Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 17, Mayo 2002


   

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Idioma, bilingüismo y nacionalidad: La presencia del inglés en Puerto Rico, del Dr. Roamé Torres González

Por Jorge Cruz Velázquez

 

El debate del español en sus relaciones con el inglés no es un tema ignorado ni de reciente tratamiento en la historia de Puerto Rico. Se trata de un asunto político que nos ha atrapado sostenidamente por más de cien años siempre atado a las perspectivas pedagógicas por tratarse la escuela del vehículo institucional por excelencia para producir, controlar y legitimar posteriormente otros órdenes de la vida cultural y política del país. Además, al insertarse en la historia, sabemos que los hechos históricos no se reconstruyen con exactitud en el tiempo, sino que se reinventan o recrean a partir de nuevas coordenadas. Dadas estas premisas, es tarea obligada indagar y reexaminar estas relaciones entre el español y el inglés para encontrar sus claves y poner de relieve cómo se han ido ajustando y adaptando en el devenir histórico de Puerto Rico. El libro del doctor Roamé Torres González Idioma, bilingüismo y nacionalidad: la presencia del inglés en Puerto Rico que publica la Editorial de la Universidad de Puerto Rico examina con detenimiento la proyección de este asunto al acentuar el conjunto de debates culturales, los acontecimientos históricos y las atribuciones sociales que han circundado este tema a lo largo de ciento cuatro años como elementos constitutivos de nuestro imaginario social. El autor utiliza estrategias analíticas correspondientes a diversos campos de estudio. Su análisis parece decirnos que no se puede comprender la controversia entre estos dos referentes culturales - el español y el inglés- si no se estudia simultáneamente desde varios ejes interpretativos: la teoría política, la sociología, la historia cultural, la lingüística y la pedagogía, perspectivas que han ido conformando este asunto. Me alegra que este análisis venga de un educador y sociólogo para hacer honor a aquello que decía Ferdinand de Saussure, uno de los padres de la lingüística moderna, a comienzos del siglo XX- cuando señalaba: “El lenguaje es una cosa muy importante para dejársela a los lingüistas”. (Citado en Lomas, 1996:19).

Con un marcado interés investigativo por la reflexión sociológica e historiográfica y, en consecuencia cultural, la atención del tema discurre a lo largo de diez capítulos y un epílogo que trazan la trayectoria de este asunto desde 1898 hasta el Proyecto para formar un ciudadano bilingüe que propuso en 1997 la pasada administración de gobierno del doctor Pedro Roselló. Este texto me hizo pensar en el libro Las crisis humanas (1983) cuando su autor José Ferrater Mora señalaba: “Es difícil resumir este libro, porque en él los árboles importan tanto como el bosque.” (p.7) No obstante, hagamos un recorrido ligero por estos capítulos para estimular la lectura de sus futuros lectores.

Sus primeros dos capítulos atienden las relaciones entre las políticas norteamericanas del Destino Manifiesto, del llamado “Melting Pot”’ y del pluralismo cultural como procesos de asimilación mediante la americanización por vías del inglés (el inglés estándar), procesos que vienen desde el siglo XIX. El autor discute las legislaciones norteamericanas que se han suscitado desde entonces para instaurar la escuela pública como la institución social por excelencia en este proceso de americanización. Esto sitúa el caso de Puerto Rico dentro de políticas de diferencia en cuyo proceso de americanización no había el mismo trato para poblaciones blancas, europeas, como para las poblaciones no blancas de origen no europeo, como se dio en México, Hawai, Filipinas, casos que se estudian en el libro.

Estos capítulos sirven de antesala al capítulo 3 para una discusión detenida de las relaciones entre la lengua, la cultura y la política de Puerto Rico a la llegada de los norteamericanos en el 1898, cuando ya el idioma español había arraigado en todos los sectores sociales, aún a pesar de que la realidad sociopolítica del país era sumamente precaria. Se atiende con interés la participación de las elites isleñas, el papel del magisterio puertorriqueño, el desarrollo de los campos literarios y periodísticos del país, la heterogeneidad de los grupos sociales – como los grupos federalistas, autonomistas, republicanos- y los conflictos entre sus diversas agendas político sociales.

Ya explicadas las dimensiones políticas del expansionismo norteamericano, su manifiesto interés por americanizar la colonia, así como los esfuerzos puertorriqueñistas del procerato puertorriqueño de fines del siglo XIX – Hostos, Muñoz Rivera, entre otros-, el capítulo 4 se centra en las primeras tres décadas del siglo XX y el dominio colonial que se traduce tanto en la Ley Foraker (1900) como en la Ley Jones (1917). Se discute ampliamente las implicaciones de estos dos regímenes civiles en su relación con la Ley de los Idiomas Oficiales de 1902, con la institucionalización de los sucesivos comisionados de Instrucción cuyos poderes abarcaban tanto la escuela como la universidad, con las metodologías pedagógicas que marginaban la enseñanza del español, mientras se fortalecía la enseñanza del inglés. En este entramado juego sociopolítico de estas medidas jurídicas y centralizantes del gobierno norteamericano, no sólo entraba la escuela pública, sino las instituciones religiosas, según las analiza el autor.

Los capítulos 5 y 6 avanzan en el tiempo hasta las décadas del treinta y el cuarenta desde lo que el autor llama “la forja del nacionalismo lingüístico puertorriqueño’’ (p.113). Apuntan cómo los diversos intentos de asimilación cultural y lingüística del gobierno de Estados Unidos enfrentan la resistencia y la oposición de grandes sectores obreros, magisteriales, intelectuales, artísticos y políticos de Puerto Rico. Estos capítulos demarcan con mayor detalle “la polarización ideológica’’ (p.141) que caracteriza esta época mediante las grandes controversias sobre la lengua que protagonizaron figuras como Albizu Campos, José de Diego, José Padín y Juan José Osuna, entre otros. Se trata de años de hispanofilia y de nacionalismo, periodo histórico de importante significación cultural cuando el español se convirtió en piedra angular para los debates de muchos grupos.

Aunque el autor no lo indica así, me parece que en los capítulos 7 y 8, entramos a otro ritmo y tempo en la lectura del libro. Son dos extensos capítulos cuya unidad temporal parece ver el pasado y el presente desde una perspectiva simultánea, por tratarse de los años cuando el español se estableció como idioma de enseñanza en las escuelas públicas y por la amplia presencia e influencia de la cultura estadounidense en diversos órdenes de la vida puertorriqueña. La lectura de estos capítulos tiene un efecto globalizante, más sintético, en la medida en que analiza el problema de la lengua desde la lucha político partidista a partir de la constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en el 1952 hasta llegar a fines de la década de los 90. Las controversias partidistas sobre la lengua, la nación y la nacionalidad, lo puertorriqueño y la puertorriqueñidad desde los protagonistas culturales y del surgimiento de diversas instituciones y leyes (la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española (1955), el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Ley Orgánica del Departamento de Educación de Puerto Rico -Ley 68 de 1990-, la Ley del Idioma Oficial de 1991 y el Proyecto para formar un ciudadano bilingüe de1997) hacen que el problema ponga de manifiesto más que nunca sus contradicciones y ambigüedades. Estos capítulos enfocan el problema en su encuentro con los bienes culturales esenciales, como los que se dan en el seno de las instituciones religiosas, las esferas educativas, las artes, en los desarrollos económicos y ocupacionales, en el consumismo norteamericanizante y los medios de comunicación masiva, en la migración y otras tendencias demográficas. Por ello, hay un interés en el libro por destacar la importancia de la cultura letrada y sus elites en este proceso.

Aun cuando el capítulo ocho destaca todas las maneras en que el inglés se ha difundido en el país, se concluye que sigue siendo un idioma de poco dominio en la población en general. Esta premisa tendrá en el capítulo nueve el depositario de toda la carga estadística del libro– como se desprende del mismo título del capítulo- sobre las actitudes y tendencias lingüísticas y sociolingüísticas con respecto al inglés entre el 1950 al 2000. Este capítulo es de interés vital para maestros tanto de inglés como de español por su destaque de los estudios de Hispania Research Corporation ( 1992, 1993), los datos de la Oficina del Censo (1984, 1993), los estudios de María López Laguerre, entre otros. En la presentación del cuadro diglósico que impera en el Puerto Rico de hoy dentro de corrientes modernas en las que el inglés es “el idioma de la globalización” (p.339), el autor recapitula – en esta sección- sobre los factores que han contribuido al relativo fortalecimiento del español. El capítulo diez se dedica a examinar críticamente el Proyecto para formar un ciudadano bilingüe, documento del Departamento de Educación de 1997. A partir de las fuertes y bien argumentadas críticas que se plantean a este documento, el autor elabora –tanto en este capítulo como en el epílogo del libro- su tesis fundamental en la que argumenta a favor de un bilingüismo aditivo que resumimos desde las mismas palabras del doctor Torres González cuando señala:

“No soy de los que cree que el mantenimiento del español en Puerto Rico como lengua primaria y materna tenga que estar reñido con la aceptación y el aprendizaje del inglés como segundo idioma de los puertorriqueños o, para decirlo de otra forma, con el bilingüismo español-inglés.... Recordemos que el bilingüismo aditivo –o si se quiere, el multilingüismo aditivo- tiene implicaciones enriquecedoras en lo personal y en lo social, pues es aquel en el que los segundos idiomas se enseñan o aprenden como tales, es decir, sumándose a los primeros (maternos o vernaculares) y no sustituyendo o en menoscabo de los primeros ( maternos o vernaculares) que sería lo que los lingüistas llaman bilingüismo sustractivo.” (p. 343)

¿Cuál es el balance de cuentas de nuestra lectura de este libro? Me parece que este texto valida la importancia de una sociología cultural reflexiva en cuya visión de conjunto se levanta una especie de mapa o radiografía en el que se interrelacionan varios objetos contradictorios del deseo histórico puertorriqueño a lo largo de todos estos años: el vernáculo, el inglés, la nacionalidad y la identidad. Curiosamente, el lenguaje como instrumento simbólico desde dos espacios de cultura – el español y el inglés- no sólo son lenguas en contacto, concepto que usaría la Lingüística, sino lenguas en fricción. Mientras el autor va tras un propósito conciliador e integrador en la comprensión de un problema centenario, se logra a la misma vez -tras el desmontaje de esas zonas de contradicción y oposición- indagar en el sistema vivo de las relaciones socioculturales que han dado vida a este conflicto. No nos extraña pues que el autor subtitule su libro La presencia del inglés en Puerto Rico. Uno de los principios fundamentales del libro es la presencia de esa marca –referente sustancialmente distinto que durante más de cien años nos ha acompañado. En este espacio de oposiciones y encuentros, surge la propuesta integradora del autor para que haya un bilingüismo aditivo. El autor no sólo vincula y opone ideas, sino que explica la presencia de la contradicción en el seno mismo de la realidad cultural puertorriqueña para plantear lo que él llama una “ propuesta para un consenso político-lingüístico imperfecto” (p.387). Esta lectura nos hizo recordar un comentario critico del filósofo español Fernando Savater sobre el pensamiento de Cornelio Castoriadis al decir que: Las sociedades no son el mero resultado de la conjunción de procesos necesarios, sino una permanente autoinvención que establece y deroga sus normas a partir de una realidad cuyo decurso simbólico nunca es irrevocable. El doctor Torres González pone a nuestro alcance los datos, la bibliografía, los ángulos críticos que nos permiten ver su mapa reevaluativo que traza la necesidad de un bilingüismo aditivo, pero que reconozca la primacía y desarrollo del español como lengua vernácula. En fin, y espero que les llegue la metáfora, creemos que en este perenne encuentro de dos lenguas, el Puerto Rico de hoy sigue en la zona de tiro y el libro del doctor Roamé Torres González es un texto indispensable para analizar las nuevas coordenadas de ese encuentro, de un tema que por su naturaleza es una realidad hasta ahora correlativa, atada o al implacable signo del estatus político o al deseo de un nuevo proyecto de vida y autorrealización nacional puertorriqueña.


Referencias

Ferrater Mora, J. (1983). Las crisis humanas. Madrid: Editorial Alianza.

Lomas, C. (1996). La educación lingüística y literaria en la enseñanza secundaria. Barcelona: Editorial Horsori. Savater, F. Imaginación o barbarie. El País. 25 de enero de 1998.

Torres González, R. ( 2002). Idioma, bilingüismo y nacionalidad: la presencia del inglés en Puerto Rico. Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico.
 

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