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El cambio escolar y
el liderazgo transformativo
Dra. Alicia Castillo Ortiz
Lo único permanente en la
educación es el cambio. Esta aseveración puede parecer
contradictoria puesto que presenta la idea de lo permanente
y continuo, que para muchas personas es sinónimo de estático,
y la idea del cambio, que se visualiza como movimiento,
diferencia y transformación. Sin embargo, es importante
reconocer que la educación existe porque se quieren producir
cambios en el conocimiento y el comportamiento del ser
humano. Por tal razón, hay que reconocer que educación y
cambio casi se puede ver como una misma cosa. Desde la
década de los años sesenta, tanto Brown como Cáceres,
sociólogos de la educación establecieron que el proceso
educativo tiene tres propósitos básicos:
-
Transmisión de la cultura-
se pasan a las nuevas generaciones un núcleo fundamental
de creencias, hábitos y valores que la sociedad espera
que los jóvenes adquieran. Sin embargo, se producen
algunos cambios en los mismos ya que la escuela
transmite la cultura, pero es una cultura sujeta a
cambios en lo que se ajusta al tiempo, a los nuevos
modos de la sociedad, a sus necesidades e intereses.
-
Desarrollo de nuevos
patrones sociales- las personas van desarrollando nuevos
patrones y formas de hacer las cosas que le permitan
ajustarse a un mundo de cambios. Reciben la influencia
de otras culturas y responden a los cambios sociales,
económicos y políticos de la sociedad.
-
Capacidad creadora-
desarrollar en el individuo la capacidad para crear,
para inventar y para producir nuevos cambios.
La escuela es responsable de
auspiciar las experiencias educativas necesarias para que
los estudiantes puedan conocer y adquirir la esencia de sus
antepasados, desarrollar nuevas formas para adaptarse e
interpretar la realidad y afinar la habilidad para
desarrollar nuevos conocimientos. Aunque ésta es un reflejo
de la sociedad también es el vehículo que ha creado la
sociedad para socializar a los jóvenes e inducirles a
transformarse. El cambio social debe ser planificado,
controlado y dirigido de forma coherente y consciente. Éste
debe ser apoyado por un sistema educativo compatible con las
modificaciones que sufre la sociedad. La escuela debe
modificarse para así satisfacer las necesidades que se
generan continuamente en la sociedad. Para lograr esto debe
tener el conocimiento de las necesidades cambiantes de la
sociedad, tales como las sociales, las públicas y las
individuales que debe satisfacer si quiere ser aprobada y
mantenida por la sociedad.
Mort, según citado por Owens (1996), indica que una práctica
educativa nueva toma cincuenta años en difundirse y
aceptarse en las escuelas. Las escuelas promedio están 25
años atrasadas en las prácticas nuevas. Indica también que
la nueva práctica toma 15 años en diseminarse a través del
3% del sistema educativo y 20 años adicionales en
dispersarse en un estado. Al mismo ritmo continuará
difundiéndose a través de toda la nación americana.
Según lo estableció el Consorcio sobre Productividad en las
Escuelas en el 1995 (citado por DuFour and Eaker, 1998) la
controversia no es que los maestros y las escuelas no estén
innovando y cambiando todo el tiempo, lo están haciendo. El
problema es el tipo de cambio que ocurre en el sistema
educativo, su frágil calidad y el que estos, en su mayoría,
no son cambios planificados, sino que al contrario, ocurren
por casualidad y al azar.
Cambio no es sinónimo de innovación, sino es una alteración
de algo o de alguien y puede darse de forma involuntaria. La
innovación, por el contrario, es una transformación
deliberada e innovadora de lo que existe. Estos atributos la
distinguen del cambio que ocurre en todo (Wiles y Bondi,
1991). Los educadores debemos tener clara esta diferencia
para que podamos atender tanto el cambio como la innovación.
Así le daremos la importancia que cada uno de éstos requiere
de acuerdo con sus implicaciones en el proceso educativo.
Bennis (citado en Wiles y Bondi, 1991) indica que existen
siete tipos de cambios que se desarrollan en las
organizaciones, en especial, en las escuelas. Estos son:
-
el cambio planificado -
aquél que se produce como parte de un proceso de
planificación e incluye la determinación de las
necesidades de cada miembro de la organización;
-
la adoctrinación - ocurre
cuando recalcamos un tipo de idea y la enseñamos sin la
posibilidad del análisis y la reflexión sobre la misma;
-
el cambio coercivo - es
toda modificación a lo existente que ocurre bajo presión,
a la fuerza y bajo amenaza;
-
el cambio tecnocrático -
ocurre en la forma de hacer las cosas, en los
procedimientos y prácticas adoptados por la organización;
-
el cambio interaccional -
se crea por medio de la interacción y la comunicación
entre los diferentes miembros de la organización o entre
éstos y las personas fuera de la misma;
-
el cambio acumulativo - es
el resultado de una serie de eventos que se unen y
producen nuevos patrones; y
-
el cambio natural - que
ocurre de forma espontánea y continua por el mero hecho
de existir y actuar.
Esta lista de aliteraciones es
evidencia suficiente de que el cambio es algo que va a
ocurrir en todo momento, como parte de las acciones
cotidianas. Lo que pasa es que éste ocurre de una forma tan
constante y rutinaria que el ser humano no se da cuenta de
que el mismo ocurre, a menos que sea uno en el que se haya
pensado con anterioridad. Por esta razón, en el proceso
educativo es muy importante la participación de las personas
interesadas para que el cambio de verdad responda a las
necesidades tanto de la escuela como de la sociedad. La
escuela como institución formal, debe producir
modificaciones o innovaciones que sean producto de una
planificación estratégica para el mejoramiento de la
institución. Esta gestión hace que el proceso de cambio sea
uno deseado, necesario y que permita a la escuela el
mantenerse en un rol proactivo ante las demandas de la
sociedad. De esta manera, el producto de la escuela responde
también a las expectativas de esa sociedad que crea a la
escuela con ese propósito.
La organización escolar puede generar diferentes tipos de
cambios planificados, como los siguientes:
-
cambios en la estructura
de la organización en la cual se reordenan los sistemas
internos. Éste puede incluir tres tipos de
modificaciones en la estructura organizacional:
-
Diseño
organizacional - cambio en la definición de los
puestos.
-
Descentralización
- creación de unidades más pequeñas con cierto
grado de autonomía.
-
Modificación del
flujo de trabajo - rediseño de las tareas de los
recursos humanos de la organización de acuerdo a las
áreas de especialidad.
-
Cambios en la tecnología,
que significa cambiar la maquinaria, los procesos, la
investigación o los métodos de producción.
-
Cambios en las personas,
que incluye tratar de cambiar la conducta de los
empleados concentrándose en sus habilidades, actitudes,
percepciones y expectativas.
Para que un cambio planificado
se convierta en un cambio verdadero en una organización se
tiene que seguir un proceso sistemático. Según Lewin y
Schein, éste se compone de tres etapas fundamentales:
-
Descongelar - consiste en
lograr que los miembros de la organización identifiquen
la necesidad de cambiar.
-
Cambiar - se adoptan los
valores, actitudes y conductas nuevas que van a ser
dirigidas por un agente de cambio.
-
Recongelar - garantizar
que el nuevo patrón que se produjo en el paso anterior
se mantiene, se refuerza constantemente y se apoya el
proceso de implantación para que no se elimine el cambio
producido.
Este proceso se tiene que
completar para asegurarnos que el cambio se produzca de la
manera adecuada para que sus resultados sean positivos y con
implicaciones a largo plazo. Para que una organización sea
eficaz y se mantenga la salud organizacional deben tener
presente lo siguiente:
-
lograr sus metas,
-
mantenerse a sí misma
internamente,
-
adaptarse al ambiente.
Las escuelas tienen que seguir
este mismo patrón si quieren mantener su eficacia. Para que
una escuela sea eficaz todos los componentes de la
organización deben tener un compromiso real con el cambio
planificado. Un cambio que en realidad provenga de la
selección, adaptación e implantación de una serie de
innovaciones que atiendan las necesidades de la comunidad
escolar y permitan alcanzar una mayor productividad, y que
los resultados demuestren la calidad académica y de los
procesos administrativos. El director y el grupo de maestros
de esa escuela necesitan una mentalidad abierta y proactiva,
y que ante cada problema o situación que se presente vean
una gran oportunidad de desarrollo. Por supuesto que esta
visión puede presentar riesgos en el proceso educativo. Pero,
realmente, no hay peor gestión que la que no se hace. Además
es mejor cometer un error tratando de solucionar una
situación, que esquivarla y dejar que la misma se convierta
en un problema con implicaciones negativas para la escuela.
Para que una escuela sea eficaz tiene que adoptar un enfoque
orientado hacia las metas que le permita continuar
desarrollándola al máximo, debe tener una comunicación
adecuada entre sus miembros, debe haber un balance de
poderes y debe haber participación activa de todos sus
miembros. Esa escuela tiene que utilizar adecuadamente a los
recursos humanos, debe existir cohesión entre sus miembros y
estos deben mantener una moral alta. Además, los miembros de
la escuela deben utilizar su autonomía para adaptarse a los
retos que le produce el ambiente, planificar el cambio e
introducir innovaciones que le permitan estar en
mejoramiento continuo y colaborar juntos utilizando el
consenso para la solución adecuada de los problemas que se
presenten.
Lamentablemente, en las organizaciones existen personas que
no apoyan este estilo proactivo y se oponen al cambio. Se
resisten a que se modifiquen las cosas de forma estructurada.
Sin embargo, no pueden detener el cambio que ocurre todos
los días como producto de los procesos de vida del ser
humano. Estas personas se convierten en fuerzas de
resistencia al cambio por una de las siguientes tres
razones:
-
Incertidumbre - cuando el
empleado no sabe con qué va a enfrentarse.
-
Preocupación por pérdidas
personales - es el miedo a perder algo que ya se tiene,
por ejemplo, estatus, dinero, autoridad, amistades o la
comodidad personal.
-
Creencia de que el cambio
no es a favor de los mejores intereses de la
organización - el empleado cree que el cambio puede
afectar la productividad o la calidad del producto.
Por lo tanto, la labor del
director de escuela y de los maestros es trabajar juntos
para evitar que la resistencia al cambio se convierta en una
limitación que no permita el desarrollo institucional. Es
importante que a través de la gestión educativa se
introduzcan las innovaciones que sean necesarias para lograr
un proceso educativo más exitoso.
Una innovación es cualquier pensamiento, comportamiento o
cosa que es nueva porque es cualitativamente distinta de la
existente. En educación, una innovación se refiere a un
cambio novel, deliberado, planificado que espera ayudar a la
escuela a lograr más eficazmente las metas existentes y
lograr nuevas metas. La reforma educativa se enfoca
mayormente en la restructuración escolar, y así se logra que
el liderazgo transformativo y el cambio de modelos de
cultura institucional sean asuntos críticos para los
administradores. Ambos conceptos están unidos a la
comunicación. Por lo tanto, el liderazgo para el cambio y la
innovación requiere un conocimiento real de las teorías de
liderazgo, las teorías organizacionales y las de
comunicación.
Situación actual de la Educación en Puerto Rico
El Departamento de Educación de Puerto Rico está llevando a
cabo una reforma educativa luego de la aprobación de la Ley
68 de 1990, la Ley 18 de 1993 y la reciente Ley 149 de 1999.
Esta reforma requiere un cambio en la estructura del mismo
de altamente centralizado a un modelo de organización más
descentralizado que otorga mayor autonomía a las escuelas y
a las diferentes unidades del Sistema. Con esta autonomía,
las escuelas asumen la responsabilidad sobre sus asuntos
docentes, administrativos y fiscales. Además, se visualiza
al estudiante como centro del sistema y al maestro como
agente de cambio. El maestro y el resto del personal docente
tienen que saber que además ha habido un cambio en la
profesión de maestro. El mismo está basado en los cambios
sobre cómo se adquiere el conocimiento, cuál es el rol del
estudiante y cuál debe ser la función del maestro en este
proceso.
En el 1996 Hemphill y Pledger presentaron un informe en el
que indicaron que en el nuevo paradigma educativo la
facultad y los estudiantes construyen juntos el conocimiento,
y los estudiantes toman un rol más activo en su propia
educación. Inclusive, tienen la tecnología a su disposición
que les permite maximizar su aprendizaje a través de la
práctica o en la investigación. Esto es posible a través de
las redes de comunicación por medio de la televisión o de
Internet. Además, se les ofrece una visión más abarcadora e
integradora del proceso educativo, a la par con los
movimientos de globalización en la sociedad. Por lo antes
expuesto, asistimos a la antesala de lo que puede ocurrir en
la educación en el futuro, ya que la tecnología le abre unas
puertas adicionales al proceso educativo para cambiar
métodos, procesos y oportunidades para los maestros y los
estudiantes.
Por esta razón, es importante que el director de escuelas se
convierta en un verdadero agente de cambio, según se
requiere para la creación de una verdadera comunidad de
aprendizaje. La Carta Circular 4-97-98 establece las
funciones de los Directores de Escuelas. La gran mayoría de
las 40 funciones enumeradas insinúan la responsabilidad del
Director en promover el cambio a través de los procesos de
planificación, dirección y evaluación. En la función número
34, en particular, asigna al Director de escuelas la
responsabilidad de fomentar el desarrollo de proyectos
innovadores y el trabajo de investigación. Ambas actividades
establecen la necesidad de buscar información sobre los
cambios que se deben hacer en la escuela a la luz de las
necesidades de los maestros y de los estudiantes. Estos
programas innovadores pueden proveer modelos, y dirigir la
labor docente para mejorar las escuelas, motivar a los
estudiantes y aumentar las ejecutorias y la productividad de
la facultad.
La habilidad del líder tiene una gran influencia en la
aceptación del cambio. La Escuela de la Comunidad, según
descrita por la nueva Ley 149, presenta un tremendo reto: un
reto para los directores de escuela, para los maestros y
para la comunidad. Es un reto porque presenta un cambio de
paradigma de lo que es una escuela tradicionalmente al
cambiar la forma en que se ejerce el liderazgo y la forma de
medir los resultados. La organización interna de la escuela
debe ser adecuada, flexible, dinámica y participativa para
que se desarrolle como un sistema que promueva la
cooperación entre sus miembros y todos a su vez puedan
participar del ejercicio de liderazgo.
Futuro del liderazgo en la educación
Los miembros de una comunidad escolar con autonomía deben
determinar las necesidades de su miembros, planificar
estratégicamente utilizando como base una visión y una
misión que todos compartan y estén dispuestos a respaldar.
Esta escuela requiere dedicación y compromiso de los
integrantes de la comunidad, comenzando por el director, los
maestros y otro personal de la escuela e incluyendo a los
padres, los estudiantes, los recursos de la comunidad, las
agencias públicas y privadas y los voluntarios que quieran
colaborar en el proceso. Todos los miembros de la comunidad
escolar deben estar apoderados, con la capacidad para que
cada cual haga lo que tiene que hacer y tome las decisiones
requeridas en el nivel que le corresponde, tomando como base
el bien común y reconociendo que la organización es
responsable de demostrar su productividad. El éxito de la
organización, está influenciado por su capacidad de lograr
colaboración en vez de hostilidad entre los departamentos
funcionales, estimular las diferencias y producir ganancias
con ellas a través de un proceso de toma de decisiones
productivo que lleve a soluciones aceptables.
Para lograr este propósito el estilo de liderazgo que se
ejerza, en una escuela, debe ser el liderazgo transformador.
Bass y Avolio (1994) demostraron que se espera que el
liderazgo transformativo contribuya a los esfuerzos de la
organización para mejorar sus operaciones. Esperan también
que el mejor uso de los recursos humanos a través del
trabajo en equipo y la cooperación entre diferentes
funciones de la organización aumentarán la velocidad en que
se introducen las innovaciones en el proceso y en el
producto. Lo importante es estar pendiente de los efectos a
largo plazo de estas innovaciones, usando los menores
esfuerzos posibles de energía, recursos y tiempo. Por esta
razón, el estilo colaborativo es el más adecuado para
introducir los cambios y aumentar la productividad.
Ingram (1997) realizó estudios que concluyeron que los
maestros están más motivados bajo el liderato de directores
de escuela que ellos perciben como líderes transformadores.
Esta nueva visión del liderazgo aboga también por establecer
un balance de poderes entre los diferentes miembros de la
organización.
Mitchell y Tucker (1992) explican que el problema es que a
través de los años hemos pensado que el liderazgo es la
capacidad de hacerse cargo y hacer que las cosas se hagan.
Esta visión nos ha alejado de enfocarnos en la importancia
del trabajo en equipo y de un desarrollo educativo
comprensivo. Quizás es tiempo de que dejemos de pensar en el
liderazgo como una acción agresiva. Es necesario
reconceptualizarlo como una forma de pensar en nosotros como
miembros de una organización escolar. Además, de percibirlo
como elemento esencial de la naturaleza del proceso
educativo ya que el cambio es un factor inherente que no se
puede eliminar ni detener.
Tichy y Devanna (1986) desarrollaron una teoría sobre el
liderazgo transformativo. En ésta el liderazgo se
caracteriza como un drama de tres actos:
En el Acto I el líder transformativo reconoce la necesidad
del cambio. En el Acto II se crea la visión de lo que se
espera alcanzar y se moviliza el grupo logrando su
compromiso con el cambio. Mientras que en el Acto III, se
institucionaliza el cambio. La planificación estratégica
tanto como el liderazgo transformativo se orientan hacia el
desarrollo de una visión de lo que debe ser el futuro de la
organización. Ambos son necesarios para que la organización
responda a los cambios e incertidumbres de la vida
organizacional y de la sociedad. Leithwood (1992) encuentra
que los líderes transformativos en las escuelas buscan tres
objetivos fundamentales:
-
Ayudar a su equipo de
trabajo para desarrollar y mantener una cultura escolar
profesional y colaborativa. - Esto quiere decir que
el grupo de trabajo debe conversar a menudo, observar,
criticar, reflexionar y planificar juntos. Las normas de
responsabilidad colectiva y de mejoramiento continuo les
mueven a enseñarse unos a otros cómo enseñar mejor. Los
líderes transformativos involucran a todos en el
establecimiento de las metas, reducen su aislamiento,
usan los mecanismos burocráticos para apoyar los cambios
de cultura, comparten el liderazgo delegando el poder y
comunican activamente las normas y creencias de la
escuela.
-
Fomentan el desarrollo
profesional de los maestros.- Uno de los estudios de
Leithwood sugiere que la motivación de los maestros para
mejorarse aumenta cuando éstos internalizan que los
maestros pueden lograr su desarrollo profesional a la
par con la misión de la escuela.
-
Ayudan a los maestros a
resolver los problemas de forma más eficaz.- Según
Leithwood, los líderes transformativos usan prácticas
que ayudan a su equipo a trabajar de forma más
inteligente no más fuerte.
El énfasis en el liderazgo
escolar, según lo visualiza Sagor (1992), debe ser el logro
del éxito de forma colaborativa definiendo el propósito del
proceso de enseñanza-aprendizaje y otorgándole poder a la
comunidad escolar para que enfoque todos sus esfuerzos en
esa dirección. De esta forma, todo el equipo de trabajo de
la escuela va a ejercer un liderazgo transformativo en
beneficio de la escuela y de los estudiantes. Evans (1996)
en su disertación doctoral encontró que las escuelas que
tienen directores que ejercen un liderazgo transformativo,
desarrollan una cultura orientada hacia el cambio
planificado y se convierten en las escuelas más efectivas.
Cheng (1997) indicó- en un informe producto de sus
investigaciones - que sólo las escuelas que logren ser más
efectivas a través de este tipo de liderazgo están a la par
con las nuevas tendencias educativas y con la reforma
mundial.
Los líderes transformativos desarrollan una cultura
organizacional en la cual se analizan continuamente las
fuerzas que promueven el cambio y las que lo resisten, con
el propósito de mantener el equilibrio y evitar los
conflictos que se pueden dar si el cambio no es planificado
adecuadamente. La tesis central de las ciencias del
comportamiento aplicadas al conflicto es que con un buen
diagnóstico y un buen enfoque administrativo es posible
minimizar la destructividad del conflicto y usarlo
productivamente. El conflicto positivo puede ayudar a tomar
mejores decisiones al confrontar puntos de vista divergentes
que producen ideas de mejor calidad para generar los cambios
e innovaciones que la escuela necesita para mejorar la
calidad del producto. Cuando la gerencia planifica
adecuadamente o ejerce liderazgo transformativo, la
organización se caracteriza por la armonía, la unidad, la
coordinación, la eficiencia, y el orden. En una escuela como
ésta el conflicto ayuda a innovar, creando prácticas
educativas, currículos, servicios y normas que le ayuden a
mantener su continuidad en un ambiente cambiante.
Para que la escuela tenga éxito, la diferencia la hace el
Director y el tipo de liderazgo que éste ejerza. El director
tiene que ser un líder: comprometido con la calidad y
dispuesto a asumir responsabilidades. También debe ser
competente y dominar los diferentes tipos de destrezas
necesarias para tener éxito en los diferentes roles que
tendrá que asumir. Además tiene que ser inteligente para que
pueda establecer un balance entre todo lo que ocurre en la
organización escolar y debe ser un líder diferente, que se
atreva, que sea creativo, que tenga visión, que promueva el
cambio y la innovación y que crea en el valor y la capacidad
de su gente. Sólo un Director con estas cualidades puede ser
capaz de fortalecer la escuela para que se convierta en una
verdadera comunidad de aprendizaje que funcione a tono con
las exigencias de la sociedad.
El director debe establecer un clima propicio para la
creatividad organizacional, promovida por los mismos
miembros del equipo de trabajo, muy en especial por los
maestros. Se deben proveer oportunidades para:
-
Lograr la aceptación del
cambio.
-
Estimular nuevas ideas.
-
Permitir más interacción.
-
Tolerar el fracaso.
-
Establecer objetivos
claros y dejar libertad para alcanzarlos.
-
Ofrecer reconocimiento por
los logros alcanzados.
Goodlad (1990) entiende que la
cultura de la escuela es la variable dependiente del
comportamiento de los maestros y los resultados de los
alumnos dependen del comportamiento de los maestros. Èl
establece que las escuelas pueden cambiar y que según
cambian sus características culturales los miembros también
cambian. Por eso, a través del liderazgo transformativo, la
facultad puede ser adiestrada en un proceso que se llama
DDAE= diálogo, toma de decisiones, acción y evaluación. A
través de este proceso la facultad puede identificar las
necesidades de la comunidad escolar, compartir ideas,
reflexionar, criticar constructivamente, investigar, crear,
planificar el cambio, implantar las innovaciones y
determinar su efectividad.
Todos tenemos una gran responsabilidad en ese proceso.
Nuestra intención es presentarles unas ideas que puedan
inspirarles en la labor que todos tenemos que realizar en la
educación de nuestros jóvenes. El cambio no va a parar, va a
continuar ocurriendo, aunque quisiéramos que las cosas se
mantuvieran igual. El futuro nos ofrece una gama de
oportunidades que podemos aprovechar. Los profesionales de
la educación debemos convertirnos en líderes transformadores
y asumir el control sobre el cambio. Tenemos que entender
que éste es necesario y nunca lo podremos detener. Es
necesario establecer un compromiso personal para que la
escuela de hoy, funcione como la escuela del futuro. De esta
manera el cambio y la innovación pueden contribuir a que la
escuela en Puerto Rico logre la excelencia a la que todos
aspiramos.
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