Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 19, Diciembre 2004


   

Para obtener en formato Pdf
presione sobre el logo

 
 

Investigación y Formación de Docentes en la Educación Superior: La contribución al sistema educativo y a la sociedad*

 

Dr. Ramón A. Cruz Aponte
Presidente
Consejo de Educación Superior de Puerto Rico

 

Gracias por invitarme a este Congreso. Espero que lo que aquí se discuta pueda contribuir al éxito de la gestión en que estamos todos comprometidos: La formación de seres humanos de mejor calidad en nuestro país.

Hace algunas semanas, dije en una conferencia que celebró el Consejo de Educación Superior con Ejecutivos y Presidentes de Juntas de Síndicos, que el destino de Puerto Rico está en manos de las instituciones de educación superior que forman los profesionales y los técnicos que dirigen a nuestra sociedad. Señalé también que las deficiencias de nuestro sistema educativo son responsabilidad nuestra. Repito estas afirmaciones aquí porque si no tomamos medidas para mejorar la preparación de los profesionales que van a educar a nuestros niños, no esperemos mejorías en el dominio de destrezas y de conocimientos, en la formación cultural y en los valores morales y cívicos. Nadie puede enseñar lo que no sabe. Desde que existe la escuela el maestro se ha visto como el modelo a seguir. En este momento yo tengo mis dudas de que tengamos los mejores modelos para nuestros niños.

Los cambios tecnológicos, económicos y políticos que están ocurriendo en todo el mundo, plantean serias interrogantes sobre nuestro sistema educativo. A las quejas que la ciudadanía señala diariamente, se añadirán otras más que tienen que ver con la forma en que la educación de nuestro pueblo no logra atender las necesidades del momento en que vivimos.

No podemos seguir deteniendo el éxito educativo en Puerto Rico a base de datos que inciden en la calidad de los seres humanos. Que hay tantos miles de maestros; que graduamos tantos bachilleres; que se ofrecen maestrías en todos los lugares de la Isla; que tenemos más programas de preparación de maestros, que tantos estados de la unión... Nada de esto significa que la educación que reciben nuestros educandos es de la más alta calidad.

Buscar la contribución y el buen funcionamiento de los sistemas educativos requiere de varios elementos. Por un lado, no sólo implica una concepción innovadora de los aspectos organizativos e institucionales, sino también un replanteamiento de los procesos y objetivos de la educación en todos los niveles. Esto es de particular relevancia en la educación superior, que sigue siendo el eje esencial de las transformaciones que afectan a la educación general.

En Puerto Rico, las universidades gradúan miles de jóvenes anualmente. Sin embargo, casi la totalidad de ellos los hemos preparado para un empleo ¿Qué programa universitario nuestro está preparando gente para crear empresas, para cultivar empleos usando nuestros propios recursos? Ni siquiera estamos haciendo algo para generar empresas en nuestra agricultura, que muere lentamente. ¿De dónde recibimos los productos agrícolas que consumimos?

Pero voy más lejos. Los alumnos que estamos graduando tienen serias debilidades lingüísticas, no solamente en el vernáculo sino en inglés. Peor aún, los alumnos que dominan un tercer idioma no alcanzan el 1 por ciento. ¿Qué nos hemos llegado a creer? Basta escuchar la expresión oral de nuestros líderes en todos los sectores que en su resumés tienen hasta doctorado y cuando hablan nadie los entiende. ¿De quién es la culpa de este triste cuadro?

Con respecto a la contribución de la educación superior a la articulación del sistema educativo en su conjunto, desde 1996, la UNESCO y en particular en la Conferencia Mundial de Educación Superior de 1998, “Hacia una Visión de la Educación Superior del Siglo XXI” estableció la necesidad de:

  • formular política e implantar la “noción amplia de la educación básica”;

  • identificar y asignar más recursos para la educación básica;

  • mejorar el reclutamiento, formación y condición social de los maestros;

  • perfeccionar la calidad de los procesos educativos para elevar los resultados del aprendizaje;

  • generalizar la evaluación de los procesos y resultados del aprendizaje;

  • mejorar las oportunidades educativas en equidad y género para personas con problemas específicos y

  • mejorar las oportunidades educativas para adultos durante toda su vida

Como podemos notar, en prácticamente todas estas áreas, la educación superior puede contribuir enormemente, en particular en lo que se refiere a los docentes, a la pertinencia y calidad de la educación pre-servicio y en el servicio, como también a el desarrollo profesional a lo largo de la carrera.

La encomienda principal que encarga la sociedad a la educación superior, en particular a las universidades, es la producción de conocimiento, la formación de profesionales y el servicio a los diferentes sectores de la sociedad. Sin embargo, lo que la vincula a la educación general en su conjunto es la formación de docentes y la investigación con este propósito.

En el nivel internacional, durante la década pasada, un gran número de los intentos de reforma educativa partieron del supuesto de que los maestros resistían los proyectos de reformas o eran indiferentes. Estas reformas se centraban en las cuestiones organizativas y administrativas descuidando el aula, el currículo y los procesos de enseñanza-aprendizaje en sí.

Sin la participación activa, el compromiso y la colaboración de los docentes va a ser muy difícil lograr una mejora sustancial de la calidad de la educación. Sin embargo, lo más importante del proceso educativo comienza con la formación del docente en la educación superior. Esta área exige atención prioritaria y fundamental. Los programas de formación profesional son tributarios en cierta medida de la calidad académica de los que ingresan en ellos. Esto se ha convertido en un motivo de preocupación en muchos países porque la calidad y el nivel de profesionalismo ha bajado sustancialmente durante los últimos años (UNESCO, 1998). Por otro lado, también es cierto que estos determinantes están relacionados con las condiciones de trabajo que se consideran muy exigentes y poco gratificantes en lo que se refiere al prestigio social de las profesiones y a la remuneración.

Todo lo anterior sugiere que no vamos a poder cambiar esta situación ni mejorar la contribución del docente a través de medidas aisladas o desarticuladas entre la educación básica y la superior – un enfoque sistémico es indispensable. Este es el planteamiento que hacen la UNESCO, OECD, OEI y otros.

Tomando en consideración los hallazgos de algunos estudios de organismos internacionales tales como OECD, UNESCO y el Banco Mundial, que recomiendan tomar medidas para mejorar la integración del sistema educativo de un país a través de la articulación de la educación superior con la básica a través de la formación de los docentes, podemos enumerar las siguientes:

  • Formación pre-servicio - mejorar la articulación de la preparación académica con las exigencias de una práctica profesional innovadora con visión sistemática de los procesos educativos por niveles de edad y grado de los educandos.

  • Formación en servicio – derecho y obligación de todo el personal educativo.

  • Contratación de docentes - atraer a la docencia a los jóvenes sobresalientes con vocación y comprometidos.

  • Participación de los docentes y de otros actores asociados en el proceso de transformación de la educación – a través de la autonomía de gestión y responsabilidad social de todos.

  • Incorporación de modalidades nuevas de aprender con tecnologías de la información y las comunicaciones – al servicio de calidad de una educación para todos.

  • Profesionalismo y solidaridad - para mejorar las condiciones de trabajo y gestión de los docentes.

  • Cooperación regional e internacional - estrategias para elevar la ejecución y competencia de los docentes en diferentes contextos.

  • Conceptuación y conciencia - para la ciudadanía en convivencia pacífica en contextos de diversidad.

Lo anterior sugiere que las universidades que preparan docentes deben elevar la capacidad para interactuar con el conjunto del sector educativo y con la comunidad de educadores, con los programas de educación en servicio y desarrollo profesional, reconociendo que el compromiso con el aprendizaje a lo largo de toda la vida debe aceptarse como base para el establecimiento de vínculos más integrados entre este sector esencial y la educación superior. Otro vínculo importante entre los sectores es la investigación y el asesoramiento.

Creo que ustedes estarán de acuerdo conmigo cuando señalo que nuestra educación prácticamente ha abandonado los conceptos de rigor y disciplina en el aprendizaje. No hay gestión humana que garantice éxito si estos dos elementos no están presentes. Cuando examinamos los sistemas educativos de Singapur, Suiza, los países nórdicos y del continente asiático nos damos cuenta de por qué han tenido éxito en su desarrollo económico y social. ¿No podemos nosotros intentar algo similar?

La universidad pública, esta universidad que cumple 100 años tiene la mayor responsabilidad en la tarea de mejorar nuestra educación, que es lo único que nos salva en el mundo de hoy. Esta universidad desempeñó ese papel y lo hizo en forma excelente hasta aproximadamente la década del 60. De ella salieron investigadores, producción de libros para las escuelas, líderes para ocupar posiciones claves en nuestro gobierno. De hecho, hubo un momento en que era la Universidad de Puerto Rico la que suplía el talento para dirigir y asesorar las agencias públicas. ¿Qué pasó después? Creo que el partidismo político fue el culpable de la separación de la universidad y la vida pública.

Necesitamos traer de nuevo la investigación en todas las disciplinas, pero especialmente en la educación. Necesitamos que nuestros profesores se integren a la escuela pública para examinar cuáles son los problemas en que la universidad puede ayudar a resolver; que se preparen pruebas de aprovechamiento; que se ofrezca adiestramiento en servicio y que éste se haga obligatorio; que se hagan más rigurosos los programas de pedagogía; y que se lance una campaña para reclutar como maestros a los alumnos más talentosos.

Nosotros, repito, somos los responsables de la educación de nuestro pueblo. Nos busquemos excusas: ésta fue la encomienda que nos dieron y que nosotros aceptamos.


*Conferencia dictada por el Dr. Ramón A. Cruz Aponte, Presidente del Consejo de Educación Superior en el VII Congreso Puertorriqueño de Investigación en la Educación en marzo de 2003.
 

indice  |