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La organización de
estructuras para el desarrollo y logro de la meta de
internacionalización en instituciones de educación superior:
posibilidades de modelos.
Aida Castañer Martínez, EdD
Catedrática Asociada
Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras
Departamento de Estudios Graduados
Fcaultad de Educación
Sumario
Este artículo centra su atención en la descripción de
elementos y dimensiones claves que las instituciones de
educación superior deben considerar como parte del proceso
de internacionalización. Sobre la revisión de literatura y
un estudio que lleva en progreso la autora, se plantea la
discusión de examinar diversos modelos o estrategias
organizativas para el proceso de internacionalización. El
componente programático-administrativo y académico es quien
a final de cuentas viene a transformar los proyectos y metas
en realidades concretas. Ilustra a base de una tabla
comparativa dos grandes centros de estrategias organizativas
que pudieran utilizarse. Concluye que la aplicación de
cualquiera de estos deberá ser sobre la base de un
autoestudio, el contexto y cultura institucional, los
recursos fiscales y el concepto de internacionalización que
se adopte.
Abstract
This article focus its attention in the description of
elements and key dimensions that the institutions of higher
education must consider as part of the internationalization
process. Based on the revision of literature and a study
that the author has in progress, reflect on the discussion
to examine diverse models or strategies for the
internationalization process. The programmatic
administrative and academic component is one that at the end
accounts to transform the projects and goals of
internationalization into concrete realities. It
illustrates, with a comparative table, two great centers of
strategies that could be used. It concludes that the
application of anyone of these will have to be on the base
of a selfstudy, the institutional culture and context, the
fiscal resources and the concept of internationalization
that is adopted.
Introducción
La educación representa actualmente un valor y una
oportunidad de intercambio comercial e intelectual, que ya
no reduce a las instituciones de educación superior al mero
proceso de promover la adquisición de destrezas, valores y a
la participación ciudadana efectiva en el campo del empleo,
sino que son instituciones abiertas, complejas y en
constante intercambio con la sociedad nacional e
internacional (Aponte, 2002; Vélez, 2002). Según Aponte, la
nueva fuerza laboral tiende a ser mundial; está vinculada a
los conocimientos y a las tecnologías de las comunicaciones,
a nuevas formas de aprendizaje y al predominio de las
transferencias de conocimiento e información vía interactiva
y de intercambio con múltiples países.
Países como México se plantean desde la década de los
noventa (siglo XX) el «reto de la universidad mexicana y de
todas las universidades del mundo en general, es enfrentar
el desafío que presenta la globalización, para formar
profesionales que deberán actuar en diferentes ambientes
culturales, en extrema interdependencia, y donde habrá que
promover el entendimiento y el respeto a la diversidad»
(Avila, 1998, p. 5). Esto, en claro contraste de políticas
internas con la visión tradicional que concebía a la
educación superior vinculada al papel de la promoción de la
movilidad social mediante la formación de profesionales que
atendieran las necesidades del desarrollo económico interno,
en olvido del escenario exterior, restando así a contactos
internacionales. Avila entiende que «una política de
internacionalización amplia y comprometida debe ser uno de
los elementos estratégicos en la construcción de una
política de renovación educativa» (p. 18).
Este fundamento nos induce a pensar que las universidades,
desde una perspectiva estratégica, gestoras del conocimiento
y en búsqueda del desarrollo sustentable, se replanteen el
papel de la internacionalización en sus metas y procesos de
reformas. El proceso de internacionalización en
instituciones de educación superior puede verse afectado o
limitado por encontrar obstáculos en diversos escenarios
internos y externos, que van desde la ausencia clara y
definida del concepto internacionalización hasta una
estructura organizativa adecuada a las metas, contextos y
necesidades expresadas en documentos de política
institucional y de desarrollo curricular.
Nuestra investigación centra su atención en este último
aspecto. Es decir, en la exploración y valoración de la
organización y coordinación de las estructuras que pueden
dar forma y dirección a la política y proceso de
internacionalización en instituciones de educación superior.
Cómo abordamos el asunto
El trabajo que nos ocupa se constituye de varias fases,
siendo este artículo un resumen de nuestros primeros
encuentros con el tema. La primera fase se constituyó de la
revisión de la literatura, de fuentes documentales y del
examen de las mismas a base de un protocolo de tres
preguntas. La segunda y, en cierto modo paralela a la
primera, la constituyó la búsqueda en línea, a base de una
planilla de criterios, de la identificación de universidades
localizadas en tres sectores geográficos: EUA, Europa-
particular en España- y América Latina y el respectivo
examen de programas, puestos u oficinas de internacionales.
La tercera fase la constituye la organización del análisis
de la información a base de dos centros medulares y
conceptos contextualizados a nuestro objetivo, en que se
puedan plantear posibles modelos organizativos para la
internacionalización. La cuarta fase, la constituye la
construcción de un cuestionario con el objetivo de ampliar y
profundizar en la base de datos de la fase documental y de
análisis de contenido, que pueda en cierta manera contrastar
y triangular nuestros supuestos y hallazgos sobre el tema.
Trasfondo
Green (2003) plantea que es muy común encontrar en la
mayoría de los recintos universitarios, que la
internacionalización y la educación internacional consisten
de una serie de actividades desarticuladas y pobremente
integradas en el centro de la misión académica. Añade, que
el resultado de la fragmentación de programas y actividades
que pocas veces se integran sobre la base de un plan o
estrategia común, adolecen de maximizar los resultados
académicos de la institución o de adelantar la enseñanza e
investigación. Argumenta este autor, que dado que hay
diversos aspectos y conceptos de la internacionalización,
cada grupo involucrado puede entender que su enfoque es el
que define el conjunto o la totalidad.1
Merkx (2003) describe dos corrientes del movimiento de
internacionalización, en particular en los EUA, que directa
e indirectamente han definido la composición administrativa
que se ha implantado para la internacionalización. La
primera se caracteriza por surgir desde los constituyentes
internos de las universidades; está orientada hacia metas
específicas de unidades funcionales particulares con
distintas perspectivas. Estas dieron paso a diversos modelos
organizativos, tanto de reclutamiento como de administración
de los servicios y programas académicos, que en muchos casos,
dieron paso a conflictos que no se conocían en los altos
niveles de la administración académica y, por lo tanto,
tampoco se podían conciliar desde arriba. En algunas de
estas instancias se encuentran iniciativas de grupos de
profesores o departamentos y son gestionadas por medio de
comités, programas, institutos, asociaciones, entre otros.
La segunda corriente, y más contemporánea, es la que se
inicia en los años ochenta y es acelerada por los factores
económicos de la década de los noventa del siglo XX. Es
decir, la integración o globalización. Se reconoce entonces,
que muchos de los factores que inciden en los cambios de la
internacionalización surgen de afuera, no desde los
tradicionales constituyentes académicos internos. Los nuevos
enfoques centran su atención en metas abarcadoras,
institucionales, nacionales, menos dirigidas por misiones
específicas de determinados programas, facultades o
departamentos. En ésta la administración central juega un
papel protagónico en búsqueda de la coordinación e
integración de unidades diversas, separadas y con agendas
específicas o particulares. Estas demandas y fuerzas hacia
el movimiento de internacionalización e integración obligan,
según hemos examinado, a los directivos y ejecutivos de la
alta jerarquía académica a replantearse la organización
administrativa que poseen o la que utilizarán, tanto
conceptual como fiscalmente para atender estos asuntos. Es
obvio que estos cuestionamientos no dejan de existir sin
controversias, dado que implican definir la
internacionalización, así como trabajar en el intrincado
escenario que caracterizan las instituciones académicas.
La literatura examinada indica que se han utilizado diversos
mecanismos con la meta de internacionalización y de
intercambio. Es importante distinguir y describir los
contextos sobre los cuales se evaluarán las estrategias, los
programas y la estructura académica- administrativa, dado
que no es lo mismo una universidad con un solo recinto y
currículo centrado, a diferencia de un sistema educativo
abarcador, con mayor número de facultades y unidades,
diversidad de currículos, ofrecimientos y niveles de estudio
(de grado y de posgrado). A estos, hay que añadir aquellas
que cuentan con programas graduados y proyectos de
investigación. Otro elemento a considerar es la localización
del centro educativo. Es decir, en qué zona geográfica
particular se encuentra y cuál es la población a la que
sirve, como por ejemplo ciudad, costa, campo o todas; y su
localización regional y nacional. Las necesidades y
prioridades, los currículos y los recursos fiscales
institucionales son significativos en el diseño de la
implantación del modelo organizativo que se adopte. El
componente prográmatico-administrativo y académico es quien
a final de cuentas viene a transformar en realidades
concretas los proyectos de internacionalización. Es central,
independientemente de que modelo-si alguno- se posee o se
adopte, considerar la relación e inclusión de la facultad y
de la unidad administrativa. Señala Rodenberg (2002): «The
relationship between an administrative international office
and an institution’s faculty remains the key determinant in
the success or failure of is international efforts. To be
sure, successful programs benefit by access to adequate
resources, academic reputation, and conditions specific to a
given country or culture» ( p. 24).
Reflexiones preliminares: propuestas de ordenamiento
Una de las estrategias académica-administrativa predominante
actualmente es aquella cuyo centro conceptual es de
coordinación (Connell, 2003; Internationalizing the Campus,
2004; Merkx, 2003; Griffin, Haque, Morris & Surak, 1999;
Gooding, 2001; Rodenberg, 2002). Sin embargo, existen otras,
tales como establecer una oficina, unidad o programa en cada
facultad o departamento con el objetivo de proveer los
servicios internacionales. Otra estrategia o mecanismo es
establecer un programa, unidad, escuela, instituto en que se
integran las actividades, servicios y programas académicos,
entre otros, que responden a una unidad académica o
administrativa. Una tercera es aquella en que se crea un
puesto académico administrativo (provost, vicerrector,
decano, vicepresidente, etc.) cuya responsabilidad es la
dirección, coordinación, administración e integración de
todas las iniciativas internacionales de la institución o
campus. (Connell, 2003; Internationalizing the Campus, 2004;
Griffin, 1999; Merkx, 2003; Rodenberg, 2002). (Ej.
Vicerrector para Relaciones Internacionales, Decanato de
Asuntos Internacionales.) Esta última provee para que puedan
darse programas u oficinas que respondan al puesto directivo,
así como otras estrategias administrativas, pero centradas
sobre la responsabilidad de este puesto. Ninguno de estos
modelos queda exento de conflictos, como tampoco son
exclusivos o excluyentes.
Al examinar las diversas estrategias o mecanismos esbozados
en la revisión que hiciéramos, es importante anotar que
entre los componentes o rasgos que más se destacan y
discuten es la característica de la fragmentación. Esta
apunta a que al mayor número de estructuras y a diferentes y
diversas metas se inducirá al aislamiento y a la
desarticulación, que como consecuencia pudieran diluir los
objetivos y recargar los esfuerzos y el presupuesto
institucional (Connell, 2003; Grifin, Haque, Morris & Surak,
1999; Engberg & Green 2002; Gooding, 2001; Green, 2003;
Sylvester, 2002).
No disponemos del espacio en este escrito para detenernos a
esbozar con ejemplos concretos cómo actualmente existen
instituciones que participan de estructuras paradigmáticas
como las que describimos, así como la convivencia de más de
un mecanismo. Es decir, desde utilizar centros u oficinas
sobre la base de unidades, facultades o departamentos hasta
aquellas que se encuentran con un puesto directivo integrado,
otros aislados de las facultades y departamentos. Sin
embargo, esperamos ofrecer en un trabajo ejemplos
estructurales de organización.2
Desarrollamos dos centros para analizar y resumir los datos
recopilados a base de la revisión documental y electrónica
sobre el tema: centralizado y descentralizado. La selección
de los conceptos se centró sobre la idea de agrupar cuál
estrategia pudiera ser potencialmente efectiva para
implantar la política de internacionalización, en el marco
de una gestión académica que reconoce el intercambio de
experiencias de lo particular, lo regional, lo intercultural
y lo internacional. No implica esto, que el único aspecto
para lograr el proceso y la meta de internacionalización se
reduzca a una solución de naturaleza estructural y sistémica.
Lo que aborda nuestra propuesta es el examen de uno de los
componentes centrales del proceso y enfoca en lo que se ha
destacado como una de las condiciones cualitativas
esenciales para este propósito. Es un medio al servicio de
unos objetivos y metas. Es obvio que el proceso en sí mismo
implica, además, reformas y cambios de contenidos. Hacemos
claro, que aun cuando hemos examinado literatura sobre
procesos de centralización y descentralización, que se da en
el sector de política pública de planeación gubernamental no
hemos adoptado los término sobre el debate acerca de los
sistemas centralizados contra los descentralizados o vice
versa. El examen nos inclina a coincidir con que es casi
imposible la total centralización como la descentralización
completa. La administración, en general, más centralizada
delega necesariamente en los jefes intermedios aunque sean
las mínimas facultades de supervisar el trabajo. La mayor
descentralización forzosamente exige también que los
ejecutivos o directivos de más alto rango controlen, aunque
sea parcialmente, los resultados finales. El problema o
aspecto neurálgico se plantea en el grado en que se deberá
centralizar o descentralizar (Connell, 2003;
Internationalizing the Campus, 2004; Goldstein, Clingman,
Crist, Osterwell, et.al. 2002; Tutoriales, 2004, sección
3.3).
Un modelo centralizado para la internacionalización, según
nuestro trabajo, se caracteriza por ubicar la coordinación e
integración de sus políticas, áreas, servicios, convenios y
actividades sobre un puesto altamente vinculado con la
administración del centro o recinto. Un modelo
descentralizado es aquel que se caracteriza por ubicar los
asuntos de intercambio y los ofrecimientos en una oficina o
programa, facultad o departamento particular, o en unidades
separadas que pudieran estar en más de un centro o facultad.
Hemos construido una tabla en la que ordenamos a base de
unos criterios el examen de ambas estrategias.
La Tabla I recoge a su izquierda criterios o dimensiones que
sirvieron de parámetros para examinar las fortalezas y
debilidades de cada modelo; pudieran emerger otras en el
proceso de análisis. Los criterios y conceptos quedan
enmarcados en tomar como supuesto que lo que se persigue es
lograr la meta de la internacionalización institucional.
Dependerá de la cultura y el contexto institucional, la
demanda del servicio, prioridades institucionales, los
recursos humanos y fiscales, entre otros, para decidir cuál
es el modelo o estrategia adecuada para las metas
institucionales de internacionalización. Un estudio de
necesidades o autoestudio debería ser el primer paso para
diseñar el modelo apropiado y definir cuál presenta mejor
potencial del recurso humano y económico. Examinemos
brevemente los que nos plantea la Tabla I.
Tabla I: Comparación de modelos organizativos
|
Criterios/
Dimensiones |
Centralizado
|
Descentralizado
|
|
Balance de riesgo en términos de las metas
internas y externas
(facultades, departamentos e institucional) |
Bajo
|
Dificultad para predecir el mismo.
|
|
Facultad y
Estudiantes |
Participación directa pudiera ser baja y reducir
visiones múltiples, si no se articula
cuidadosamente la participación. |
Alta, dado que puede haber mayor participación y
control por parte de los interesados por
programa o departamento. |
|
Administración del tiempo y los recursos
|
Canalizada y controlada. Pudiera darse muy
burocrática, sino se desarrollan mecanismos
adecuados para mantener vínculos con las
actividades y las facultades y el progreso y
monitoreo de las iniciativas y proyectos.
|
Centrada y aislada sobre una unidad que pudiera
limitar los esfuerzos y la articulación con
otras iniciativas. Puede duplicar los servicios
y ofrecimientos. Efectiva en relación con sus
objetivos particulares de unidades, no
necesariamente institucionales. |
|
Utilización de los recursos humanos
|
Alto en su ejecución, supervisión y servicio.
Requiere de adiestramientos que implican el
compartir informa-ción y alto nivel de ejecución
y articulación. |
Reducido. Posible aislamiento para compartir
información y resolver conflictos. |
|
Relación con las facultades, unidades y
departamentos
|
Alto, si es articulado y cuenta con el personal
adecuado y comprometido.
|
Mínimo con el resto del centro, pero alto con la
unidad, departamento o proyecto. Es posible que
lo que hace uno no se entere el otro.
|
|
Capacitación y asesoría del personal académico y
no académico |
Económico y enfocado
|
Costoso e individual.
|
|
Implantación de políticas
|
Rendimiento y ejecución alta. Pudiera darse de
forma sistemática, si es supervisado y evaluado.
|
Alto en la unidad o programa. Pudieran darse
conflictos por su separación con otras unidades.
Posible pérdida de visión de conjunto. |
|
Estadísticas e informes
|
Coordinadas, compartidas y articuladas.
|
Centradas en la facultad o departamento.
Cuestionable su valor para el uso institucional.
Dispersas. |
|
Proyección y divulgación interna y externa de
las iniciativas y metas
|
Pudiera ser burocrático. Consistente, uniforme y
apoyada. Mayor visibilidad.
|
Rápido en ofrecer servicios internos, pero no
así institucionales.Si hay más de un programa o
unidad en un sistema o centro, es costoso.
|
|
Relación con el área de desarrollo institucional
y directivos
|
Nivel alto de acceder a las jerarquías o
instancias decisionales.
|
Reducido poder o fuerza para avanzar la
internacionalización en conjunto.
|
|
Comunicación e innovación con los ofrecimientos
internacionales
|
Articulación entre diversas dimen-siones, tales
como estudios en el extranjero, convenios,
ofrecimientos y balance entre los que se reciben
y los que salen. Requiere amplia coor-dinación y
participación académica. |
Buena entre los involucrados, pero desarticulada
entre unidades o progra-mas. Duplicidad. Fuerza
(adelanto) sobre las agendas particulares.
Pudieran no «conocer» lo que otros hacen.
|
|
Participación del equipo («staff») en el proceso
institucional de internacionalización
|
Alta y apoyada. Permite la creación de comités o
juntas para la coordi-nación y planeación,
institucional, regional e internacional.
|
Pudiera ser mínima y de poco efecto.
|
|
Servicios y fondos fiscales
|
Seguridad de recursos.Control sobre los
servicios no académicos relacio-nados con los
proyectos institucionales.
|
Paridad con otras oficinas, pero compe-tidor por
recursos con otros programas u oficinas.
Difícil para proveer y coor-dinar servicios no
académicos |
El examen hacia la meta de
internacionalización, así como las estrategias organizativas
debería guiarse por preguntas tales como: (a)¿Quiénes son
responsables de la implantación y la administración de los
convenios y proyectos?, (b) ¿Posee la institución políticas
o guías para estos procesos?, (c) ¿Posee el recurso humano
adecuado y preparado?, (d)¿Cómo se implantan los acuerdos?,
(e) ¿Cómo se evalúan las metas y los logros de la
internacionalización?, (f) ¿Quién o quiénes realizan los
trámites para que los extranjeros sean admitidos a nuestros
países y a nuestros programas?, (g) ¿Quién y cómo se
coordinan los trabajos y proyectos con otras unidades
académicas de la institución o fuera de la institución?, (h)
¿Cómo pueden desarrollarse las metas propuestas?, (i) ¿Qué
criterios pueden aplicarse para el intercambio balanceado de
profesores y estudiantes?, (j) ¿Cómo inciden estos procesos
y políticas en otras dimensiones de la institución, tales
cómo servicios, matrículas, viajes, currículos y la cultura
institucional en general?, (k) ¿Qué estrategias de
internacionalización se presentan como económica y
académicamente efectivas?, (l) ¿Qué estrategias son
adecuadas para el balance entre lo regional, lo nacional, lo
intercultural y lo internacional?, (m) ¿Qué perfil deseamos
para el equipo de trabajo?, (n)¿Quién representa o habla por
la institución?, (o) ¿Cómo se recogen los datos para
informes y evaluaciones?, (p)¿ Centralizamos los servicios,
pero no los programas?
Según Merkx (2003), instituciones grandes y con programas
graduados han podido experimentar entre ambos modelos o
estrategias, y en muchos casos la coordinación entre ambos.
Este autor se inclina a pensar que la coordinación
centralizada posee fortalezas que abonan a la posibilidad de
una estructura efectiva hacia la internacionalización del
campus o institución. Concluye que cualquier mecanismo o
estrategia que se utilice para la coordinación dependerá de
contingencias locales y contextuales. Uno de los aspectos
más significativos es el concepto o definición que la
institución adopte sobre internacionalización. Es común
encontrar documentos con propuestas, metas, objetivos y
planes que en la práctica no se llevan a cabo o no se cuenta
con las estrategias adecuadas al entorno de la cultura
institucional, nacional, regional y global. La
internacionalización trasciende la estructura administrativa
paradigmática que pudiera adoptarse, ya que las iniciativas
y ofrecimientos curriculares son centrales para la
transformación de la educación superior actual.
En un estudio exploratorio realizado por la Dra. Patricia
Willer ( 2003) de la Universidad del Sur de Carolina, para
la Región VII de la Asociación de Educadores Internacionales
de NAFSA, ésta incluyó entre las preguntas que se formularon
en el estudio a qué unidad o puesto respondían los servicios
internacionales. De las 83 universidades que respondieron,
37 se encuentran ubicadas bajo asuntos académicos (Presidente,
Provost, Rector, Decano, Vicerrector, Vicepresidente, entre
otros), mientras que 28 se encuentran a cargo de asuntos
estudiantiles (Decano, Vicepresidente, Provost, directores,
programas graduados, entre otros). Las otras 18 se
distribuyen entre las oficinas de admisiones, reclutamiento,
Registrador y Educación Continua. Del total de 83
universidades que respondieron, tan sólo una tiene separado
los servicios para estudiantes de la de profesores
internacionales. Este estudio, así como el que llevamos en
proceso, apunta a que predomina la utilización de establecer
un puesto directivo, una sola unidad o programa por recinto
o campus centrada en el área académica.
Los primeros hallazgos apuntan hacia lo siguiente:
-
la mayoría de las
instituciones de educación superior contemplan
actualmente la internacionalización como un proceso o
actividad integral y no marginal de su sistema educativo;
-
la mayoría de las
instituciones de educación superior entienden que la
internacionalización es complemento estratégico de la
misión y transformación institucional;
-
la designación de una
vicerrectorado, decanato, provost apunta a ser la
estrategia predominante para implantar los objetivos y
el proceso de internacionalización.
A modo de cierre
En resumen, el proceso de examinar el cómo se implantan las
metas de internacionalización y el modelo administrativo
adecuado requiere de al menos lo siguiente:3
-
un estudio o auto estudio
del estado de situación de la institución y sus metas;
-
capacidad y voluntad de
cambio según los hallazgos;
-
definición clara y
operacional de la internacionalización;
-
compromiso de la facultad
y la administración con el proceso;
-
participación de la
facultad en el cambio curricular;
-
reconocimiento a la
facultad (de colegas y directivos) que intervienen y se
involucran en el proceso de implantación de los planes
de internacionalización;
-
balance entre el servicio,
la demanda y el recurso humano y fiscal;
-
identificar los recursos
adiestrados o con experiencias en este campo;
-
consultoría o trabajo
colaborativo externo e interno;
-
asignación de recursos; y
-
diseño e implantación de
un plan estratégico para la implantación de una política
de internacionalización.
_________________________________________________________________
1Recomendamos examinar el
artículo de Jane Knight Internationalization Remodeled:
Definition, Approaches, and Rationales, en que la autora
discute el concepto y su definición.
2Puede examinarse un sector como ejemplo de las recientes
publicaciones de la Asociación de Educadores Internacionales
de NAFSA, Internationalizing the Campus: Profiles of Success
at Colleges and Universities para los años 2003 y 2004 ( ver
referencias).
3Un excelente informe que puede consultar sobre este tema es
el producido por la American Council Education (ACE)
Promising Practices: Spotlighting Excellence in
Comprehensive Internationalization.
Referencias
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Internationalization: Results of a Pilot Study. Ponencia
presentada en la Conferencia Anual de la Región VII de NAFSA,
Tampa, FL. (Versión en papel, disponible a solicitud de la
autora)
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Connell, C. (compilador y redactor). (2003).
Internationalizing the Campus. Profiles of Success at
Colleges and Universities. USA: NAFSA: Association of
International Educators.
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Spotlighting Excellence in Comprehensive
Internationalization. Versión electrónica. Rescatado el 4
julio de 2003..
http://www.acenet.edu/bookstore/pdf/2002_promising-practices.pdf].
Fernández de Castro, P. (2001). Descentralización y
desconcentración administrativas. En: Âmbito Jurídico,
mar/2001. Versión electrónica. Rescatado el 27 de julio de
2004 http://www.ambito-juridico.com.br/aj/da0027.htm
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