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Investigación y Formación de
Docentes en la Educación Superior: La contribución al
sistema educativo y a la sociedad*
Dr. Ramón A. Cruz Aponte
Presidente
Consejo de Educación Superior de Puerto Rico
Gracias por invitarme a este
Congreso. Espero que lo que aquí se discuta pueda contribuir
al éxito de la gestión en que estamos todos comprometidos:
La formación de seres humanos de mejor calidad en nuestro
país.
Hace algunas semanas, dije en una conferencia que celebró el
Consejo de Educación Superior con Ejecutivos y Presidentes
de Juntas de Síndicos, que el destino de Puerto Rico está en
manos de las instituciones de educación superior que forman
los profesionales y los técnicos que dirigen a nuestra
sociedad. Señalé también que las deficiencias de nuestro
sistema educativo son responsabilidad nuestra. Repito estas
afirmaciones aquí porque si no tomamos medidas para mejorar
la preparación de los profesionales que van a educar a
nuestros niños, no esperemos mejorías en el dominio de
destrezas y de conocimientos, en la formación cultural y en
los valores morales y cívicos. Nadie puede enseñar lo que no
sabe. Desde que existe la escuela el maestro se ha visto
como el modelo a seguir. En este momento yo tengo mis dudas
de que tengamos los mejores modelos para nuestros niños.
Los cambios tecnológicos, económicos y políticos que están
ocurriendo en todo el mundo, plantean serias interrogantes
sobre nuestro sistema educativo. A las quejas que la
ciudadanía señala diariamente, se añadirán otras más que
tienen que ver con la forma en que la educación de nuestro
pueblo no logra atender las necesidades del momento en que
vivimos.
No podemos seguir deteniendo el éxito educativo en Puerto
Rico a base de datos que inciden en la calidad de los seres
humanos. Que hay tantos miles de maestros; que graduamos
tantos bachilleres; que se ofrecen maestrías en todos los
lugares de la Isla; que tenemos más programas de preparación
de maestros, que tantos estados de la unión... Nada de esto
significa que la educación que reciben nuestros educandos es
de la más alta calidad.
Buscar la contribución y el buen funcionamiento de los
sistemas educativos requiere de varios elementos. Por un
lado, no sólo implica una concepción innovadora de los
aspectos organizativos e institucionales, sino también un
replanteamiento de los procesos y objetivos de la educación
en todos los niveles. Esto es de particular relevancia en la
educación superior, que sigue siendo el eje esencial de las
transformaciones que afectan a la educación general.
En Puerto Rico, las universidades gradúan miles de jóvenes
anualmente. Sin embargo, casi la totalidad de ellos los
hemos preparado para un empleo ¿Qué programa universitario
nuestro está preparando gente para crear empresas, para
cultivar empleos usando nuestros propios recursos? Ni
siquiera estamos haciendo algo para generar empresas en
nuestra agricultura, que muere lentamente. ¿De dónde
recibimos los productos agrícolas que consumimos?
Pero voy más lejos. Los alumnos que estamos graduando tienen
serias debilidades lingüísticas, no solamente en el
vernáculo sino en inglés. Peor aún, los alumnos que dominan
un tercer idioma no alcanzan el 1 por ciento. ¿Qué nos hemos
llegado a creer? Basta escuchar la expresión oral de
nuestros líderes en todos los sectores que en su resumés
tienen hasta doctorado y cuando hablan nadie los entiende.
¿De quién es la culpa de este triste cuadro?
Con respecto a la contribución de la educación superior a la
articulación del sistema educativo en su conjunto, desde
1996, la UNESCO y en particular en la Conferencia Mundial de
Educación Superior de 1998, “Hacia una Visión de la
Educación Superior del Siglo XXI” estableció la necesidad
de:
-
formular política e
implantar la “noción amplia de la educación básica”;
-
identificar y asignar más
recursos para la educación básica;
-
mejorar el reclutamiento,
formación y condición social de los maestros;
-
perfeccionar la calidad de
los procesos educativos para elevar los resultados del
aprendizaje;
-
generalizar la evaluación
de los procesos y resultados del aprendizaje;
-
mejorar las oportunidades
educativas en equidad y género para personas con
problemas específicos y
-
mejorar las oportunidades
educativas para adultos durante toda su vida
Como podemos notar, en
prácticamente todas estas áreas, la educación superior puede
contribuir enormemente, en particular en lo que se refiere a
los docentes, a la pertinencia y calidad de la educación
pre-servicio y en el servicio, como también a el desarrollo
profesional a lo largo de la carrera.
La encomienda principal que encarga la sociedad a la
educación superior, en particular a las universidades, es la
producción de conocimiento, la formación de profesionales y
el servicio a los diferentes sectores de la sociedad. Sin
embargo, lo que la vincula a la educación general en su
conjunto es la formación de docentes y la investigación con
este propósito.
En el nivel internacional, durante la década pasada, un gran
número de los intentos de reforma educativa partieron del
supuesto de que los maestros resistían los proyectos de
reformas o eran indiferentes. Estas reformas se centraban en
las cuestiones organizativas y administrativas descuidando
el aula, el currículo y los procesos de
enseñanza-aprendizaje en sí.
Sin la participación activa, el compromiso y la colaboración
de los docentes va a ser muy difícil lograr una mejora
sustancial de la calidad de la educación. Sin embargo, lo
más importante del proceso educativo comienza con la
formación del docente en la educación superior. Esta área
exige atención prioritaria y fundamental. Los programas de
formación profesional son tributarios en cierta medida de la
calidad académica de los que ingresan en ellos. Esto se ha
convertido en un motivo de preocupación en muchos países
porque la calidad y el nivel de profesionalismo ha bajado
sustancialmente durante los últimos años (UNESCO, 1998). Por
otro lado, también es cierto que estos determinantes están
relacionados con las condiciones de trabajo que se
consideran muy exigentes y poco gratificantes en lo que se
refiere al prestigio social de las profesiones y a la
remuneración.
Todo lo anterior sugiere que no vamos a poder cambiar esta
situación ni mejorar la contribución del docente a través de
medidas aisladas o desarticuladas entre la educación básica
y la superior – un enfoque sistémico es indispensable. Este
es el planteamiento que hacen la UNESCO, OECD, OEI y otros.
Tomando en consideración los hallazgos de algunos estudios
de organismos internacionales tales como OECD, UNESCO y el
Banco Mundial, que recomiendan tomar medidas para mejorar la
integración del sistema educativo de un país a través de la
articulación de la educación superior con la básica a través
de la formación de los docentes, podemos enumerar las
siguientes:
-
Formación pre-servicio -
mejorar la articulación de la preparación académica con
las exigencias de una práctica profesional innovadora
con visión sistemática de los procesos educativos por
niveles de edad y grado de los educandos.
-
Formación en servicio –
derecho y obligación de todo el personal educativo.
-
Contratación de docentes -
atraer a la docencia a los jóvenes sobresalientes con
vocación y comprometidos.
-
Participación de los
docentes y de otros actores asociados en el proceso de
transformación de la educación – a través de la
autonomía de gestión y responsabilidad social de todos.
-
Incorporación de
modalidades nuevas de aprender con tecnologías de la
información y las comunicaciones – al servicio de
calidad de una educación para todos.
-
Profesionalismo y
solidaridad - para mejorar las condiciones de trabajo y
gestión de los docentes.
-
Cooperación regional e
internacional - estrategias para elevar la ejecución y
competencia de los docentes en diferentes contextos.
-
Conceptuación y conciencia
- para la ciudadanía en convivencia pacífica en
contextos de diversidad.
Lo anterior sugiere que las
universidades que preparan docentes deben elevar la
capacidad para interactuar con el conjunto del sector
educativo y con la comunidad de educadores, con los
programas de educación en servicio y desarrollo profesional,
reconociendo que el compromiso con el aprendizaje a lo largo
de toda la vida debe aceptarse como base para el
establecimiento de vínculos más integrados entre este sector
esencial y la educación superior. Otro vínculo importante
entre los sectores es la investigación y el asesoramiento.
Creo que ustedes estarán de acuerdo conmigo cuando señalo
que nuestra educación prácticamente ha abandonado los
conceptos de rigor y disciplina en el aprendizaje. No hay
gestión humana que garantice éxito si estos dos elementos no
están presentes. Cuando examinamos los sistemas educativos
de Singapur, Suiza, los países nórdicos y del continente
asiático nos damos cuenta de por qué han tenido éxito en su
desarrollo económico y social. ¿No podemos nosotros intentar
algo similar?
La universidad pública, esta universidad que cumple 100 años
tiene la mayor responsabilidad en la tarea de mejorar
nuestra educación, que es lo único que nos salva en el mundo
de hoy. Esta universidad desempeñó ese papel y lo hizo en
forma excelente hasta aproximadamente la década del 60. De
ella salieron investigadores, producción de libros para las
escuelas, líderes para ocupar posiciones claves en nuestro
gobierno. De hecho, hubo un momento en que era la
Universidad de Puerto Rico la que suplía el talento para
dirigir y asesorar las agencias públicas. ¿Qué pasó después?
Creo que el partidismo político fue el culpable de la
separación de la universidad y la vida pública.
Necesitamos traer de nuevo la investigación en todas las
disciplinas, pero especialmente en la educación. Necesitamos
que nuestros profesores se integren a la escuela pública
para examinar cuáles son los problemas en que la universidad
puede ayudar a resolver; que se preparen pruebas de
aprovechamiento; que se ofrezca adiestramiento en servicio y
que éste se haga obligatorio; que se hagan más rigurosos los
programas de pedagogía; y que se lance una campaña para
reclutar como maestros a los alumnos más talentosos.
Nosotros, repito, somos los responsables de la educación de
nuestro pueblo. Nos busquemos excusas: ésta fue la
encomienda que nos dieron y que nosotros aceptamos.
*Conferencia dictada
por el Dr. Ramón A. Cruz Aponte, Presidente del Consejo de
Educación Superior en el VII Congreso Puertorriqueño de
Investigación en la Educación en marzo de 2003.
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