Cuaderno de Investigación en la Educación
Número 19, Diciembre 2004


   

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La internacionalización de la Educación Superior en América Latin: El caso de México

 

Dra. Jocelyne Gacel-ávila
Educación Superior Internacional
Universidad de Guadalajara


Sumario

Este artículo hace un análisis de las tendencias y características actuales, así como las perspectivas reales y futuras de desarrollo del proceso de internacionalización en las universidades mexicanas. Se examinan las estrategias de internacionalización de las instituciones educativas en perspectiva de los rezagos y desafíos que presenta todavía el sistema de educación superior mexicano al inicio del Siglo XXI. La internacionalización se presenta como uno de los medios por el cual tales retos podrían superarse para que México se inserte exitosamente en las tendencias globalizantes, la sociedad del conocimiento, y de la competitividad.



Introducción

Al inicio del Siglo XXI, México al igual que la mayoría de las sociedades latinoamericanas, con mayor o menor grado de desarrollo, se enfrenta con la imperiosa necesidad de actualizar su sistema de educación superior, y de superar los rezagos acumulados a lo largo del Siglo pasado, con la finalidad de alcanzar una educación pertinente con la época. En este sentido, internacionalmente existe el común acuerdo que una de las estrategias educativas más innovadoras y complejas con las cuales cuentan las Intituciones de Educación Superior (IES) para enfrentar dicha situación, es sin lugar a duda, la internacionalización.

Sin embargo, por su alto nivel de complejidad, dichas estrategias requieren para su implantación de condiciones básicas en cuanto a estructuras organizacionales y programáticas con la finalidad de contribuir de manera decisiva y eficaz a la transformación de los sistemas educativos. Por ello, analizaremos en este artículo el grado de desarrollo y las particularidades de las estrategias de internacionalización de las universidades mexicanas en un intento de evaluar su grado de eficiencia y sus perspectivas de desarrollo. Por otro lado, dadas las similitudes que presentan los diferentes sistemas de educación superior de la región, y en particular, en los rezagos y desafíos específicos a los cuales se enfrentan para el nuevo siglo, el caso de la internacionalización de las universidades mexicanas puede servir de base para una reflexión sobre dicho proceso en todo el sub-continente latinoamericano. Se analizará en qué medida, las características propias de las universidades de la región, producto de su historia, dificultan o facilitan su adaptación a nuevos modelos educativos más pertinentes y adecuados a las demandas del Siglo XXI.

Nuestra hipótesis es que para contribuir de manera decisiva a la transformación de los sistemas de educación, las estrategias de internacionalización deben ser comprehensivas1 . Sin embargo, la implantación de dichas estrategias pareciera ser dificultada por el estado actual de desarrollo en el cual se encuentra el sistema de educación superior mexicano y latinoamericano. Por ello, se pretende en este artículo, examinar las diferentes estrategias de internacionalización adoptadas por las universidades mexicanas, con la finalidad de destacar los avances y las barreras a las cuales se enfrenta el proceso de internacionalización, y de analizar de manera crítica sus perspectivas futuras. Como se ha señalado, por los antecedentes históricos y las características comunes que comparten los diferentes sistemas de educación superior de la región, el caso mexicano se puede generalizar al de las universidades latinoamericanas.

I. La educación superior latinoamericana: una breve perspectiva histórica

Si partimos del hecho que las instituciones educativas reflejan una determinada estructura social y sirven las necesidades de formación de las elites dirigentes, por lo tanto, a la sociedad latinoamericana, le corresponde un esquema universitario cuya funcionalidad esta determinada por sus circunstancias histórico-sociales. De ahí que, por encima de las variantes impuestas por las condiciones del medio nacional respectivo, se advierten en las universidades de América Latina ciertas características comunes que permiten identificarlas y que autorizan el análisis de su problemática desde una perspectiva continental, dado que la sociedad latinoamericana en medio de sus contrastes presenta también algunas características comunes básicas.

Las principales características contemporáneas de las universidades latinoamericanas provienen de sus antecedentes histórico-sociales, y determinan en cierta medida sus respuestas al contexto global, y capacidad de adaptación a las influencias provenientes de una creciente globalización e internacionalización de la educación superior.

Recordaremos que México y los demás países de la región, a excepción de Brasil, deben sus primeras formas de educación superior y sus universidades a la iniciativa de la Corona Española, la cual creó universidades reales y pontificias en el Siglo XVI. El establecimiento de universidades en la colonia española se debió a la necesidad de profundizar las tareas de evangelización, a la conveniencia de proporcionar oportunidades de educación más o menos similares a las ofrecidas en la metrópoli, a los hijos de los peninsulares y criollos, a fin de vincularlos culturalmente al imperio y a la vez, a preparar el personal necesario para llenar los puestos secundarios de la burocracia colonial, civil y eclesiástica.

Salamanca y Alcalá de Henares, fueron los modelos que inspiraron las fundaciones universitarias en el Nuevo Mundo, dando lugar a dos tipos distintos de esquemas universitarios que prefiguraron, en cierto modo, la actual división de la educación universitaria latinoamericana en universidades “estatales” y “privadas” (fundamentalmente católicas). Es en el Siglo XX (1918) que, en Argentina un movimiento liberal promovió la Reforma de Córdoba, a la cual se le atribuye el carácter latinoamericano del actual sistema de educación superior de la Región. Dicha Reforma introdujo en la universidad, entre otras cosas, la participación estudiantil en la toma de decisión sobre la administración universitaria, además de fortalecer su autonomía y proyección social.

Estos antecedentes históricos constituyen en la época actual, “…entre el Norte de México y el Sur de Chile, una base común, y una “americanidad” inconfundible…” (Hans Albert Steger, citado en Tünnermann, 1998). Estos rasgos particulares a los diferentes sistemas de educación superior de la región podrían también explicar las similitudes existentes en cuanto a sus respuestas a las demandas y a las tendencias globalizantes de la educación superior.

Una de las características comunes más relevantes de la universidad latinoamericana la encontramos en la actualidad en su modelo y estructura organizativa, los cuales remontan al Siglo XIX, cuando se estableció la denominada universidad “tradicional” o “profesionalizante”, sutituyendo el modelo colonial por una simple yuxtaposición de escuelas profesionales” (Sánchez, 1949, p.24-33). El chileno Ignacio González (1966, p. 23-26) subraya que la universidad latinoamericana coincide más en elementos negativos que positivos, y la describe como: “libresca, dogmática, memorizante, que no enseña las ciencias, ni realiza investigación científica, que carece de bibliotecas y laboratorios; integrada por facultades profesionales autónomas en las que prima un espíritu más gremial que universitario, con autoridades electas por períodos cortos y profesorado de tiempo parcial, dueño de cátedras vitalicias; alumnado de tiempo parcial que disfruta de participación decisiva en los cuerpos académicos y administrativos y que no busca el saber sino el título, etc.”.

Sin embargo, Tünnermann (1998) señala que, si bien estas características no son particulares a todas las universidades latinoamericanas, como tampoco le son exclusivas, si lo son indudablemente de una mayoría significativa de ellas. Según dicho autor, en la época actual, las universidades latinoamericanas no disponen de una estructura que corresponda a un esquema definido, lógico y racional de acuerdo a la función que desempeña y subraya que “la universidad latinoamericana de hoy es un conjunto heterogéneo en que, elementos de universidades europeas y norteamericanas se superponen o encajan en una trama tradicional heredada de la universidad española del Siglo XVIII”. El grado en que se ha podido modificar la estructura tradicional de una universidad le confiere una apariencia de mayor o menor modernidad. A pesar de las características comunes ya mencionadas, no hay, sin embargo, tal cosa como la típica universidad latinoamericana, ya que las universidades reflejan las enormes diferencias existentes entre los diversos países latinoamericanos. Pero no obstante, comparten indudablemente las características de un continente subdesarrollado, dependiente, que todavía no ha alcanzado un grado total de avance científico y tecnológico como para que sus universidades sean centros independientes de pensamiento.

En otras palabras, se puede decir que la estructura actual de la universidad mexicana y latinoamericana, aún si no es un modelo que corresponde a un conjunto uniforme de propósitos, se distingue por rasgos peculiares, tales como una tradicional división en facultades profesionales autosuficientes y cátedras autárquicas. Ese modelo estructural básico es el resultado de la herencia colonial y de la adopción en el Siglo XIX, del modelo napoleónico de universidad, al cual se han agregado en las últimas décadas, elementos tomados principalmente de la universidad norteamericana. Lo relevante para el tema que nos ocupa en este artículo, es que es a partir de esta estructura que las diferentes universidades de la región intentan construir sus respuestas a las influencias del contexto exterior, tal como la globalización. De aquí se desprenden rasgos similares en sus estrategias de internacionalización.

Estos rasgos comunes heredados de sus antecedentes históricos, explican por una parte, hacer el contexto de la educación superior en América Latina, y por otra, nos permiten vislumbrar, las perspectivas y limitaciones que el proceso de internacionalización puede experimentar en la región. Pues si se ponen en paralelo dichas características con las condiciones básicas que requiere un proceso de internacionalización para su implantación e institucionalización, se puede entender cuales son las condiciones que, en parte, impulsan o frenan tal proceso en la actualidad.

II. El proceso de internacionalización de la educación superior mexicana: una perspectiva histórica

En lo que concierne el fenómeno propio de la internacionalización de la educación superior, aunque los antecedentes históricos nos recuerdan que el modelo fue inspirado de la universidad europea, principalmente española y francesa, no se puede decir que la universidad mexicana o latinoamericana es internacional por naturaleza. Una dimensión internacional proviene de un conjunto de condiciones, tales como el grado de internacionalización de su currículo, el perfil internacional de sus académicos, la competencia global de sus egresados, y de manera general un ethos internacional en la institución; las cuales no eran parte del quehacer de la vida universitaria de las Instituciones de Educación Superior latinoamericanas en los siglos pasados.

Sin embargo, es de destacar que a partir del Siglo XIX, miembros de las elites sociales y económicas latinoamericanas mandan sus hijos a estudiar en el extranjero, en particular en universidades europeas, francesas, inglesas y alemanas principalmente, y más tarde en el Siglo XX a universidades de Estados Unidos y Canadá. De regreso a sus países de origen, estos personajes, en tanto que líderes en el desarrollo de sus sociedades y en la vida intelectual y universitaria de la región, se convertían en propagadores de las culturas europea y norteamericana. Por medio de ellos, se daba a conocer las nuevas ideas y escuelas de pensamiento de los científicos y académicos extranjeros, al mismo tiempo que se difundían nuevas fuentes bibliográficas. Todos estos elementos apoyaron de alguna manera un cierto grado de internacionalización de las instituciones mexicanas. Pero, por ser limitados a algunos miembros de la elite, sus impactos fueron marginales en el desarrollo del sistema de educación superior, sobre todo cuando surge la masificación en los años setenta.

En la época de la posguerra, el interés de los países industrializados por actividades de cooperación internacional con los países en vía de desarrollo y en particular con las naciones latinoamericanas, crece de manera importante, dando lugar a diversos programas de becas para formación de recursos humanos de alto nivel, así como de programas científicos para el desarrollo. Un ejemplo muy ilustrativo de ello, es el programa Fullbright, aprobado por el Congreso norteamericano en los años cuarenta. Con estas actividades se pretendía apoyar el desarrollo económico y social de los países más pobres. Para los países desarrollados, dicha cooperación respondía a intereses de naturaleza cultural, pero sobre todo económica, esperando crear así nexos y relaciones comerciales futuras, además de ideológicas con las naciones beneficiarias de estas ayudas. Al inicio de los años setenta, en México como en la mayoría de los países latinoamericanos, los gobiernos empezaron a implantar políticas nacionales de formación de recursos humanos de alto nivel. Ciertas naciones, como el en caso de México y Venezuela, lo hicieron con las ganancias financieras del “boom” o crecimiento repentino de la industria del petróleo, la venta de los recursos naturales nacionales, y cuantiosos préstamos internacionales. También en esta época, las naciones tuvieron al centro de su agenda el desarrollo de la capacidad nacional científica, dando lugar a la creación de consejos nacionales para la ciencia y la tecnología, como el CONACYT en México. Hoy en día, estos esfuerzos siguen ocupando un lugar prioritario y en el caso mexicano, el CONACYT apoya proyectos de internacionalización de la investigación.

A finales de los ochentas, las actividades internacionales empiezan a ser parte del quehacer universitario mexicano y latinoamericano, y se abren las primeras oficinas de intercambio académico en las más grandes universidades públicas y privadas. Estas actividades son, no obstante, principalmente reactivas y responden a ofertas hechas por parte de organismos e instituciones internacionales.

A medianos de los noventas, la apertura económica provoca la necesidad de formar recursos humanos con competencias internacionales, que provoca un crecimiento notable en la cantidad de actividades internacionales en el terreno académico y universitario. Aparece en Europa en el marco de la construcción de la cuidadanía europea, un nuevo concepto de movilidad académica y de internacionalización, que se promueve como medio para el mejoramiento de la calidad y de la pertinencia educativa, así como para el desarrollo de la capacidad nacional e institucional. Dicho concepto será rápidamente tomado como modelo por el resto del mundo. Al inicio de los años 2000, muchas son las instituciones latinoamericanas que adoptan las estrategias de internacionalización como eje estratégico de desarrollo institucional para alcanzar mayor calidad educativa y enfrentar los desafíos del Siglo XXI. El concepto de cooperación internacional para el desarrollo se ve sustituido por el de cooperación horizontal. Hoy en día, México goza de varios programas de movilidad para académicos y estudiantes, principalmente con países europeos y norteamericanos. El país se ha convertido en polo de atracción internacional para programas de intercambio, y para el estudio del idioma español. El número de acuerdos bilaterales, trilaterales y multilaterales sigue creciendo de manera importante, y son generalmente basados en la reciprocidad.

Después de este breve recuento histórico de la dimensión internacional de las universidades mexicanas, analizaremos más en detalle, sin pretender ser exhaustivos, las características actuales de sus estrategias y programas de internacionalización. Dicho análisis está basado en una investigación cualitativa realizada durante varios seminarios sobre la internacionalización de la educación superior que la autora impartió a funcionarios y académicos universitarios en diferentes universidades del país y de América Latina.

III. El proceso de internacionalización de las universidades mexicanas

En México, las instituciones reportan como principal raciocinio para la internacionalización, el mejoramiento de la calidad educativa. Aunque se debe precisar que a la pregunta de cómo específicamente la internacionalización permite este mejoramiento, casi nadie puede responder con precisión. Otro raciocinio mencionado recurrentemente es el prestigio académico e institucional que trae consigo el hecho de tener un importante número de relaciones internacionales. En este sentido, se percibe que ciertas instituciones consideran la internacionalización como elemento de mercadotecnia. Se invoca igualmente la necesidad de aumentar el nivel de competitividad del país en los mercados comerciales mundiales, siendo la internacionalización de los recursos humanos un elemento estratégico para lograrlo. Sin embargo, es poco frecuente la mención de la internacionalización como una oportunidad para lograr ingresos financieros extraordinarios, mediante la venta y la exportación de servicios educativos, como es el caso de algunas de las IES de Norteamérica, Europea, Asia y Oceanía. Esta situación es consecuente con el hecho que la región, de manera general, es más importadora que exportadora de servicios educativos. Finalmente, es poco frecuente invocar a la educación internacional como medio para lograr un mayor nivel de entendimiento y comprensión intercultural entre todos los pueblos del mundo. Sin embargo, se percibe una preocupación entre los diferentes actores universitarios por el riesgo de pérdida de identidad y raíces culturales en el contexto de la globalización. Raramente, se percibe a la internacionalización como una respuesta a ésta y como una oportunidad para dar a conocer internacionalmente la riqueza del patrimonio cultural latinoamericano.

En el plano de la política nacional, como se ha mencionado, la internacionalización de la educación superior mexicana inició en los años setenta con la creación del CONACYT, organismo cuyo objetivo es impulsar una política nacional de formación de recursos humanos de alto nivel. Las becas CONACYT permitieron a miles de mexicanos y miembros de la comunidad universitaria realizar estudios de posgrado en las mejores universidades del mundo, lo que los confiere en principio competencia internacional y sensibilidad intercultural. El destino favorito de estudio de los mexicanos es hoy en día, Estados Unidos, seguido por Gran Bretaña, España, Francia, aunque últimamente parece que la Unión Europea va superando nuestro vecino del norte. Este importante número de mexicanos que estudian en el extranjero son un elemento clave para el proceso de internacionalización de la educación superior en el país, ya que el 68% de ellos se integran al sector educativo. Dichos académicos, de regreso a su país, gracias a las relaciones y contactos establecidos con colegas en las instituciones donde realizaron sus estudios, se convierten en los líderes idóneos de las iniciativas y actividades de colaboración internacional. Desafortunadamente, no se detectaron políticas nacionales o institucionales que sepan aprovechar estos recursos para la internacionalización del currículo, por ejemplo.

En el rubro de la internacionalización de la investigación, según datos del 2001 del CONACYT, los países con los cuales México tiene mayor nivel de colaboración son por orden de importancia y número de proyectos: Francia (133), Alemania (61), Estados Unidos (28), España (28), Cuba (24), Argentina (15), Italia (12). Estas cifras destacan que a pesar que el mayor número de estudiantes mexicanos realizan estudios en instituciones estadounidenses, son las naciones europeas con las cuales se mantienen la mayor colaboración en investigación. El total de proyectos con países miembros de la Unión Europea rebasa por 4 veces los realizados con instituciones estadounidenses, y eso sin tomar en cuenta los programas de la Unión Europea como ALFA, por ejemplo.

En cuanto a los programas y actividades internacionales, en México, se aprecia un comportamiento diferente entre universidades públicas y privadas. De manera general, las universidades públicas son las que mayor número de convenios mantienen suscritos con instituciones extranjeras, y en un abanico más amplio de actividades y programas internacionales, tales como la investigación en colaboración, la movilidad de los académicos y de los estudiantes, los proyectos de cooperación para el desarrollo, la participación en redes de investigación y de docencia internacionales, la actualización internacional del personal académico y administrativo, para citar algunos rubros. Sin embargo, las universidades privadas son más activas en el ramo de la movilidad estudiantil de pre-grado, probablemente por los antecedentes familiares socio-económicos de sus estudiantes, pero también porqué, hay que reconocerlo, éstas han sabido desarrollar estrategias de promoción más exitosas, así como una profesionalización mayor de la gestión internacional y del personal dedicado a ella.

De manera general, la movilidad estudiantil de pre-grado en México es reciente (inició a finales de los noventas), y solamente mueve a un número muy reducido de estudiantes (menos del 1%). Sin embargo es una modalidad en constante crecimiento, y es apreciada por parte de las universidades latinoamericanas como la de mayor prioridad para los años futuros (International Association of Universities, 2004). México, como país del sur envía más estudiantes al extranjero de los que recibe, pero es notable un interés creciente de parte de estudiantes de Norte América, Europa, Oceanía y Asia por venir a estudiar a México, principalmente por periodos cortos o para tomar cursos de idioma español. Sin embargo, el reclutamiento de estudiantes extranjeros no llega a ser visto, sobre todo por las universidades del sector público, como forma de internacionalización del campus, así como de los estudiantes locales, además de ser un medio de allegarse recursos financieros no despreciables. Las universidades del sector particular son mucho más activas en este rubro, y han desarrollado estrategias específicas para captar este mercado, lo cual beneficia, sin lugar a dudas, sus estudiantes, ya que éstos se encuentran así más expuestos a contactos interculturales en su institución.

En cuanto a la internacionalización del currículo, se considera en México solamente a la movilidad de estudiantes y de profesores, y no se contempla a la integración de la dimensión internacional en los programas de estudios y en los métodos pedagógicos mismos. Recordaremos que la internacionalización del currículo debe impactar los tres siguientes rubros: la movilidad y la experiencia internacional del personal académico, la movilidad de los estudiantes, y la integración de la dimensión internacional en las disciplinas y en los programas de curso. En México, y en América Latina en general, se promueve la movilidad de los académicos y de los estudiantes al margen de la estructura y de los contenidos de los programas de curso y de estudio. A título de ejemplo, se puede mencionar que el programa para la movilidad en la educación superior de América del Norte (PROMESAN) financiado entre los tres gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México no está ligado a las políticas institucionales y nacionales de innovación y actualización curricular. Es evidente también un manejo insuficiente de idiomas extranjeros tanto en los estudiantes como en el personal universitario, académico y administrativo. Dicha situación incide negativamente en el aprovechamiento de las oportunidades de cooperación internacional y de competitividad en el mercado laboral internacional para los egresados latinoamericanos. Por otra parte, no se recurre, salvo en honrosas excepciones, a utilizar las nuevas tecnologías de información y comunicación como recurso para internacionalizar el currículo. Esta situación implica que sea una parte ínfima de la población estudiantil la que está expuesta a un currículo internacionalizado y en consecuencia, las oportunidades de internacionalizar el perfil de los estudiantes son algo reducidas.

En cuanto al perfil internacional de los académicos mexicanos, la mayoría de las grandes universidades públicas invierten recursos significativos para promover la participación de sus académicos en congresos y conferencias internacionales, así como en actividades de colaboración con instituciones extranjeras. La movilidad del personal académico en América Latina ha aumentado también en los últimos años gracias a programas promovidos por organismos extranjeros de cooperación internacional de países como la Unión Europea, España, Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, etc. Sin embargo, es de subrayar que la movilidad del personal académico se concentra en una elite de la comunidad universitaria, por lo que la gran mayoría del personal universitario no ha tenido la oportunidad de vivir una experiencia internacional y no ostenta un perfil internacional, lo que a la postre limita seriamente la internacionalización de los contenidos académicos, y del currículo.

Por otra parte, son muy escasas las universidades mexicanas y latinoamericanas con la capacidad de exportar y vender servicios educativos en el extranjero. El caso más exitoso es el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey en México, el cual exporta programas educativos a varios países de América Latina (Colombia, Chile, Perú, Ecuador). Es de destacar la presencia creciente de proveedores extranjeros en América Latina, bajo distintas modalidades, o sea por medio de educación a distancia, programas “on line”, sedes o franquicias de instituciones extranjeras. Vale subrayar la falta de control de calidad de estas nuevas modalidades y nuevos proveedores, pues los sistemas de educación superior de la región no han sabido desarrollar procesos de evaluación y de regulación para la implantación de estos tipos de servicios y empresas internacionales, dejando así a los potenciales compradores de estos servicios, muy desprotegidos.

En resumen, si bien es innegable que el número de actividades internacionales han aumentado de manera importante en los últimos años y lo siguen haciendo, lo que demuestra un cierto nivel de avance del proceso de internacionalización en las IES mexicanas, no obstante, un examen más cuidadoso nos lleva a tener un entusiasmo más mesurado al respecto. En efecto, hoy en día es un común denominador en los discursos oficiales y planes de desarrollo institucionales en México la mención de la internacionalización como eje estratégico de desarrollo para el mejoramiento de la calidad y de la pertinencia educativa. Dicho fenómeno parece ser, sin embargo, más un reflejo de la importancia que ha adquirido tal estrategia en todo el mundo y en particular en los países de europea occidental, que una realidad.

En este sentido, una evaluación de la dimensión internacional de las universidades mexicanas (Gacel, 2002) ha revelado que los diferentes actores universitarios mencionan una carencia de políticas institucionales de internacionalización que sean sistemáticas y centrales al desarrollo institucional. Son escasas las instituciones donde la política de internacionalización se encuentra expresada de manera explícita en las políticas de desarrollo institucional. Las actividades y programas internacionales suelen ser organizados de manera reactiva, es decir responden en prioridad a propuestas proviniendo del exterior, en su mayoría ofrecidas por organismos internacionales de los países desarrollados, tales como los países miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, y Canadá. En este sentido, podemos decir que los países latinoamericanos siguen respondiendo, en parte, a esquemas de cooperación para el desarrollo. Son contados los proyectos de cooperación horizontal interregional o con otras regiones del mundo con un grado de desarrollo social y educativo semejante o comparable. Los principales proyectos de cooperación horizontal en vigor en la región han sido impulsados por terceros países, como en el caso de las redes ALFA financiadas por la Unión Europea. Dichas redes internacionales tienen la originalidad de promover proyectos de cooperación norte-sur y sur-sur.

La mencionada evaluación ha demostrado que generalmente las actividades internacionales se organizan en torno a iniciativas individuales, carentes de dirección y desligadas del plan de desarrollo institucional y de sus prioridades. El examen de las diferentes estrategias internacionales de las instituciones mexicanas indica que la dimensión internacional no está integrada en los ejercicios de planeación, presupuestación y evaluación de la política educativa tanto nacional como institucional. Las políticas de internacionalización no son revisadas con regularidad y no existen procedimientos para evaluar la calidad de los programas internacionales y su impacto en el mejoramiento de la calidad del desempeño institucional, como tampoco en el rendimiento académico de los estudiantes y del personal universitario. Raramente las actividades internacionales son planeadas para cubrir prioridades o rubros del plan de desarrollo institucional, y están dejadas a la iniciativa de los mismos académicos o de los estudiantes. Son casi inexistentes las Instituciones de Educación Superior que disponen de un plan institucional de internacionalización con objetivos y recursos requeridos claramente planteados y planeados a corto, mediano y largo plazo. De manera general, el rubro presupuestal dedicado al impulso de estas actividades es difícil de identificar en las instituciones, pues se encuentra disperso bajo diferentes rubros, tales como la actualización de los académicos y su participación en congresos o redes internacionales. La movilidad estudiantil por su lado no goza, salvo en algunos casos de universidades públicas, de presupuesto. De manera general, existe una precariedad en cuanto a la disponibilidad de estos recursos, y es usual que en tiempos de austeridad financiera, los programas de internacionalización sean los primeros en ser recortados. Todos estos aspectos demuestran que más allá de los discursos oficiales, la internacionalización no tiene un lugar prioritario en la agenda institucional, y que la dimensión internacional no está entendida como una estrategia transversal en las políticas de desarrollo académico. En otras palabras, la concepción e implantación de las políticas institucionales no integran o toman en cuenta la dimensión internacional. La falta de estructuras organizacionales y programáticas adecuadas a las necesidades de la época indica que a pesar de las declaraciones retóricas en torno a la importancia de la internacionalización, ésta es todavía un fenómeno marginal en el funcionamiento y desarrollo de las Instituciones de Educación Superior de la región. Son contados los casos donde las estrategias de internacionalización tienen verdadera prioridad en la agenda institucional. La falta de estructuras organizacionales y programáticas que sean integradas y transversales a todas las políticas de desarrollo institucional tiene como consecuencia la falta de institucionalización de la dimensión internacional en el quehacer universitario, además de implicar correlativamente un bajo rendimiento académico de los programas internacionales.

Como principales barreras a la profundización e institucionalización del proceso de internacionalización, entre otras cosas, es de destacar una escasa profesionalización del personal dedicado a su gestión y administración, debido a una alta rotación del personal de confianza en las universidades mexicanas y latinoamericanas en general. Lo anterior, no permite que las Intituciones de Educación Superior formen una masa crítica y una reserva de profesionales en el área, así como que se desarrolle el suficiente “know how”, conocimiento operacional para la concepción, diseño e implantación del proceso de internacionalización en las funciones sustantivas. Finalmente, esta falta de profesionalización aminora también el potencial de promoción institucional, y el aprovechamiento de oportunidades que se presentan en la escena internacional. Esta situación se debe a que no existe un servicio administrativo de carrera para los cuadros de la administración universitaria latinoamericana, debido en parte al perfil político de sus autoridades. Esta situación provoca, en la mayoría de los casos, una improvisación de los cuadros administrativos. Tener cuadros no especializados en administración universitaria, provoca una lentitud de respuesta a las nuevas demandas de las instituciones educativas.

La transformación y adaptación de las estructuras internas institucionales son también difíciles cuando casi imposibles de implantar. En parte, una de las problemáticas que frena el avance del proceso de internacionalización en México y en América Latina, es que las instituciones no han sabido modificar sus estructuras organizacionales para gestionar los esfuerzos de internacionalización. No se pueden hacer las cosas de manera diferente si siguen en función estructuras anticuadas, que responden a demandas de otra época. La ubicación que ocupan las oficinas de relaciones internacionales (llamadas también de cooperación internacional o de intercambio académico), es todavía baja en el organigrama institucional, siendo de manera general, instancias de 4to o 5to lugar. Se encuentran generalmente dependientes de direcciones académicas o de planeación. La figura de vicerrectoría de relaciones internacionales, implantado en las instituciones europeas, es casi ausente del panorama latinoamericano. Lo anterior no permite a dichas instancias administrativas tener la autonomía que se requiere para cumplir cabalmente con los retos que representa implementar una estrategia de tal magnitud y complejidad. En consecuencia, dichas oficinas no participan en el diseño y en la toma de decisión en cuanto a políticas generales institucionales, comprobando de nuevo la marginalidad de la internacionalización en el quehacer institucional.

Por otra parte, es de destacar que a nivel de la política nacional mexicana, el Plan Nacional de Educación 2001-2006 no utiliza el término de “internacionalización”, si no de “cooperación internacional” y “movilidad”; lo que significa que la política nacional sigue promoviendo la organización de los programas internacionales en torno a una concepción tradicional de la cooperación internacional, cuyo principal objetivo es la captación de fuentes de financiamiento externo. Este concepto tiene como consecuencia el de provocar una actitud reactiva de parte de las instituciones a las ofertas de cooperación para el desarrollo, y promover un esquema de movilidad individual (tanto de académicos como de estudiantes) desligada de las prioridades y planes de desarrollo institucional. Tampoco existen políticas nacionales que provean liderazgo y vinculan los programas nacionales de mejoramiento de la calidad académica con la promoción de la movilidad estudiantil. A pesar de declarar a la movilidad como estrategia de mejoramiento de la calidad académica, no existen programas nacionales en esta área, que ponen a la disposición de las instituciones, los suficientes recursos y lineamientos para internacionalizar las funciones sustantivas y el perfil de los egresados.

La falta de liderazgo de la política nacional hacia un proceso de internacionalización integrado y medular en el desarrollo institucional, resta impacto y potencial al avance de dicho proceso en las instituciones, ya que los programas internacionales son dejados a la sola iniciativa de éstas. Dado que las Intituciones de Educación Superior públicas, mayoritarias en México, dependen de los subsidios gubernamentales para poder funcionar, y por lo tanto están obligadas a seguir en prioridad los lineamientos de la política nacional, el liderazgo de la política nacional es determinante para el futuro de la internacionalización.

En resumen, el proceso de internacionalización en México y en América Latina se caracteriza por una falta de estructuras organizacionales y programáticas ad hoc, no adecuadas al nuevo concepto de internacionalización comprensiva. La noción de comprensividad significa que las estrategias de internacionalización para poder contribuir de manera decisiva a la transformación de los sistemas de educación superior y su adecuación a las demandas y necesidades del nuevo siglo, deben impactar los tres niveles del proceso educativo, a saber: el micro, el mediano y el macro. El nivel micro se refiere al proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula; el mediano, a la estructura curricular (programas y planes de estudio); y el macro implica que la dimensión internacional sea un aspecto considerado en la toma de decisión sobre políticas de desarrollo institucional. Para ello, se recomienda integrar una dimensión internacional en los siguientes cuatro aspectos del quehacer universitario, a saber: la estructura organizacional, la innovación curricular, las políticas de desarrollo humano, y en el perfil de los estudiantes (Rudzki, 1998).

En conclusión, las estrategias de internacionalización de las universidades mexicanas y latinoamericanas no son comprensivas y transversales. Las actividades internacionales no intervienen y no están integradas a todos los niveles del proceso educativo, en los métodos de enseñanza-aprendizaje, en el diseño curricular, en las políticas de desarrollo humano, en las estructuras organizacionales y programáticas, así como en la toma de decisión sobre las políticas de desarrollo institucional. A pesar de la relevancia otorgada al proceso de internacionalización en los discursos sobre el mejoramiento del sistema educativo superior del país, los programas internacionales no se organizan en torno a un concepto de internacionalización comprehensiva, tanto en el plano de la política nacional como institucional, el cual rebasa la concepción tradicional de la cooperación internacional y de la movilidad física de los individuos. Tal como lo señala Fullan (1991), es importante distinguir entre las estrategias de cambio que tengan la capacidad de influir sobre el individuo o el sistema. El hecho que la política nacional como institucional han escogido fundamentalmente estrategias de cooperación internacional y movilidad, que afectan a los individuos pero no al sistema, no pueden contribuir de manera decisiva en el mejoramiento de la calidad del sistema educativo, así como contribuir a su reforma y transformación. El sistema nacional de educación mexicano no está actualmente promoviendo y poniendo los recursos necesarios para desarrollar un nuevo perfil de egresados, que sea internacional e intercultural, con una perspectiva global de su papel profesional y social.

Sin embargo, es altamente probable que tal como Van der Wende (1997) lo precisa, esta situación no sea consciente, y que más bien se puede atribuir a una falta de conceptualización de parte de los tomadores de decisión de la política educativa, de lo que significa concebir e implantar estrategias de internacionalización comprehensivas, transversales e integradas a todos los niveles del proceso educativo. Por ello, es de vital importancia, que se siga promoviendo más amplias investigaciones en el tema de la internacionalización comprehensiva, además de crear mayor nivel de conocimiento sobre sus beneficios para enfrentar los retos del Siglo XXI. Desgraciadamente, el nivel de investigación en el área es muy poco desarrollada en las escuelas de educación del país. También es necesario llevar a cabo investigaciones que relacionen mejor la relevancia de la internacionalización como medio para superar de manera más eficaz y rápida los rezagos que enfrentan los sistemas de educación superior latinoamericano. Por ello a continuación, se hará una breve reflexión sobre los principales desafíos que enfrenta dichos sistemas al inicio del nuevo siglo, y de que manera facilitan o dificultan el proceso de internacionalización.

IV. Los retos de la educación superior en América Latina y el proceso de internacionalización

La mayoría de las investigaciones educativas coinciden que la universidad mexicana y latinoamericana en general se enfrenta al inicio del Siglo XXI, a una realidad compleja y en una situación de retraso. Los rezagos que presentan los sistemas de educación superior de América Latina al inicio de este nuevo siglo les impiden responder de manera óptima a los retos y las demandas de una sociedad del conocimiento y globalizada. Tünnermann (1998) apunta que la universidad latinoamericana entra en el Siglo XXI con problemas del Siglo XIX.

En efecto, tal como se mencionó en la parte histórica de este artículo, la educación superior mexicana y latinoamericana ha heredado del Siglo XIX el modelo napoleónico, del cual intenta todavía salir en el Siglo XXI. Dicho modelo se caracteriza por ser muy profesionalizante, por un currículo rígido, que dificulta la transferencia y la revalidación de estudios, por ser centrado en perspectivas locales y nacionalistas, con poca relación y colaboración con empresas y con la sociedad civil en general, con lentitud de respuesta hacia las demandas del mercado; con poco desarrollo de la investigación; con énfasis en carreras como las del área de ciencias económico-administrativas y de ciencias humanas, con una alta deserción escolar, e ineficiencia terminal, con una infraestructura de laboratorios y bibliotecas insuficiente. A estas características, se pueden agregar que las Intituciones de Educacón Superior mexicanas y latinoamericanas son lentas en adaptarse a los cambios requeridos, debido en parte al perfil político de sus autoridades, lo cual hace que la toma de decisión responda en prioridad a criterios más políticos que académicos. A estos rasgos, se pueden agregar de parte de los estudiantes, un limitado manejo de idiomas extranjeros y el poco conocimiento de otras culturas. Por lo demás, destacaremos la falta de profesionalización del personal docente, siendo en su gran mayoría de tiempo parcial, y de un nivel de preparación insuficiente (alrededor del 80 % con nivel de licenciatura), según Tünnermann (1998) solamente el 10% de ellos podrían ser considerados como profesores de nivel superior según estándares internacionales. Todos estos aspectos limitan, entre otras cosas, la capacidad de innovación educativa, la elaboración de nuevos cursos, la interacción y el trabajo conjunto entre profesores y alumnos.

De esta situación, se desprenden los principales retos que enfrentan las instituciones de educación superior mexicanas, y latinoamericanas en general al inicio del Siglo XXI. Las características arriba mencionadas son comunes a la mayoría de las IES latinoamericanas, y deben ser superadas para que las sociedades del sub-continente puedan responder de manera adecuada a las demandas del nuevo contexto mundial. En este sentido, si se ponen en paralela los lineamientos de las nuevas propuestas educativas, como las descritas en el Informe Delors de la UNESCO (1997), se denota un desfase importante con los rasgos que se acaban de describir. Pues los lineamientos educativos para el nuevo siglo recomiendan entre otras cosas, incrementar los cursos de educación general, dejando la especialización solamente en un número reducido de materias, la flexibilidad de los currículos, el impulso a la investigación, una educación centrada en el aprendizaje, priorizando el trabajo conjunto entre el profesor y el alumno para la construcción del aprendizaje y del conocimiento, el conocimiento de las culturas ajenas y la comunicación intercultural.

Estas mismas características son también las requeridas para la implantación de una dimensión internacional, global e intercultural en el currículo (Mestenhauser, 1998, Gacel, 2003). En efecto, el mayor reto de la internacionalización es alcanzar la institucionalización de dicho proceso en el quehacer cotidiano de la educación terciara. Más que el número de programas internacionales, el mayor reto de la educación internacional es el grado de internacionalización de las disciplinas y del currículo. Pero para ello, es imprescindible contar con una estructura curricular flexible, de corte humanista, privilegiando la educación general, el estudio de otras culturas y otros idiomas, además del desarrollo del sentido crítico en los estudiantes. A estas características curriculares, la internacionalización requiere contar con un personal académico con experiencia internacional, que tenga el tiempo para la innovación en sus cursos, para el trabajo en equipo con sus estudiantes y para involucrase en la organización de programas de intercambio y de cooperación internacional en beneficio institucional. Se debe alentar también en el estudiantado el interés por las experiencias interculturales, y la valoración de la experiencia internacional para su éxito social y profesional, lo cual es más difícil con un estudiantado de tiempo parcial, que constituye la mayoría en América Latina.

En otras palabras, dadas estas peculiaridades, para las universidades mexicanas y latinoamericanas puede resultar aun más difícil implantar estrategias de internacionalización comprehensivas. Es preciso que estos rezagos se mejoren sustancialmente para poder alcanzar un proceso de internacionalización que permita apoyar de manera decisiva la modernización y la transformación de los sistemas de educación superior latinoamericano.

A la dificultad propia en la que se encuentran los sistemas educativos, no debemos perder de vista también, la difícil y precaria situación económica, política y social que atraviesan en su mayoría los países latinoamericanos. Pues éstos están constantemente sometidos a la presión de la inequidad social, la pobreza, una creciente delincuencia, economías inestables y devaluaciones financieras, democracias frágiles, para citar algunos de los mayores problemas. Este particular contexto hace más difícil aún a los estados poder dedicar la atención y los recursos financieros suficientes requeridos por las demandas educativas.

V. México y América Latina en una perspectiva global

Otro aspecto preocupante para México y América Latina es su lugar en cuanto a su desarrollo educativo en relación con los demás países del mundo y con otros países emergentes, como los países asiáticos en particular. En el Siglo XXI, para seguir participando y compitiendo en el escenario mundial, exige de las naciones una gran capacidad de conocimiento, entendido éste como el acervo de capital humano, científico y tecnológico de la sociedad. En la Sociedad del Conocimiento, las condiciones de estabilidad y avance económicos dependen de factores estratégicos como el grado de preparación académica de su población.

Mientras que entre 1985 y 2002, Asia ha mostrado un incremento en su participación comercial mundial de 23.7%, América Latina la ha acrecentado sólo en 5.5 por ciento (Andere, 2004). Según una muestra constituida por cinco países de América Latina: Argentina, Brasil, Chile, México y Perú, en una lista de 39 países, éstos ocupan los últimos lugares en cuanto a su nivel de competitividad: México ocupa el lugar 32; Argentina el 33, Brasil el 29, Chile el 22 (como la mejor marca latinoamericana), y Perú el 31, (Andere, 2004).

Indicadores desarrollados por diferentes organismos internacionales para medir el nivel de preparación de los recursos humanos, los factores de fortaleza y calidad educativa, de creatividad e innovación, así como de producción y difusión del conocimiento, no parecen tampoco favorecer la posición relativa de América Latina respecto del resto del mundo. En cuanto a la calidad de la población educada, según criterios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), mientras que los primeros lugares son ocupados por países como Japón, Hong-Kong, China, Corea, Finlandia y Canadá, cinco de los mencionados países de América Latina se ubican en cinco de los últimos ocho lugares; siendo Brasil y Perú en los últimos dos lugares. Los países con mayor número de recursos humanos de alto nivel capacitándose en el extranjero son Irlanda, Hong Kong, China, Grecia, Macedonia e Israel. México y los cuatro países de América Latina estudiados ocupan los siete últimos lugares de una muestra de 25 países. En cuanto a inversión en ciencia y tecnología, dichos países latinoamericanos, a pesar de ser los países que menos invierten en estos rubros, no ha habido ningún aumento al respeto en los últimos años. México y Perú ocupan los dos últimos lugares siendo México el país que menos invierte en investigación y desarrollo. Mientras que la inversión en el sector educativo y la relación del PIB en América Latina es de o.58%, el de la OCDE es de 2.21%. En cuanto a difusión de conocimientos tecnológicos, México se encuentra en el último lugar, y los demás países en los 7 últimos lugares de una lista de 29.

En resumen, según Andere (2004), “Si en un mundo globalizado el acceso y la participación en los mercados de comercio exterior e inversión extranjera directa están definidos por la capacidad para competir en bienes de valor agregado que requieren que la preparación de quienes los produzcan sea elevada, América Latina y México tiene un futuro sombrío. Si por otro lado, esta misma situación depende de factores como salarios bajos o enormes subsidios gubernamentales, México es también rebasado por otros países, como China por ejemplo. Sin embargo, la recomendación para las políticas públicas es mejor olvidarse de los bajos salarios y subsidios como elementos de competitividad y concentrarse en factores que generan competitividad mediante la elevación de los niveles educativos de sus ciudadanos”.

En relación con el tema desarrollado en el presente artículo, vale mencionar que los países desarrollados europeos, así como los emergentes de Asía y Europa del Este, tienen a la internacionalización como una estrategia prioritaria en su agenda educativa, para enfrentar los retos del Siglo XXI y hacerse más competitivos en el escenario mundial. El hecho que México intenta salir de sus rezagos educativos sin incluir la internacionalización como eje fundamental, podría provocar que el país incurra en otro tipo de retraso. Pues no es suficiente tener una educación de mayor calidad, es imprescindible tener una educación que sea pertinente con la época. Y en una sociedad globalizada, multicultural y competitiva, parecería que uno de los caminos es tener una educación internacional, intercultural y global.

Conclusiones

Las principales líneas de desarrollo del presente artículo, en nuestra opinión las perspectivas inmediatas y futuras del proceso de internacionalización en México, dependen ampliamente de los avances de desarrollo del propio sistema de educación superior. Si bien existen signos positivos hacia un mejoramiento, dado que han aumentado sensiblemente las tasas de cobertura, el nivel de preparación de los académicos, el número de investigadores, el lugar de la evaluación en todos los niveles educativos, la infraestructura, etc.; el retraso que acumuló México en los ochentas, no ha sido todavía superado para cerrar la brecha con los países desarrollados. Según el Banco Mundial (2003), para América Latina no se trata de ir al mismo paso que los países desarrollados, si no de ir dos veces más rápido para ponerse al mismo nivel que ellos. Pues, en la Sociedad del Conocimiento estas diferencias podrían agudizarse. Por ello, es crucial que los tomadores de decisión de la política educativa mexicana, además de intentar superar los niveles de retraso de sus sistemas de educación, sean también atentos a las grandes tendencias de la educación en el mundo. En este sentido, es notable que los países de la OCDE y los países emergentes de Asia y Oceanía, hayan puesto al centro de sus prioridades educativas a la internacionalización, a nuevos contenidos curriculares, y nuevas maneras de enseñar y producir conocimientos. No seguir estas nuevas tendencias podría significar para México tener una educación que no sea competitiva y acorde a los requerimientos del Siglo XXI. Es por ello, que la internacionalización más que ser una opción es una obligación para México, pues es una estrategia clave para dar a los egresados las oportunidades de competir y ser exitosos en el nuevo contexto global.

Ciertamente es preocupante que no se esté preparando a los estudiantes mexicanos para estos retos, a diferencia de otros países. En otras palabras, México está incurriendo en un nuevo tipo de retraso educativo. Pues no es suficiente alcanzar una educación de mayor calidad, es imprescindible que ésta sea a tono con las grandes tendencias del mundo, y la internacionalización es definitivamente una de ellas.

En conclusión, adoptar estrategias de internacionalización comprehensivas, integradas y medulares a las políticas de desarrollo puede ser el camino más rápido para llegar a mejorar más rápidamente los niveles de calidad del sistema educativo mediante alianzas estratégicas interinstitucionales, además de preparar adecuadamente los egresados con el perfil internacional, intercultural y global que requiere el nuevo siglo. Lo que es cierto, es que México, definitivamente, requiere de acercamientos innovadores y creativos para superar el estado actual de su sistema de educación superior y enfrentar con más posibilidad de éxito los retos que depara el futuro. Es tiempo que los tomadores de decisión de la política educativa se den cuenta que la internacionalización bien podría ser una de sus mejores opciones.




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1Dicho concepto desarrollado por el Center for Research and Innovation (CERI) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo y Económico (OECD) recomienda que las estrategias de internacionalización sean medulares en las políticas de desarrollo institucional y abarquen todos los niveles del proceso educativo.



Referencias

Andere, E. (2004). Sumas y restas en educación. Foreign Affairs en español. ITAM. Vol. 4, Num.1.

Asociación Internacional de Universidades (2003). Internationalization of Higher Education: Practices and Priorities: 2003 IAU Survey Report. Paris. France.

Banco Mundial (2003). Construir Sociedades de Conocimiento: Nuevos Retos para la Educación Terciaria. Washington. D.C.

Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro.Informe a UNESCO de la Comisión Internacional sobre Educación para el Siglo XXI. París. UNESCO.

Fullan, M. (1991). The new meaning of educational change. Nueva York: Teachers Collage Press, Columbia University.

Gacel, J. (2003). La internacionalización de la educación superior: paradigma para la ciudadanía global. Universidad de Guadalajara, México.

Gacel, J. (2002). La dimensión internacional de las universidades mexicanas: Un diagnóstico cuantitativo y cualitativo. p. 101-135. En: Educación Global (6). Guadalajara, México: AMPEI.

Mestenhauser, J. (1998). Portrait of and international curriculum: An uncommon multidimensional perspective. In Mesternhauser and B. Ellingboe (Eds.), Reforming the higher education curriculum, internationalizaing the campus. Phoenix, AZ: American Council on Education and Oryx Press.

Rudzki, R. (1998). Prospects of Higher Eudcation in Latin America. International Higher Education, Fall. Center for International Higher Education, Boston College.

Tünnermann, C. (1998) La educación superior en el umbral del Siglo XXI (ed.). Caracas, Venezuela: Ediciones CRESALC/UNESCO.

Van der Wende, M. (1997). Missing Links: The relationship between National Policies for Internationalisation and those for Higher Education in General. En : T. Kälvermark y M. Van der Wende (ed.), National Policies for the Internationalization of Higher Education in Europe. Högskoleverket Studies: National Agency for Higher Education, Stockholm
 

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