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Lo que Adriana decía
cuando leíamos: el diálogo en la lectura oral de cuentos
favoritos en la edad temprana
Dra. Ángeles Molina Iturrondo
2 de julio de 1991
Edad de Adriana: l año y l l meses
Adriana continúa mostrando un favoritismo marcado hacia el
libro Where the wild thins are? (Sendak, 1963 versión en
español). Todos los días me pide que se lo lea... ¡varias
veces! La lectura recurrente de este libro parece estar
ejerciendo un impacto en el aumento de su vocabulario. He
observado que ya ha incorporado vocabulario de su texto, tal
como los vocablos monstruo y bosque; y los usa correctamente.
El otro día mientras ojeábamos un libro en el cual aparece
una ilustración de un bosque de pinos, se lo señalé
preguntándole qué era. Inmediatamente dijo "¡bosque!".
También ya sabe el nombre de Max, el protagonista del cuento;
y es capaz de nombrar las ilustraciones del cuento ("luna",
"bote", "monstruo" y "Max", entre otras). En términos de su
participación en la lectura del libro, Adriana ya repite
algunas palabras finales del texto, en cada página.
Esta exégesis surge del diario que redacté sobre las
primeras experiencias de mi hija con los libros de cuentos.
El fragmento describe mis reflexiones sobre la manera en que
Adriana usaba el lenguaje para interactuar con el texto de
uno de sus cuentos favoritos cuando era una bebé. Cuando
Adriana cumplió cuatro meses de nacida, comencé a leerle
cuentos en voz alta. Los libros eran el pretexto ideal para
entablar diálogos con ella, sobre las láminas y las tramas
de los cuentos. Todas las tardes nos acurrucábamos en un
sillón, y se iniciaba el ritual de la lectura oral. Colocaba
el libro de manera que ella pudiera ver sus páginas.
Entonces lo abría página por página, lentamente;
deteniéndome en cada una para describirle las láminas y
hablarle sobre sus personajes. Nuestro rito de la lectura
oral continuó ininterrumpidamente por varios años; hasta que
Adriana llegó al kindergarten. Durante ese tiempo, documenté
rigurosamente los diálogos que surgían entre nosotras en el
contexto de la lectura oral de sus cuentos favoritos.
Recurrí a la redacción de un diario reflexivo, pero también
grabé en audio la mayoría de las sesiones. La cantidad
enorme de datos que recopilé me permitió analizar las
transformaciones que ocurrieron en el discurso oral de
Adriana durante sus primeros cinco años de vida. Asimismo,
me dio la oportunidad de aquilatar el papel decisivo de la
lectura oral de cuentos favoritos, en el aprendizaje
emergente de la lectura antes del primer grado.
Dimensiones de la lectura oral de cuentos
Lo cierto es que la lectura oral de cuentos favoritos en la
edad temprana ha sido objeto de investigación intensa a
partir de la década del ochenta. Esta actividad ha
despertado un gran interés en investigadores y en educadores
por la complejidad de sus dimensiones orales,
sociolingüísticas y textuales, que parecen ser precursoras
de la lectura convencional (Molina Iturrondo, en imprenta;
Rudell & Rapp Rudell, 1994; Schickedanz, 1986; Sulzby. 1985;
Teale, 1984). Varias investigaciones sobre lectura oral de
cuentos favoritos han examinado el papel del adulto que
funge como lector (Falcón Huertas, 1996; Ninio, 1980; Snow,
1983). Estas investigaciones describen y analizan las
estrategias sociolingüísticas que usa el adulto para
interactuar con el niño al leer el cuento en voz alta.
Algunos de los estudios han comparado la interacción entre
el lector adulto y el niño en función del nivel
socioeconómico y del trasfondo étnico. Los resultados
apuntan a diferencias en la manera que los adultos con
diversos trasfondos socioeconómicos y étnicos proveen
oportunidades para que el niño desempeñe un papel activo o
pasivo (Dickinson, Hirschler, DeTemple & Smith,1992; Fagan &
Hayden, 1988; Falcón Huertas,1992; Ninio,1980; Schiefflin &
Cochran-Smith, 1984). Otros han examinado la participación
del niño como interlocutor, analizando las preguntas que
hace (Molina Iturrondo, en imprenta; Yaden, 1988; Yaden,
Smolkin & Conlon, 1989). También se ha investigado la
naturaleza de la organización cognoscitiva del niño en
relación con el tipo de discurso oral que usa el lector
adulto (Watson, 1989); el desarrollo del lenguaje (Snow &
Goldfield, 1983); los recuentos independientes de los
cuentos favoritos (Sulzby,1985); y el conocimiento emergente
sobre la función simbólica del lenguaje de los libros de
cuentos (Rossman, 1980). Los resultados de estas
investigaciones sugieren que leer cuentos en voz alta a
niños y niñas de edad temprana, es una actividad mucho más
compleja y beneficiosa de lo que se pensaba. Entre otras
razones, su impacto en la lectoescritura emergente se
relaciona con el diálogo que surge entre el lector adulto y
el niño; y su papel en la atribución de significado textual
(Halliday, 1994).
El diálogo y el significado textual en la lectura oral
La teoría de Vygotsky (1962, 1978) propone que existe un
vínculo íntimo entre el lenguaje y el pensamiento. Según
Vygotsky, el lenguaje es el vehículo simbólico que configura
el pensamiento como un proceso sociocultural. Es decir, el
pensamiento primero se forma socialmente, fuera del aprendiz;
y posteriormente, se interioriza como un proceso individual
y psicológico. El lenguaje, a su vez, desempeña un papel
dual: por un lado, es instrumental en la atribución de
significado y por otro; provee la estructura para el
pensamiento incipiente. La configuración del pensamiento a
través del lenguaje y la capacidad creciente para atribuir
significado, se suscitan a medida que el aprendiz se apropia
de la lengua oral y escrita. Esta apropiación es el
resultado de la utilización auténtica del lenguaje en las
actividades sociales, entre las cuales se cuenta la lectura
oral de cuentos favoritos.
La explicación vygotskiana sobre la relación entre el
lenguaje y el pensamiento aclara la función del diálogo en
la atribución de significado en la lectura oral de cuentos.
El dialogo se convierte en el precursor más temprano de la
lectoescritura convencional al facilitar la construcción
precoz de significado de palabras impresas que el niño no
puede decodificar y comprender por sí solo todavía (Dvson.
199; Seda & Abrambson, 1990; Snow, 1983; y Rudell & Rapp
Rudell, 1994). Los resultados de mi investigación
longitudinal con Adriana, me permiten concluir que, al menos
en su caso, el diálogo en la lectura oral de libros
favoritos, fue el primer medio que se usó para construir
significado textual (Molina Iturrondo, en imprenta). Antes
de que Adriana se relacionara con el texto escrito que le
leía en voz alta, como un medio representativo autónomo y
descontextualizado, lo abordaba contextualmente como si
fuera lenguaje oral. Es decir, que recurría al diálogo para
construir el significado del texto que escuchaba. En este
sentido, los recursos dialógicos y la manera en que Adriana
los usaba, eran análogos a los que utilizaba cuando
construía significado sobre el lenguaje oral que mediatizaba
su actividad social. Sin embargo, en las sesiones de lectura
oral de cuentos favoritos, el discurso oral y los recursos
textuales que lo apoyaban—los libros de cuentos y sus
láminas—trascendían la informalidad de la oralidad cotidiana.
Esto se debe a que emergían del lenguaje impreso que leía
con ella y para ella, en voz alta.
El lenguaje impreso de los libros está descontextualizado y
es altamente complejo. Este lenguaje no se refiere a
situaciones de la vida del niño en las que él es actor o
protagonista. A diferencia del lenguaje oral—que por regla
general se refiere a objetos y a situaciones concretas
relevantes para el niño—el lenguaje de los libros de cuentos
se refiere a situaciones imaginarias. Estas situaciones
existen únicamente en las mentes del autor y del lector; y
cobran sentido en función de dos actividades cognoscitivas.
Por un lado, el significado que se les atribuye mediante el
diálogo; y por otro, la vinculación intertextual que hacen
el adulto y el niño, en la conversación. La vinculación
intertextual ocurre cuando las dimensiones textuales se
relacionan con vivencias, intereses e interrogantes del niño
o con las tramas de otros libros de cuentos que le son
familiares. El diálogo como expresión oral del texto escrito,
está contextualizado en la situación social provocada por su
lectura oral. Por lo tanto, posibilita la concreción de una
paradoja: el manejo contextual de lenguaje
descontextualizado en una situación social concreta
relevante para el niño.
Lo que Adriana decía cuando leíamos cuentos
La investigación que me permitió analizar el diálogo de
Adriana' en las sesiones de lectura oral, examinó el origen
y la evolución temprana de la lectoescritura en mi hija,
desde su nacimiento hasta el primer grado de la escuela
primaria (Molina Iturrondo, en imprenta). Uno de los
aspectos que analicé fue la naturaleza y la transformación
del diálogo como vehículo para construir y atribuir
significado textual en la lectura oral de cuentos favoritos.
Adriana participó casi a diario en la lectura oral de
cuentos, durante la infancia y los años preescolares. Cuando
cumplió 1 año y 6 meses, ya usaba consistentemente una
modalidad de interacción dialógica de naturaleza repetitiva,
mediante la cual repetía la última palabra o morfema del
verso leído, que llamé modalidad repetitiva pura. Esta
estrategia había sido documentada previamente por Snow
(1983) y por Nino & Bruner (1978) al analizar la interacción
oral en díadas de madres y preescolares. En el referido
trabajo de investigación definí la modalidad dialógica como:
"...una estrategia de interacción particular que Adriana
usaba para interactuar conmigo (con el lector adulto), en la
cual el texto era el vehículo mediatizador (Molina Iturrondo,
en imprenta, p.136)."
La modalidad de interacción dialógica opera como una
herramienta oral cuya función es construir y reconstruir el
significado del texto y por ende, pensar en voz alta sobre
éste. El estudio de caso que realicé con Adriana reveló que
las modalidades de interacción dialógica reflejaban el nivel
de desarrollo lingüístico, las dimensiones textuales y de
las ilustraciones a las que prestaba atención. También se
relacionaban con el conocimiento emergente sobre la función
del lenguaje de los libros y sus convencionalismos.
Entre la edad de 1 año y 6 meses y los 2 años, la modalidad
repetitiva pura se transformó. La transformación dio paso a
dos variantes, que Adriana usaba concurrentemente con la
modalidad repetitiva pura: la modalidad repetitiva con
expansión semántica simple y la modalidad repetitiva con
expansión semántica compleja. A partir de los 2 años de edad—y
hasta los 2 años y 7 meses— surgieron otras diez modalidades
dialógicas particulares que correspondían a las siguientes
categorías globales: las nominaciones (nombrar las láminas)
y las descripciones; las preguntas sobre las ilustraciones,
el texto y las palabras impresas; las aseveraciones sobre el
texto, la trama y las palabras impresas; y las preguntas
sobre aspectos metratextuales y metailustrativos que estaban
implícitos en el texto y las láminas. Las modalidades
dialógicas surgieron en una secuencia evolutiva particular.
Una vez surgía una modalidad, ésta era usada
concurrentemente con las que habían aparecido previamente.
Sin embargo, con el paso de los años, las primeras
modalidades en aparecer comenzaron a usarse menos
frecuentemente. Por otro lado, las más recientes
predominaban en la interacción de Adriana en el contexto de
la lectura oral.
Una vez surgieron las trece modalidades dialógicas—cuando
tenía 2 años y 10 meses—Adriana intentó hacer los primeros
recuentos independientes de algunos de los cuentos. El
recuento independiente como un mecanismo de transición entre
la lectura no convencional de la niñez temprana y la lectura
convencional de la niñez intermedia (Sulzby, 1985). En los
recuentos, Adriana hacía narraciones orales cuya forma y
estructura reflejaban la forma y estructura del cuento
original. Además, parecían estar bajo la influencia de las
características particulares del libro. Al principio, las
narraciones se guiaban po las láminas de cada página en
aislamiento y no incluían palabras textuales. Paulatinamente,
las narraciones cambiaron, incluyendo palabras textuales y
frases que "sonaban" como el lenguaje textual del cuento.
Finalmente, Adriana fue capaz de reconstruir el texto
verbatim, usando las láminas como claves. Lo interesante es
destacar que en el caso de Adriana, las modalidades
dialógicas que caracterizaban la atribución de significado
textual antes de que surgieran los recuentos, eran
transaccionales. Es decir, se basaban en la conversación
conmigo, usando el texto y las láminas como agentes
mediatizadotes. Sin embargo, sus recuentos independientes
fueron fonológicos, excluyéndome como interlocutora activa,
pero manteniéndome como audiencia cautiva. Esta
transformación en los recursos lingüísticos para atribuir
significado evolucionó del diálogo al monólogo. Esta
transformación parece reflejar la fusión del lenguaje y del
pensamiento, desde lo social y exterior—las modalidades
dialógicas—; hasta lo individual en vías de interiorizarse—los
recuentos monológicos como una forma de lenguaje egocéntrico,
y por ende, de pensamiento verbal exterior. Además,
facilitaron la construcción del significado textual con un
simbolismo más complejo, de segundo orden, sin mi
intervención mediatizadora directa como lectora adulta.
Comentarios finales
Los hallazgos y observaciones sobre los diálogos de Adriana
en la lectura oral obligan reflexionar sobre el valor de
esta actividad en los años preescolares. Si se proveen las
oportunidades—en el hogar y en el centro preescolar—el niño
de edad temprana participará activamente en la lectura oral,
atribuyendo significado a través del diálogo. La visión
vigente sobre lo que constituye leer !escribir, se apoya
precisamente, en la atribución de significado mediante el
lenguaje. Entre la infancia los años escolares, las maneras
de atribuir significado textual —y por ende "leer''—cambian
dramáticamente. En su origen, durante los primeros dos años
de vida, el recurso que predomina es la oralidad dialógica
como un acto eminentemente socio cognoscitivo entre el niño
y el lector adulto. Sin embargo, paulatinamente, el diálogo
evoluciona dando paso a formas monológicas como el recuento.
En el recuento independiente de los cuentos favoritos se
encuentra un antecedente del lenguaje egocéntrico en ruta a
interiorizarse como pensamiento verbal velado. Este es un
logro notable en el desarrollo de las competencias de
lectura convencional. En el caso de niños y niñas que como
Adriana han participado activamente en la lectura oral de
cuentos favoritos, el trasfondo histórico de la
interiorización del lenguaje oral y escrito, se remonta a
los albores de la vida. Es además, una apropiación de
ramificaciones formidables, cuyos frutos se observarán mucho
más tarde en la lectoescritura convencional, en la niñez
intermedia. Precisamente, el diálogo en la lectura oral de
días maternales y preescolares, es el foco de atención de
una nueva investigación que inicié en agosto de 1997, en el
Laboratorio de Infantes y Maternales del Recinto de Río
Piedras. En el próximo congreso, espero presentar los
resultados ante la comunidad académica.
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Leer y escribir con Adriana: la evolución temprana de la
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