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La internacionalización de la
Educación Superior en América Latin: El caso de México
Dra. Jocelyne Gacel-Ávila
Educación Superior Internacional
Universidad de Guadalajara
Sumario
Este artículo hace un análisis de las tendencias y
características actuales, así como las perspectivas reales y
futuras de desarrollo del proceso de internacionalización en
las universidades mexicanas. Se examinan las estrategias de
internacionalización de las instituciones educativas en
perspectiva de los rezagos y desafíos que presenta todavía
el sistema de educación superior mexicano al inicio del
Siglo XXI. La internacionalización se presenta como uno de
los medios por el cual tales retos podrían superarse para
que México se inserte exitosamente en las tendencias
globalizantes, la sociedad del conocimiento, y de la
competitividad.
Introducción
Al inicio del Siglo XXI, México al igual que la mayoría de
las sociedades latinoamericanas, con mayor o menor grado de
desarrollo, se enfrenta con la imperiosa necesidad de
actualizar su sistema de educación superior, y de superar
los rezagos acumulados a lo largo del Siglo pasado, con la
finalidad de alcanzar una educación pertinente con la época.
En este sentido, internacionalmente existe el común acuerdo
que una de las estrategias educativas más innovadoras y
complejas con las cuales cuentan las Intituciones de
Educación Superior (IES) para enfrentar dicha situación, es
sin lugar a duda, la internacionalización.
Sin embargo, por su alto nivel de complejidad, dichas
estrategias requieren para su implantación de condiciones
básicas en cuanto a estructuras organizacionales y
programáticas con la finalidad de contribuir de manera
decisiva y eficaz a la transformación de los sistemas
educativos. Por ello, analizaremos en este artículo el grado
de desarrollo y las particularidades de las estrategias de
internacionalización de las universidades mexicanas en un
intento de evaluar su grado de eficiencia y sus perspectivas
de desarrollo. Por otro lado, dadas las similitudes que
presentan los diferentes sistemas de educación superior de
la región, y en particular, en los rezagos y desafíos
específicos a los cuales se enfrentan para el nuevo siglo,
el caso de la internacionalización de las universidades
mexicanas puede servir de base para una reflexión sobre
dicho proceso en todo el sub-continente latinoamericano. Se
analizará en qué medida, las características propias de las
universidades de la región, producto de su historia,
dificultan o facilitan su adaptación a nuevos modelos
educativos más pertinentes y adecuados a las demandas del
Siglo XXI.
Nuestra hipótesis es que para contribuir de manera decisiva
a la transformación de los sistemas de educación, las
estrategias de internacionalización deben ser
comprehensivas1 . Sin embargo, la implantación de dichas
estrategias pareciera ser dificultada por el estado actual
de desarrollo en el cual se encuentra el sistema de
educación superior mexicano y latinoamericano. Por ello, se
pretende en este artículo, examinar las diferentes
estrategias de internacionalización adoptadas por las
universidades mexicanas, con la finalidad de destacar los
avances y las barreras a las cuales se enfrenta el proceso
de internacionalización, y de analizar de manera crítica sus
perspectivas futuras. Como se ha señalado, por los
antecedentes históricos y las características comunes que
comparten los diferentes sistemas de educación superior de
la región, el caso mexicano se puede generalizar al de las
universidades latinoamericanas.
I. La educación superior latinoamericana: una breve
perspectiva histórica
Si partimos del hecho que las instituciones educativas
reflejan una determinada estructura social y sirven las
necesidades de formación de las elites dirigentes, por lo
tanto, a la sociedad latinoamericana, le corresponde un
esquema universitario cuya funcionalidad esta determinada
por sus circunstancias histórico-sociales. De ahí que, por
encima de las variantes impuestas por las condiciones del
medio nacional respectivo, se advierten en las universidades
de América Latina ciertas características comunes que
permiten identificarlas y que autorizan el análisis de su
problemática desde una perspectiva continental, dado que la
sociedad latinoamericana en medio de sus contrastes presenta
también algunas características comunes básicas.
Las principales características contemporáneas de las
universidades latinoamericanas provienen de sus antecedentes
histórico-sociales, y determinan en cierta medida sus
respuestas al contexto global, y capacidad de adaptación a
las influencias provenientes de una creciente globalización
e internacionalización de la educación superior.
Recordaremos que México y los demás países de la región, a
excepción de Brasil, deben sus primeras formas de educación
superior y sus universidades a la iniciativa de la Corona
Española, la cual creó universidades reales y pontificias en
el Siglo XVI. El establecimiento de universidades en la
colonia española se debió a la necesidad de profundizar las
tareas de evangelización, a la conveniencia de proporcionar
oportunidades de educación más o menos similares a las
ofrecidas en la metrópoli, a los hijos de los peninsulares y
criollos, a fin de vincularlos culturalmente al imperio y a
la vez, a preparar el personal necesario para llenar los
puestos secundarios de la burocracia colonial, civil y
eclesiástica.
Salamanca y Alcalá de Henares, fueron los modelos que
inspiraron las fundaciones universitarias en el Nuevo Mundo,
dando lugar a dos tipos distintos de esquemas universitarios
que prefiguraron, en cierto modo, la actual división de la
educación universitaria latinoamericana en universidades
“estatales” y “privadas” (fundamentalmente católicas). Es en
el Siglo XX (1918) que, en Argentina un movimiento liberal
promovió la Reforma de Córdoba, a la cual se le atribuye el
carácter latinoamericano del actual sistema de educación
superior de la Región. Dicha Reforma introdujo en la
universidad, entre otras cosas, la participación estudiantil
en la toma de decisión sobre la administración universitaria,
además de fortalecer su autonomía y proyección social.
Estos antecedentes históricos constituyen en la época
actual, “…entre el Norte de México y el Sur de Chile, una
base común, y una “americanidad” inconfundible…” (Hans
Albert Steger, citado en Tünnermann, 1998). Estos rasgos
particulares a los diferentes sistemas de educación superior
de la región podrían también explicar las similitudes
existentes en cuanto a sus respuestas a las demandas y a las
tendencias globalizantes de la educación superior.
Una de las características comunes más relevantes de la
universidad latinoamericana la encontramos en la actualidad
en su modelo y estructura organizativa, los cuales remontan
al Siglo XIX, cuando se estableció la denominada universidad
“tradicional” o “profesionalizante”, sutituyendo el modelo
colonial por una simple yuxtaposición de escuelas
profesionales” (Sánchez, 1949, p.24-33). El chileno Ignacio
González (1966, p. 23-26) subraya que la universidad
latinoamericana coincide más en elementos negativos que
positivos, y la describe como: “libresca, dogmática,
memorizante, que no enseña las ciencias, ni realiza
investigación científica, que carece de bibliotecas y
laboratorios; integrada por facultades profesionales
autónomas en las que prima un espíritu más gremial que
universitario, con autoridades electas por períodos cortos y
profesorado de tiempo parcial, dueño de cátedras vitalicias;
alumnado de tiempo parcial que disfruta de participación
decisiva en los cuerpos académicos y administrativos y que
no busca el saber sino el título, etc.”.
Sin embargo, Tünnermann (1998) señala que, si bien estas
características no son particulares a todas las
universidades latinoamericanas, como tampoco le son
exclusivas, si lo son indudablemente de una mayoría
significativa de ellas. Según dicho autor, en la época
actual, las universidades latinoamericanas no disponen de
una estructura que corresponda a un esquema definido, lógico
y racional de acuerdo a la función que desempeña y subraya
que “la universidad latinoamericana de hoy es un conjunto
heterogéneo en que, elementos de universidades europeas y
norteamericanas se superponen o encajan en una trama
tradicional heredada de la universidad española del Siglo
XVIII”. El grado en que se ha podido modificar la estructura
tradicional de una universidad le confiere una apariencia de
mayor o menor modernidad. A pesar de las características
comunes ya mencionadas, no hay, sin embargo, tal cosa como
la típica universidad latinoamericana, ya que las
universidades reflejan las enormes diferencias existentes
entre los diversos países latinoamericanos. Pero no
obstante, comparten indudablemente las características de un
continente subdesarrollado, dependiente, que todavía no ha
alcanzado un grado total de avance científico y tecnológico
como para que sus universidades sean centros independientes
de pensamiento.
En otras palabras, se puede decir que la estructura actual
de la universidad mexicana y latinoamericana, aún si no es
un modelo que corresponde a un conjunto uniforme de
propósitos, se distingue por rasgos peculiares, tales como
una tradicional división en facultades profesionales
autosuficientes y cátedras autárquicas. Ese modelo
estructural básico es el resultado de la herencia colonial y
de la adopción en el Siglo XIX, del modelo napoleónico de
universidad, al cual se han agregado en las últimas décadas,
elementos tomados principalmente de la universidad
norteamericana. Lo relevante para el tema que nos ocupa en
este artículo, es que es a partir de esta estructura que las
diferentes universidades de la región intentan construir sus
respuestas a las influencias del contexto exterior, tal como
la globalización. De aquí se desprenden rasgos similares en
sus estrategias de internacionalización.
Estos rasgos comunes heredados de sus antecedentes
históricos, explican por una parte, hacer el contexto de la
educación superior en América Latina, y por otra, nos
permiten vislumbrar, las perspectivas y limitaciones que el
proceso de internacionalización puede experimentar en la
región. Pues si se ponen en paralelo dichas características
con las condiciones básicas que requiere un proceso de
internacionalización para su implantación e
institucionalización, se puede entender cuales son las
condiciones que, en parte, impulsan o frenan tal proceso en
la actualidad.
II. El proceso de internacionalización de la educación
superior mexicana: una perspectiva histórica
En lo que concierne el fenómeno propio de la
internacionalización de la educación superior, aunque los
antecedentes históricos nos recuerdan que el modelo fue
inspirado de la universidad europea, principalmente española
y francesa, no se puede decir que la universidad mexicana o
latinoamericana es internacional por naturaleza. Una
dimensión internacional proviene de un conjunto de
condiciones, tales como el grado de internacionalización de
su currículo, el perfil internacional de sus académicos, la
competencia global de sus egresados, y de manera general un
ethos internacional en la institución; las cuales no eran
parte del quehacer de la vida universitaria de las
Instituciones de Educación Superior latinoamericanas en los
siglos pasados.
Sin embargo, es de destacar que a partir del Siglo XIX,
miembros de las elites sociales y económicas
latinoamericanas mandan sus hijos a estudiar en el
extranjero, en particular en universidades europeas,
francesas, inglesas y alemanas principalmente, y más tarde
en el Siglo XX a universidades de Estados Unidos y Canadá.
De regreso a sus países de origen, estos personajes, en
tanto que líderes en el desarrollo de sus sociedades y en la
vida intelectual y universitaria de la región, se convertían
en propagadores de las culturas europea y norteamericana.
Por medio de ellos, se daba a conocer las nuevas ideas y
escuelas de pensamiento de los científicos y académicos
extranjeros, al mismo tiempo que se difundían nuevas fuentes
bibliográficas. Todos estos elementos apoyaron de alguna
manera un cierto grado de internacionalización de las
instituciones mexicanas. Pero, por ser limitados a algunos
miembros de la elite, sus impactos fueron marginales en el
desarrollo del sistema de educación superior, sobre todo
cuando surge la masificación en los años setenta.
En la época de la posguerra, el interés de los países
industrializados por actividades de cooperación
internacional con los países en vía de desarrollo y en
particular con las naciones latinoamericanas, crece de
manera importante, dando lugar a diversos programas de becas
para formación de recursos humanos de alto nivel, así como
de programas científicos para el desarrollo. Un ejemplo muy
ilustrativo de ello, es el programa Fullbright, aprobado por
el Congreso norteamericano en los años cuarenta. Con estas
actividades se pretendía apoyar el desarrollo económico y
social de los países más pobres. Para los países
desarrollados, dicha cooperación respondía a intereses de
naturaleza cultural, pero sobre todo económica, esperando
crear así nexos y relaciones comerciales futuras, además de
ideológicas con las naciones beneficiarias de estas ayudas.
Al inicio de los años setenta, en México como en la mayoría
de los países latinoamericanos, los gobiernos empezaron a
implantar políticas nacionales de formación de recursos
humanos de alto nivel. Ciertas naciones, como el en caso de
México y Venezuela, lo hicieron con las ganancias
financieras del “boom” o crecimiento repentino de la
industria del petróleo, la venta de los recursos naturales
nacionales, y cuantiosos préstamos internacionales. También
en esta época, las naciones tuvieron al centro de su agenda
el desarrollo de la capacidad nacional científica, dando
lugar a la creación de consejos nacionales para la ciencia y
la tecnología, como el CONACYT en México. Hoy en día, estos
esfuerzos siguen ocupando un lugar prioritario y en el caso
mexicano, el CONACYT apoya proyectos de internacionalización
de la investigación.
A finales de los ochentas, las actividades internacionales
empiezan a ser parte del quehacer universitario mexicano y
latinoamericano, y se abren las primeras oficinas de
intercambio académico en las más grandes universidades
públicas y privadas. Estas actividades son, no obstante,
principalmente reactivas y responden a ofertas hechas por
parte de organismos e instituciones internacionales.
A medianos de los noventas, la apertura económica provoca la
necesidad de formar recursos humanos con competencias
internacionales, que provoca un crecimiento notable en la
cantidad de actividades internacionales en el terreno
académico y universitario. Aparece en Europa en el marco de
la construcción de la cuidadanía europea, un nuevo concepto
de movilidad académica y de internacionalización, que se
promueve como medio para el mejoramiento de la calidad y de
la pertinencia educativa, así como para el desarrollo de la
capacidad nacional e institucional. Dicho concepto será
rápidamente tomado como modelo por el resto del mundo. Al
inicio de los años 2000, muchas son las instituciones
latinoamericanas que adoptan las estrategias de
internacionalización como eje estratégico de desarrollo
institucional para alcanzar mayor calidad educativa y
enfrentar los desafíos del Siglo XXI. El concepto de
cooperación internacional para el desarrollo se ve
sustituido por el de cooperación horizontal. Hoy en día,
México goza de varios programas de movilidad para académicos
y estudiantes, principalmente con países europeos y
norteamericanos. El país se ha convertido en polo de
atracción internacional para programas de intercambio, y
para el estudio del idioma español. El número de acuerdos
bilaterales, trilaterales y multilaterales sigue creciendo
de manera importante, y son generalmente basados en la
reciprocidad.
Después de este breve recuento histórico de la dimensión
internacional de las universidades mexicanas, analizaremos
más en detalle, sin pretender ser exhaustivos, las
características actuales de sus estrategias y programas de
internacionalización. Dicho análisis está basado en una
investigación cualitativa realizada durante varios
seminarios sobre la internacionalización de la educación
superior que la autora impartió a funcionarios y académicos
universitarios en diferentes universidades del país y de
América Latina.
III. El proceso de internacionalización de las
universidades mexicanas
En México, las instituciones reportan como principal
raciocinio para la internacionalización, el mejoramiento de
la calidad educativa. Aunque se debe precisar que a la
pregunta de cómo específicamente la internacionalización
permite este mejoramiento, casi nadie puede responder con
precisión. Otro raciocinio mencionado recurrentemente es el
prestigio académico e institucional que trae consigo el
hecho de tener un importante número de relaciones
internacionales. En este sentido, se percibe que ciertas
instituciones consideran la internacionalización como
elemento de mercadotecnia. Se invoca igualmente la necesidad
de aumentar el nivel de competitividad del país en los
mercados comerciales mundiales, siendo la
internacionalización de los recursos humanos un elemento
estratégico para lograrlo. Sin embargo, es poco frecuente la
mención de la internacionalización como una oportunidad para
lograr ingresos financieros extraordinarios, mediante la
venta y la exportación de servicios educativos, como es el
caso de algunas de las IES de Norteamérica, Europea, Asia y
Oceanía. Esta situación es consecuente con el hecho que la
región, de manera general, es más importadora que
exportadora de servicios educativos. Finalmente, es poco
frecuente invocar a la educación internacional como medio
para lograr un mayor nivel de entendimiento y comprensión
intercultural entre todos los pueblos del mundo. Sin
embargo, se percibe una preocupación entre los diferentes
actores universitarios por el riesgo de pérdida de identidad
y raíces culturales en el contexto de la globalización.
Raramente, se percibe a la internacionalización como una
respuesta a ésta y como una oportunidad para dar a conocer
internacionalmente la riqueza del patrimonio cultural
latinoamericano.
En el plano de la política nacional, como se ha mencionado,
la internacionalización de la educación superior mexicana
inició en los años setenta con la creación del CONACYT,
organismo cuyo objetivo es impulsar una política nacional de
formación de recursos humanos de alto nivel. Las becas
CONACYT permitieron a miles de mexicanos y miembros de la
comunidad universitaria realizar estudios de posgrado en las
mejores universidades del mundo, lo que los confiere en
principio competencia internacional y sensibilidad
intercultural. El destino favorito de estudio de los
mexicanos es hoy en día, Estados Unidos, seguido por Gran
Bretaña, España, Francia, aunque últimamente parece que la
Unión Europea va superando nuestro vecino del norte. Este
importante número de mexicanos que estudian en el extranjero
son un elemento clave para el proceso de
internacionalización de la educación superior en el país, ya
que el 68% de ellos se integran al sector educativo. Dichos
académicos, de regreso a su país, gracias a las relaciones y
contactos establecidos con colegas en las instituciones
donde realizaron sus estudios, se convierten en los líderes
idóneos de las iniciativas y actividades de colaboración
internacional. Desafortunadamente, no se detectaron
políticas nacionales o institucionales que sepan aprovechar
estos recursos para la internacionalización del currículo,
por ejemplo.
En el rubro de la internacionalización de la investigación,
según datos del 2001 del CONACYT, los países con los cuales
México tiene mayor nivel de colaboración son por orden de
importancia y número de proyectos: Francia (133), Alemania
(61), Estados Unidos (28), España (28), Cuba (24), Argentina
(15), Italia (12). Estas cifras destacan que a pesar que el
mayor número de estudiantes mexicanos realizan estudios en
instituciones estadounidenses, son las naciones europeas con
las cuales se mantienen la mayor colaboración en
investigación. El total de proyectos con países miembros de
la Unión Europea rebasa por 4 veces los realizados con
instituciones estadounidenses, y eso sin tomar en cuenta los
programas de la Unión Europea como ALFA, por ejemplo.
En cuanto a los programas y actividades internacionales, en
México, se aprecia un comportamiento diferente entre
universidades públicas y privadas. De manera general, las
universidades públicas son las que mayor número de convenios
mantienen suscritos con instituciones extranjeras, y en un
abanico más amplio de actividades y programas
internacionales, tales como la investigación en colaboración,
la movilidad de los académicos y de los estudiantes, los
proyectos de cooperación para el desarrollo, la
participación en redes de investigación y de docencia
internacionales, la actualización internacional del personal
académico y administrativo, para citar algunos rubros. Sin
embargo, las universidades privadas son más activas en el
ramo de la movilidad estudiantil de pre-grado, probablemente
por los antecedentes familiares socio-económicos de sus
estudiantes, pero también porqué, hay que reconocerlo, éstas
han sabido desarrollar estrategias de promoción más exitosas,
así como una profesionalización mayor de la gestión
internacional y del personal dedicado a ella.
De manera general, la movilidad estudiantil de pre-grado en
México es reciente (inició a finales de los noventas), y
solamente mueve a un número muy reducido de estudiantes (menos
del 1%). Sin embargo es una modalidad en constante
crecimiento, y es apreciada por parte de las universidades
latinoamericanas como la de mayor prioridad para los años
futuros (International Association of Universities, 2004).
México, como país del sur envía más estudiantes al
extranjero de los que recibe, pero es notable un interés
creciente de parte de estudiantes de Norte América, Europa,
Oceanía y Asia por venir a estudiar a México, principalmente
por periodos cortos o para tomar cursos de idioma español.
Sin embargo, el reclutamiento de estudiantes extranjeros no
llega a ser visto, sobre todo por las universidades del
sector público, como forma de internacionalización del
campus, así como de los estudiantes locales, además de ser
un medio de allegarse recursos financieros no despreciables.
Las universidades del sector particular son mucho más
activas en este rubro, y han desarrollado estrategias
específicas para captar este mercado, lo cual beneficia, sin
lugar a dudas, sus estudiantes, ya que éstos se encuentran
así más expuestos a contactos interculturales en su
institución.
En cuanto a la internacionalización del currículo, se
considera en México solamente a la movilidad de estudiantes
y de profesores, y no se contempla a la integración de la
dimensión internacional en los programas de estudios y en
los métodos pedagógicos mismos. Recordaremos que la
internacionalización del currículo debe impactar los tres
siguientes rubros: la movilidad y la experiencia
internacional del personal académico, la movilidad de los
estudiantes, y la integración de la dimensión internacional
en las disciplinas y en los programas de curso. En México, y
en América Latina en general, se promueve la movilidad de
los académicos y de los estudiantes al margen de la
estructura y de los contenidos de los programas de curso y
de estudio. A título de ejemplo, se puede mencionar que el
programa para la movilidad en la educación superior de
América del Norte (PROMESAN) financiado entre los tres
gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México no está ligado
a las políticas institucionales y nacionales de innovación y
actualización curricular. Es evidente también un manejo
insuficiente de idiomas extranjeros tanto en los estudiantes
como en el personal universitario, académico y
administrativo. Dicha situación incide negativamente en el
aprovechamiento de las oportunidades de cooperación
internacional y de competitividad en el mercado laboral
internacional para los egresados latinoamericanos. Por otra
parte, no se recurre, salvo en honrosas excepciones, a
utilizar las nuevas tecnologías de información y
comunicación como recurso para internacionalizar el
currículo. Esta situación implica que sea una parte ínfima
de la población estudiantil la que está expuesta a un
currículo internacionalizado y en consecuencia, las
oportunidades de internacionalizar el perfil de los
estudiantes son algo reducidas.
En cuanto al perfil internacional de los académicos
mexicanos, la mayoría de las grandes universidades públicas
invierten recursos significativos para promover la
participación de sus académicos en congresos y conferencias
internacionales, así como en actividades de colaboración con
instituciones extranjeras. La movilidad del personal
académico en América Latina ha aumentado también en los
últimos años gracias a programas promovidos por organismos
extranjeros de cooperación internacional de países como la
Unión Europea, España, Alemania, Francia, Estados Unidos,
Canadá, etc. Sin embargo, es de subrayar que la movilidad
del personal académico se concentra en una elite de la
comunidad universitaria, por lo que la gran mayoría del
personal universitario no ha tenido la oportunidad de vivir
una experiencia internacional y no ostenta un perfil
internacional, lo que a la postre limita seriamente la
internacionalización de los contenidos académicos, y del
currículo.
Por otra parte, son muy escasas las universidades mexicanas
y latinoamericanas con la capacidad de exportar y vender
servicios educativos en el extranjero. El caso más exitoso
es el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de
Monterrey en México, el cual exporta programas educativos a
varios países de América Latina (Colombia, Chile, Perú,
Ecuador). Es de destacar la presencia creciente de
proveedores extranjeros en América Latina, bajo distintas
modalidades, o sea por medio de educación a distancia,
programas “on line”, sedes o franquicias de instituciones
extranjeras. Vale subrayar la falta de control de calidad de
estas nuevas modalidades y nuevos proveedores, pues los
sistemas de educación superior de la región no han sabido
desarrollar procesos de evaluación y de regulación para la
implantación de estos tipos de servicios y empresas
internacionales, dejando así a los potenciales compradores
de estos servicios, muy desprotegidos.
En resumen, si bien es innegable que el número de
actividades internacionales han aumentado de manera
importante en los últimos años y lo siguen haciendo, lo que
demuestra un cierto nivel de avance del proceso de
internacionalización en las IES mexicanas, no obstante, un
examen más cuidadoso nos lleva a tener un entusiasmo más
mesurado al respecto. En efecto, hoy en día es un común
denominador en los discursos oficiales y planes de
desarrollo institucionales en México la mención de la
internacionalización como eje estratégico de desarrollo para
el mejoramiento de la calidad y de la pertinencia educativa.
Dicho fenómeno parece ser, sin embargo, más un reflejo de la
importancia que ha adquirido tal estrategia en todo el mundo
y en particular en los países de europea occidental, que una
realidad.
En este sentido, una evaluación de la dimensión
internacional de las universidades mexicanas (Gacel, 2002)
ha revelado que los diferentes actores universitarios
mencionan una carencia de políticas institucionales de
internacionalización que sean sistemáticas y centrales al
desarrollo institucional. Son escasas las instituciones
donde la política de internacionalización se encuentra
expresada de manera explícita en las políticas de desarrollo
institucional. Las actividades y programas internacionales
suelen ser organizados de manera reactiva, es decir
responden en prioridad a propuestas proviniendo del
exterior, en su mayoría ofrecidas por organismos
internacionales de los países desarrollados, tales como los
países miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, y
Canadá. En este sentido, podemos decir que los países
latinoamericanos siguen respondiendo, en parte, a esquemas
de cooperación para el desarrollo. Son contados los
proyectos de cooperación horizontal interregional o con
otras regiones del mundo con un grado de desarrollo social y
educativo semejante o comparable. Los principales proyectos
de cooperación horizontal en vigor en la región han sido
impulsados por terceros países, como en el caso de las redes
ALFA financiadas por la Unión Europea. Dichas redes
internacionales tienen la originalidad de promover proyectos
de cooperación norte-sur y sur-sur.
La mencionada evaluación ha demostrado que generalmente las
actividades internacionales se organizan en torno a
iniciativas individuales, carentes de dirección y desligadas
del plan de desarrollo institucional y de sus prioridades.
El examen de las diferentes estrategias internacionales de
las instituciones mexicanas indica que la dimensión
internacional no está integrada en los ejercicios de
planeación, presupuestación y evaluación de la política
educativa tanto nacional como institucional. Las políticas
de internacionalización no son revisadas con regularidad y
no existen procedimientos para evaluar la calidad de los
programas internacionales y su impacto en el mejoramiento de
la calidad del desempeño institucional, como tampoco en el
rendimiento académico de los estudiantes y del personal
universitario. Raramente las actividades internacionales son
planeadas para cubrir prioridades o rubros del plan de
desarrollo institucional, y están dejadas a la iniciativa de
los mismos académicos o de los estudiantes. Son casi
inexistentes las Instituciones de Educación Superior que
disponen de un plan institucional de internacionalización
con objetivos y recursos requeridos claramente planteados y
planeados a corto, mediano y largo plazo. De manera general,
el rubro presupuestal dedicado al impulso de estas
actividades es difícil de identificar en las instituciones,
pues se encuentra disperso bajo diferentes rubros, tales
como la actualización de los académicos y su participación
en congresos o redes internacionales. La movilidad
estudiantil por su lado no goza, salvo en algunos casos de
universidades públicas, de presupuesto. De manera general,
existe una precariedad en cuanto a la disponibilidad de
estos recursos, y es usual que en tiempos de austeridad
financiera, los programas de internacionalización sean los
primeros en ser recortados. Todos estos aspectos demuestran
que más allá de los discursos oficiales, la
internacionalización no tiene un lugar prioritario en la
agenda institucional, y que la dimensión internacional no
está entendida como una estrategia transversal en las
políticas de desarrollo académico. En otras palabras, la
concepción e implantación de las políticas institucionales
no integran o toman en cuenta la dimensión internacional. La
falta de estructuras organizacionales y programáticas
adecuadas a las necesidades de la época indica que a pesar
de las declaraciones retóricas en torno a la importancia de
la internacionalización, ésta es todavía un fenómeno
marginal en el funcionamiento y desarrollo de las
Instituciones de Educación Superior de la región. Son
contados los casos donde las estrategias de
internacionalización tienen verdadera prioridad en la agenda
institucional. La falta de estructuras organizacionales y
programáticas que sean integradas y transversales a todas
las políticas de desarrollo institucional tiene como
consecuencia la falta de institucionalización de la
dimensión internacional en el quehacer universitario, además
de implicar correlativamente un bajo rendimiento académico
de los programas internacionales.
Como principales barreras a la profundización e
institucionalización del proceso de internacionalización,
entre otras cosas, es de destacar una escasa
profesionalización del personal dedicado a su gestión y
administración, debido a una alta rotación del personal de
confianza en las universidades mexicanas y latinoamericanas
en general. Lo anterior, no permite que las Intituciones de
Educación Superior formen una masa crítica y una reserva de
profesionales en el área, así como que se desarrolle el
suficiente “know how”, conocimiento operacional para la
concepción, diseño e implantación del proceso de
internacionalización en las funciones sustantivas.
Finalmente, esta falta de profesionalización aminora también
el potencial de promoción institucional, y el
aprovechamiento de oportunidades que se presentan en la
escena internacional. Esta situación se debe a que no existe
un servicio administrativo de carrera para los cuadros de la
administración universitaria latinoamericana, debido en
parte al perfil político de sus autoridades. Esta situación
provoca, en la mayoría de los casos, una improvisación de
los cuadros administrativos. Tener cuadros no especializados
en administración universitaria, provoca una lentitud de
respuesta a las nuevas demandas de las instituciones
educativas.
La transformación y adaptación de las estructuras internas
institucionales son también difíciles cuando casi imposibles
de implantar. En parte, una de las problemáticas que frena
el avance del proceso de internacionalización en México y en
América Latina, es que las instituciones no han sabido
modificar sus estructuras organizacionales para gestionar
los esfuerzos de internacionalización. No se pueden hacer
las cosas de manera diferente si siguen en función
estructuras anticuadas, que responden a demandas de otra
época. La ubicación que ocupan las oficinas de relaciones
internacionales (llamadas también de cooperación
internacional o de intercambio académico), es todavía baja
en el organigrama institucional, siendo de manera general,
instancias de 4to o 5to lugar. Se encuentran generalmente
dependientes de direcciones académicas o de planeación. La
figura de vicerrectoría de relaciones internacionales,
implantado en las instituciones europeas, es casi ausente
del panorama latinoamericano. Lo anterior no permite a
dichas instancias administrativas tener la autonomía que se
requiere para cumplir cabalmente con los retos que
representa implementar una estrategia de tal magnitud y
complejidad. En consecuencia, dichas oficinas no participan
en el diseño y en la toma de decisión en cuanto a políticas
generales institucionales, comprobando de nuevo la
marginalidad de la internacionalización en el quehacer
institucional.
Por otra parte, es de destacar que a nivel de la política
nacional mexicana, el Plan Nacional de Educación 2001-2006
no utiliza el término de “internacionalización”, si no de
“cooperación internacional” y “movilidad”; lo que significa
que la política nacional sigue promoviendo la organización
de los programas internacionales en torno a una concepción
tradicional de la cooperación internacional, cuyo principal
objetivo es la captación de fuentes de financiamiento
externo. Este concepto tiene como consecuencia el de
provocar una actitud reactiva de parte de las instituciones
a las ofertas de cooperación para el desarrollo, y promover
un esquema de movilidad individual (tanto de académicos como
de estudiantes) desligada de las prioridades y planes de
desarrollo institucional. Tampoco existen políticas
nacionales que provean liderazgo y vinculan los programas
nacionales de mejoramiento de la calidad académica con la
promoción de la movilidad estudiantil. A pesar de declarar a
la movilidad como estrategia de mejoramiento de la calidad
académica, no existen programas nacionales en esta área, que
ponen a la disposición de las instituciones, los suficientes
recursos y lineamientos para internacionalizar las funciones
sustantivas y el perfil de los egresados.
La falta de liderazgo de la política nacional hacia un
proceso de internacionalización integrado y medular en el
desarrollo institucional, resta impacto y potencial al
avance de dicho proceso en las instituciones, ya que los
programas internacionales son dejados a la sola iniciativa
de éstas. Dado que las Intituciones de Educación Superior
públicas, mayoritarias en México, dependen de los subsidios
gubernamentales para poder funcionar, y por lo tanto están
obligadas a seguir en prioridad los lineamientos de la
política nacional, el liderazgo de la política nacional es
determinante para el futuro de la internacionalización.
En resumen, el proceso de internacionalización en México y
en América Latina se caracteriza por una falta de
estructuras organizacionales y programáticas ad hoc, no
adecuadas al nuevo concepto de internacionalización
comprensiva. La noción de comprensividad significa que las
estrategias de internacionalización para poder contribuir de
manera decisiva a la transformación de los sistemas de
educación superior y su adecuación a las demandas y
necesidades del nuevo siglo, deben impactar los tres niveles
del proceso educativo, a saber: el micro, el mediano y el
macro. El nivel micro se refiere al proceso de
enseñanza-aprendizaje en el aula; el mediano, a la
estructura curricular (programas y planes de estudio); y el
macro implica que la dimensión internacional sea un aspecto
considerado en la toma de decisión sobre políticas de
desarrollo institucional. Para ello, se recomienda integrar
una dimensión internacional en los siguientes cuatro
aspectos del quehacer universitario, a saber: la estructura
organizacional, la innovación curricular, las políticas de
desarrollo humano, y en el perfil de los estudiantes (Rudzki,
1998).
En conclusión, las estrategias de internacionalización de
las universidades mexicanas y latinoamericanas no son
comprensivas y transversales. Las actividades
internacionales no intervienen y no están integradas a todos
los niveles del proceso educativo, en los métodos de
enseñanza-aprendizaje, en el diseño curricular, en las
políticas de desarrollo humano, en las estructuras
organizacionales y programáticas, así como en la toma de
decisión sobre las políticas de desarrollo institucional. A
pesar de la relevancia otorgada al proceso de
internacionalización en los discursos sobre el mejoramiento
del sistema educativo superior del país, los programas
internacionales no se organizan en torno a un concepto de
internacionalización comprehensiva, tanto en el plano de la
política nacional como institucional, el cual rebasa la
concepción tradicional de la cooperación internacional y de
la movilidad física de los individuos. Tal como lo señala
Fullan (1991), es importante distinguir entre las
estrategias de cambio que tengan la capacidad de influir
sobre el individuo o el sistema. El hecho que la política
nacional como institucional han escogido fundamentalmente
estrategias de cooperación internacional y movilidad, que
afectan a los individuos pero no al sistema, no pueden
contribuir de manera decisiva en el mejoramiento de la
calidad del sistema educativo, así como contribuir a su
reforma y transformación. El sistema nacional de educación
mexicano no está actualmente promoviendo y poniendo los
recursos necesarios para desarrollar un nuevo perfil de
egresados, que sea internacional e intercultural, con una
perspectiva global de su papel profesional y social.
Sin embargo, es altamente probable que tal como Van der
Wende (1997) lo precisa, esta situación no sea consciente, y
que más bien se puede atribuir a una falta de
conceptualización de parte de los tomadores de decisión de
la política educativa, de lo que significa concebir e
implantar estrategias de internacionalización comprehensivas,
transversales e integradas a todos los niveles del proceso
educativo. Por ello, es de vital importancia, que se siga
promoviendo más amplias investigaciones en el tema de la
internacionalización comprehensiva, además de crear mayor
nivel de conocimiento sobre sus beneficios para enfrentar
los retos del Siglo XXI. Desgraciadamente, el nivel de
investigación en el área es muy poco desarrollada en las
escuelas de educación del país. También es necesario llevar
a cabo investigaciones que relacionen mejor la relevancia de
la internacionalización como medio para superar de manera
más eficaz y rápida los rezagos que enfrentan los sistemas
de educación superior latinoamericano. Por ello a
continuación, se hará una breve reflexión sobre los
principales desafíos que enfrenta dichos sistemas al inicio
del nuevo siglo, y de que manera facilitan o dificultan el
proceso de internacionalización.
IV. Los retos de la educación superior en América Latina
y el proceso de internacionalización
La mayoría de las investigaciones educativas coinciden que
la universidad mexicana y latinoamericana en general se
enfrenta al inicio del Siglo XXI, a una realidad compleja y
en una situación de retraso. Los rezagos que presentan los
sistemas de educación superior de América Latina al inicio
de este nuevo siglo les impiden responder de manera óptima a
los retos y las demandas de una sociedad del conocimiento y
globalizada. Tünnermann (1998) apunta que la universidad
latinoamericana entra en el Siglo XXI con problemas del
Siglo XIX.
En efecto, tal como se mencionó en la parte histórica de
este artículo, la educación superior mexicana y
latinoamericana ha heredado del Siglo XIX el modelo
napoleónico, del cual intenta todavía salir en el Siglo XXI.
Dicho modelo se caracteriza por ser muy profesionalizante,
por un currículo rígido, que dificulta la transferencia y la
revalidación de estudios, por ser centrado en perspectivas
locales y nacionalistas, con poca relación y colaboración
con empresas y con la sociedad civil en general, con
lentitud de respuesta hacia las demandas del mercado; con
poco desarrollo de la investigación; con énfasis en carreras
como las del área de ciencias económico-administrativas y de
ciencias humanas, con una alta deserción escolar, e
ineficiencia terminal, con una infraestructura de
laboratorios y bibliotecas insuficiente. A estas
características, se pueden agregar que las Intituciones de
Educacón Superior mexicanas y latinoamericanas son lentas en
adaptarse a los cambios requeridos, debido en parte al
perfil político de sus autoridades, lo cual hace que la toma
de decisión responda en prioridad a criterios más políticos
que académicos. A estos rasgos, se pueden agregar de parte
de los estudiantes, un limitado manejo de idiomas
extranjeros y el poco conocimiento de otras culturas. Por lo
demás, destacaremos la falta de profesionalización del
personal docente, siendo en su gran mayoría de tiempo
parcial, y de un nivel de preparación insuficiente (alrededor
del 80 % con nivel de licenciatura), según Tünnermann (1998)
solamente el 10% de ellos podrían ser considerados como
profesores de nivel superior según estándares
internacionales. Todos estos aspectos limitan, entre otras
cosas, la capacidad de innovación educativa, la elaboración
de nuevos cursos, la interacción y el trabajo conjunto entre
profesores y alumnos.
De esta situación, se desprenden los principales retos que
enfrentan las instituciones de educación superior mexicanas,
y latinoamericanas en general al inicio del Siglo XXI. Las
características arriba mencionadas son comunes a la mayoría
de las IES latinoamericanas, y deben ser superadas para que
las sociedades del sub-continente puedan responder de manera
adecuada a las demandas del nuevo contexto mundial. En este
sentido, si se ponen en paralela los lineamientos de las
nuevas propuestas educativas, como las descritas en el
Informe Delors de la UNESCO (1997), se denota un desfase
importante con los rasgos que se acaban de describir. Pues
los lineamientos educativos para el nuevo siglo recomiendan
entre otras cosas, incrementar los cursos de educación
general, dejando la especialización solamente en un número
reducido de materias, la flexibilidad de los currículos, el
impulso a la investigación, una educación centrada en el
aprendizaje, priorizando el trabajo conjunto entre el
profesor y el alumno para la construcción del aprendizaje y
del conocimiento, el conocimiento de las culturas ajenas y
la comunicación intercultural.
Estas mismas características son también las requeridas para
la implantación de una dimensión internacional, global e
intercultural en el currículo (Mestenhauser, 1998, Gacel,
2003). En efecto, el mayor reto de la internacionalización
es alcanzar la institucionalización de dicho proceso en el
quehacer cotidiano de la educación terciara. Más que el
número de programas internacionales, el mayor reto de la
educación internacional es el grado de internacionalización
de las disciplinas y del currículo. Pero para ello, es
imprescindible contar con una estructura curricular
flexible, de corte humanista, privilegiando la educación
general, el estudio de otras culturas y otros idiomas,
además del desarrollo del sentido crítico en los estudiantes.
A estas características curriculares, la
internacionalización requiere contar con un personal
académico con experiencia internacional, que tenga el tiempo
para la innovación en sus cursos, para el trabajo en equipo
con sus estudiantes y para involucrase en la organización de
programas de intercambio y de cooperación internacional en
beneficio institucional. Se debe alentar también en el
estudiantado el interés por las experiencias interculturales,
y la valoración de la experiencia internacional para su
éxito social y profesional, lo cual es más difícil con un
estudiantado de tiempo parcial, que constituye la mayoría en
América Latina.
En otras palabras, dadas estas peculiaridades, para las
universidades mexicanas y latinoamericanas puede resultar
aun más difícil implantar estrategias de
internacionalización comprehensivas. Es preciso que estos
rezagos se mejoren sustancialmente para poder alcanzar un
proceso de internacionalización que permita apoyar de manera
decisiva la modernización y la transformación de los
sistemas de educación superior latinoamericano.
A la dificultad propia en la que se encuentran los sistemas
educativos, no debemos perder de vista también, la difícil y
precaria situación económica, política y social que
atraviesan en su mayoría los países latinoamericanos. Pues
éstos están constantemente sometidos a la presión de la
inequidad social, la pobreza, una creciente delincuencia,
economías inestables y devaluaciones financieras,
democracias frágiles, para citar algunos de los mayores
problemas. Este particular contexto hace más difícil aún a
los estados poder dedicar la atención y los recursos
financieros suficientes requeridos por las demandas
educativas.
V. México y América Latina en una perspectiva global
Otro aspecto preocupante para México y América Latina es su
lugar en cuanto a su desarrollo educativo en relación con
los demás países del mundo y con otros países emergentes,
como los países asiáticos en particular. En el Siglo XXI,
para seguir participando y compitiendo en el escenario
mundial, exige de las naciones una gran capacidad de
conocimiento, entendido éste como el acervo de capital
humano, científico y tecnológico de la sociedad. En la
Sociedad del Conocimiento, las condiciones de estabilidad y
avance económicos dependen de factores estratégicos como el
grado de preparación académica de su población.
Mientras que entre 1985 y 2002, Asia ha mostrado un
incremento en su participación comercial mundial de 23.7%,
América Latina la ha acrecentado sólo en 5.5 por ciento (Andere,
2004). Según una muestra constituida por cinco países de
América Latina: Argentina, Brasil, Chile, México y Perú, en
una lista de 39 países, éstos ocupan los últimos lugares en
cuanto a su nivel de competitividad: México ocupa el lugar
32; Argentina el 33, Brasil el 29, Chile el 22 (como la
mejor marca latinoamericana), y Perú el 31, (Andere, 2004).
Indicadores desarrollados por diferentes organismos
internacionales para medir el nivel de preparación de los
recursos humanos, los factores de fortaleza y calidad
educativa, de creatividad e innovación, así como de
producción y difusión del conocimiento, no parecen tampoco
favorecer la posición relativa de América Latina respecto
del resto del mundo. En cuanto a la calidad de la población
educada, según criterios de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), mientras que
los primeros lugares son ocupados por países como Japón,
Hong-Kong, China, Corea, Finlandia y Canadá, cinco de los
mencionados países de América Latina se ubican en cinco de
los últimos ocho lugares; siendo Brasil y Perú en los
últimos dos lugares. Los países con mayor número de recursos
humanos de alto nivel capacitándose en el extranjero son
Irlanda, Hong Kong, China, Grecia, Macedonia e Israel.
México y los cuatro países de América Latina estudiados
ocupan los siete últimos lugares de una muestra de 25 países.
En cuanto a inversión en ciencia y tecnología, dichos países
latinoamericanos, a pesar de ser los países que menos
invierten en estos rubros, no ha habido ningún aumento al
respeto en los últimos años. México y Perú ocupan los dos
últimos lugares siendo México el país que menos invierte en
investigación y desarrollo. Mientras que la inversión en el
sector educativo y la relación del PIB en América Latina es
de o.58%, el de la OCDE es de 2.21%. En cuanto a difusión de
conocimientos tecnológicos, México se encuentra en el último
lugar, y los demás países en los 7 últimos lugares de una
lista de 29.
En resumen, según Andere (2004), “Si en un mundo globalizado
el acceso y la participación en los mercados de comercio
exterior e inversión extranjera directa están definidos por
la capacidad para competir en bienes de valor agregado que
requieren que la preparación de quienes los produzcan sea
elevada, América Latina y México tiene un futuro sombrío. Si
por otro lado, esta misma situación depende de factores como
salarios bajos o enormes subsidios gubernamentales, México
es también rebasado por otros países, como China por ejemplo.
Sin embargo, la recomendación para las políticas públicas es
mejor olvidarse de los bajos salarios y subsidios como
elementos de competitividad y concentrarse en factores que
generan competitividad mediante la elevación de los niveles
educativos de sus ciudadanos”.
En relación con el tema desarrollado en el presente artículo,
vale mencionar que los países desarrollados europeos, así
como los emergentes de Asía y Europa del Este, tienen a la
internacionalización como una estrategia prioritaria en su
agenda educativa, para enfrentar los retos del Siglo XXI y
hacerse más competitivos en el escenario mundial. El hecho
que México intenta salir de sus rezagos educativos sin
incluir la internacionalización como eje fundamental, podría
provocar que el país incurra en otro tipo de retraso. Pues
no es suficiente tener una educación de mayor calidad, es
imprescindible tener una educación que sea pertinente con la
época. Y en una sociedad globalizada, multicultural y
competitiva, parecería que uno de los caminos es tener una
educación internacional, intercultural y global.
Conclusiones
Las principales líneas de desarrollo del presente artículo,
en nuestra opinión las perspectivas inmediatas y futuras del
proceso de internacionalización en México, dependen
ampliamente de los avances de desarrollo del propio sistema
de educación superior. Si bien existen signos positivos
hacia un mejoramiento, dado que han aumentado sensiblemente
las tasas de cobertura, el nivel de preparación de los
académicos, el número de investigadores, el lugar de la
evaluación en todos los niveles educativos, la
infraestructura, etc.; el retraso que acumuló México en los
ochentas, no ha sido todavía superado para cerrar la brecha
con los países desarrollados. Según el Banco Mundial (2003),
para América Latina no se trata de ir al mismo paso que los
países desarrollados, si no de ir dos veces más rápido para
ponerse al mismo nivel que ellos. Pues, en la Sociedad del
Conocimiento estas diferencias podrían agudizarse. Por ello,
es crucial que los tomadores de decisión de la política
educativa mexicana, además de intentar superar los niveles
de retraso de sus sistemas de educación, sean también
atentos a las grandes tendencias de la educación en el mundo.
En este sentido, es notable que los países de la OCDE y los
países emergentes de Asia y Oceanía, hayan puesto al centro
de sus prioridades educativas a la internacionalización, a
nuevos contenidos curriculares, y nuevas maneras de enseñar
y producir conocimientos. No seguir estas nuevas tendencias
podría significar para México tener una educación que no sea
competitiva y acorde a los requerimientos del Siglo XXI. Es
por ello, que la internacionalización más que ser una opción
es una obligación para México, pues es una estrategia clave
para dar a los egresados las oportunidades de competir y ser
exitosos en el nuevo contexto global.
Ciertamente es preocupante que no se esté preparando a los
estudiantes mexicanos para estos retos, a diferencia de
otros países. En otras palabras, México está incurriendo en
un nuevo tipo de retraso educativo. Pues no es suficiente
alcanzar una educación de mayor calidad, es imprescindible
que ésta sea a tono con las grandes tendencias del mundo, y
la internacionalización es definitivamente una de ellas.
En conclusión, adoptar estrategias de internacionalización
comprehensivas, integradas y medulares a las políticas de
desarrollo puede ser el camino más rápido para llegar a
mejorar más rápidamente los niveles de calidad del sistema
educativo mediante alianzas estratégicas
interinstitucionales, además de preparar adecuadamente los
egresados con el perfil internacional, intercultural y
global que requiere el nuevo siglo. Lo que es cierto, es que
México, definitivamente, requiere de acercamientos
innovadores y creativos para superar el estado actual de su
sistema de educación superior y enfrentar con más
posibilidad de éxito los retos que depara el futuro. Es
tiempo que los tomadores de decisión de la política
educativa se den cuenta que la internacionalización bien
podría ser una de sus mejores opciones.
_____________________________________________________________
1Dicho concepto desarrollado por el Center for Research and
Innovation (CERI) de la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo y Económico (OECD) recomienda que las
estrategias de internacionalización sean medulares en las
políticas de desarrollo institucional y abarquen todos los
niveles del proceso educativo.
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Affairs en español. ITAM. Vol. 4, Num.1.
Asociación Internacional de Universidades (2003).
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Gacel, J. (2002). La dimensión internacional de las
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Högskoleverket Studies: National Agency for Higher
Education, Stockholm
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