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La educación de
adultos
Nellie E. Torrado
Catedrática, Escuela Secundaria UPR
Facultad de Educación, UPR, Río Piedras
Introducción
La educación es uno de los aspectos sociales que más se
destacó durante el Siglo XX. Con el propósito de fortalecer
el proceso de enseñanza aprendizaje se han desarrollado
nuevas teorías y tendencias educativas. La búsqueda de la
excelencia a la luz de estas tendencias ha llevado a las
entidades educativas a reformar el currículo y a involucrar
activamente a los maestros1, a los administradores y a las
comunidades. Por esta razón, la profesionalización del
educador se ha incluido en esta reforma educativa como parte
fundamental del cambio que se persigue.
Los programas de preparación de candidatos al magisterio se
han atemperado y ajustado con el propósito de responder a
esta transformación de la educación. Éstos incluyen un
componente de educación general mediante el cual se provee
un conocimiento cultural básico. Además, en ellos se
propician experiencias para desarrollar y aplicar las
competencias técnicas, conceptuales y afectivas en el área
de especialidad y el dominio de los principios educativos.
Se espera que la fusión de la educación general, el área de
especialidad y la técnica pedagógica o principios educativos
redunde en la profesionalización del magisterio. Asimismo,
el propósito de esta fusión del conocimiento y
profesionalización del magisterio es que los maestros sean
capaces de construir su aprendizaje humanista desde la
perspectiva individual y grupal, lo cual contribuye a
reconstruir la sociedad y el mundo en que les ha
correspondido vivir (Departamento de Educación, 1996).
_______________
1 Para facilitar la
lectura se utilizarán los conceptos genéricos en masculino,
aunque también se aplican a representantes del sexo femenino.
La preparación universitaria para los candidatos al
magisterio provee para que se desarrollen las competencias
particulares que les capacitarán para facilitar el proceso
educativo de los estudiantes desde los niveles pre-escolar
hasta el duodécimo grado. En el caso de los educadores de
adultos, luego de adquirir su título como maestro del nivel
elemental o secundario, es necesario que desarrollen las
competencias particulares del área de educación de adultos.
Sin embargo, en Puerto Rico, aún no existe un programa
universitario conducente a grado que promueva el desarrollo
de profesiona les para facilitar el proceso de enseñanza
aprendizaje de la población adulta del país.
El concepto educador de adultos se refiere a la persona que
colabora con el proceso de enseñanza aprendizaje de los
adultos. Se denomina así con el propósito de enfatizar que
es una función educativa que no se relaciona con el concepto
tradicional de maestro que centraliza y controla la
instrucción.
Brookfield (1986), Knowles (1984), Imel (1989) y otros
estudiosos del área de la educación de adultos destacan que
la enseñanza de éstos debe enfocarse desde una perspectiva
distinta a la de los niños o adolescentes. A diferencia de
los niños y de los adolescentes, los adultos experimentan
una serie de cambios fisiológicos y sociológicos, sin que se
afecte su habilidad para aprender (Cross, 1981). Sin lugar a
dudas, puede señalarse que la naturaleza o particularidad de
la educación para los adultos, la población a quien se educa
y el modelo que se propone para atender esta clientela,
exigen un educador con unas competencias particulares (Facultad
de Educación, 1993).
El adulto como aprendiz
Cranton (1992b) postula que intentar delinear las
características del aprendiz adulto es muy parecido a
describir las características de cualquier otro grupo de
adultos. A pesar de que existe gran diversidad entre la
gente, hay ciertas áreas comunes que se pueden relacionar
con su aprendizaje.
Sugiere Cranton (1992b) que las características del aprendiz
adulto se pueden clasificar en dos grandes categorías: las
características personales y las características afectivas.
Entre las características personales destaca la autora, la
personalidad particular de cada individuo, su cultura, la
filosofía y experiencias de vida, así como su desarrollo
hacia la vida adulta. Por otro lado, ella señala que en las
características afectivas del adulto se pueden agrupar los
diversos estilos de aprendizaje, la autonomía, los valores,
las experiencias vividas y la autodirección.
De igual modo, Cranton (1992b), enfatiza que las
características personales del adulto influyen en el proceso
de aprendizaje. Sin embargo, no logran cambiar este proceso
de manera significativa. Sugiere ella que estas
características son las que afectan el proceso decisional
del individuo y su planificación para estudiar y aprender.
Cada individuo llega a su vida adulta con unas experiencias
diferentes y desde un entorno particular que le capacita
para enfrentar su proceso como aprendiz.
En relación con las características personales del adulto,
Cross (1981) arguye que las dimensiones físicas, sicológicas
y culturales son variadas y se reflejan en el crecimiento y
desarrollo del adulto. Destaca que por la variedad de
características del adulto y lo definidas que están, éste es
un ser totalmente diferente al niño. Por estas
características, el proceso de aprendizaje del adulto debe
desarrollarse de una manera particular.
Por otro lado, las características afectivas del individuo,
influyen en el proceso de aprendizaje y a veces, hasta
logran cambiarlo. Aunque las experiencia pasadas no pueden
cambiarse, en el proceso de enseñanza aprendizaje se añaden
nuevas experiencias y se reinterpretan las que se han vivido.
Éstas a su vez, se ven afectadas por los estilos de
aprendizaje particulares de los aprendices, sus valores y el
sentido de autodirección que logra desarrollar el adulto
aprendiz (Cross, 1981).
Knowles (1980), por su parte, presentó unas características
particulares del aprendiz y sugiere que éstas se tomen en
consideración al diseñar y desarrollar el proceso de
enseñanza aprendizaje para el adulto. Las características
del aprendiz adulto que enumera este autor son las
siguientes: (1) es un ente altamente autodirigido, (2)
cuenta con unas experiencias que se convierten en un recurso
muy importante para su aprendizaje, (3) atraviesa por unas
etapas de desarrollo que lo orientan para aprender, (4)
desea aplicar inmediatamente los conocimientos que va
adquiriendo y su orientación al aprendizaje cambia de una
enfocada a las asignaturas a una enfocada a los problemas y
(5) es motivado a través de incentivos internos y de su
curiosidad.
En cuanto al supuesto de autodirección que se presenta en el
modelo andragógico, Brookfield (1986) concurre que el adulto
debe ser tratado como un ser autodirigido ya que éste así lo
prefiere. Sugiere entonces, que el proceso de enseñanza
aprendizaje se desarrolle de manera tal que se promueva la
autodirección de los aprendices.
Según Houle (1980), los adultos, al poseer características e
intereses particulares, tienen motivaciones diferentes al
participar en los diversos programas educativos. Por tal
razón, sugiere que existen tres subgrupos de aprendices
adultos: (1) los que están orientados a las metas -
participan en los programas educativos para lograr ciertos
objetivos específicos, (2) los que están orientados a las
actividades - se interesan por las actividades que se
realizan y (3) los que están orientados al aprendizaje -
buscan adquirir nuevo conocimiento.
Como se puede apreciar existe una relación importante entre
el proceso de enseñanza aprendizaje y las características
del aprendiz adulto. El modelo educativo que se desarrolle
con los aprendices adultos debe estar dirigido a facilitar
que la experiencia de aprendizaje del adulto sea un proceso
autodirigido y que el educador sea un facilitador de este
proceso.
El proceso para facilitar la educación del adulto
La educación de adultos es un conjunto de procesos de
aprendizaje, por medio del cual las personas cuyo entorno
social considera adultos, desarrollan sus capacidades. Smith
(1998) destacó que la educación de adultos es la disciplina
que consiste de profesionales dedicados que fundamentan su
práctica en la teoría, acumulan y comparten el conocimiento
y las necesidades particulares de su clientela.
La educación de adultos tiene como propósito desarrollar la
autonomía y el sentido de responsabilidad tanto de las
personas como de las comunidades. Esto se logra al reforzar
la capacidad de hacer frente a las transformaciones de la
economía, la cultura y la sociedad en su conjunto. A su vez,
el promover la coexistencia, la tolerancia y la
participación consciente y creativa de los ciudadanos en su
comunidad son parte de las finalidades de la educación de
adultos. En otras palabras, se propone entregar a la gente y
a las comunidades el control de su destino y de la sociedad
para afrontar los desafíos del futuro y cumplir el propósito
de la educación de adultos (Organización de las Naciones
Unidas, 1997). Provee para atender los retos de la
tecnología, la economía mundial, la globalización, aspectos
variados de la demografía poblacional, la contaminación
ambiental, la escasez de recursos naturales, el
multiculturalismo, la inmigración y los problemas reales de
analfabetismo. Además, atiende todos los aspectos
relacionados con la educación en servicio de las distintas
profesiones y ocupaciones (Rachel, 1989).
Independientemente del escenario en el cual se desarrolla la
educación de adultos, se han identificado unos modelos
educativos que facilitan este proceso. Entre los autores que
se destacan por haber desarrollado estos modelos educativos
para la educación de adultos se encuentran Knowles (1980) y
Cross (1981).
Knowles (1970) inspirado en los trabajos desarrollados por
Lindeman (1926) introdujo el concepto de andragogía en la
educación estadounidense. En el modelo andragógico, los
adultos no son percibidos como estudiantes, sino como
aprendices. El responsable de ayudar a los adultos a
aprender no se concibe como emisor o administrador del
conocimiento y destrezas, sino como un facilitador que
promueve la autodirección en el proceso de enseñanza
aprendizaje.
El modelo andragógico se fundamenta en las características
que posee el aprendiz que participa de la educación de
adultos. Sostenía Knowles (1980), que el modelo pedagógico
otorga al maestro la responsabilidad de todas las decisiones
en torno al aprendizaje y coloca al aprendiz en una función
dependiente; sigue las instrucciones del maestro. A
diferencia de la pedagogía, el modelo propuesto por Knowles
(1980), permite al aprendiz junto al educador desarrollar
experiencias de aprendizaje pertinentes y relevantes.
El modelo andragógico consiste de cinco supuestos que
Knowles (1980) probó a través de diversas investigaciones.
En estos supuestos se presentan las características
particulares del aprendiz adulto y su relación particular
con el proceso de enseñanza aprendizaje:
-
El adulto es un ente
altamente dirigido.
-
El clima instruccional
debe ser uno relajado, informal, cálido,
colaborativo, respetuoso y fortalecedor. Este
ambiente propicia que el adulto se sienta aceptado,
respetado y reciba el respaldo necesario.
-
Se debe enfatizar en
el diagnóstico de las necesidades del aprendiz.
-
Los aprendices deben
involucrarse en el proceso de planificación
del aprendizaje, se sugiere que el educador sirva
como recurso facilitador de este proceso.
-
El proceso de
enseñanza aprendizaje es responsabilidad tanto del
aprendiz como del educador.
-
El aprendiz debe
involucrarse en la autoevaluación, en la cual el
educador ayuda a los adultos a obtener evidencia en
torno al progreso que ellos mismos logran
-
El adulto tiene ciertas
experiencias que se convierten en un recurso muy
importante para su aprendizaje y el de otros. Por lo
tanto, se recomienda:
-
diagnosticar las
necesidades, por mutuo acuerdo, entre el aprendiz y
el facilitador.
-
utilizar técnicas en
las cuales se promueva que el aprendiz participe y
comparta sus experiencias.
-
proveer oportunidades
para que los estudiantes apliquen el aprendizaje a
sus vidas.
-
incorporar actividades
que estimulen al aprendiz a reflexionar en torno a
sus experiencias objetivamente y aprender de ellas.
-
El adulto atraviesa por
unas etapas o tareas de desarrollo que lo orientan para
aprender.
-
Los objetivos del
programa deben establecerse por mutuo acuerdo con
los aprendices.
-
El currículo debe
estar organizado para cumplir las expectativas
reales de los aprendices y no de la institución.
-
En el grupo de estudio
deben tomarse en consideración las diversas tareas
del desarrollo que viven los adultos. Para algunos
aprendices, los grupos homogéneos son más efectivos,
otros aprendices prefieren los grupos heterogéneos.
-
El adulto desea aplicar
inmediatamente los conocimientos que va adquiriendo y su
orientación al aprendizaje cambia de una enfocada a las
asignaturas a una enfocada a las tareas y los problemas.
-
Los educadores deben
estar atentos a las particularidades de los
aprendices y desarrollar experiencias de aprendizaje,
tales como los contratos y proyectos que atiendan
las mismas.
-
La organización de la
secuencia del aprendizaje para el adulto debe
responder a las áreas problemáticas con las cuales
éste se confronta y no meramente con la materia de
enseñanza.
-
El adulto es motivado a
través de incentivos internos y de su curiosidad.
-
El aprendizaje que se
genera debe promover la estimulación del aprendiz
para la búsqueda del conocimiento como por ejemplo
proveer técnicas para experimentar, proyectos para
inquirir y estudios independientes.
-
La evaluación del
aprendizaje debe fundamentarse en la recopilación de
evidencia válida que lleve a cabo el aprendiz junto
a sus pares, facilitadores y expertos
Los primeros dos supuestos,
presentan a los adultos como entes independientes, que
pueden autodirigir su crecimiento y desarrollo. Su identidad
surge de las experiencias personales vividas y únicas para
cada individuo. Por lo tanto, facilitar la experiencia de
aprendizaje requiere conocimiento acerca de las metas y las
necesidades individuales de los participantes.
Tanto en el tercer como en el cuarto supuesto del modelo
andragógico, Knowles (1984) presenta el entendimiento del
aprendizaje del adulto desde la perspectiva del desarrollo
psicosocial del individuo. Enfatiza el autor que los
humanistas destacan que existe una tendencia natural en las
personas para aprender y que ésta emana si se provee un
ambiente estimulante y de aceptación. Por lo que sugiere que
ayudar al aprendiz a pensar en qué es lo que desea aprender,
cómo y cuándo lo aprenderá son parte fundamental del modelo.
El modelo andragógico ha provocado controversias y debates
filosóficos. Sin embargo, Knowles (1984) aclaró que en
esencia la andragogía emana de premisas de la filosofía
humanística. Mediante el modelo andragógico se promueve que
se haga un esfuerzo para ayudar a las personas a
desarrollarse y a evolucionar hacia la realización de sus
potencialidades. Se busca extender la dimensión tanto
afectiva como intelectual de los individuos (Cranton,
1992b).
Brookfield (1986) enriquece el concepto de la autodirección
al señalar que el aprendizaje del adulto es más productivo
cuando:
-
los aprendices se
comprometen en el diseño del aprendizaje.
-
los aprendices se
estimulan para ser autodirigidos.
-
el educador funciona como
facilitador en lugar de un instructor didáctico.
-
las necesidades
individuales y los estilos de aprendizaje de los
aprendices se toman en consideración.
-
se establece un clima que
facilita el aprendizaje.
-
se utilizan las
experiencias de los aprendices en el proceso de
aprendizaje.
-
las actividades de
aprendizaje son relevantes a las circunstancias de los
aprendices.
Por su parte, Cross (1981)
desarrolló un modelo educativo que se sustenta en las
características particulares del adulto. En su modelo se
presenta un marco conceptual que acomoda el aprendizaje del
adulto de acuerdo con sus características personales y
situacionales. La autora destaca y plantea la diferencia
entre los niños y los adultos como el fundamento para que la
educación de ambos se lleve a cabo de manera diferente.
Cross (1981) destacó que el adulto tiene una serie de
características particulares relacionadas con las
situaciones que vive y que afectan su proceso de enseñanza
aprendizaje. Entre ellas, la autora señala el horario
limitado que el adulto tiene para estudiar, pues se
desempeña en una variedad de tareas inherentes a su
desarrollo. Además, menciona la autora que el deseo de
estudiar que posee el adulto es una situación de carácter
voluntario y así debe considerarse. En cuanto a estas
situacio nes, Cross (1981) recomienda que al desarrollar y
establecer programas de educación de adultos hay que
entender y tomar en consideración estas características
particulares. Por lo cual se sugiere que los programas para
la población adulta se establezcan a tiempo parcial o a
tiempo completo y que sean de corta duración. Además,
destaca Cross (1981) que los programas educativos deben
estimular al adulto a continuar ejerciendo su compromiso y
deseo de estudiar de manera voluntaria. Por esta razón, es
necesario que el adulto reciba constantemente un refuerzo
positivo para mantener y estimular su motivación.
Mackie (1981), por su parte, analizó las prácticas para
facilitar el proceso educativo del adulto y las resumió de
la siguiente manera:
-
el aprendiz debe estar
motivado para aprender,
-
al desarrollar el proceso
de enseñanza aprendizaje, es necesario considerar las
diferencias individuales y estilos de aprendizaje de los
participantes,
-
los nuevos conocimientos
que se incorporan deben fundamentarse en el conocimiento
y las aptitudes que poseen los aprendices,
-
es necesario ofrecer
oportunidades para practicar el aprendizaje,
-
el aprendiz debe ser un
participante activo,
-
el material que se utiliza
para reforzar el proceso debe organizarse en unidades de
aprendizaje con una secuencia adecuada,
-
el estímulo dirigido
(coaching) requiere ser parte fundamental para
desarrollar nuevas respuestas en los aprendices y
-
el material que se enseña
puede presentarse de manera tal que considere las
características del aprendiz y que tenga significado y
pertinencia para éstos.
A su vez, Mezirow (1978)
desarrolló un concepto para la educación de adultos, al que
identificó como transformación de la perspectiva. Destacó
que es un proceso de reflexión y acción en el cual se genera
la transformación del ser humano. Describió esta
transformación como la estructura psicocultural en la que
las nuevas experiencias que se adquieren son asimiladas y
transformadas por una experiencia previa. Arguye Mezirow
(1978) que en la reflexión a través de la vida se desarrolla
una convergencia que brinda una característica única en el
aprendizaje del adulto.
En 1991, Mezirow modificó su teoría de transformación del
ser humano y expresó que la nueva experiencia que se vive o
el conocimiento que se adquiere se asocia con la experiencia
que ya se posee. En el proceso educativo, esta experiencia
previa se cambia o se transforma para hacerla parte del
individuo. Según Mezirow (1991), ésta es y debe ser la clave
de la educación de adultos. Se implica que la educación del
adulto busca apotestar e independizar al aprendiz para
lograr un ser humano plena mente desarrollado.
Mezirow (1991) destaca que el aprendizaje transformador es
el esfuerzo que facilita la educación emancipadora del ser
humano. Señala que este modelo tranformador va más allá de
la andragogía, como se concibe tradicionalmente. Mezirow
(1991) enfatizó en que la función del educador transformador
es promover la autoreflexión crítica y ayudar a los
aprendices a planificar para tomar acción. Como se puede
apreciar, este modelo es parte del proceso social
liberalizador del ser humano.
El educador de adultos
Con el propósito de implantar los modelos anteriormente
presentados y facilitar el proceso de enseñanza aprendizaje
se requiere un educador especial. Este educador debe poseer
ciertas características que lo capaciten para atender las
necesidades de su clientela y lograr la eficiencia en el
proceso educativo.
Existen diferentes funciones que se asocian a las tareas que
realiza el educador de adultos para lograr su efectividad.
Entre ellas podemos destacar: facilitador, persona recurso,
experto, planificador, instructor, co-aprendiz y mentor
(Brookfield, 1986; Cantor, 1992; Cranton, 1992a; Daloz,
1986; Dirkx y Prenger, 1997; Galbraith, 1991 y Knowles,
1984).
Los términos facilitador y persona recurso se están
utilizando en los últimos 20 años para denominar a la
persona que colabora en el proceso de enseñanza aprendizaje
de los adultos. Se denomina así con el propósito de
enfatizar que es una función educativa que no se relaciona
con el concepto tradicional de maestro que centraliza o
controla la enseñanza.
La función del educador como facilitador es estimular y
promover el desarrollo del aprendiz. Algunas de estas
funciones del educador se ejercitan simultáneamente y otras
pueden ejercerse independ ientemente. Sin embargo, la
relación que se establece con el aprendiz a través de las
diversas funciones es una de las dimensiones más importantes
en el desarrollo del proceso educativo del adulto (Dirkx y
Prenger, 1997).
En esta función de facilitador, el educador no es directivo,
no controla ni impone sus ideas de lo que los aprendices
deben aprender. Sin embargo, ayuda a los aprendices a hacer
lo que ellos desean hacer (Cranton, 1992a). En la conducta
que se asocia con la función de facilitador, se incluye
interactuar con los aprendices, clarificar sus ideas,
promover un proceso de enseñanza aprendizaje efectivo y
establecer una relación de confianza con los participantes.
Además, el facilitador debe aceptar y respetar a los
aprendices tal y como son.
Cuando se ejercita como persona recurso, el educador provee
los medios para facilitar el proceso de aprendizaje. Los
recursos que se proveen pueden ser materiales, tales como
lecturas, material audiovisual, equipo y maquinaria, entre
otros. La persona recurso responde a las necesidades que
expresan los aprendices y colabora en el proceso educativo
al proveer la información y las experiencias que se
requieren para lograr las metas.
La función del educador como experto tiende a ser una
centrada en el instructor, como es en el caso cuando se
ofrece una conferencia o una demostración particular. Su
mayor característica es que se siente poseedor de cierta
información o destreza que debe compartir con sus aprendices.
La mayoría de los educadores de adultos se describen como
planificadores en la instrucción (Cranton, 1992a). Al
preparar el bosquejo para sus cursos, el desarrollo de un
programa o cuando hace la agenda o itinerario para
desarrollar un taller, el educador asume la función de
planificador.
El término instructor, por otro lado, se usa para describir
cualquier persona que trabaja en la educación. La función
del instructor es una directiva y usualmente se utiliza en
combinación con otras funciones inherentes al proceso de
enseñanza aprendizaje. Asimismo, el instructor debe incluir
en sus cursos el proceso decisional acerca de la experiencia
de aprendizaje, proveer retrocomunicación y consejería a sus
aprendices.
En la función de co-aprendiz, el educador se mueve en la
dirección de que el aprendizaje es mutuamente directo.
Freire (1970) señaló que tanto el educador como el aprendiz
son mutuamente responsables por el cambio que se opera por
medio de la educación. Cuando el educador actúa como co-aprendiz,
el educador pasa a ser parte del grupo. Si éste participa
como aprendiz, tiene las mismas responsabilidades y derechos
como otro miembro más del grupo. En este caso, las funciones
de liderato serán compartidas, dependerán de la naturaleza
de la actividad. A su vez, cuando el educador participa como
co-aprendiz, los objetivos y las metas son negociadas con el
grupo de aprendices. Por otro lado, al desempeñar esta
función con los aprendices, la responsabilidad de
identificar y compartir los materiales y recursos recae
tanto en el grupo como en el educador.
El educador de adultos se encuentra en una posición
privilegiada para asumir la función de mentor, ya que
estimula el desarrollo del aprendiz. El mentor es una
combinación de consejero y amigo que facilita la relación
que se espera surja entre el educador y el aprendiz. Daloz
(1986) sugirió que cuando los educadores son mentores de los
aprendices, tienen las siguientes tareas: (1) respaldar al
aprendiz, (2) retarlo y (3) proveerle visión para que
perciban sus posibilidades y propósitos de manera tal que se
desarrollen. De esta manera, el aprendiz puede sentir que el
educador está con él y colabora en su propio proceso de
aprendizaje.
Algunas de estas funciones del educador se ejercitan
simultáneamente y otras pueden ejercerse independientemente.
Sin embargo, la relación que se establece con el aprendiz a
través de las diversas funciones es una de las dimensiones
más importantes en el desarrollo del proceso educativo del
adulto (Dirkx y Prenger, 1997).
En otras palabras, el educador de adultos debe ser uno
especial, con competencias conceptuales, técnicas y
afectivas que lo capaciten para desarrollar su labor de día
a día. En ese ejercicio simultáneo de la diversidad de
funciones que se sugiere, el educador busca apotestar al
aprendiz para atender las demandas acerca del control del
conocimiento y lograr participación en los procesos
decisionales que le atañen.
Finalmente, Barrer y Draper (1994) comparan el arte de
enseñar a los adultos con hacer una artesanía. Destacan que
los educadores deben poseer una filosofía educativa y
desarrollarla de manera holística para facilitar el proceso
de enseñanza aprendizaje. Enfatizan estos autores en que las
emociones, los sentimientos, el conocimiento, las
competencias, el estado mental y físico del educador se
combinan para llevar a cabo la planificación instruccional y
el proceso de enseñanza aprendizaje. Sugieren que para que
la enseñanza resulte en un trabajo artesanal se debe llevar
a cabo en colaboración con los aprendices. El educador pasa
a ser un artesano cuando en el proceso colaborativo con los
aprendices, mantiene su propio aprendizaje y se desempeña
como colaborador, consejero, guía y alguien que nutre su
propio aprendizaje y el de los demás.
Al considerar la variedad de funciones que se espera del
educador de adultos para atender las necesidades de su
clientela y lograr la eficiciencia del proceso educativo, se
hace necesario que éste desarrolle ciertas competencias
personales y profesionales que lo capaciten para cumplir a
cabalidad con sus funciones. La identificación de las
competencias del educador de adultos comenzó con un estudio
que realizó Chamberlain (1961). En ese momento, los
resultados se utilizaron para desarrollar el currículo de
los cursos graduados que se ofrecían en el área de la
educación de adultos. Luego de ello, autores tales como Veri
(1974), Aker (1974), Mocker (1974), Knowles (1980) y Royce
(1999b) han realizado diversos estudios para identificar las
competencias personales y profesionales que deben poseer los
educadores de adultos.
Veri (citado por James, 1976) clasificó las competencias
identificadas en cinco categorías:
-
atributos personales,
-
conocimiento del trabajo
en sociedad y asuntos sociales,
-
conocimiento de los
principios básicos de la educación de adultos,
-
conocimiento de la
psicología del adulto y
-
la habilidad para
planificar e implantar los programas de educación de
adultos.
Aker (citado en James, 1976),
por su parte, revisó la literatura existente en torno a las
competencias que se recome ndaban para lograr la efectividad
en la enseñanza. De acuerdo con este autor, un educador del
programa de educación básica para adultos debe:
-
entender la naturaleza y
misión del programa de educación básica,
-
estar consciente de las
características, problemas, intereses y necesidades de
los aprendices,
-
aplicar los principios de
las ciencias de la conduta - para crear las condiciones
óptimas para el aprendizaje del adulto,
-
desarrollar destrezas en
el diseño curricular,
-
seleccionar materiales
apropiados y aplicar la metodología recomendada para el
proceso de enseñanza aprendizaje del adulto y
-
ser un aprendiz contínuo.
Por otro lado, Mocker (1974)
desarrolló un estudio para identificar, clasificar y
organizar las competencias de los educadores de adultos. En
el estudio participaron 234 educadores y administradores
representantes de 33 estados de los Estados Unidos
incluyendo a Puerto Rico (Zinn, 1974). Éstos identificaron
291 competencias que deben poseer los educadores de adultos.
Las competencias se clasificaron en tres categorías, a
saber: conocimiento, conducta y actitudes que deben poseer
estos educadores en relación con el currículo, el aprendiz
adulto, el alcance y las metas del programa de educación de
adultos y el proceso instruccional. La lista es la
siguiente:
-
conocimiento del currículo,
-
conducta hacia el
currículo,
-
actitud hacia el currículo,
-
conocimiento del aprendiz,
-
conducta hacia el aprendiz,
-
actitud hacia el aprendiz,
-
conocimiento del alcance y
metas del programa,
-
conducta hacia el alcance
y metas del programa,
-
actitud hacia el alcance y
metas del programa,
-
conocimiento del proceso
instruccional,
-
conducta hacia el proceso
instruccional
Asimismo, Knowles (1980)
estableció una serie de competencias que, de acuerdo con su
experiencia y peritaje, debe poseer el educador de adultos
para ser efectivo y lograr pertinencia en el proceso de
enseñanza aprendizaje. Éstas son:
-
entender la función que ha
tenido la educación de adultos en la sociedad
norteamericana y lo que se espera lograr en el futuro,
-
tener un conocimiento
amplio de la educación de adultos como campo de práctica
social en términos de ayuda al ciudadano, agencias
federales y estatales que ofrecen ayuda o brindan
servicios, el personal que labora en ellas, los
programas existentes, la metodología y los materiales
que pueden brindarse,
-
entender el proceso de
educación básica para adultos,
-
poseer conocimiento acerca
de las investigaciones que se han realizado en el campo
de la educación de adultos,
-
entender las teorías
existentes en torno a la psicología del aprendizaje del
adulto y
-
poseer un conocimiento
general del movimiento de educación de adultos en otros
países.
El análisis de esta lista
demuestra un interés intrínseco de los educadores por
recibir ayuda para responder efectivamente a las distintas
áreas relacionadas con los programas de educación de adultos.
Reiff (1995) destacó que se puede percibir que estos
educadores desean dominar estas áreas o conceptos para
lograr un desempeño efectivo en su labor con el aprendiz
adulto.
Reiff (1995) agrupa las competencias que se han identificado
en los estudios anteriormente descritos en cuatro áreas: (1)
aprendizaje del adulto en el contexto de los programas de
educación de adultos y la comunidad, (2) valuación de las
necesidades del aprendiz adulto y su progreso a través de
las metas, (3) materiales curriculares en el área de
contenido y (4) proceso y práctica instruccional.
Algunos de los estudios antes mencionados y las inquietudes
particulares en torno a las competencias del educador de
adultos del estado de Pennsylvania llevó a la Dra. Sherry
Royce y a su equipo de trabajo durante el año académico
1998-99 a desarrollar un instrumento que permitiera
identificar las competencias que necesita poseer el educador
de adultos. Este trabajo investigativo se desarrolló en
torno al nivel de experiencia que se requiere en el educador
de adultos para dominar las competencias. De acuerdo con
Royce (1999a), los niveles de experiencia son: educador que
se inicia, educador de experiencia y educador experto.
El análisis de la literatura existente en torno a las
competencias que debe poseer el educador de adultos reveló
que muchos autores han sugerido varias destrezas,
conocimientos, actitudes y atributos deseables para los
educadores de adultos con el propósito de lograr efectividad
en su labor. Asimismo, se encontró que pocos de los estudios
previamente realizados se han hecho con el propósito de
atender las necesidades o recomendaciones para el desarrollo
profesional del personal del área de educación de adultos.
Tampoco se encontró ningún estudio que atienda
específicamente las necesidades con que se enfrenta el área
ni las que puede enfrentar a la luz de los procesos
reformadores que están surgiendo.
Luego de revisar las distintas investigaciones que se
realizaron en relación con las competencias que debe poseer
el educador de adultos, se consideró que el estudio que
realizó Royce (1999b) responde a las teorías de educación de
adultos y las tendencias educativas modernas. Este estudio
tuvo el propósito de identificar las competencias del
educador de adultos del próximo siglo de modo que los
programas educativos dirigidos a los educadores de adultos
en el servicio activo y los candidatos que se preparen en el
campo de la educación de adultos faciliten su desarrollo.
Es un acercamiento holístico muy diferente a otros estudios
previos que atendían las competencias del educador de
adultos desde la perspectiva conductista. El estudio
desarrollado por Royce (1999b) es consistente con las
teorías recientes de aprendizaje fundamentadas en la
psicología cognoscitiva. Éste incorpora y destaca las
competencias del educador de adultos como estructuras
complejas que constituyen parámetros que tienen coherencia y
cohesión.
A su vez, se presenta el proceso educativo como uno
constructivo y que facilita que el aprendiz realice un
aprendizaje significativo. En estos momentos, con las
diversasreformas en el área educativa, los educadores
participan activamente de las funcionesdocentes, fiscales y
administrativas de cada núcleo escolar y estas competencias
puedenidentificarse claramente en el instrumento que Royce
(1999b) desarrolló.
Las competencias que se espera posea un educador de adultos,
de acuerdo con este instrumento, identifican el dominio del
tema desde el trasfondo filosófico, sociológico y sicológico,
entre otros fundamentos. Se presenta además la habilidad
para encarar los problemas y presentar alternativas a ellos.
Al igual que, se incluye la habilidad para ejercitar la toma
de decisiones y el cumplimiento de funciones multifacéticas
dentro de la subespecialidad de la educación de adultos.
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