Cuaderno de Investigación en la Educación

Reseña crítica: Investigación cualitativa en educación y ciencias sociales

Cuaderno de Investigación en la Educación, número 20 (Diciembre 2005)

Antonio T. Díaz-Royo
Catedrático de Psicología,
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

Cómo citar este artículo (estilo APA) / Citing this article (APA style):
Díaz Royo, Antonio T. (2005). Reseña crítica: Investiggación cualitativa en educación y ciencias sociales (2003), Nydia Lucca Irizarry y Reinaldo Berríos (San Juan: Publicaciones Puertorriqueñas) . Cuaderno de Investigación en la Educación, 20, 154-163.

PDF Descargue una versión en PDF de este artículo (147Kb).

Es con gran regocijo que acudo ante ustedes para presentar el libro de los Doctores Lucca Irizarry y Berríos Rivera: Investigación Cualitativa en Educación y Ciencias Sociales. Ambos autores son educadores; ella mi muy estimada estudiante durante el bachillerato aquí en Río Piedras, y posteriormente cuando realizó sus estudios de Maestría en Psicología con especialidad en Psicología Clínica.  Doctorada en Desarrollo Humano de la Universidad de Harvard, con experiencias pos-doctorales de las Universidades de Clark -también en Desarrollo Humano- y de la Universidad de Illinois en Psicología Social Transcultural.  Él, consejero profesional y Director de la Oficina de Orientación y Consejería del Colegio San José de Río Piedras, egresado del programa doctoral en Educación de esta universidad.  El Dr. Berríos Rivera también ha enseñando cursos en su especialidad y en investigación a  nivel graduado, tanto en su Alma Mater como en la Universidad Interamericana.

Los autores han producido trabajos de investigación cuya metodología responde al tema del libro de su autoría.  Menciono primeramente,  en el caso de la  Dra. Lucca Irizarry, su primera investigación que le concedió el grado de Maestra en Artes en la Facultad de Ciencias Sociales, El Graffitti como ejemplo de las interacciones persona-ambiente: Una interpretación organísmico evolutiva, y luego, su  Parental Goals in a Fishing Village, que le valió su grado de Doctora en Educación de Harvard.  No quiero dejar fuera sus valiosas aportaciones al estudio de la emigración puertorriqueña, la identidad y el bilingüismo, y los valores en la crianza de niños con impedimentos, una investigación comparativa entre Japón, Estados Unidos y Puerto Rico.

En el caso del Dr. Berríos Rivera, ha producido trabajos que marcan su interés denodado por la metodología cualitativa, tal cual es su La modalidad de la historia de vida en la metodología cualitativa y su disertación doctoral en la cual examinó la homosexualidad vía las historias de vida lo que le valió una evaluación con distinción.  También ha comenzado a considerar la valiosa contribución de la metodología cualitativa a las intervenciones y acercamientos que se hacen en la consejería.

Así pues, los autores han probado y pueden dar fe de los alcances y límites del tema en el cual han incursionado.  Por haber navegado en sus procelosas aguas pueden muy bien dirigir a quien se inicia como viajero.

No puedo proseguir sin intentar dejarles saber del contenido del volumen que hoy presentamos.  El libro tiene un Prólogo y Reconocimientos y consiste de cinco partes, un Epílogo y un Índice.  Las cinco partes son las siguientes, a saber:

El Epílogo trata sobre el futuro del campo.

Por lo esbozado resulta evidente que el texto que hoy presento es de gran aliento y de mayor ambición.  Es igualmente cierto que a este novedoso volumen se le pueden augurar varias ediciones puesto que nos llega en el momento oportuno.  Momento en el cual las resistencias de otras épocas se han vencido ante estas opciones para llevar a cabo la investigación.

Si hago referencia solamente a mi Departamento académico puedo recordar cómo en los años 70 cuando introdujimos la posibilidad de producir tesis y disertaciones consistentes en estudios de casos y en estudios teóricos u históricos, la reacción fue mayoritariamente adversa. Cuando menos, fue de sorpresa infinita.  No fue sino muy lentamente, con la modificación del curso anteriormente denominado Psicología Experimental  (decisión para la cual hubo una suerte de referendo con intensas negociaciones antes de votar), que se comenzó a considerar otras opciones tales como las historias de vida, los análisis de contenido más impresionísticos, la etnografía y hasta la biografía.  El curso de Psicología Experimental pasó a llamarse El Experimento y Otros Métodos de la Investigación.  Hoy, su sucesor en el Bachillerato es de seis créditos y tiene solamente como descriptor: Métodos de la Investigación Psicológica, ampliándolo mucho más allá del experimentalismo estricto de otros tiempos (considera los estudios fenomenológicos, psicoanalíticos, estructurales, dialécticos, entre otros).

No solamente en Psicología, sino en muchos otros programas académicos, las posibilidades de ampliar las maneras de llevar a cabo la investigación superan en su amplitud, el esquema que nos legaron Stanley  y Campbell en su Experimental, Quasi-Experimental and Pre-Experimental Designs in Research, volumen tan apreciado por mi generación, y que sigue siendo un manual indispensable para la comprensión iniciática y amplia del diseño.

Intentaré hacer unas aseveraciones, que son para estos efectos una digresión aparente.  No puedo sino hablar desde mi experiencia; eso es, hacerlo en primera persona.  Así que hablaré de mí para hablar del libro.  Soy quien presento y tengo que hacer acopio de mi vivencia, ya que andamos en estos asuntos cualitativos.

Necesariamente debo notar las decisiones que tomé temprano en mi carrera, como investigador de campo.  Luego de un bachillerato que no me preparó para nada en particular (que bueno), y para todo en general, con un gran énfasis en las Artes Liberales, estuve expuesto a una gran variedad de experiencias de investigación que me permitieron conocer el país de costa a costa.  El currículo que recibí no tenía electivas, requería 18 horas créditos por semestre donde la filosofía era tan “útil” como las lenguas, la ciencia política, la literatura, y la geografía.  Y sobre todo ,donde de la historia no se salvaba nadie.  Ahora añoro esos afanes.

Al salir de allí, tan rebelde como era antes de entrar, laboré en la investigación social primero como entrevistador en el “field” -como entonces decíamos- administrando los cuestionarios en cuya creación había participado con los investigadores nativos y extranjeros que dirigían los estudios.  Pronto tuve la impresión de que lo que había recogido en los cuestionarios se empequeñecía cuando lo comparaba con los intercambios que ocurrían con los entrevistados antes o después de las entrevistas.  ¿Por qué los cuestionarios “tan bien elaborados y construidos” no eran capaces de recoger esa riqueza?

Luego, cuando paso a ser supervisor de campo comienzo a mirar cómo las generalizaciones también cargaban sus propios sesgos, la mano dirigente y autoritaria del desideratum político se movía para lograr resultados favorecedores, y al fin, la convicción de que no había “purezas” en los hallazgos, o en las preguntas, o en cualquiera de los pasos de la investigación, según predicadas en los 50 y los “early 60’s”.

Cuando llego a la escuela graduada había tenido algún kilometraje en los estudios sociales (cambio social, deserción escolar, culturas comunales y escolares en Puerto Rico, salud pública de los obreros, desarrollo urbano, cuidado pre-natal) para mencionar algunos.  Me hacía falta mucha teoría social de avanzada, cosa que me escamotearon en la escuela graduada y tuve que ir a buscar por cuenta propia.  La experiencia anterior me llevó a una gran desconfianza de las llamadas mediciones  rigurosas, no por que las mismas fueran menos de lo que pretenden ser, sino porque siempre les echaba en cara aquello de lo que carecían.

No supe lo que les faltaba hasta mucho después.  En los estudios doctorales hice uso de un acercamiento desconocido para mis mentores, la etnografía, lo que me valió tener que reclutar un antropólogo cultural especialista en Puerto Rico.  La inseguridad de mis mentores les hizo requerirme cuestionarios y estadísticas descriptivas que nada tenían que ver con mi estudio, aunque eran paralelas a sus hallazgos centrales.  Pensé entonces que el problema estaba en los métodos.  No entendía que la gran dificultad residía en nuestra capacidad para hacernos las preguntas adecuadas.  Ahí reside lo más importante de toda investigación.

Mucho más tarde, supe que algunos renacentistas comenzaron por la consideración estética de la posición de los músculos antes de poder llegar a la comprensión de sus funciones y cómo hacerlos recuperar las mismas luego de un trauma.  La mentalidad funcionalista-experimentalista que me había legado la Psicología se convertía en impedimento para cierto tipo de pensamiento.  Eso me llevó a pensar la humildad que requiere la búsqueda del conocimiento. Dije humildad, digo también tolerancia, digo incompletud y digo hasta esa vergüenza que nos da el haber promulgado tal o cual disparate -que a menudo nos cuesta reconocer.

Entonces pensé, equivocadamente, que el acercamiento cualitativo era la única  alternativa a la ciencia social positivista.  Ahora veo que no hay garantía alguna de que un acercamiento cualitativo no sea positivista y que ni siquiera sea totalmente excluyente de los métodos cuantitativos más tradicionales.  Sin embargo, a pesar de ese error de lógica, nunca creí que lo cualitativo fuera la estrategia investigativa más fácil de enseñar a los estudiantes.

Ahora es evidente que el problema de toda investigación reside en el problema mismo. Eso es, en su formulación.  Si la misma no está sustentada por un corpus teórico sólido, por un haber pensado amplia y profundamente el asunto en cuestión, tampoco habría ventaja alguna para la opción cualitativa.  Por eso mismo en esta técnica, como en cualquier otra, el conocimiento teórico-metodológico requerido no es de ejecución mecánica y siempre conlleva una ardua tarea para el docente.  Tarea del mejor pensar.  A eso nos habrá de ayudar grandemente este libro.  Pues este libro es una guía que nos permite encontrar los múltiples caminos, no un manual-recetario.

Los cuidados y los esmeros de los autores en las distinciones múltiples vía las  ilustraciones y opciones, alerta sobre los niveles de dificultad y lo hace a través de todo el texto.  Los autores también entienden que la enseñanza de la investigación cualitativa no puede darse aisladamente sino como una manera más de realizar la investigación, de pensar críticamente.  Eso implica que éste es un texto, entre otros, para los cursos de investigación, o necesario en la consulta, a menos que se utilice en cursos que sean parte de una secuencia de métodos y diseño muy bien pensada.  Y que en ese trayecto la enseñanza de la investigación cualitativa deberá siempre darse, como muy bien explicitan los autores, en el contexto de las estrategias metodológicas.

Por eso es que la relación entre diseño, técnicas, análisis y teorización resulta tan ardua en la enseñanza de la investigación.  Después de todo, digo esto con alguna reserva, la enseñanza -cualquier enseñanza- no es posible sin que el educando quiera o sienta alguna curiosidad.  Cada vez más echamos de menos la “lógica” carente en los currículos a los que se expuso tempranamente el estudiante pero a la que nos toca hacer alusión cuando nos llegan ya mayores.

Además, las técnicas cualitativas nos remiten a tres lecciones canónicas en la investigación en las Ciencias Sociales y en la Educación.  La primera es la temprana mirada que Florian Zanienicki (co-autor con Thomas de The Polish Peasant), llamó el coeficiente humanístico.  El sabio polaco se adelantó por décadas en estos territorios de lo cualitativo dejando un importante legado tanto en el mundo académico estadounidense (la Escuela de Chicago) como en el de su propio país de origen.  Zanienicki dirige nuestra atención al sujeto histórico y a su experiencia vivida. “Por consecuencia, para el científico, el sistema cultural es real y objetivamente  tal cual estaba (o está) dado a los propios sujetos históricos, mientras estaban (o están) experimentándolo y relacionándose activamente con él” (p 136) . 

La “objetividad” a que aspiran ciertos estudios [nada que ver con la formulación de Bachelard] o ciertos diseños, resulta indeseable en este tipo de esfuerzos.  Para Zanienicki -y para mí, por la trayectoria personal a la que he hecho referencia-  el personaje esencial de los datos culturales es el sujeto humano que está construyendo y reaccionando socialmente ante el mundo que le toca vivir.

La segunda lección canónica nos llega por vía de C. Wright MilI.  Ésta recoge el triple interés del quehacer sociológico como interacción entre biografía, estructura e historia.  La acción (o como algunos prefieren llamarla:  la agencia del sujeto), ocurre cuando biografía e historia se entrecruzan en un contexto social dado.  Más aún, Wright Mills insiste:

Mantened siempre abiertos los ojos a la imagen del hombre- a la noción genérica de la naturaleza humana que dais por supuesta en vuestro trabajo;  y lo mismo a la imagen de la historia -a vuestra idea de cómo se va haciendo la historia.  Mantened los ojos abiertos a las diversidades de la individualidad y a los modos cómo ocurren en cada época los cambios.  Emplead lo que veis y lo que imagináis como guías para vuestro estudio de la diversidad humana. 

Sabed que muchas inquietudes personales no pueden ser tratadas como meras inquietudes personales sino que deben interpretarse en relación a cuestiones públicas y en relación con los problemas de la realización de la historia”  (history making) (pp. 235/236). 

La tercera lección canónica que nos llega a los estudios cualitativos viene de no hace tanto tiempo, de un antropólogo cultural muy ligado al Caribe, Sidney W. Mintz.  En su intento por evitar la dicotomía tradicional entre personalidad y cultura hace evidente dos perspectivas para el examen de los materiales que nos legan las historias de vida o los estudios biográficos. La primera perspectiva se remite a los “principales hitos convenidos culturalmente” ( major culturally conventionalized  markers), tales como la infancia, adolescencia, adultez e incluso la muerte. La segunda perspectiva sería las “principales fases de la transformación social” (major societal phases), tales como la emigración, la guerra, epidemias, catástrofes naturales o el desempleo; en fin, todo lo que afecta la trayectoria de una vida de manera profunda y que “parece ser” o “se percibe” como externo a la vida misma.  Aunque reconozco, como Mintz, que ésta es una polaridad artificial, sin embargo siento que su utilización facilita un modo de acercarnos a una vida concreta, en particular dentro del sistema mundial contemporáneo.

Estas dos perspectivas que nos sugiere Mintz para pensar los estudios biográficos y etnográficos resultan extremadamente útiles para trabajar con informantes (sujetos; de la cultura, de los discursos del inconsciente, de la ideología) de sociedades en proceso de cambio y desarrollo (eso es, saliendo de los modos tradicionales para incorporarse a la sociedad global).  Más aún, las perspectivas de Mintz ayudan a conservar el ámbito vivencial y su relación con el mundo institucional sin la ruptura que suele enajenar la experiencia del sujeto del análisis investigativo.  Así pues, la distinción propuesta por Mintz no es personalidad, ni cultura, sino una síntesis de ambas que nos permite examinar cada individualidad dentro del contexto socio-histórico.

Las lecciones canónicas de Florian Zanienicki, C. Wright MilIs y S. W. Mintz nos permiten considerar el discurso del sujeto humano sin obviar la agencia de ese mismo sujeto a la vez que nos permite analizar el sistema social-cultural y la unicidad personal.  Posibilitan investigar sin que la estructura sea la totalidad todopoderosa que anula la capacidad del sujeto para reflexionar (Plummer en su Documents of Life también hace una argumentación similar).

A nuestro parecer estas tres nociones canónicas -el coeficiente humanístico de Zanienicki, el énfasis en la vinculación entre biografía, historia y estructura de C. Wright MilI y la distinción de Mintz entre los “principales hitos convenidos culturalmente” y las “principales fases de la transformación social” que se complementan de manera notoria - están plenamente reflejados en el texto de Lucca y Berríos.  El uso de este libro nos evita descartar, en los cursos de investigación social y educativa, la vida y los sucesos que el sujeto nos ha narrado y nos brinda la oportunidad de considerar los datos culturales, no como el discurso de un nadie sino como el discurso de alguien.

El libro de Lucca y Berríos posibilita que los investigadores del futuro puedan producir estudios que rebasen las investigaciones típicamente instrumentales para lograr aquellas que nos hagan cuestionar la mera determinación, al plantearnos la contingencia.  Abrimos entonces la posibilidad de acercamos a un universo de preguntas más amplio, más rico, y por ende, más humano.

Concurro con los autores en que la educación en estos tiempos exige que los que ocupamos la posición de influir en la formación de los futuros educadores, nos relacionemos en nuestros estudios con asuntos sustantivos a la vida del sujeto actual, no meramente a los asuntos de la técnica del control social.  Y que para eso, el medio de la investigación cualitativa permite la pertinencia tanto como la sensibilización.  Los autores van más allá de eso, se separan de la parcialidad disciplinaria para sugerir un diálogo inter, multi y transdisciplinario.  Aprendamos sin miedo, parecen decirnos.          

Presento este recién nacido y lo hago con regocijo.  Este es contribución cimera a la que, repito, le auguro varias ediciones.  No me resta sino agradecer a los autores, a la casa editora, Publicaciones Puertorriqueñas y la Universidad por ser auspiciadores de estos esfuerzos.  Pero sobre todo, gracias a los doctores Lucca y Berríos.

Les agradezco en el espíritu de Elías Canetti, Premio Nobel, que en sus La Conciencia de las Palabras nos legó ideas para el escritor que aplican por sus rigores metodológicos y éticos a todo investigador.  De su creación son las ideas que vierto: como investigadores somos custodios de las metamorfosis en un doble sentido.  Por un lado tenemos que familiarizarnos con la herencia de la humanidad, la cual a su vez abunda en metamorfosis no solamente en sus literaturas (pensemos en Homero y en Ovidio, en Ariosto y en Shakespeare, en Cervantes y en cualquier otro humano que produce, genera, abunda y no meramente re-produce y repite).  Así pues, la tradición nunca está concluida, es más bien alimento que queda como reserva para seguir haciendo.  Los científicos de nuestro tiempo, nos alerta Canetti, son por necesidad custodios de nuestras metamorfosis en un mundo consagrado a la especialización y consagrado igualmente a la homogeneización de los sujetos humanos.  El mundo globalizado de hoy, siguiendo a la predicción de Canetti, “descuida y confunde lo que tiene al Iado, lo múltiple y lo auténtico, que no se presta a servir de puente a ninguna cima; en un mundo que cada vez prohíbe más la metamorfosis por considerarla contraria al objetivo único y universal de la producción; que multiplica irreflexivamente sus medios de autodestrucción a la vez que intenta sofocar el remanente de cualidades adquiridas tempranamente por el hombre y que pudiera estorbarlo; en un mundo semejante, que desearíamos calificar del más obcecado de todos los mundos, parece justamente un hecho de capital importancia el que haya gente dispuesta a seguir practicando, a pesar de él, este preciado don de la metamorfosis” (p 357).

Siguiendo a Canetti, la investigación propuesta en el libro de los Doctores Lucca y Berríos permite dejar abiertos todos los canales de comunicación entre los humanos.

En Río Piedras, Puerto Rico, Facultad de Educación Eugenio María de Hostos, Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Anfiteatro Maestro Rafael Cordero. Miércoles 13 de noviembre de 2002. Redactado en Trujillo Alto PR el 9 de noviembre de 2002.



Libro reseñado

Lucca Irizarry, Nydia y Berríos Rivera, Reinaldo. (2003). Investigación cualitativa en educación y ciencias sociales. San Juan: Publicaciones Puertorriqueñas.