral de su escuelita de sostener la vieja conciencia
agrícola del jibarito. Había que volver a asociar el
jibaritiño con la tierra para hacer posible el rescate. (p.
106)
Estos pensamientos y reflexiones de Isabelita, van marcando
el renacer de una nueva conciencia en la maestra. Isabelita
tiene grandes aspiraciones y cree que el inspector la
apoyará. Sin embargo, sufre una gran desilusión, al ver que
éste lo que realmente desea es poseerla. El inspector falla
a la ética y desprestigia el sistema:
Aunque la chica huye indignada del cuco automovilito, algo
profundo se ha desmoronado dentro de ella algo muere para
siempre de su confianza juvenil, de su linda lealtad de
reformista, de las nobles inquietudes de su modesto
intelecto de maestrita rural. (p.107)
Al final del cuento se observa cómo la maestra recibe una
evaluación deficiente, no por su ineficacia como maestra,
sino por sus ideales de justicia y su defensa de principios
y valores sociales y morales. Acevedo (1973) dice al
respecto:
Isabelita termina convirtiéndose en una verdadera maestra
puertorriqueña, sellando una extraña alianza entre ella y la
miseria que rodea su escuelita rural; aunque su supervisor
califique su labor de deficiente. (p. 24)
Belaval presenta al tipo de maestro que se hace solidario
con un pueblo que siente y padece, un pueblo que ha sufrido
las calamidades de diferentes opresores. Este maestro sigue
su empresa, porque se siente comprometido y está consciente
de su labor edificante, aunque esta labor le cueste los
mejores años de su vida y tenga pocos beneficios económicos.
Al final encontramos a:
. . .una Isabelita Pirinpín
que tiene hondas manchas de sol en su cutis de alfilerillo,
cuatro callos en cada nalga, y una fatiga tan grande en el
alma, que los que conocimos a la maestrita como una de las
criaturas más monas que tenia nuestra universidad, cuando la
vemos hoy, nos parece un espectro, una empobrecida más en
este trágico platanal de empobrecidos que se llama Puerto
Rico. (p. 107)
Es importante señalar que durante la década del 30 la
mayoría de la fuerza laboral dentro del magisterio (75%) lo
constituyen las mujeres. Sin embargo, Belaval es de los muy
pocos escritores que caracteriza a la mujer maestra.
La Generación del Cuarenta continuará trabajando los temas y
problemas iniciados en la generación anterior, pero su
narrativa introducirá nuevos aspectos. Se siguen analizando
diversos elementos de la realidad puertorriqueña y persiste
el deseo de ahondar en el ser colectivo. Son muchos los
temas que preocupan a esta generación, entre ellos; la
industrialización desmedida, el nacionalismo puertorriqueño,
la soledad existencial, la sexualidad, los problemas
sociales, políticos y económicos. Debido a todos estos
problemas que rodean al ser puertorriqueño, se va
evidenciando en la prosa de esta generación una actitud
pesimista. Además, el paisaje que era primordial para los
cuentistas anteriores, ocupará un lugar secundario en esta
nueva generación. (Marqués, 1979).
Abelardo Díaz Alfaro es la figura de enlace entre la
Generación del Treinta y la del Cuarenta. Díaz Alfaro deja
para las letras puertorriqueñas dos libros de cuentos
Terrazo (1947) y Mi isla soñada (1967). E1 primero,
publicado en 1947 es el más conocido y utilizado en las
escuelas de Puerto Rico. En el mismo se muestran las
miserias, los pesares y las angustias del jíbaro
puertorriqueño.
Del libro Terrazo (1947) hemos seleccionado tres cuentos en
los cuales la figura del maestro ocupa un lugar protagónico.
En estos relatos el personaje principal es un maestro de
escuela rural, conocido como Peyo Mercé.
El primer cuento, titulado Trasplante y desplane, el
narrador describe su labor pedagógica de la siguiente
manera:
Sólo le afincaba al magisterio la satisfacción intima de
estar realizando una labor meritoria y el cariño y
admiración que le profesaban los compadres. Había sembrado
mucha idea, mucha moral y mucha decencia. Y por eso le
importaba un comino la opinión que de él tenia formada
cierto supervisor. (p. 83)
Peyo Mercé no estaba de acuerdo con los llamados sistemas de
enseñanza. Según él, estos se le parecían a las hojas de
yagrumo por lo cambiantes. (Díaz Alfaro, (1948), p. 83). Su
conocimiento pedagógico es más pragmático que teórico Se
ajusta a la realidad.
El sabía muchas cosas que no se enseñan en la Universidad.
El jíbaro "está cansado de apuntes". La miseria hace
prácticos a los hombres. Y su verbo docente se traducía en
metáforas, en parábolas, arrancadas a la naturaleza, a la
vida misma, que es el más profundo de los libros. (p. 83)
Pevó Mercé es un maestro respetuoso y responsable. pero
cuando tiene que decir las cosas. Las lanza sin ningún
reparo:
A fuerza de obedecer se había hecho manso como el buey viejo.
Pero a veces, cansado de soportar el yugo, se sacudía. Y
jíbaro al fin. en una frase gráfica sintetizaba un discurso
y lo lanzaba como estocada de rebeldía. Y estos desplantes
lo habían hecho célebre. (p. 83)
Este maestro tiene la
particularidad de ser también jíbaro como sus estudiantes y
por eso entiende su problemática:
Don Peyo Mercé le daba mucho coraje de que los nuevos
maestros, no enseñaban lo que realmente le era útil a los
jibaritos. ¿Y por qué no enseñaban a los jibaritos lo que
debían saber? La vida en el campo es dura. Como la quebrada
inunda el valle con la crecida. así se estaba inundando el
sistema educativo de papelería... ¿Por qué no irse al grano
y que la paja se le llevara el viento? (p. 84)
Por sus ideas, dice el narrador (1948, p. 84): "...tuvo que
sufrir el que le llamaran "viejo maestro chapao a la antigua".
A Peyo le gustaba hacerse el "tonina", el pelea monga", y
exageraba adrede su condición de campesino.
Se pasó el pañuelo purizó por la cara y prorrumpió durante
una conferencia de educación física:
-Mistel Juan Gymns, usté perdone, pero es que soy algo
tímido de inteligencia. Usté ha hablado ahí de Grecia, de
Roma y hasta de un tal Espartaco, de gimnasia sueca, de
calistenia, de yuyiso, de fol dances, de pisical exercises.
Usté ha hablado muy bonito, muy bonito, pero ¡ay bendito!,
usté no se ha hecho ahí ni siquiera un CULIVICENTE. . .
Una sonora y unánime carcajada hizo retumbar el salón. El
supervisor de escuelas saltó de su asiento rojo de ira. Y
mistel Juan Gymns empezó a tragar saliva ante el desplante
de aquel viejo y mañoso pedagogo rural.
En el cuento Santa Cló va a la Cuchilla, además de
presentarse la figura de Peyo Mercé, aparecen otros
personajes importantes, como lo son Johnny Rosas y el
inspector de escuelas "Mr. Escalera". Los elementos que más
resaltan aquí, son los relacionados con la intención
extranjerizante de la educación en la Isla,hecho que tiene
sus bases históricas. En el cuento se observa este aspecto,
cuando el inspector de escuelas junto al nuevo maestro,
decide introducir por primera vez, al personaje de Santa
Claus. El narrador indica lo sucedido cuando hace su entrada
este personaje:
Un grito de terror hizo estremecer el salón. Unos campesinos
se tiraban por las ventanas. Los niños más pequeños
empezaron a llorar y se pegaban a las faldas de las comadres,
que corrían en desbandaba. Todos buscaban un medio de
escape. . . Una vieja se persignó y dijo: "¡Conjurao sea. Si
es el mesmo demonio jablando en americano!" (pp. 9-93)
Por otro lado, la reacción y el comentario del maestro Peyo
Mercé, es la siguiente:
Y Peyo, sin inmutarse le contestó: "Mister Escalera, yo no
tengo la culpa de que ese santito no esté en el santoral
puertorriqueño". (p. 93)
El tercer cuento, Peyo Mercé enseña inglés, cuenta lo que
ocurre cuando el supervisor obliga al viejo maestro a
enseñar inglés. Esta situación, que ya hemos visto en el
cuento de Belavel, también es otro signo de la época.
Riestra (1974) dice sobre este aspecto, lo siguiente.
Desgraciadamente sus palabras parecen volver a cobrar
vigencia:
El índice más claro del intento de "americanizar" al pueblo
puertorriqueño lo constituye la política lingüístico-escolar
del sistema educativo anglosajón, en Puerto Rico... La
aspiración última de la política lingüística escolar era
sustituir nuestro vernáculo por el idioma inglés. (p. 133)
Muchos maestros no estaban familiarizados con el inglés y
apenas sabían pronunciarlo.
Este es el caso de Peyo Mercé.
Peyo agarró uno de los libros. En letras negras leiase:
Primer. Meditó un rato y rascándose la oreja masculló:
Primer, eso debe derivarse de primero y por ende con ese
libro debe iniciar mi nuevo vía crucis. Otra jeringa más. ¡Y
que Peyo Mercé enseñando inglés en inglés! Quiera que no voy
a tener que adaptarme; en ello me van las habichuelas. Ser
estilo Cuchilla. ¿Si yo no lo masco bien, cómo lo voy a
hacer digerir a mis discípulos? Mister Escalera quiere
inglés, y lo tendrá del que guste. Y hojeo rápidamente las
olorosas páginas del recién editado libro. (p. 95)
En el cuento se percibe de nuevo un choque entre lo que se
enseña y la realidad del estudiante campesino
puertorriqueño:
"This is the cock, the
cock says coocadoodledoo". Y Peyo se dijo para su
capote. "O ese gallo tiene pepita, o es que los
americanos no oyen bien".
Aquello era lo último. Pero pensó en el pan nuestro de
cada día.
"Lean conmigo: The cock says coocadoodledoo." Y las
voces temblaban en el viento mañanero.
Está bien...
-Tellito, ¿cómo es que canta el gallo en inglés?
-No sé, don Peyo.
-Pero, mira, muchacho, si lo acabas de leer...
-No, gimió Tellito, mirando la lámina.
-Mira, canuto, el gallo dice coocadoodledoo. Y Tellito,
como excusándose.
dijo: Don Peyo, ese será el cantio del manilo americano,
pero el girito de casa jace
cocoroco clarito.
Peyo olvidó todo su dolor y soltó una estrepitosa
carcajada, que fue
acompañada de las risas frescas de los niños. (pp.
99-100)
Para Ramón Luis Acevedo, Peyo
Mercé es la figura que mejor representa lo mejor del maestro
puertorriqueño:
En las tres historias de Peyo Mercé la imagen del maestro,
como tipo, llega a su máxima realización. El autor de
Terrazo ha logrado sintetizar en este viejo maestro jíbaro
los rasgos principales que nos caracterizan: nuestros
defectos y virtudes, nuestros sentimientos y actitudes más
genuinas. (p.25)
Esa imagen del maestro aparece, sin embargo, degradada, en
el último cuento que presentaremos en esta ponencia. También
esto, desgraciadamente, es señal de nuestros tiempos. Nos
referimos al relato Pactos de silencio de Juan Antonio
Ramos, relato que se incluye en el libro del mismo titulo
publicado en 1980.
En este cuento se presenta la figura de un maestro de
Historia de Estados Unidos, cuyas cualidades lo hacen ser un
maestro ejemplar e intachable, según sus compañeros y
superiores; pero para sus estudiantes resulta ser una
amenaza. En una ocasión, la directora expresa:
. . .el Profesor Santiago tiene dominio pleno de su materia,
y de las destrezas pedagógicas que acompañan a la misma.
Pero lo más que nos ha asombrado a todos es el control
absoluto que ejerce sobre todos y cada uno de los
estudiantes. En su salón se escucha (si es que se puede
decir así), un silencio sepulcral. Esto es significativo
pues antes de llegar el Profesor Santiago, estos grupos "comían
gente"; no sabíamos qué medidas tomar para disciplinarlos y
"meterlos en cintura". No sospechamos qué armas y recursos
habrá utilizado el Profesor Santiago, pero a la verdad que
son sumamente efectivas. (p.42)
Sin embargo, este profesor utiliza métodos poco pedagógicos
para poder conseguir control de grupo. Acostumbra a
chantajear y delatar a sus estudiantes a la policía, ya que
él sabe que utilizan drogas y se involucran en negocios
ilícitos. El autor, a través del cuento, hace una crítica
severa al sistema educativo y al tipo de evaluación que se
utiliza con los maestros, poco reveladora de la realidad que
se vive diariamente dentro del salón de clases.
Resulta irónica la evaluación que se le hace al maestro al
finalizar el cuento. La directora y otros visitantes, lo
evalúan como un profesor sobresaliente. Sin embargo entre
maestro y estudiantes existe una relación de hostilidad y de
hipocresía. Los estudiantes se las ingenian para chantajear
su maestro. Concertan con él un pacto de silencio, después
de confrontarlo:
...el Profesor Máximo Santiago Medina atiende y calla, hacia
tiempo que estábamos buscando la forma de pillarlo en algo y
no nos salía nada, podíamos liquidarlo, pero eso se deja
para los gangsters, nosotros somos unos pobres adolescentes
con ganas de gufiar un poco y usté nos estaba dañando el
fun, usté me entiende no sólo nos jodia en el salón sino que
además nos rateaba a los camarones y daba nombres, y eso
esta mal con cojones, en verdá usté es tremendo maestro,
debió quedarse en lo suyo y no embarrarse con esta mierda,
la cuestión es que se nos ocurrió esta cosa con Virginia,
que se la comió y con la ayudita de Panasonic, anticipando
el futuro... bueno, como esas carterotas de mujeres tienen
muchos usos, el Profesor Máximo Santiago Medina desfallece
sin abrir la boca, pues para avanzar, antes de que llegue la
visita, hagamos un trato, y es que quedemos en paz, usté nos
deja traquetear tranquilos y nos aleja a los camarones de
aquí, y nosotros nos mordemos la lengua y guardamos bajo
llave la "novela" que tenemos con todo y copyright, qué le
parece, el Profesor Máximo Santiago Medina se impulsa hacia
la puerta, la abre, Buenos días, Buenos días, Señora Mojica,
adelante, ustedes también, adelante, usted puede sentarse
aquí, déjenme ver, ustedes allá, o si quieren estar juntos,
muévanse a aquella esquina, muy bien, el Profesor Máximo
Santiago Medina encara las caras duras, cejiguntas, irónicas,
expectantes de los alumnos... (pp. 46-47)
Observamos en este relato que los estudiantes logran que el
maestro tenga relaciones sexuales con una alumna y a través
de una grabadora que está oculta en la cartera de la joven
graban lo que ocurrió entre maestro y discípula. Este
recurso lo utilizarán los estudiantes para chantajear al
profesor. Al finalizar el cuento se observan los siguientes
comentarios que aparecen en la parte final de la hoja
evaluativa del profesor:
Comentarios:
-
Profesor sobresaliente. Da
gusto asistir a sus lecciones.
-
Impone adecuadamente la
disciplina. Los estudiantes responden a sus preguntas
con corrección y cortesía.
-
Causa admiración que los
alumnos no lo llamen, "Míster", sino, Profesor (p. 48)
Juan A. Ramos presenta un
maestro con doble imagen. En apariencia posee las siguientes
cualidades: domina la materia que enseña, tiene control de
grupo, se da a respetar, impone disciplina, conoce la
pedagogía y es apreciado por sus superiores v compañeros.
Por otro lado. es conocedor de la vida de sus alumnosa
quienes manipula con el propósito de cumplir su objetivo de
ser evaluado positivamente. Además, se deja chantajear por
los estudiantes que conocen de sus fallas como ser humano.
Es oportunista y poco ético. Sin embargo, para el sistema,
es el maestro ideal. En realidad representa la otra cara de
la moneda que confirma el desajuste entre la teoría y la
práctica, Ia apariencia y la realidad.
A la luz de lo que hemos dicho se puede llegar a las
siguientes conclusiones. basadas en la percepción del
maestro que se detecta en la cuentística puertorriqueña y
que coincide con la literatura pedagógica: 1) el maestro(a)
no está lo suficientemente remunerado en términos económicos,
) el maestro(a) es un ser bondadoso, laborioso, amable y
sufrido, 3) el maestro(a)puede ser una persona fría,
calculadora y enajenada, 4) el maestro(a) también puede ser
un agresor en términos físicos y culturales,5) el maestro(a)
puede ser vehículo de imposición de unas ideas, principios e
idioma extraño al país, 6) se presenta un perfil
contradictorio del maestro maleado por la circunstancia
social imperante, 7) se observa un maestro que tiene
nociones pedagógicas, pero falta a la ética.
La imagen del maestro en la cuentística puertorriqueña es
signo y reflejo de unos cambios y unas realidades que vive
DIA a DIA el pueblo puertorriqueño. El maestro y la maestra
a través de la historia han soportado heroicamente todas
aquellas arbitrariedades e injusticias que cometen los
líderes de turno. A pesar de las malas condiciones de
trabajo y de los sueldos de miseria, los maestros continúan
en pie de lucha porque aman su profesión.
Vivimos con la esperanza de que el sistema mejore, pero
tenemos que crear conciencia y repetirles a los
administradores las mismas palabras que le dijo Peyo Mercé
al nuevo maestro Johnny Rosas: "Ya la vida le irá trazando
surcos como el arado a la tierra".
Bibliografía
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literatura puertorriqueña. Corozal: Ediciones Corozo.
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Ediciones Marvmar.
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siglo XX. Rió Piedras: Edit. Universitaria. U.P.R.
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Rió Piedras: Edit. Universitaria, U.P.R.
Belaval, E. S. (1977). Cuentos para fomentar el turismo. Río
Piedras: Edit. Cultural.
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