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Idioma, bilingüismo
y nacionalidad: La presencia del inglés en Puerto Rico, del
Dr. Roamé Torres González
Por Jorge Cruz Velázquez
El debate del español en sus
relaciones con el inglés no es un tema ignorado ni de
reciente tratamiento en la historia de Puerto Rico. Se trata
de un asunto político que nos ha atrapado sostenidamente por
más de cien años siempre atado a las perspectivas
pedagógicas por tratarse la escuela del vehículo
institucional por excelencia para producir, controlar y
legitimar posteriormente otros órdenes de la vida cultural y
política del país. Además, al insertarse en la historia,
sabemos que los hechos históricos no se reconstruyen con
exactitud en el tiempo, sino que se reinventan o recrean a
partir de nuevas coordenadas. Dadas estas premisas, es tarea
obligada indagar y reexaminar estas relaciones entre el
español y el inglés para encontrar sus claves y poner de
relieve cómo se han ido ajustando y adaptando en el devenir
histórico de Puerto Rico. El libro del doctor Roamé Torres
González Idioma, bilingüismo y nacionalidad: la presencia
del inglés en Puerto Rico que publica la Editorial de la
Universidad de Puerto Rico examina con detenimiento la
proyección de este asunto al acentuar el conjunto de debates
culturales, los acontecimientos históricos y las
atribuciones sociales que han circundado este tema a lo
largo de ciento cuatro años como elementos constitutivos de
nuestro imaginario social. El autor utiliza estrategias
analíticas correspondientes a diversos campos de estudio. Su
análisis parece decirnos que no se puede comprender la
controversia entre estos dos referentes culturales - el
español y el inglés- si no se estudia simultáneamente desde
varios ejes interpretativos: la teoría política, la
sociología, la historia cultural, la lingüística y la
pedagogía, perspectivas que han ido conformando este asunto.
Me alegra que este análisis venga de un educador y sociólogo
para hacer honor a aquello que decía Ferdinand de Saussure,
uno de los padres de la lingüística moderna, a comienzos del
siglo XX- cuando señalaba: “El lenguaje es una cosa muy
importante para dejársela a los lingüistas”. (Citado en
Lomas, 1996:19).
Con un marcado interés investigativo por la reflexión
sociológica e historiográfica y, en consecuencia cultural,
la atención del tema discurre a lo largo de diez capítulos y
un epílogo que trazan la trayectoria de este asunto desde
1898 hasta el Proyecto para formar un ciudadano bilingüe que
propuso en 1997 la pasada administración de gobierno del
doctor Pedro Roselló. Este texto me hizo pensar en el libro
Las crisis humanas (1983) cuando su autor José Ferrater Mora
señalaba: “Es difícil resumir este libro, porque en él los
árboles importan tanto como el bosque.” (p.7) No obstante,
hagamos un recorrido ligero por estos capítulos para
estimular la lectura de sus futuros lectores.
Sus primeros dos capítulos atienden las relaciones entre las
políticas norteamericanas del Destino Manifiesto, del
llamado “Melting Pot”’ y del pluralismo cultural como
procesos de asimilación mediante la americanización por vías
del inglés (el inglés estándar), procesos que vienen desde
el siglo XIX. El autor discute las legislaciones
norteamericanas que se han suscitado desde entonces para
instaurar la escuela pública como la institución social por
excelencia en este proceso de americanización. Esto sitúa el
caso de Puerto Rico dentro de políticas de diferencia en
cuyo proceso de americanización no había el mismo trato para
poblaciones blancas, europeas, como para las poblaciones no
blancas de origen no europeo, como se dio en México, Hawai,
Filipinas, casos que se estudian en el libro.
Estos capítulos sirven de antesala al capítulo 3 para una
discusión detenida de las relaciones entre la lengua, la
cultura y la política de Puerto Rico a la llegada de los
norteamericanos en el 1898, cuando ya el idioma español
había arraigado en todos los sectores sociales, aún a pesar
de que la realidad sociopolítica del país era sumamente
precaria. Se atiende con interés la participación de las
elites isleñas, el papel del magisterio puertorriqueño, el
desarrollo de los campos literarios y periodísticos del país,
la heterogeneidad de los grupos sociales – como los grupos
federalistas, autonomistas, republicanos- y los conflictos
entre sus diversas agendas político sociales.
Ya explicadas las dimensiones políticas del expansionismo
norteamericano, su manifiesto interés por americanizar la
colonia, así como los esfuerzos puertorriqueñistas del
procerato puertorriqueño de fines del siglo XIX – Hostos,
Muñoz Rivera, entre otros-, el capítulo 4 se centra en las
primeras tres décadas del siglo XX y el dominio colonial que
se traduce tanto en la Ley Foraker (1900) como en la Ley
Jones (1917). Se discute ampliamente las implicaciones de
estos dos regímenes civiles en su relación con la Ley de los
Idiomas Oficiales de 1902, con la institucionalización de
los sucesivos comisionados de Instrucción cuyos poderes
abarcaban tanto la escuela como la universidad, con las
metodologías pedagógicas que marginaban la enseñanza del
español, mientras se fortalecía la enseñanza del inglés. En
este entramado juego sociopolítico de estas medidas
jurídicas y centralizantes del gobierno norteamericano, no
sólo entraba la escuela pública, sino las instituciones
religiosas, según las analiza el autor.
Los capítulos 5 y 6 avanzan en el tiempo hasta las décadas
del treinta y el cuarenta desde lo que el autor llama “la
forja del nacionalismo lingüístico puertorriqueño’’ (p.113).
Apuntan cómo los diversos intentos de asimilación cultural y
lingüística del gobierno de Estados Unidos enfrentan la
resistencia y la oposición de grandes sectores obreros,
magisteriales, intelectuales, artísticos y políticos de
Puerto Rico. Estos capítulos demarcan con mayor detalle “la
polarización ideológica’’ (p.141) que caracteriza esta época
mediante las grandes controversias sobre la lengua que
protagonizaron figuras como Albizu Campos, José de Diego,
José Padín y Juan José Osuna, entre otros. Se trata de años
de hispanofilia y de nacionalismo, periodo histórico de
importante significación cultural cuando el español se
convirtió en piedra angular para los debates de muchos
grupos.
Aunque el autor no lo indica así, me parece que en los
capítulos 7 y 8, entramos a otro ritmo y tempo en la lectura
del libro. Son dos extensos capítulos cuya unidad temporal
parece ver el pasado y el presente desde una perspectiva
simultánea, por tratarse de los años cuando el español se
estableció como idioma de enseñanza en las escuelas públicas
y por la amplia presencia e influencia de la cultura
estadounidense en diversos órdenes de la vida puertorriqueña.
La lectura de estos capítulos tiene un efecto globalizante,
más sintético, en la medida en que analiza el problema de la
lengua desde la lucha político partidista a partir de la
constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en el
1952 hasta llegar a fines de la década de los 90. Las
controversias partidistas sobre la lengua, la nación y la
nacionalidad, lo puertorriqueño y la puertorriqueñidad desde
los protagonistas culturales y del surgimiento de diversas
instituciones y leyes (la Academia Puertorriqueña de la
Lengua Española (1955), el Instituto de Cultura
Puertorriqueña, la Ley Orgánica del Departamento de
Educación de Puerto Rico -Ley 68 de 1990-, la Ley del Idioma
Oficial de 1991 y el Proyecto para formar un ciudadano
bilingüe de1997) hacen que el problema ponga de manifiesto
más que nunca sus contradicciones y ambigüedades. Estos
capítulos enfocan el problema en su encuentro con los bienes
culturales esenciales, como los que se dan en el seno de las
instituciones religiosas, las esferas educativas, las artes,
en los desarrollos económicos y ocupacionales, en el
consumismo norteamericanizante y los medios de comunicación
masiva, en la migración y otras tendencias demográficas. Por
ello, hay un interés en el libro por destacar la importancia
de la cultura letrada y sus elites en este proceso.
Aun cuando el capítulo ocho destaca todas las maneras en que
el inglés se ha difundido en el país, se concluye que sigue
siendo un idioma de poco dominio en la población en general.
Esta premisa tendrá en el capítulo nueve el depositario de
toda la carga estadística del libro– como se desprende del
mismo título del capítulo- sobre las actitudes y tendencias
lingüísticas y sociolingüísticas con respecto al inglés
entre el 1950 al 2000. Este capítulo es de interés vital
para maestros tanto de inglés como de español por su
destaque de los estudios de Hispania Research Corporation (
1992, 1993), los datos de la Oficina del Censo (1984, 1993),
los estudios de María López Laguerre, entre otros. En la
presentación del cuadro diglósico que impera en el Puerto
Rico de hoy dentro de corrientes modernas en las que el
inglés es “el idioma de la globalización” (p.339), el autor
recapitula – en esta sección- sobre los factores que han
contribuido al relativo fortalecimiento del español. El
capítulo diez se dedica a examinar críticamente el Proyecto
para formar un ciudadano bilingüe, documento del
Departamento de Educación de 1997. A partir de las fuertes y
bien argumentadas críticas que se plantean a este documento,
el autor elabora –tanto en este capítulo como en el epílogo
del libro- su tesis fundamental en la que argumenta a favor
de un bilingüismo aditivo que resumimos desde las mismas
palabras del doctor Torres González cuando señala:
“No soy de los que cree
que el mantenimiento del español en Puerto Rico como
lengua primaria y materna tenga que estar reñido con la
aceptación y el aprendizaje del inglés como segundo
idioma de los puertorriqueños o, para decirlo de otra
forma, con el bilingüismo español-inglés.... Recordemos
que el bilingüismo aditivo –o si se quiere, el
multilingüismo aditivo- tiene implicaciones
enriquecedoras en lo personal y en lo social, pues es
aquel en el que los segundos idiomas se enseñan o
aprenden como tales, es decir, sumándose a los primeros
(maternos o vernaculares) y no sustituyendo o en
menoscabo de los primeros ( maternos o vernaculares) que
sería lo que los lingüistas llaman bilingüismo
sustractivo.” (p. 343)
¿Cuál es el balance de cuentas
de nuestra lectura de este libro? Me parece que este texto
valida la importancia de una sociología cultural reflexiva
en cuya visión de conjunto se levanta una especie de mapa o
radiografía en el que se interrelacionan varios objetos
contradictorios del deseo histórico puertorriqueño a lo
largo de todos estos años: el vernáculo, el inglés, la
nacionalidad y la identidad. Curiosamente, el lenguaje como
instrumento simbólico desde dos espacios de cultura – el
español y el inglés- no sólo son lenguas en contacto,
concepto que usaría la Lingüística, sino lenguas en fricción.
Mientras el autor va tras un propósito conciliador e
integrador en la comprensión de un problema centenario, se
logra a la misma vez -tras el desmontaje de esas zonas de
contradicción y oposición- indagar en el sistema vivo de las
relaciones socioculturales que han dado vida a este
conflicto. No nos extraña pues que el autor subtitule su
libro La presencia del inglés en Puerto Rico. Uno de los
principios fundamentales del libro es la presencia de esa
marca –referente sustancialmente distinto que durante más de
cien años nos ha acompañado. En este espacio de oposiciones
y encuentros, surge la propuesta integradora del autor para
que haya un bilingüismo aditivo. El autor no sólo vincula y
opone ideas, sino que explica la presencia de la
contradicción en el seno mismo de la realidad cultural
puertorriqueña para plantear lo que él llama una “ propuesta
para un consenso político-lingüístico imperfecto” (p.387).
Esta lectura nos hizo recordar un comentario critico del
filósofo español Fernando Savater sobre el pensamiento de
Cornelio Castoriadis al decir que: Las sociedades no son el
mero resultado de la conjunción de procesos necesarios, sino
una permanente autoinvención que establece y deroga sus
normas a partir de una realidad cuyo decurso simbólico nunca
es irrevocable. El doctor Torres González pone a nuestro
alcance los datos, la bibliografía, los ángulos críticos que
nos permiten ver su mapa reevaluativo que traza la necesidad
de un bilingüismo aditivo, pero que reconozca la primacía y
desarrollo del español como lengua vernácula. En fin, y
espero que les llegue la metáfora, creemos que en este
perenne encuentro de dos lenguas, el Puerto Rico de hoy
sigue en la zona de tiro y el libro del doctor Roamé Torres
González es un texto indispensable para analizar las nuevas
coordenadas de ese encuentro, de un tema que por su
naturaleza es una realidad hasta ahora correlativa, atada o
al implacable signo del estatus político o al deseo de un
nuevo proyecto de vida y autorrealización nacional
puertorriqueña.
Referencias
Ferrater Mora, J. (1983). Las crisis humanas. Madrid:
Editorial Alianza.
Lomas, C. (1996). La educación lingüística y literaria en la
enseñanza secundaria. Barcelona: Editorial Horsori. Savater,
F. Imaginación o barbarie. El País. 25 de enero de 1998.
Torres González, R. ( 2002). Idioma, bilingüismo y
nacionalidad: la presencia del inglés en Puerto Rico. Río
Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico.
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